Prisioneros Políticos del Imperio| MIAMI 5      


     

N A C I O N A L E S

La Habana, 21 de Diciembre de 2005

Severas sanciones a narcotraficantes
                                                                ¡La droga no entrará jamás, 
                                                    solo a sangre y fuego podrá entrar!
                                                                    Raúl Castro, julio 9, 1989

RONALD SUÁREZ RIVAS: Texto y fotos

Una mujer, acompañada de su vecina y de su hijo recorren la costa. Buscan pomos plásticos, cabos de soga u otros objetos de los que suelen deshacerse los barcos que bordean a Cuba y que el mar expulsa hasta la orilla.

José Luis Llanes Carreño, perito criminalista, explica que la cocaína es uno de los estupefacientes sometidos a fiscalización internacional.José Luis Llanes Carreño, perito criminalista, explica que la cocaína es uno de los estupefacientes sometidos a fiscalización internacional.

En la arena, forrado con nailon negro y atado con precinta, encuentran un bulto relativamente grande. Muy cerca bate la ola. No hay duda, lo ha arrastrado hasta aquí la marea.

Abierto el paquete, encuentran 32 envoltorios del tamaño de un ladrillo, también forrados con nailon negro. Un cuño que semeja una cabeza de vaca parece identificar el contenido, una sustancia blanca y compacta.

"¡Leche en polvo!", suponen.

Cinco paquetes toma una mujer y la otra cuatro, el resto lo entierran para regresar a recogerlo después.

En Blanca Arena, municipio de Bahía Honda, Pinar del Río. Allí comenzó esta historia.

LA MALA IDEA

"No es leche en polvo", concluye una de las mujeres, junto a su esposo, ya en casa. El cuñado confirma que es droga, cocaína. Poco después contacta a un vecino que vive de la pesca ilícita, quien los convence de comercializar la mercancía que ha recalado en las costas cubanas.

Tal vez no saben que la cocaína se encuentra en la Lista I de la Convención Única de Estupefacientes de 1961, de la cual Cuba es miembro signatario; pero todos saben que, además de ser una sustancia prohibida, provoca graves daños, muchas veces irreparables, al organismo humano. No obstante, el afán de lucro es más fuerte. Deciden vender.

Un vecino del pueblo contacta a dos sujetos en Ciudad de La Habana dedicados al tráfico. En un lugar apartado, para no levantar sospechas, realizan la primera transacción: un kilo de coca que luego se encargarán de revender a más alto precio en la capital.

Luego tres y luego tres más.... hasta completar los 16 kilogramos de droga, incluyendo los nueve que tomaron las dos mujeres en el primer momento y otros siete enterrados en la costa de Blanca Arena. El resto no apareció.

Elevación desmesurada del nivel de vida, compras ilegales de vehículos, de armas de fuego, riñas intestinas, amenazas, estafas, un encañonamiento con una pistola y nuevos personajes se suman a esta trama, lamentablemente real.

Un operativo policial detiene en Blanca Arena a parte de la red. A algunos kilómetros de allí, cerca de la desarmadora de buques de Bahía Honda, tropas de Guardafronteras, apoyadas por el Departamento de la Seguridad del Estado, capturan a los dos traficantes de Ciudad de La Habana y les ocupan un paquete con cocaína suficiente como para intoxicar a la mitad de los habitantes de Pinar del Río.

¿MUCHA DROGA?

El capitán, José Luis Llanes Carreño, perito criminalista y especialista en drogas y toxicología, explica que la cocaína es uno de los estupefacientes sometidos a fiscalización internacional.

Su consumo, dice, provoca la estimulación del sistema nervioso central y puede ocasionar cambios de personalidad, deterioro mental y psíquico, aumento de la presión arterial, alucinaciones, convulsiones, e incluso conducir al suicidio.

El Programa de Naciones Unidas para la Fiscalización Internacional de Drogas (PNUFID) aporta cifras concretas e impactantes: más del 50% de los delitos y muertes violentas que se producen en el mundo son ocasionados por toxicomanías; ello se debe a los efectos de estos productos en el organismo humano y a su peculiaridad de crear dependencia.

Un porcentaje considerable de quienes prueban la cocaína por primera vez se vuelven adictos, comenta Llanes Carreño, y agrega que en Cuba se consideran grandes cantidades de droga las que superan los 500 ó 700 gramos.

"De un kilogramo de cocaína se pueden obtener unas 33 333 dosis de 30 mg, es decir, que una cantidad similar de personas podría ser intoxicada con él".

Esta droga, además, suele ser alterada con diferentes sustancias para aumentar su volumen, algo que con frecuencia complica el estado clínico de quien la consume, disimula los síntomas y es uno de los principales factores que ocasionan la muerte.

"En el caso de Blanca Arena los 32 kilogramos hallados inicialmente, de una pureza del 88%, habrían alcanzado para intoxicar a la población adulta de Ciudad de La Habana, o a todos los habitantes de Santiago de Cuba u Holguín, las provincias más pobladas de nuestro país", afirma el perito.

SE HACE JUSTICIA

Después de una prolongada y minuciosa investigación, 10 acusados son llevados ante la justicia. En la Sala Penal Segunda del Tribunal Provincial Popular de Pinar del Río se presentaron los detalles de la causa 310 del 2005, por el delito de Tráfico Ilícito de Droga.

Comparece ante el Tribunal Héctor Arias Biritán, quien adquiría la droga en Bahía Honda y la revendía en la capital. Fue condenado a 18 años de privación de libertad.Comparece ante el Tribunal Héctor Arias Biritán, quien adquiría la droga en Bahía Honda y la revendía en la capital. Fue condenado a 18 años de privación de libertad.

Las pruebas que aportó la fiscalía en vista oral y pública fueron contundentes.

El tribunal decretó sanciones de 20 y 18 años de privación de libertad, respectivamente, para los ciudadanos Roberto Jiménez Benítez y Héctor Arias Biritán, quienes adquirían la droga en Bahía Honda y la revendían en la capital.

Lázaro Omar Álvarez Lotti, quien contactó a los anteriores acusados para comercializar la cocaína hallada en Blanca Arena, fue sancionado a 12 años de privación de libertad; y Yunior García Vázquez y Carlos Ángel Ramos Porras, a 10 años.

El resto de los acusados recibió penas entre 8 y 10 años.

Una vez más el afán de lucro pasó por encima de cualquier consideración de tipo ético y humano. La conquista del dinero fácil no les permitió a estas personas medir las consecuencias de semejante acto.

 

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