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Gades también fue un hombre de cine
PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu
Foto
de Raúl López
Lo
vimos moverse con su rostro único, su sabiduría
popular, su extraordinario gesto artístico y su
irreductible compromiso revolucionario, para
recordarnos que además de bailarín, coreógrafo y
combatiente, fue, es y será gente de cine.
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Guevara, Sergio
y Faustino en
la velada evocadora de Gades.
Foto: RICARDO LÓPEZ
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Antonio
Gades (1936-2004), evocado desde múltiples
ángulos coincidentes, protagonizó ayer la mañana del
27 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La
Habana.
¿Pretexto? La
presentación en el Hotel Nacional de la capital
cubana del libro Antonio Gades, una espléndida
coedición de la Fundación que lleva su nombre y la
Sociedad General de Autores y Editores (SGAE),
mediante Iberautor.
Dividido en
tres secciones —el hombre, el artista y la obra—, el
libro recoge un valiosísimo testimonio gráfico de la
trayectoria y el legado gadiano, sazonado por frases
y criterios suyos sobre su experiencia y maneras de
ver la creación artística y el mundo.
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En Carmen,
Carlos
Saura plasmó para la
pantalla el genio del
coreógrafo y bailarín
español.
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Seis meses
antes de morir, el coreógrafo de Bodas de sangre
designó al prestigioso musicólogo gallego Faustino
Núñez al frente de la Fundación.
Faustino, quien
hizo armas en su compañía desde la guitarra y
concibió la banda sonora de Fuenteovejuna,
pintó ayer un retrato muy vivo de un maestro "al que
no le gustaba que le dijeran maestro, sino
trabajador de la cultura".
Habló de su
rigor artístico, del sentido de la disciplina en
cada creación suya, de la precisión milimétrica de
sus montajes, "que pueden ser leídos como si se
tratara de una partitura de Bach".
"Lo vi llorar
de emoción —recordó Faustino— cuando ya herido de
muerte me dijo que regresaría a Cuba". Aquí, en
presencia de Fidel y Raúl, recibió la máxima
condecoración estatal. Aquí, en el II Frente
Oriental Frank País, reposan sus cenizas.
Calificó su
vida como un ejemplo de coherencia ética y estética,
de compromiso político y plena entrega al arte que
nunca más se perderá. "Lo tuve todo muy claro
—acotó— en agosto pasado. Reunimos a la compañía de
Gades, los veteranos y gente nueva, y nos fuimos a
Verona, en Italia, a ofrecer un espectáculo. Al
final, los aplausos compitieron en duración con la
de la puesta en escena. Gades seguía con nosotros".
El cineasta
español Manuel Gutiérrez Aragón, presidente de la
Fundación Autor de la SGAE, hizo énfasis en cómo
Gades fue capaz de asumir los riesgos de la
creación, al repasar aquel momento de 1965 en que
estrenó una versión de Don Juan, en el
madrileño Teatro de la Zarzuela, con música de Antón
García Abril, y el público conservador no entendió
la nueva aventura estética que había puesto en
marcha, esa que magistralmente llegó al cine por el
ojo de Carlos Saura, en Carmen y Bodas de
sangre.
Y como ya
estaba en el terreno del cine, Aragón subrayó una
cualidad que debe tenerse muy en cuenta: Gades
actor, el que aportó dramatismo al guerrillero
antifranquista de Los días del pasado, de
Mario Camus (1977).
Alfredo Guevara
habló del amigo y el revolucionario, de los
encuentros en Madrid y París y luego en La Habana,
donde puso en contacto al bailaor con Alicia Alonso.
De la entrañable amistad de Gades con Fidel y Raúl.
"Haremos todo
lo posible —anunció— por recuperar toda la memoria
cinematográfica de Gades entre nosotros".
El encuentro de
ayer tuvo un momento mágico. Precisamente, cuando
Faustino Núñez citaba las palabras de Gades en las
que este reconocía haber aprendido en Cuba, y en
especial del Ballet Nacional, el sentido de la
organización del trabajo artístico, irrumpió en la
sala Alicia Alonso.
Muy cerca de
ella se encontraba el guitarrista y compositor
Sergio Vitier. Ambos, junto a Gades, crearon el
misterio de Ad libitum, uno de los más
prodigiosos encuentros que se puedan concebir entre
la danza clásica y la flamenca. Una obra cuyo
testimonio fílmico urge rescatar.
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