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Severas
sanciones a narcotraficantes
¡La droga no entrará jamás,
solo a sangre y fuego podrá entrar!
Raúl Castro, julio 9, 1989
RONALD SUÁREZ RIVAS: Texto y fotos
Una
mujer, acompañada de su vecina y de su
hijo recorren la costa. Buscan pomos
plásticos, cabos de soga u otros objetos
de los que suelen deshacerse los barcos
que bordean a Cuba y que el mar expulsa
hasta la orilla.
José
Luis Llanes Carreño, perito
criminalista, explica que la cocaína es
uno de los estupefacientes sometidos a
fiscalización internacional.
En
la arena, forrado con nailon negro y
atado con precinta, encuentran un bulto
relativamente grande. Muy cerca bate la
ola. No hay duda, lo ha arrastrado hasta
aquí la marea.
Abierto el paquete, encuentran 32
envoltorios del tamaño de un ladrillo,
también forrados con nailon negro. Un
cuño que semeja una cabeza de vaca
parece identificar el contenido, una
sustancia blanca y compacta.
"¡Leche en polvo!", suponen.
Cinco paquetes toma una mujer y la otra
cuatro, el resto lo entierran para
regresar a recogerlo después.
En
Blanca Arena, municipio de Bahía Honda,
Pinar del Río. Allí comenzó esta
historia.
LA MALA IDEA
"No
es leche en polvo", concluye una de las
mujeres, junto a su esposo, ya en casa.
El cuñado confirma que es droga,
cocaína. Poco después contacta a un
vecino que vive de la pesca ilícita,
quien los convence de comercializar la
mercancía que ha recalado en las costas
cubanas.
Tal
vez no saben que la cocaína se encuentra
en la Lista I de la Convención Única de
Estupefacientes de 1961, de la cual Cuba
es miembro signatario; pero todos saben
que, además de ser una sustancia
prohibida, provoca graves daños, muchas
veces irreparables, al organismo humano.
No obstante, el afán de lucro es más
fuerte. Deciden vender.
Un
vecino del pueblo contacta a dos sujetos
en Ciudad de La Habana dedicados al
tráfico. En un lugar apartado, para no
levantar sospechas, realizan la primera
transacción: un kilo de coca que luego
se encargarán de revender a más alto
precio en la capital.
Luego tres y luego tres más.... hasta
completar los 16 kilogramos de droga,
incluyendo los nueve que tomaron las dos
mujeres en el primer momento y otros
siete enterrados en la costa de Blanca
Arena. El resto no apareció.
Elevación desmesurada del nivel de vida,
compras ilegales de vehículos, de armas
de fuego, riñas intestinas, amenazas,
estafas, un encañonamiento con una
pistola y nuevos personajes se suman a
esta trama, lamentablemente real.
Un
operativo policial detiene en Blanca
Arena a parte de la red. A algunos
kilómetros de allí, cerca de la
desarmadora de buques de Bahía Honda,
tropas de Guardafronteras, apoyadas por
el Departamento de la Seguridad del
Estado, capturan a los dos traficantes
de Ciudad de La Habana y les ocupan un
paquete con cocaína suficiente como para
intoxicar a la mitad de los habitantes
de Pinar del Río.
¿MUCHA DROGA?
El
capitán, José Luis Llanes Carreño,
perito criminalista y especialista en
drogas y toxicología, explica que la
cocaína es uno de los estupefacientes
sometidos a fiscalización internacional.
Su
consumo, dice, provoca la estimulación
del sistema nervioso central y puede
ocasionar cambios de personalidad,
deterioro mental y psíquico, aumento de
la presión arterial, alucinaciones,
convulsiones, e incluso conducir al
suicidio.
El
Programa de Naciones Unidas para la
Fiscalización Internacional de Drogas (PNUFID)
aporta cifras concretas e impactantes:
más del 50% de los delitos y muertes
violentas que se producen en el mundo
son ocasionados por toxicomanías; ello
se debe a los efectos de estos productos
en el organismo humano y a su
peculiaridad de crear dependencia.
Un
porcentaje considerable de quienes
prueban la cocaína por primera vez se
vuelven adictos, comenta Llanes Carreño,
y agrega que en Cuba se consideran
grandes cantidades de droga las que
superan los 500 ó 700 gramos.
"De
un kilogramo de cocaína se pueden
obtener unas 33 333 dosis de 30 mg, es
decir, que una cantidad similar de
personas podría ser intoxicada con él".
Esta droga, además, suele ser alterada
con diferentes sustancias para aumentar
su volumen, algo que con frecuencia
complica el estado clínico de quien la
consume, disimula los síntomas y es uno
de los principales factores que
ocasionan la muerte.
"En
el caso de Blanca Arena los 32
kilogramos hallados inicialmente, de una
pureza del 88%, habrían alcanzado para
intoxicar a la población adulta de
Ciudad de La Habana, o a todos los
habitantes de Santiago de Cuba u
Holguín, las provincias más pobladas de
nuestro país", afirma el perito.
SE HACE JUSTICIA
Después de una prolongada y minuciosa
investigación, 10 acusados son llevados
ante la justicia. En la Sala Penal
Segunda del Tribunal Provincial Popular
de Pinar del Río se presentaron los
detalles de la causa 310 del 2005, por
el delito de Tráfico Ilícito de Droga.
Comparece
ante el Tribunal Héctor Arias Biritán,
quien adquiría la droga en Bahía Honda y
la revendía en la capital. Fue condenado
a 18 años de privación de libertad.
Las
pruebas que aportó la fiscalía en vista
oral y pública fueron contundentes.
El
tribunal decretó sanciones de 20 y 18
años de privación de libertad,
respectivamente, para los ciudadanos
Roberto Jiménez Benítez y Héctor Arias
Biritán, quienes adquirían la droga en
Bahía Honda y la revendían en la
capital.
Lázaro Omar Álvarez Lotti, quien
contactó a los anteriores acusados para
comercializar la cocaína hallada en
Blanca Arena, fue sancionado a 12 años
de privación de libertad; y Yunior
García Vázquez y Carlos Ángel Ramos
Porras, a 10 años.
El
resto de los acusados recibió penas
entre 8 y 10 años.
Una
vez más el afán de lucro pasó por encima
de cualquier consideración de tipo ético
y humano. La conquista del dinero fácil
no les permitió a estas personas medir
las consecuencias de semejante acto. |