Un recuerdo para
Cinthya
POR RAISA PAGES —de Granma
Internacional—
NO estaban allí
por casualidad. Los vecinos de mi barrio conversaban
bajo las escasas luminarias del parque.
Mientras
esperábamos el comienzo de la reunión, cada uno
hablaba de diferentes temas, pero Cinthia Díaz
Rosabal, una pequeña de 7 años, tenía un objetivo
muy concreto para estar esa noche entre nosotros.
“Barbarita, yo
quiero saber si voy a estar allí. Habla con mi
maestra. Ella aún no ha decidido si soy yo o Ingrid,
seguro que va a escogerla a ella porque es más alta
que yo”, le pedía a la presidenta de una de las
mesas electorales de mi circunscripción.
Bárbara Ganuza,
una veterana en los procesos organizativos
electorales del barrio, le explicaba que no era ella
quien seleccionaba a los pioneros, que eso lo hacía
la dirección de la escuela. Pero la niña no
comprendía y no cejaba en su empeño.
Cuando todos los
vecinos entonaron el Himno Nacional, Cinthya se unió
a las voces, erguida como si fuera una experimentada
cantante coral.
Mientras
prestábamos atención a la lectura de las biografías
de los cuatro candidatos a delegados del Poder
Popular de nuestra circunscripción, permaneció
atenta, quizás para demostrar que ella estaba al
tanto de todo y que se puede ser madura a los 7 años
de edad.
Escuchó del
combatiente de la Sierra Maestra, en el Segundo
Frente Oriental Frank País, un mulato fornido,
serio, muy respetuoso; del miliciano que siendo un
adolescente estuvo en las trincheras defensivas
cuando la Crisis de Octubre; de la trabajadora
incansable, ejemplar, que todos quieren en el
barrio; de la secretaria de la escuela, que tanta
vida ha dedicado a las organizaciones de masas de la
comunidad.
Detalles de
cuatro vidas, resumidos en pocas palabras. Aunque
habían permanecido expuestos en lugares públicos,
era aconsejable ese encuentro, donde los vecinos
podían conocerlos mejor, antes de la inminente
votación de este 17 de abril.
Después de que
los electores conocieron los lugares de las cuatro
mesas electorales de esa comunidad, de precisar que
sólo se puede marcar la X por uno solo de los cuatro
candidatos, Cinthya permanecía ahí, persistiendo en
su deseo de custodiar las urnas como pionera.
La curiosidad me
acercó a ella. La niña me contestó más con los ojos
almendrados que con las palabras.
“En las
anteriores elecciones, yo estaba en preescolar y
acompañé a mi abuela. Cómo me gustó oír a los
pioneros decir: ¡Votó!..., mira, yo quiero estar
allí, porque es un recuerdo que tendré para toda mi
vida”, dijo la niña.
Cinthya tiene
razón, porque aun cuando han pasado casi 30 años de
las primeras elecciones en Cuba, todavía yo guardo
en mi memoria la imagen de los rayos del sol
entrando a raudales donde voté por primera vez. |