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Actuar a tiempo es la clave
POR JOAQUIN ORAMAS
LA
enfermedad cerebrovascular es la tercera causa de
muerte en los países desarrollados y su incidencia
aumenta con la edad, tornándose más probable en las
personas mayores de 65 años. Además, es la causa de
discapacidad neurológica más habitual en el adulto;
en cuanto al sexo, la incidencia es mayor en hombres
que en mujeres.
Sólo
en Estados Unidos, alrededor de 700 000 personas
sufren anualmente apoplejía. En ese país, algunas
asociaciones médicas recomiendan la creación de
centros especializados en este padecimiento
cerebral.
No
resulta ocioso recordar que las personas que aspiran
a prolongar la vida y llegar a 120 años con calidad
y quienes les atienden deben estar atentos a las
medidas preventivas para evitar ese padecimiento,
frecuentemente irremediable o que puede dejar
molestas secuelas.
Un
accidente cerebrovascular (llamado también ataque
cerebral) ocurre cuando la irrigación cerebral sufre
algún daño. Ya sea porque alguna arteria es
bloqueada y se produce lo que llaman un ataque de
origen isquémico; o porque una arteria se rompe,
originando una hemorragia.
Dependiendo de la extensión y la localización de la
lesión, será el grado de secuela neurológica
posterior. La persona puede quedar con incapacidad
para hablar, leer, ver, escribir, pensar y recordar;
y en muchos casos la muerte se puede producir en
pocas horas. Por eso, el accidente cerebrovascular
se define como una emergencia médica, ya que el
tiempo es vital en la prevención del daño cerebral.
“Cuando
un padecimiento de esta naturaleza es atendido a
tiempo se evita, en primer lugar, la muerte y en
segundo, que el daño sea irreversible, es decir, la
muerte celular en la zona afectada. Y ese tiempo
está medido: son las primeras tres horas”.
Por eso, los
especialistas insisten en la importancia de la
prevención ante este tipo de enfermedad, que apunta
a dos objetivos en la conducta de la población de
riesgo. Por un lado, aumentar los cuidados sobre el
sistema arterial para disminuir las causas del
deterioro. Y en segunda instancia, el conocimiento
de los síntomas que preanuncian estos accidentes
para que la persona acuda inmediatamente a un centro
con capacidad a fin de recibir atención en este tipo
de enfermedad, que es
de origen isquémico cuando ocurre
por la oclusión de una arteria que irriga al
cerebro. En la mayoría de los casos, se debe a la
formación de coágulos, describiéndose de tipo
embólico y otro trombótico.
Los
coágulos se pueden formar en un vaso sanguíneo en
otra parte del cuerpo, trasladarse e impactar en una
arteria de menor tamaño del cerebro tapándola. Se
denomina émbolo y el accidente cerebrovascular
embólico. También puede ocurrir por una trombosis,
es decir, la formación de un coágulo en la pared de
una arteria cerebral que crece hasta obstruirla,
generando un accidente cerebrovascular trombótico.
La
isquemia produce una disminución del aporte de
oxígeno y nutrientes en las células cerebrales, las
cuales finalmente mueren generando un infarto
cerebral.
El accidente
cerebral
hemorrágico
tiene
distintos orígenes. Uno de ellos, el producido por
la ruptura de una pared arterial debilitada. La
hipertensión arterial aumenta el riesgo de ruptura,
ya que en aquellas personas con presión arterial mal
controlada, un pico de presión repentino es capaz de
provocar una hemorragia cerebral.
Otro
origen es un aneurisma, anomalía congénita de la
pared de la arteria que afecta al 4% de la
población. La arteria tiene una pared débil donde el
impacto de la sangre produce una dilatación (un
globo muy pequeño) que va aumentando progresivamente
de tamaño con los años, hasta que finalmente se
desencadena la ruptura de la arteria comprometida.
También existen algunos aneurismas producidos por
placas que con el tiempo permiten la formación de
una gran dilatación de la pared de la arteria que al
romperse sangra.
El
accidente cerebral hemorrágico puede ser de dos
tipos: intracerebral o subaracnoide. Si la sangre se
derrama en el cerebro mismo se denomina “hemorragia
intracerebral”, y si se derrama en el espacio que
rodea al cerebro se denomina “hemorragia
subaracnoide”.
A
todos nos resulta de gran utilidad conocer las
consecuencias y las medidas preventivas relacionadas
con el ataque cerebral, enfermedad común en todas
las latitudes, que podemos prevenir, como en otros
casos, acudiendo a tiempo a la consulta médica... |