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Humberto Solás sobre
Barrio Cuba
Es una
declaración de amor
Andrés D. Abreu
cultura@granma.cip.cu
Cansado
de cierto estereotipo que había sobre La Habana,
Humberto Solás decidió lanzarse a grabar Gente de
pueblo, una película que terminó siendo
Barrio Cuba.
Según Solás,
una mirada extranjera y epidérmica de La Habana
había comenzado antes de la llegada a Cuba de Win
Wenders pero con él se consolidó una imagen, que
generalmente se reduce al Malecón, la mulata que
baila, el trovador bohemio y muchos autos americanos
fabricados en los años cincuenta, e incluso antes,
y, para sazonar, una visión caótica, irremediable y
maniquea.
Para
el prestigioso cineasta cubano, ese redescubrimiento
de lo habanero no tenía ninguna afinidad con la
percepción real y total de nuestra ciudad; por eso
se propuso dar otra imagen de La Habana, más
intensa, misteriosa y llena de diversidad cultural.
"Me sumergí —cuenta Solás— en esa Habana profunda,
la que amo, pero, también, esta es la película de su
pueblo, porque lo mira sin juzgar, y con amor a esos
personajes que representan a la mayoría de los
cubanos, a los que están en las condiciones más
difíciles dentro de un país que ha resistido durante
45 años una confrontación y un bloqueo impuesto por
los Estados Unidos".
"Nada de
simplificación y neoturismo; el espectador tenía que
ir al drama de la población y a su inquebrantable
esperanza de lucha. Para ello acudí a personajes muy
populares que se identifican plenamente porque están
guapeando, luchando la vida como nosotros."
¿Había un guión
previo o las historias se formaron en la medida que
el director se adentró en el barrio?
"En la década
de los noventa, me puse a escribir cuentos para
expresar mi creatividad. Las historias que aparecen
son una selección de aquellos cuentos. Cuando
descubrí que con la tecnología digital podía hacer
películas pobres, filmé Miel para Ochún. Esta
experiencia me permitió a un veterano como yo volver
al cine, pero pensé en el ímpetu y las nuevas ideas
de los jóvenes y creé el Festival Internacional de
Cine Pobre de Gibara. Fue ahí que tomé conciencia de
hacer una trilogía y decidí que la segunda película
la extraería de aquellos cuentos. Seleccioné cinco
para filmar un proyecto que titulé Gente de
pueblo y luego quedaron cuatro de esas
narraciones en una película que cambió de nombre
debido a estrategias de mercado. La parte española
de la producción entendió más oportuno que
apareciera el nombre del país y yo encontré bien
llamarla Barrio Cuba porque esta Isla es un
gran barrio donde todos vivimos una misma historia y
somos iguales y equitativos hasta en la pobreza".
Se comenzó a
grabar con una cámara prestada por un amigo de Jorge
Perogurría, el alma de esta película. Luego entró el
ICAIC con sus presupuestos. Después lo grabado
estuvo varios meses guardado en un escaparate hasta
que apareció un coproductor y se hizo la
posproducción. Entonces se terminó la película.
¿Cuáles son las
mayores satisfacciones de ese gran periplo y esos
esfuerzos realizados para no dejarse vencer y seguir
buscando maneras de hacer cine?
"La reacción
del público, que es como yo la esperaba; se sienten
reconocidos y no traicionados o caricaturizados en
esta película que es una declaración de amor hacia
ellos." |