Prisioneros Políticos del Imperio| MIAMI 5      


D E  L A  P R E N S A  N A C I O N A L

La Habana, 5 de Abril de 2005

Llegó el que faltaba

Lázaro L. Fariñas
Tomado de Juventud Rebelde

En la época en que se estaba llevando a cabo en Miami el juicio contra cinco jó-venes cubanos acusados, entre otras cosas, de espionaje, tanto en los programas de radio y televisión, como en el periódico local, se comentaba que tal parecía que los que estaban en el banquillo eran los Basulto y compañía de la ultraderecha miamense.

Recuerdo que en diferentes programas de debate a los que asistí en aquella época afirmé que, si el veredicto fuese justo, quienes deberían terminar en la cárcel eran los que estaban participando como testigos y no los acusados. En el juicio se demostraba, una y otra vez, que los terroristas eran los que estaban en la calle y no los que estaban siendo juzgados.

Los lectores de este comentario saben lo que sucedió después: los jóvenes cubanos fueron a parar a cientos de millas de Miami, donde permanecen pagando crueles e injustas condenas, mientras los que acudieron como testigos andan por las calles de esta ciudad, vanagloriándose de sus acciones y hablando públicamente de lo que están haciendo y de lo que harán en el futuro inmediato. Esas son las cosas que suceden en Miami, ciudad donde los que están adentro deberían estar afuera, mientras los que están afuera deberían estar adentro.

En realidad, a estas alturas no hay por qué asombrarse de esto. Hace varios años Orlando Bosch se montó en un avión en Sudamérica, y así como el que no quiere las cosas vino a parar de cabeza al aeropuerto de Miami. Después de estar cierto tiempo detenido, el presidente de este país en aquella época, dio la orden de que dejaran al visitante en libertad y desde entonces anda por las calles de esta ciudad como Pedro por su casa. Al principio, para cubrir la forma, le pusieron una serie de restricciones, pero al transcurrir el tiempo, estas fueron desestimadas. Ahora Mr. Bosch anda por estos lares, por la libre, de guapo, haciendo por control remoto, a la distancia, una guerra de pan duro contra el Gobierno de Cuba. El FBI no tiene que ir a buscar a Orlando Bosch, el terrorista, como a Bin Laden, en lontananza. Este camina entre noso-tros, como el diablo entre sus discípulos.

Hace unos meses llegaron a estas costas tres de los que estaban condenados en Panamá. Allá, estos “caballeros” habían sido indultados por la presidenta de aquel país antes de dejar el cargo (presidenta que, por corrupta, si las investigaciones siguen el curso que llevan, en un futuro tendrá que buscar a alguien que la indulte). Cuando llegaron fueron recibidos con bombo y platillo en uno de los aeropuertos de Miami. Su interrogatorio por las autoridades federales no duró ni una hora. Fueron entregados en los brazos de los que allí los esperaban, para que les hicieran un recibimiento de héroes. Quienes en aquella ocasión llegaron, a diferencia de Orlando Bosch, tenían la ciudadanía norteamericana en sus bolsillos, así, si es que vamos a poner las cosas en el orden que aquí se ven: regresaban a su país, después de unas largas vacaciones en el extranjero.

De cuatro, habían llegado tres, pero ¿dónde estaba el cuarto? Decían que se había quedado por Honduras. Se insinuaba que estaba escondido en una isla del Caribe. Se presumía que alguien poderoso lo estaba protegiendo en algún lugar de América Latina. La realidad es que pocos, fuera de su círculo, sabían dónde estaba el misterioso personaje que había salido en un avión de Ciudad de Panamá y que no había llegado a Miami. Bueno, por lo menos se decía públicamente que no había llegado. ¿Quién puede afirmar que de verdad no llegó? Vamos a suponer que no llegó a Miami ese día, pero, ¿quién puede asegurar que no llegó ese día u otro cercano, a otro lugar de Estados Unidos?

Resulta que ahora el cuarto pasajero, Luis Posada Carriles (El Bambi), se acaba de entregar, oficialmente, a las autoridades de inmigración de Estados Unidos. No es ciudadano, ni residente de este país, pero como nació en Cuba puede fácilmente acogerse a la famosa Ley de Ajuste Cubano. Así es que, dentro de muy poco, lo veremos por las calles de esta ciudad, en los programas de radio y de televisión, hablando de sus acciones terroristas. No importa que el país proclame a los cuatro vientos que estamos en guerra contra el terrorismo. Nada importa, pues es de los “nuestros”, es la cuarta pata de esta última mesa. Estamos completos, listos para la fiesta. Como decíamos en mi pueblo, llegó el que faltaba.

 

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