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ELECCIONES
PARCIALES EN CUBA
Un domingo tranquilo, pero no
un día cualquiera
POR RAISA PAGES —de Granma Internacional—
LA Habana amaneció nublada,
mientras la lluvia, ausente por largo tiempo, volvió
a humedecer algunas zonas de la región oriental de
la Isla.
Era domingo, pero muchas
personas habían dejado las sábanas desde temprano.
Por la tranquilidad de las calles, aparentemente era
un día cualquiera, pero no era una jornada dominical
común.
A las siete de la mañana del
domingo 17 de abril, el Himno Nacional había sido
entonado, ante la bandera cubana, en más de 37 000
colegios electorales, situados en similares puntos
de la geografía cubana.
Desde días anteriores, los
locales habían sido remozados, acondicionados, tarea
en que la comunidad había puesto su empeño. Los
propios vecinos habían protegido los locales en la
madrugada del 17 de abril.
En presencia de los primeros
electores, se sellaron las urnas. Todo estaba muy
organizado desde días atrás. Después de votar en mi
colegio electoral, me encaminé a la Plaza de la
Revolución.
Nada indicaba que Cuba estaba
en elecciones parciales. Los ciudadanos en edad
electoral, por voto directo y secreto,
seleccionaríamos ese día a los delegados municipales
que nos representarán en el Gobierno, quienes
integrarán la cantera de casi el 50% de los escaños
del Parlamento cubano.
La única sugerencia de los
medios de comunicación para esta votación fue
recordar a cada ciudadano su derecho de votar por el
que consideraran mejor para desempeñar sus
obligaciones durante los próximos dos años.
Desplazándome en calles con
poco tráfico, a las ocho de la mañana, hice un alto
en la Escuela de Música Manuel Saumell, donde estaba
el colegio electoral # 4 de la circunscripción 32
del Consejo Popular Vedado.
Una mujer joven salía de votar
y la abordé. La casualidad me jugó una sorpresa.
Edith Vega, campeona de tiro de los Juegos
Panamericanos de La Habana en 1991, me había
respondido con dos contundentes palabras, para
definirme sus sentimientos en la Cuba actual:
“Tranquilidad y seguridad”.
No fue de deportes de lo que
quiso hablar Edith. Su admiración por el padre
afloró en la entrevista. “Mi familia continúa lo que
él inició. A él lo torturaron muchas veces por su
rebeldía ante la injusticia. Los esbirros de Batista
lo tuvieron preso cerca de aquí, en el Castillo del
Príncipe”, manifiesta mientras señala la elevada
instalación conocida no sólo por su posición
dominante y elevada dentro de La Habana, sino por
las cosas horrendas que allí marcaron el acontecer
histórico de Cuba, antes de 1959.
“Mi padre es un viejo-joven.
Mire, ahí viene”, indicó. Con 80 años, Carlos Vega
Vega subía la calle con el anonimato que rodea a los
héroes cubanos, quienes no poseen más prebenda que
irradiar su ejemplo con mucho trabajo y tesón.
Vega fue delegado en los dos
primeros mandatos del Poder Popular. Su carácter fue
definido desde que sus padres lo educaron en las
enseñanzas martianas.
“Desde muy joven estuve en las
luchas estudiantiles. Cuando comencé a estudiar
Derecho en la Universidad, conocí a Fidel y a José
Antonio Echevarría. Estuve varias veces preso, me
rompieron los tímpanos, la cara... pero me mantuve
firme. Estuve preso con Fidel en México…”, expresa
mientras se remonta en los recuerdos.
“En nombre del Movimiento 26
de Julio, cuando triunfó la Revolución, intervenimos
el Buró de Investigaciones de la tiranía, donde
tantas veces me habían apaleado”.
“Pero mi historia es larga y
prefiero hablar del presente, porque estamos en un
momento de fortaleza revolucionaria, saliendo de la
crisis económica y con un pueblo cada día más culto.
La vida me ha alcanzado para ver esta etapa en que
damos un ejemplo al mundo.
“Mire, usted, estas tranquilas
elecciones en un país libre, donde no hay ni
policías, ni sargentos políticos en los colegios
electorales, ni robos de votos, ni sobornos. Aquí el
dinero no es el que manda, aquí son los méritos de
las personas, sus valores, los que determinan.
“La gente dice que ahora los
jóvenes no son iguales a los de antes. Claro que no
pueden ser iguales, son mejores, porque están más
preparados políticamente”, expresa mientras dirige
su mirada a Joaquinito, su nieto, que terminó su
guardia pioneril en las urnas. “A él le hablo mucho
de Martí”. El niño se pega al abuelo, lo rodea con
un brazo por la cintura y asume la pregunta como si
fuera un adulto.
“Los pioneros somos parte de
esta sociedad y tenemos el deber de participar en
este proceso”, dijo Joaquinito. Vega lo escucha con
admiración. Con voz fuerte, aunque con ojos
humedecidos afirma: “Mi sacrificio y los de muchos
no fueron en vano”.
Había sido un domingo
tranquilo, pero no un día cualquiera. |