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Médicos cubanos en Paquistán
Jared, cerca del cielo
ALINA M.
LOTTI, ENVIADA ESPECIAL
Tomado de Trabajadores
Jared
no es un punto olvidado de la geografía norte de
Paquistán. Casi a los pies de las montañas del bajo
Himalaya, el poblado —otrora zona turística— es
ahora un escenario donde lo real es casi
inimaginable, y lo rural acentúa la pobreza y la
nobleza de las personas.
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“Cuando vamos
al pueblo
la gente nos invita a sus
casas y nos brindan té con leche, una bebida muy
típica por acá”, expresó Miguel Cabrera,
director del campamento, el segundo
de izquierda a derecha.
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El médico
paquistaní
cuenta a diario con la ayuda de las enfermeras
cubanas.
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Al derroche de belleza natural, se suma hoy el
desastre provocado por el mayor terremoto que aquí
se recuerde, ocurrido el pasado 8 de octubre, el
cual en tan solo segundos destruyó la felicidad y la
tranquilidad de miles de personas, y casi a las
puertas del invierno las dejó sin refugio alguno.
Por las laderas de esas montañas empinadas,
cubiertas de nieve y cerca del cielo, transitan
campesinos con rebaños de animales, niños que se
ríen cuando descubren a los forasteros, y mujeres
cuyos trajes típicos apenas dejan ver sus rostros
inocentes.
Hoy Jared es un pueblo destruido; colmado de cientos
de casas de campaña donde por temor a que puedan
ocurrir otros temblores los paquistaníes se
resguardan de las frías madrugadas.
Las
torres eléctricas y las pocas construcciones de
hormigón están en el piso. Mientras, las miradas de
desamparo oprimen los corazones de quienes han
venido de muy lejos a extenderles una mano: los
médicos de Cuba.
UNA EXPERIENCIA
BONITA Y DURA A LA VEZ
Pese a las bajas temperaturas que ya se registran a
principios de diciembre, alrededor de cero grado
celsius en ocasiones, los médicos cubanos que
“viven” en Jared se sienten felices.
El campamento está ubicado en un pequeño valle
rodeado de montañas, una de ellas totalmente
cubierta de nieve; los habitantes del lugar la
denominan la Reina.
Los amaneceres son fríos y las escarchas aparecen en
la hierba y encima de las casas de campaña. Pero
nada amilana a nuestros galenos en su afán de servir
a esta población Necesitada.
El jefe del campamento del hospital de campaña
número 13 es el cirujano Miguel Cabrera, quien en
Cuba labora en el hospital de Jatibonico, provincia
de Sancti Spíritus. Esta es su segunda misión
internacionalista y aun cuando llegó a Paquistán a
mediados de noviembre, ya tiene qué contar.
“Nuestro colectivo lo integran 43 personas, entre
ellas 29 médicos —nos cuenta—. Desde un principio
apoyamos al galeno paquistaní que estaba en este
lugar cuando llegamos. Ahora continuamos trabajando
con él, y ya damos consultas en el campamento,
realizamos ultrasonidos, electrocardiogramas, y
vamos a otros pueblos cercanos para hacer labor de
terreno, que aquí le decimos ‘de montaña’.
“La experiencia es bonita y dura a la vez, pues no
estamos acostumbrados a este clima, a las nevadas
que se aproximan y a este relieve montañoso. La
acogida de los habitantes, a pesar de las
diferencias de idioma, ha sido excelente. Cuando
vamos al pueblo la gente nos invita a sus casas y
nos brindan té con leche, una bebida muy típica por
acá.”
MÉDICO PAQUISTANÍ
INTEGRA LA FAMILIA DE LOS CUBANOS
Cada jornada en Jared resulta emocionante. Los
nuestros no pueden sustraerse a ese paisaje que por
momentos parece copiado de una postal. El campamento
está aledaño a una unidad militar que también tiene
un hospital de campaña.
“Hemos quedado muy impresionados ante con el
desastre –dijo en inglés el capitán Ashfaq Ahmed,
médico paquistaní, quien llegó a la zona dos días
antes que sus homólogos cubanos.
“A más de un mes de haber ocurrido el terremoto
pensé que no iba a encontrar heridas graves. Sin
embargo, aún hoy atiendo casos complicados, como el
niño que recientemente llegó a la consulta con un
trauma craneal y hacía diez días que estaba
sangrando por el oído. Todavía se ven esas cosas,
pues muchos de estos habitantes no tenían por
costumbre atenderse con un médico.
“Al contar con el equipo de especialistas cubanos,
me sentí más seguro. Gracias a ellos, y a la ayuda
que me brindan las enfermeras, asistimos diariamente
a unos 100 pacientes. El equipamiento que trajeron
los cubanos ha permitido detectar hasta un cáncer de
vejiga. Antes evacuábamos para su atención en otro
lugar, de cinco a diez personas; hoy las cifras han
disminuido notoriamente, pues entre estos
profesionales hay radiólogos, ortopédicos,
cirujanos.
“Estos médicos son excelentes —agregó— y las
enfermeras son expertas en todas las técnicas y
procederes de la especialidad. Estoy sorprendido al
ver tal participación y mi pueblo ha apreciado
muchísimo de esta contribución tan humana.”
UN DÍA EN EL
CAMPAMENTO
El día en el campamento comienza con los comentarios
sobre el frío de la madrugada y del amanecer. Luego
del chocolate caliente y del matutino, algunos van a
las montañas, otros se dirigen al pueblo cercano,
atienden el cuerpo de guardia o refuerzan al médico
paquistaní.
La localidad más cercana a Jared está ubicada a unos
cuatro kilómetros. El trayecto se hace la mayor
parte de las veces a pie y a esa hora de la mañana
sólo el ejercicio físico alivia el frío.
Paquistaníes y cubanos se saludan con afecto por el
camino, y ya en el terreno se preparan las
condiciones para iniciar las consultas. Las doctoras
atienden a las mujeres y a las niñas, y los médicos
a los hombres y a los niños. La tradición es así y
las costumbres se respetan.
Algunos profesionales tienen frescas las
experiencias de Venezuela. Gerardo Márquez,
especialista en Medicina General Integral, de Pinar
del Río, laboró dos años allá, hasta que como
integrante del Contingente Henry Reeve llegó a
Paquistán.
“Lo más difícil aquí es la diferencia de idioma y el
frío —explicó—. Esta geografía no la había
imaginado, pero siempre antes de llegar a los
lugares me hago la idea de que todo es bien difícil,
y luego, cuando afronto las circunstancias, me
desempeño mejor.”
Para Orandelis de los Santos Machín, otro pinareño,
médico de la familia en el municipio de Los
Palacios, Paquistán es su tercera misión. Gambia y
Venezuela las han antecedido; pero sin dudas, esta
será inolvidable.
Cuesta trabajo despedirse en Jared. Los galenos
acompañan a los periodistas hasta la salida del
campamento. Los compatriotas sienten nostalgia por
la familia y Cuba, como la doctora de Sancti
Spíritus, Glicer Medina, y el enfermero
instrumentista, de Ciego de Ávila, Daniel Armando
Herrera.
Son pasadas las tres de la tarde y el sol empieza a
esconderse entre las montañas, la retirada hay que
hacerla a tiempo. Dentro de dos horas ya será de
noche. |