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N A C I O N A L E S

La Habana, 19 de Abril de 2005

ELECCIONES PARCIALES EN CUBA
Un domingo tranquilo, pero no
un día cualquiera

POR RAISA PAGES —de Granma Internacional—

LA Habana amaneció nublada, mientras la lluvia, ausente por largo tiempo, volvió a humedecer algunas zonas de la región oriental de la Isla.

 Era domingo, pero muchas personas habían dejado las sábanas desde temprano. Por la tranquilidad de las calles, aparentemente era un día cualquiera, pero no era una jornada dominical común.

 A las siete de la mañana del domingo 17 de abril, el Himno Nacional había sido entonado, ante la bandera cubana, en más de 37 000 colegios electorales, situados en similares puntos de la geografía cubana.

 Desde días anteriores, los locales habían sido remozados, acondicionados, tarea en que la comunidad había puesto su empeño. Los propios vecinos habían protegido los locales en la madrugada del 17 de abril.

 En presencia de los primeros electores, se sellaron las urnas. Todo estaba muy organizado desde días atrás. Después de votar en mi colegio electoral, me encaminé a la Plaza de la Revolución.

 Nada indicaba que Cuba estaba en elecciones parciales. Los ciudadanos en edad electoral, por voto directo y secreto, seleccionaríamos ese día a los delegados municipales que nos representarán en el Gobierno, quienes integrarán la cantera de casi el 50% de los escaños del Parlamento cubano.

 La única sugerencia de los medios de comunicación para esta votación fue recordar a cada ciudadano su derecho de votar por el que consideraran mejor para desempeñar sus obligaciones durante los próximos dos años.

 Desplazándome en calles con poco tráfico, a las ocho de la mañana, hice un alto en la Escuela de Música Manuel Saumell, donde estaba el colegio electoral # 4 de la circunscripción 32 del Consejo Popular Vedado.

 Una mujer joven salía de votar y la abordé. La casualidad me jugó una sorpresa. Edith Vega, campeona de tiro de los Juegos Panamericanos de La Habana en 1991, me había respondido con dos contundentes palabras, para definirme sus sentimientos en la Cuba actual: “Tranquilidad y seguridad”.

 No fue de deportes de lo que quiso hablar Edith. Su admiración por el padre afloró en la entrevista. “Mi familia continúa lo que él inició. A él lo torturaron muchas veces por su rebeldía ante la injusticia. Los esbirros de Batista lo tuvieron preso cerca de aquí, en el Castillo del Príncipe”, manifiesta mientras señala la elevada instalación conocida no sólo por su posición dominante y elevada dentro de La Habana, sino por las cosas horrendas que allí marcaron el acontecer histórico de Cuba, antes de 1959.

 “Mi padre es un viejo-joven. Mire, ahí viene”, indicó. Con 80 años, Carlos Vega Vega subía la calle con el anonimato que rodea a los héroes cubanos, quienes no poseen más prebenda que irradiar su ejemplo con mucho trabajo y tesón.

 Vega fue delegado en los dos primeros mandatos del Poder Popular. Su carácter fue definido desde que sus padres lo educaron en las enseñanzas martianas.

 “Desde muy joven estuve en las luchas estudiantiles. Cuando comencé a estudiar Derecho en la Universidad, conocí a Fidel y a José Antonio Echevarría. Estuve varias veces preso, me rompieron los tímpanos, la cara... pero me mantuve firme. Estuve preso con Fidel en México…”, expresa mientras se remonta en los recuerdos.

 “En nombre del Movimiento 26 de Julio, cuando triunfó la Revolución, intervenimos el Buró de Investigaciones de la tiranía, donde tantas veces me habían apaleado”.

 “Pero mi historia es larga y prefiero hablar del presente, porque estamos en un momento de fortaleza revolucionaria, saliendo de la crisis económica y con un pueblo cada día más culto. La vida me ha alcanzado para ver esta etapa en que damos un ejemplo al mundo.

 “Mire, usted, estas tranquilas elecciones en un país libre, donde no hay ni policías, ni sargentos políticos en los colegios electorales, ni robos de votos, ni sobornos. Aquí el dinero no es el que manda, aquí son los méritos de las personas, sus valores, los que determinan.

 “La gente dice que ahora los jóvenes no son iguales a los de antes. Claro que no pueden ser iguales, son mejores, porque están más preparados políticamente”, expresa mientras dirige su mirada a Joaquinito, su nieto, que terminó su guardia pioneril en las urnas. “A él le hablo mucho de Martí”. El niño se pega al abuelo, lo rodea con un brazo por la cintura y asume la pregunta como si fuera un adulto.

 “Los pioneros somos parte de esta sociedad y tenemos el deber de participar en este proceso”, dijo Joaquinito. Vega lo escucha con admiración. Con voz fuerte, aunque con ojos humedecidos afirma: “Mi sacrificio y los de muchos no fueron en vano”.

 Había sido un domingo tranquilo, pero no un día cualquiera.

 

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