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C L U B  D E  L O S  1 2 0  A Ñ O S

La Habana, 12 de Agosto de 2005

Actuar a tiempo es la clave

POR JOAQUIN ORAMAS

LA enfermedad cerebrovascular es la tercera causa de muerte en los países desarrollados y su incidencia aumenta con la edad, tornándose más probable en las personas mayores de 65 años. Además, es la causa de discapacidad neurológica más habitual en el adulto; en cuanto al sexo, la incidencia es mayor en hombres que en mujeres.

Sólo en Estados Unidos, alrededor de 700 000 personas sufren anualmente apoplejía. En ese país, algunas asociaciones médicas recomiendan la creación de centros especializados en este padecimiento cerebral.

No resulta ocioso recordar que las personas que aspiran a prolongar la vida y llegar a 120 años con calidad y quienes les atienden deben estar atentos a las medidas preventivas para evitar ese padecimiento, frecuentemente irremediable o que puede dejar molestas secuelas.

Un accidente cerebrovascular (llamado también ataque cerebral) ocurre cuando la irrigación cerebral sufre algún daño. Ya sea porque alguna arteria es bloqueada y se produce lo que llaman un ataque de origen isquémico; o porque una arteria se rompe, originando una hemorragia.

Dependiendo de la extensión y la localización de la lesión, será el grado de secuela neurológica posterior. La persona puede quedar con incapacidad para hablar, leer, ver, escribir, pensar y recordar; y en muchos casos la muerte se puede producir en pocas horas. Por eso, el accidente cerebrovascular se define como una emergencia médica, ya que el tiempo es vital en la prevención del daño cerebral.

Cuando un padecimiento de esta naturaleza es atendido a tiempo se evita, en primer lugar, la muerte y en segundo, que el daño sea irreversible, es decir, la muerte celular en la zona afectada. Y ese tiempo está medido: son las primeras tres horas”.

Por eso, los especialistas insisten en la importancia de la prevención ante este tipo de enfermedad, que apunta a dos objetivos en la conducta de la población de riesgo. Por un lado, aumentar los cuidados sobre el sistema arterial para disminuir las causas del deterioro. Y en segunda instancia, el conocimiento de los síntomas que preanuncian estos accidentes para que la persona acuda inmediatamente a un centro con capacidad a fin de recibir atención en este tipo de enfermedad, que es de origen isquémico cuando ocurre por la oclusión de una arteria que irriga al cerebro. En la mayoría de los casos, se debe a la formación de coágulos, describiéndose de tipo embólico y otro trombótico.

Los coágulos se pueden formar en un vaso sanguíneo en otra parte del cuerpo, trasladarse e impactar en una arteria de menor tamaño del cerebro tapándola. Se denomina émbolo y el accidente cerebrovascular embólico. También puede ocurrir por una trombosis, es decir, la formación de un coágulo en la pared de una arteria cerebral que crece hasta obstruirla, generando un accidente cerebrovascular trombótico.

La isquemia produce una disminución del aporte de oxígeno y nutrientes en las células cerebrales, las cuales finalmente mueren generando un infarto cerebral.

El accidente cerebral hemorrágico tiene distintos orígenes. Uno de ellos, el producido por la ruptura de una pared arterial debilitada. La hipertensión arterial aumenta el riesgo de ruptura, ya que en aquellas personas con presión arterial mal controlada, un pico de presión repentino es capaz de provocar una hemorragia cerebral.

Otro origen es un aneurisma, anomalía congénita de la pared de la arteria que afecta al 4% de la población. La arteria tiene una pared débil donde el impacto de la sangre produce una dilatación (un globo muy pequeño) que va aumentando progresivamente de tamaño con los años, hasta que finalmente se desencadena la ruptura de la arteria comprometida.

También existen algunos aneurismas producidos por placas que con el tiempo permiten la formación de una gran dilatación de la pared de la arteria que al romperse sangra.

El accidente cerebral hemorrágico puede ser de dos tipos: intracerebral o subaracnoide. Si la sangre se derrama en el cerebro mismo se denomina “hemorragia intracerebral”, y si se derrama en el espacio que rodea al cerebro se denomina “hemorragia subaracnoide”.

A todos nos resulta de gran utilidad conocer las consecuencias y las medidas preventivas relacionadas con el ataque cerebral, enfermedad  común en todas las latitudes, que podemos prevenir, como en otros casos, acudiendo a tiempo a la consulta médica...

 

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