LOS premios paralelos del Festival
de Cine de La Habana han sido siempre un termómetro
de lo que será la noche de clausura. En esta ocasión
no ha sido diferente, pero en otro sentido. Al no
aparecer la gran película, esa que todos saben tiene
que ser la ganadora, esto se ha reflejado en la
dispersión de los premios. Un comentario más, la
irrupción de una nueva hornada de realizadores
también ha tenido su reflejo en los primeros
palmarés.
Son varias las organizaciones,
asociaciones y federaciones que entregan premios
paralelos, unos al documental, un género con gran
tradición en Cuba, y otros a los largometrajes de
ficción.
Víctor Casaus, director del Centro
Pablo de la Torriente Brau, abrió las compuertas
ante la prensa en la sala Taganana, del Hotel
Nacional. El Premio Memoria fue concedido, ex aequo
a uno de los maestros del cine latinoamericano, el
argentino Fernando Pino Solanas, por La dignidad
de los nadie y al joven brasileño Marcos Prado
por Estamira.
Por su parte, el Centro de Casas de
Cultura otorgó el Sara Gómez, a Iré Habana,
del dueto Jorge Perugorría-Arturo Sotto, donde sin
dudas triunfa la música de José María Vitier, y
finalmente, el Círculo de Periodistas de Cultura de
la UPEC, premió a Montaña de luz, que recoge
la labor de los médicos cubanos en Africa y América
Latina.
En el largometraje, a falta de una
película excepcional, los trofeos fueron dispersos.
De cualquier manera, dos filmes acapararon más la
atención. Habana blues, del español Benito
Zambrano, recibió el Premio de la UNEAC y el de la
Sección cubana de la FIPRESCI, y En la cama,
ópera prima del chileno Martín Bize, el Premio
Caminos del Centro Martin Luther King Jr, y el de la
Casa de las Américas. De Chile también resultó
ganadora otra ópera prima, Play, de Alicia
Scherson, por la FEISAL, la Federación de Escuelas
de Cine de Iberoamérica.
México, que hace años no se presenta
sólido en el Festival, no se fue desconsolado, pues
Carlos Reygadas, con Batalla en el cielo, fue
distinguido por la Universidad de La Habana,
mientras otro de los grandes directores de la
región, el venezolano Román Chalbaud, se alzó con el
GLAUBER ROCHA, de la prensa extranjera, por El
Caracazo.
Una de las más gustadas
cinematografías del continente, la argentina, fue
premiada por dos cintas, Iluminados por el fuego,
de Tristán Bauer, y Nordeste, ópera prima de
Juan Diego Solanas, con el ROQUE DALTON.
Para Cuba no fue una jornada tan
feliz. Barrio Cuba, de Humberto Solás,
recibió solamente el Premio El Mégano, de la
Federación de Cine Clubs, y la multipremiada en
festivales europeos Viva Cuba, de Juan Carlos
Cremata, el que por primera vez entrega Radio
Progreso a nombre de sus oyentes.
Lo dicho. Los jóvenes directores se
van posesionando y según los premios paralelos, ya a
punto de cerrar el telón, aún no apareció la gran
película.