Prisioneros Políticos del Imperio| MIAMI 5      


P R E N S A  N A C I O N A L

La Habana, 17 de Enero de 2005

Un marine y su batalla

Juana Carrasco Martín

El marine Andres Raya debía reportar a su unidad en Camp Pendleton, cerca de San Diego, California, pero decidió no hacerlo. Había tenido suerte en Iraq, sobrevivió. Y llegó a su pueblo, Ceres, con la veteranía conquistada en Falluja. Por supuesto, no pensaba ni quería regresar a Iraq, así lo atestiguó el teniente Bill Heyne, un vocero de la oficina del sheriff en el condado Stanislaus, luego del extraño suceso que lo tuvo de protagonista.

Andres hizo lo equivocado y en el lugar equivocado: perdió sus 19 años de vida en una batalla a tiros... con la policía estadounidense. Los emboscó con un rifle semiautomático. Una cámara de seguridad de un establecimiento de venta de licores grabó el combate, una cacería de tres horas.

El incidente había comenzado cuando el joven entró a la tienda, merodeó en ella y actuó de forma extraña: salió afuera, disparó con su rifle y volvió a entrar al local, diciéndoles a los empleados que alguien le había disparado. Entonces les pidió que llamaran a la policía.

En cuanto los agentes llegaron, de inmediato se enzarzó a tiros con ellos. Dicen testigos y protagonistas que no le importaban los disparos de respuesta.

Para el marine no valieron nada la Medalla de Servicio por la Defensa Nacional, la Medalla Expedicionaria por la Guerra Global contra el Terrorismo, la Medalla del Servicio en la Guerra Global contra el Terrorismo y la Cinta por Servicio en la Marina y el Cuerpo de Marines. Ninguna condecoración detuvo las horas de violencia. Parecería que Andres Raya escogió así su modo de suicidarse.

Fue la gran noticia y comidilla entre los 35 000 habitantes de Ceres, bien cerca de Modesto, donde reside su madre. Las declaraciones de esta al diario Modesto Bee se están volviendo lastimosamente reiterativas en Estados Unidos: “mi hijo regresó diferente” de su última asignación...

También volvió “diferente” el veinteañero Jeffrey Lucey y un día apareció colgado en el sótano de su casa en Belchestown, Massachusetts, sucumbiendo por sus tormentos mentales y emocionales.

Lo terrible es que estos jóvenes y decenas más que han cometido también suicidio en Iraq o luego de su retorno, o se han visto envueltos en incidentes de violencia, fueron a la guerra bajo las falsas premisas impuestas por George W. Bush y sus compinches.

Lo ocurrido con Andres Raya prácticamente coincidió con las revelaciones más recientes de la administración Bush. Y esto añade una monstruosa desvergüenza a lo acontecido. La Casa Blanca confirmó el reporte del Iraq Survey Group (ISG), ya no se buscan más las armas de destrucción masiva en Iraq. No las hay, ni las hubo. Pero Andres, Lucey y miles y miles de soldaditos estadounidenses fueron a la guerra o están en ese infierno, bajo tal engaño.

Desde septiembre pasado, Charles Duelfer, el jefe del ISG, había informado que el presidente Saddam Hussein no tenía armas de exterminio en masa, que las había destruido “hacía más de diez años”, incluso que los iraquíes “no tenían capacidad” para fabricarlas. Hasta apelaron al Pentágono para que pusieran en libertad a varios científicos iraquíes presos en alguna de las tenebrosas cárceles es-tadounidenses en Iraq. Era lógico, no existía tal delito. Pero en los campos de detención permanecen todavía dos mujeres a las que la gobbeliana propaganda estadounidense calificó de Dra. Germen y Sra. Ántrax. Así las científicas Rihab Taha y Huda Amash fueron transformadas en “monstruos”.

En septiembre, el diario británico Guardian reportaba que las dos mujeres y muchos otros científicos iraquíes permanecían encarcelados, no tanto por “delitos” propios sino porque —según algunos observadores en la región— “conocían demasiado” sobre el involucramiento de Estados Unidos con Iraq desde los años 80, cuando Hussein era uno de los amigos de Washington.

Pero a Bush y a su gente les importan poco las mentiras que han dicho y las vidas que han destruido. Definitivamente la invasión de Iraq se cumpliría, con o sin armas de exterminio, y ahora, para justificar su crimen, lanzan otra aseveración tramposa. “Saddam era peligroso y el mundo está seguro sin él en el poder”, dijo el mandatario reincidente a la periodista Barbara Walters, de la cadena ABC.

La invasión de Iraq era ventajosa para Estados Unidos. La mentira era necesaria para que Andres Raya fuera a Falluja, y luego lavara su “culpa” en el enfrentamiento fatídico. El Moloc, o dios de la guerra, acepta la impúdica ofrenda.
 

 

IMPRIMIR ESTE MATERIAL


Director General: Frank Agüero Gómez. Director Editorial: Gabriel Molina Franchossi.
HOSPEDAJE: Teledatos-Cubaweb. La Habana
Granma Internacional Digital: http://www.granma.cu/

También en: http://granmai.cubaweb.com/

http://www.granmai.cubasi.cu/

 

Correo-E | Inglés | Francés | Portugués | Alemán | Italiano | REVISTAS
Versión sólo texto | Canal RSS |
© Copyright. 1996-2005. Todos los derechos reservados. GRANMA INTERNACIONAL DIGITAL. Cuba.

Subir