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La escalera de fracasos de la OMC
JOAQUÍN RIVERY TUR
rivery@granma.cip.cu
Fue una
verdadera guerra de tensiones y posiciones la que
tuvo lugar en Hong Kong entre el 13 y el 18 de este
mes en la reunión ministerial de la Organización
Mundial de Comercio (OMC), que al final terminó con
muy pocos resultados y algunas promesas arrancadas a
los países ricos por la intransigencia de los
subdesarrollados.
De paso, el
encuentro enfrió el planteamiento impuesto por
Estados Unidos en la Cumbre de las Américas de que
el tema del Área de Libre Comercio de las Américas
(ALCA) se analizara cuando se llegara a un acuerdo
en su organización comercial.
Sin embargo,
este ha sido solamente un capítulo tibio y falta
mucho por andar para que se dé por concluida la
Ronda de Doha, que lleva ese nombre porque fue en la
capital qatarí, en el 2003, cuando los
industrializados lograron imponerla con presiones y
amenazas de todo tipo sobre los subdesarrollados,
después de la estruendosa derrota sufrida en Seattle,
donde la población norteamericana y canadiense
realizó manifestaciones históricas que cambiaron la
actitud de los ciudadanos del norte y del sur hacia
las terribles consecuencias del neoliberalismo que
propugna la OMC.
Incluso un
análisis somero de los resultados indicaría que
acaba de haber un nuevo fracaso, aunque quizás no
tan estruendoso como el sufrido por los países
desarrollados en la reunión de Cancún en septiembre
del 2004, donde el Grupo de los 20 (son muchos más)
surgió como una fuerza muy potente en representación
de los más pobres.
Ante la
imposibilidad de romper las posiciones de los países
pobres exportadores de productos básicos (entre
ellos los sufridos alimentos), los miembros de la
Unión Europea (UE) se vieron obligados a marcar el
2013 como fecha para eliminar los subsidios
agrícolas, que serían reducidos paulatinamente.
Estados Unidos hizo sonar los cascabeles de su
serpiente, miró y calló, sin comprometerse, y eso
restó bastante peso a la oferta de la UE, que no era
muy fuerte, pues los subdesarrollados exigían que la
fecha fuera el 2010.
El problema es
que los norteamericanos constituyen el mayor mercado
para los productos de América Latina y buena parte
del de África y Asia.
La trampa
radica en que las negociaciones continuarán el
próximo año, cuando supuestamente esté aclarado el
tema de los subsidios agrícolas y los desarrollados
exijan a las naciones atrasadas aflojar en aspectos
como el comercio de bienes y servicios. Se demanda
de esos territorios de las antiguas colonias que
abran completamente sus fronteras a los artículos de
los países ricos producidos con alta tecnología y a
precios bajos, lo que llevaría a la ruina a muchos
productores nacionales alrededor del globo.
La misma
estación radial británica BBC, reconoció que "solo
se alcanzaron leves avances en otras áreas clave, y
el acuerdo es visto como un elemento para salvar las
apariencias del fracaso de la reunión.
En el cesto de
espera quedaron el acceso de los mercados
desarrollados a las naciones más débiles y un
paquete de ayuda para los más pobres, que siguen
aguardando por la buena voluntad que algún día
tengan los que los han saqueado hasta ahora.
El problema de
la cadena de fracasos está en la misma concepción de
la OMC, que no le permite responder con políticas
nuevas y efectivas a los intereses de la gran
mayoría de sus 150 estados miembros, esos que esta
vez no transigieron y harán más fuertes sus posturas
a medida que pase el tiempo y se den cuenta de la
eficacia de la unidad de posiciones.
Cuba, mediante
su ministro de Gobierno Ricardo Cabrisas, subrayó
que esas políticas nuevas deben tener como objetivo
principal el desarrollo social de los pueblos hoy
desfavorecidos y eludir basarse en doctrinas sobre
la omnipotencia del mercado, que nunca resolverá los
problemas del sur.
Los ricos no lo
quieren así. |