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CASO PLACAS
Radiografía de una fechoría
POR ALBERTO NÚÑEZ
BETANCOURT —del diario Granma—
• "CIERRA el maletero, que ahí viene
el jefe de sector".
Así escuchó el primer suboficial
Edilberto Pérez Heredia y la frase vino a confirmar
la observación que durante varios minutos había
realizado detrás de un arbusto. La maniobra
alrededor del camión ZIL 130, de la Dirección
Provincial de Transporte de la Empresa de
Suministros Médicos, EMSUME, y del Peugeot
particular, estacionados frente a la casa s/n de la
calle 3ra entre carretera de Santa María del Rosario
y Final, en el reparto Villa Haydée, Guanabacoa,
indicaba a todas luces una turbia operación.
—¿Para qué son esas placas?
—Estas se mojaron y no sirven.
Entonces las cogemos para hacer objetos de
artesanía.
—Vamos a trasladar todo esto para la
Unidad.
Cae una llovizna constante. Horario
y estado del tiempo parecen estar a favor de los
malhechores, pero...
EL HONOR DECIDE
No hay nada que hablar, vamos para
la Unidad y allí lo aclaran todo. Así me impuse
desde el momento inicial. Yo no puedo cometer la
deslealtad de dejar pasar un delito. Mi padre no me
lo perdonaría, tampoco mi esposa ni mis hijos, ni
mis amigos, ni yo mismo por cuestión de principio,
apunta el joven primer suboficial de 34 años de
edad, quien desde hace un lustro actúa como jefe de
sector de Villa María, municipio de Guanabacoa.
Llegó un momento en que tuvo que
pararse bonito, y hasta rastrillar la Makarov para
que la superioridad numérica y los tragos no fueran
a envalentonar a los detenidos.
Eran seis hombres, relata, y entre
ellos vi ciertos cruces de miradas que no me
gustaron. Como si quisieran evadir la justicia. Pero
en estos casos acostumbro a llevar la iniciativa,
para que no me sorprendan. Yo miraba a los
alrededores para ver si alguien me podía ayudar. Ya
por el camino se me sumó un oficial del Departamento
Técnico de Investigaciones.
En la referida casa ocupamos 19 700
placas radiográficas. Posteriormente aparecieron más
enterradas en el patio de otra vivienda. Al ver
miles de placas vírgenes, buena parte de ellas
echadas a perder, sentí mucha repulsa por los
delincuentes, que con tremenda tranquilidad lucran
con este producto escaso en nuestros hospitales y
policlínicos.
DOS MAS DOS NO DIO CUATRO
El pedido está listo. Todos ignoran
que dentro del contenedor faltan 67 cajas de 500
unidades cada una, es decir 33 500 placas
radiográficas.
Solo Lázaro Rafael Moya Alpízar
(jefe de almacén) y Andrés Carlos Cruz Colmenares
(chofer del camión) conocen de la preciada carga que
les queda para sus fechorías. Ellos han burlado el
conteo del inspector que certifica los despachos, y
así han echado a andar un negocio sucio que
involucraría a otros y mediante el cual se venderá
cada placa al precio de un peso cubano, para que los
receptadores utilicen el material plástico en
variados objetos y luego los vendan y revendan
ilícitamente. ¿Qué dirían los pacientes necesitados
de pruebas de Rayos X?
Al visitar la Base de Almacenes del
Cotorro, en particular la Nave 30, se observa que
allí no hay ni ventanas ni puertas rotas, los
llavines funcionan muy bien y poseen una calidad de
primera. Entonces, ¿qué sucedió? ¿Cómo sacaron la
mercancía?
Llueve sobre mojado. Una vez más los
ladrones estaban adentro.
Esa sospecha la tuvo desde el primer
momento Blas Camacho Yanes, sustituto temporal del
director nacional de EMSUME. Y tan pronto conoció
del incidente orientó a los directivos de la Empresa
realizar un inventario total en la Nave 14, donde se
recepcionó y se mantuvo el producto hasta su
posterior traslado a la Nave 30. El examen arrojó
orden en el primer lugar. Todo apuntaba a que en los
Almacenes del Cotorro, había ocurrido la
sustracción.
Llevo 35 años en el sector y te
puedo afirmar que es la primera vez que ocurre un
hurto de placas, esto no se dio ni siquiera cuando
recibíamos volúmenes significativos procedentes de
los países entonces socialistas, asegura Blas.
Las investigaciones alrededor del
lamentable hecho detectaron otras irregularidades
que, en consecuencia, exigían adoptar medidas
esenciales. Hoy día, en la Base Central de Almacenes
del Cotorro se ha impuesto el orden.
El jefe de almacén de la Nave 30 y
el chofer mencionado enfrentan en el presente un
proceso judicial. El Consejo de Dirección fue
sustituido totalmente y algunos trabajadores
quedaron fuera de la institución debido a su
comportamiento inadecuado.
Además, la dirección de la Empresa
Nacional de Suministros Médicos procedió a cambiar
todas las cerraduras de las puertas y desarrolló un
proceso de idoneidad con respecto a los miembros del
Cuerpo de Vigilancia y Protección, mediante el cual
aquel que no cumpliera los requisitos no podía
desempeñarse en tan importante puesto.
Adicionalmente, cada día de seis de la tarde hasta
el amanecer un dirigente del nivel central de la
EMSUME refuerza una guardia en la instalación.
Para la malversación, principal
delito cometido por Lázaro Rafael Moya Alpízar y
Andrés Carlos Cruz Colmenares, individuos que están
en prisión provisional en espera de la realización
del juicio, nuestro Código Penal establece sanciones
entre ocho y 20 años de privación de libertad,
mientras en el caso de la receptación (adquirir
artículos mal habidos) las leyes contemplan penas de
dos a cinco años de privación de libertad o multas
de 500 a 1 000 cuotas, o ambas.
Entre las moralejas que deja el
negativo suceso está que nuestra sociedad no puede
descansar ni un solo instante en propiciar el
desarrollo de la conciencia del individuo ni olvidar
la aplicación minuciosa de los controles económicos
por parte de quienes tienen responsabilidades. Estos
elementos son armas indispensables sin las cuales,
definía el Che, no podemos construir el socialismo.
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