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Bajo el cetro del jazz
• Amplio recorrido del género
durante el 22º Festival en La Habana
POR SAHILY TABARES
–especial para Granma Internacional—
DICIEMBRE comenzó en La Habana
con un calor sofocante. Instrumentistas, cantantes y
público sudaron a chorros durante la edición 22 del
Festival Internacional de Jazz, que rindió homenaje
a la memoria del saxofonista y promotor británico
Ronnie Scott, en el cual participaron Pete King y su
esposa Stella, socios de Ronnie en el famoso club
londinense.
La celebración
fue en grande. Hubo descargas, clases magistrales,
conciertos y tributos a los desaparecidos maestros
Frank Emilio Flynn y Armando Romeu, nombres
emblemáticos del jazz cubano en el pasado siglo.
“Las nuevas
ideas llegan y no puedo parar”, aseguró el maestro
Chucho Valdés. Este célebre pianista y compositor
soltó en viaje largo la creatividad que impulsa el
dinámico universo de su obra. Ancestrales y
contemporáneas resultaron las ejecuciones
desarrolladas en los teatros Mella, Amadeo Roldán,
del Museo Nacional de Bellas Artes y la Casa de
Cultura de Calzada y 8, donde nació el encuentro.
Representantes
de nueve países demostraron sin ambages la ausencia
de fronteras entre sonoridades, ritmos e
intérpretes, que consolidan un complejo proceso
renovador de culturas, tradiciones y técnicas
musicales en el jazz del siglo XXI.
Las raíces, afloran. Lo
aprendido revitaliza el discurso musical de
creadores pertenecientes a diferentes generaciones,
que si bien reconocen la sedimentación de
influencias adquiridas durante el aprendizaje
constante, demuestran estilos propios. La amalgama
de música de las Antillas, el Caribe y la riqueza
afronorteamericana corre por las venas, el pulso y
el filin de probados instrumentistas y cantantes
entrenados en el difícil arte de la comunicación.
En este sentido, el informal
trío de Chucho Valdés, el brasileño Iván Lins y
Pablo Milanés, ofreció una clase magistral de
empatía y profesionalismo al estructurar un conjunto
orgánico, de amplia coloratura y swing
impresionante, incorporando desde una perspectiva
novedosa, íntima, referencias de progresiones
armónicas del jazz, complejidades melódicas y
recursos expresivos.
No es casual la coincidencia
de los tres músicos en una propuesta artística de
excelencia. Cada cual por su lado, y juntos en otras
ocasiones han tendido redes hacia la ancestral
mezcla de lo africano y lo latino, desde un
imaginario enriquecido por sólidos conceptos
culturales.
Tales premisas y la búsqueda
de nuevos significados en un mundo sonoro en
constante cambio y de visión dialéctica, lidera en
Canto a Dios, estreno de Chucho en tributo Nueva
Orleans y la desprotección social sufrida por las
víctimas del Huracán Katrina. Interpretada por su
autor, la Orquesta Sinfónica Nacional, el coro
Nacional de Cuba, Mayra caridad Valdés y el cuarteto
del maestro, bajo la dirección de Tony Taño, la obra
sintetiza magistralmente el inagotable caudal de la
savia que viene de la cubana, integra los tambores
batá, crecientes tensiones rítmicas, la fusión del
fraseo del jazz y lo afrocubano.
Se sienten constantes
evocaciones en las formaciones rítmicas del complejo
instrumental. Allí están Chico O´Farrill, Duke
Ellington, Dizzie Gillespie, Arsenio Rodríguez, y
tantos otros. Son los aires revividos en el disco
New Conceptions, por el que Chucho recibió un quinto
Grammy Latino en la categoría de Mejor Album de Jazz
Latino. De hecho, volvieron a brillar los
integrantes de su cuarteto: el bajista Lázaro (El
Fino) Rivero, el baterista Ramsés Rodríguez y el
tumbador Yaroldy Abreu.
El realce de la interacción
rítmica y la improvisación alcanzó brillantez en los
“diálogos”, que tuvieron entre sus protagonistas al
guitarrista sudafricano Jimmy Dludlu, el trombonista
canadiense Hugh Frazer, junto a una amplia
delegación de ese país, y a la vocalista
norteamericana Lola Pfeiffer, quien vino al Festival
a pesar de las limitaciones impuestas por las
autoridades de Estados Unidos a quienes deseen
viajar a Cuba.
Debido a estas restricciones,
Abel Acosta, presidente del Instituto Cubano de la
Música, propuso realizar un encuentro el próximo año
en un país al que puedan acceder jazzistas
estadounidenses y cubanos con el fin de continuar
los históricos vínculos existentes entre ambos
países en el género.
Una pléyade de consagrados y
jóvenes instrumentistas cubanos, de la que forman
parte Yasek Manzano, Basilio Márquez, Román Filiú y
Orlando Valle, Maraca, Neisy Wilson y Tamara
Castañeda, entre otros, demuestra la calidad del
sistema de enseñanza artística en la Isla y el
talento de músicos que diseñan su propio camino con
nuevos proyectos, ideas musicales y experimentación.
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