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La Habana, 13 de Enero de 2005

Doble riesgo del ruido,
sordera y soledad


POR JOAQUIN ORAMAS

RECIENTEMENTE examinamos los problemas que se crean con el uso y abuso desmesurado del ruido, un fenómeno acentuado en la vida moderna, particularmente dañino a las personas mayores.

Y señalamos  sus consecuencias negativas para una mayor longevidad y llegar a los 120 años por la agresión del medio, ya sea por los problemas climáticos u otros naturales, o los causados principalmente por el ser humano como los que se refieren al sonar el claxon, el alto volumen de la radio o la televisión, el intenso ruido de las maquinarias en las industrias, el de los motores de aviones por señalar algunos de los que cotidianamente originan molestias y afectaciones a la salud, mayormente al sentido de la audición.

El trauma acústico, o sordera por ruido, es un cuadro que se observa cada vez con mayor frecuencia, principalmente en los países industrializados, y ya preocupa en el Tercer Mundo.

Cuando una persona se expone a sonidos intensos de más de 90 decibeles puede producirse una lesión de las células del órgano encargado de la percepción y descodificación de los sonidos en el oído interno. Su función primordial es transformar la onda sonora en energía bioeléctrica, la cual se dirige hacia el cerebro por el nervio auditivo.

Los ruidos capaces de generar este tipo de sordera pueden ser divididos en continuos, como los producidos por motores; y discontinuos, generados por alguna explosión, armas de fuego, entre otros.

No todas las personas expuestas a ruidos continuos en un mismo ambiente originan un trauma acústico, cuyo desarrollo depende de la intensidad del sonido, del tiempo de exposición y de la sensibilidad del oído ante la agresión. También depende del tono del sonido, ya que son mucho más agresivos los tonos agudos que los graves.

El ruido es parte de la contaminación ambiental y afecta seriamente la capacidad auditiva de quienes lo sufren, a la vez que ejerce una influencia negativa, propiciando otros trastornos del organismo. Los efectos nocivos del ruido sobre la salud van desde las alteraciones cardiovasculares y del sueño, hasta la disminución del apetito sexual. 

Aunque existen muchas personas que llegan a la tercera y cuarta edad con un aceptable sentido del oído, lo común es que esta capacidad vaya declinando con el tiempo. En algunos ancianos esta disminución, denominada presbiacusia, es muy marcada, y puede originarse en distintos problemas fisiológicos.

La pérdida de la capacidad de audición puede iniciarse a partir de los 40 años en algunas personas hereditariamente predispuestas. En general, avanza lenta pero progresivamente, hasta manifestarse con claridad hacia los 60 años. Finalmente, en los ancianos que integran la llamada cuarta edad, llega a un nivel de sordera capaz de afectar la capacidad de comunicación y sociabilidad.

Los orígenes de este problema muchas veces tiene que ver con la ingesta desmedida durante toda la vida, el consumo de tabaco o alcohol, pero también puede ser ocasionado por el colesterol, el exceso de ruido, las dietas mal equilibradas y poco controladas e, indefectiblemente, a los factores hereditarios.

La pérdida de la audición no es un fenómeno que se presenta en forma repentina, sino que sus efectos se van percibiendo paulatinamente. 

Ante la aparición de los síntomas, es necesario recurrir inmediatamente a un profesional calificado, para llegar a un diagnóstico real de la situación. La mayoría de las veces se trata de problemas de fácil o viable solución, siempre que lo detecten a tiempo y utilicen las ayudas auditivas adecuadas.

Entre las muchas pérdidas que puede sufrir una persona con el avance de los años, la presbiacusia advierte un problema de doble riesgo. No sólo tendrá dificultades auditivas, sino que esto le planteará obstáculos, difíciles de superar, para la comunicación, poniéndola en riesgo de perder contactos y compañías.

Casi sin darse cuenta, se deja avanzar el peligro de caer en uno de los problemas más característicos y graves de la vejez: la soledad. Problema que, por la desvalorización que muchas veces sufren los ancianos en algunas sociedades, lleva a la depresión y a la enfermedad o, incluso, a la muerte.

No es ocioso insistir en la atención de este padecimiento, pues recuperar audición significa reconquistar calidad de vida.

(Más información redac2@granmai.cip.cu)

 

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