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LAS TERRAZAS
Turismo tierra adentro
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Una comunidad cuya arquitectura está en armonía con
el paisaje
POR LISANKA GONZALEZ SUAREZ / FOTOS
DE FELIX ARENCIBIA
DURANTE mucho tiempo el mar y el sol de Cuba han
constituido casi de manera exclusiva el principal
atractivo para el turismo internacional. La belleza
y calidad de las playas en la Isla y la cayería que
la rodea con un clima donde la temporada de verano
dura casi todo el año, han contribuido a que esta
nación caribeña sea reconocida eminentemente como un
destino de playa.

Las Terrazas están enclavadas
en la Sierra del Rosario, primera Reserva de
la Biosfera de Cuba. |
Sin embargo, más allá de las costas, tierra adentro,
existe una diversidad de ecosistemas, hábitat de
plantas y animales que sólo crecen en este pequeño
punto del mapa mundial, prácticamente desconocidos.
La naturaleza no creó en Cuba grandes montañas ni
extensos ríos. En sus bosques no habitan imponentes
mamíferos y plantas, pero conformó paisajes tan
pintorescos que parecen pintados a mano.
El Complejo Las Terrazas, a 51 kilómetros de la
capital, es una muestra de ello. Enclavada en un
área de la Sierra del Rosario —un sistema montañoso
con una superficie de
25 mil hectáreas
de cimas, llanuras y valles intramontanos situado
en el extremo oriental
de la provincia Pinar del Río, al occidente del
país— cuya riqueza natural la hicieron merecedora
en 1985 de constituir la primera Reserva de la
Biosfera que declaró la UNESCO en Cuba.
A primera vista Las Terrazas resulta un lugar
impresionante. No sólo por el panorama que conforman
los ríos de aguas claras y montañas tapizadas de
árboles de diferentes especies, sino porque la
comunidad, el hotel y otras instalaciones que la
integran fueron construidas en perfecta armonía con
el paisaje.
A partir de un experimento de desarrollo forestal y
conservación del medio ambiente iniciado en 1968
fueron plantados 6 millones de árboles, construidos
mil 500 kilómetros de terrazas y 150 kilómetros de
caminos de montaña.
Para los cientos de campesinos que vivían dispersos
y aislados entre esas montañas, como quien dice
dejados de la mano de Dios, se abrieron nuevas
posibilidades y en 1978 se instalaron en la
comunidad de 225 viviendas edificadas para ellos, y
hacia allí se trasladaron con sus costumbres y
tradiciones, con su cultura de monte adentro para
iniciar una nueva vida.
Desde entonces los hijos crecieron, las familias se
multiplicaron y en la actualidad habitan allí unas 1
000 personas que disfrutan de los mismos beneficios
que el resto de la población del país: servicios
médicos, escuelas, cine, museo, biblioteca, y otras
instalaciones que le permiten ampliar su panorama
cultural.
Como
colofón, en 1994 se constituyó el Complejo Las
Terrazas, “experiencia rural de desarrollo
sostenible que incluye la actividad turística” y da
empleo a una gran parte de los habitantes de la
comunidad. Sobre una colina en el valle San Juan,
rodeado por el río del mismo nombre, se levantó el
hotel Moka, con una impecable y bellísima
arquitectura colonial que para nada rompe con el
entorno.
El lugar goza de
la preferencia, en primer lugar, de los
visitantes del Reino Unido seguidos muy de cerca por
franceses y alemanes, todos amantes del turismo de
naturaleza.
Aquí no parece haberse olvidado nada. Y para
quienes gustan vivir en un ambiente doméstico o
conocer cómo vive una familia cubana se han
reservado habitaciones dentro de cinco viviendas
habitadas por campesinos de la comunidad.
La casa de Margarito y Fermina, un matrimonio que
vivió en un punto perdido de la Sierra hasta 1971,
es una de las cinco. Ellos brindan a sus huéspedes,
además de la posibilidad de convivir en un ambiente
sencillo y natural, la tradicional hospitalidad del
campesino pinareño.
El experimento parece haberse ido más allá del
desarrollo forestal y la conservación del medio
ambiente demostrando cómo es posible fomentar un
desarrollo económico y humano
sostenible en perfecta armonía: hombre y naturaleza,
medio ambiente y desarrollo. |