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Doble riesgo del ruido,
sordera y soledad
POR JOAQUIN ORAMAS
RECIENTEMENTE examinamos los problemas que se crean
con el uso y abuso desmesurado del ruido, un
fenómeno acentuado en la vida moderna,
particularmente dañino a las personas mayores.
Y
señalamos sus consecuencias negativas para una
mayor longevidad y llegar a los 120 años por la
agresión del medio, ya sea por los problemas
climáticos u otros naturales, o los causados
principalmente por el ser humano como los que se
refieren al sonar el claxon, el alto volumen de la
radio o la televisión, el intenso ruido de las
maquinarias en las industrias, el de los motores de
aviones por señalar algunos de los que
cotidianamente originan molestias y afectaciones a
la salud, mayormente al sentido de la audición.
El
trauma acústico, o sordera por ruido, es un cuadro
que se observa cada vez con mayor frecuencia,
principalmente en los países industrializados, y ya
preocupa en el Tercer Mundo.
Cuando
una persona se expone a sonidos intensos de más de
90 decibeles puede producirse una lesión de las
células del órgano encargado de la percepción y
descodificación de los sonidos en el oído interno.
Su función primordial es transformar la onda sonora
en energía bioeléctrica, la cual se dirige hacia el
cerebro por el nervio auditivo.
Los
ruidos capaces de generar este tipo de sordera
pueden ser divididos en continuos, como los
producidos por motores; y discontinuos, generados
por alguna explosión, armas de fuego, entre otros.
No
todas las personas expuestas a ruidos continuos en
un mismo ambiente originan un trauma acústico, cuyo
desarrollo depende de la intensidad del sonido, del
tiempo de exposición y de la sensibilidad del oído
ante la agresión. También depende del tono del
sonido, ya que son mucho más agresivos los tonos
agudos que los graves.
El
ruido es parte de la contaminación ambiental y
afecta seriamente la capacidad auditiva de quienes
lo sufren, a la vez que ejerce una influencia
negativa, propiciando otros trastornos del
organismo. Los efectos nocivos del ruido sobre la
salud van desde las alteraciones cardiovasculares y
del sueño, hasta la disminución del apetito sexual.
Aunque
existen muchas personas que llegan a la tercera y
cuarta edad con un aceptable sentido del oído, lo
común es que esta capacidad vaya declinando con el
tiempo. En algunos ancianos esta disminución,
denominada presbiacusia, es muy marcada, y puede
originarse en distintos problemas fisiológicos.
La
pérdida de la capacidad de audición puede iniciarse
a partir de los 40 años en algunas personas
hereditariamente predispuestas. En general, avanza
lenta pero progresivamente, hasta manifestarse con
claridad hacia los 60 años. Finalmente, en los
ancianos que integran la llamada cuarta edad, llega
a un nivel de sordera capaz de afectar la capacidad
de comunicación y sociabilidad.
Los
orígenes de este problema muchas veces tiene que ver
con la ingesta desmedida durante toda la vida, el
consumo de tabaco o alcohol, pero también puede ser
ocasionado por el colesterol, el exceso de ruido,
las dietas mal equilibradas y poco controladas e,
indefectiblemente, a los factores hereditarios.
La
pérdida de la audición no es un fenómeno que se
presenta en forma repentina, sino que sus efectos se
van percibiendo paulatinamente.
Ante la
aparición de los síntomas, es necesario recurrir
inmediatamente a un profesional calificado, para
llegar a un diagnóstico real de la situación. La
mayoría de las veces se trata de problemas de fácil
o viable solución, siempre que lo detecten a tiempo
y utilicen las ayudas auditivas adecuadas.
Entre
las muchas pérdidas que puede sufrir una persona con
el avance de los años, la presbiacusia advierte un
problema de doble riesgo. No sólo tendrá
dificultades auditivas, sino que esto le planteará
obstáculos, difíciles de superar, para la
comunicación, poniéndola en riesgo de perder
contactos y compañías.
Casi
sin darse cuenta, se deja avanzar el peligro de caer
en uno de los problemas más característicos y graves
de la vejez: la soledad. Problema que, por la
desvalorización que muchas veces sufren los ancianos
en algunas sociedades, lleva a la depresión y a la
enfermedad o, incluso, a la muerte.
No es
ocioso insistir en la atención de este padecimiento,
pues recuperar audición significa reconquistar
calidad de vida.
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