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Dueños de la alegría
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El 2005 el movimiento
de solidaridad internacional lo ha dedicado a los
luchadores antiterroristas cubanos, confinados en
cárceles norteamericanas. JR revela evocaciones de
ellos, de sus familiares y de amigos en este nuevo
año que comienza
Deisy Francis Mexidor
(Tomado de Juventud Rebelde)
Caminó sobre la hierba
húmeda del patio. Había frío. Era un día como
cualquier otro allá dentro, afuera, en Cuba, hubiese
sido diferente este fin de año. “Tengo que adaptarme
y seguir adelante”, pensó para sí y lo anotó para
escribirlo en la próxima carta a su Rosa Aurora.
Fernando González Llort
cumple una sanción de 19 años en la penitenciaría de
Oxford, estado de Wisconsin. Su delito, al igual que
el del resto de sus compañeros de causa, fue
intentar librar a todo un pueblo de la muerte.
En La Habana, su Rosa
espera, no tiene derecho a marchitarse mientras
“Fernan no llegue”, según confiesa a JR.
“Para nuestras familias
estos son días en los que inevitablemente nos ronda
la nostalgia”, afirma Rosa Aurora Freijanes en tono
de meditación, y narra que Fernando “logró
comunicarse conmigo, sobre las diez de la noche del
31 de diciembre. Le costó bastante trabajo hacerlo,
me comentó. Cuando oí su voz sentí alegría y
tristeza a la vez, porque no es fácil la situación
que estamos viviendo.
“No nos dijimos felicidades,
esa es una palabra que no nos va hasta tanto el no
venga, pero sí me aseguró que el 2005 iba a ser un
mejor año y que me mantuviera en la pelea. Yo trato
de permanecer con ese espíritu que me pide; sin
embargo es duro, muy duro todo esto.
“Hablamos también de que el
2005 sería dedicado a los Cinco, se emocionó por la
iniciativa y se rió con toda la boca, como
acostumbra a hacer. Esa sonrisa suya, plena, me
gusta mucho.
Subió y bajó las escaleras
corriendo. Era el único ejercicio que se le permitía
en estos momentos por lo avanzado del invierno.
Anotó algo más para Rosa Aurora: “cuando algo sea
dicho, cuando una carta falte, o una llamada no
llegue quiero que tengas más elementos para juzgar
cómo es la vida acá”. Entonces mira alrededor, ha
crecido la población penal, donde estaban los
televisores en el área común colocaron camas, ahora
los presos han convertido en área común la
biblioteca. Cada vez son menos las posibilidades de
leer o escribir.
Rosa Aurora busca las
palabras apropiadas. Cuenta que le parte el alma a
Fernando el hecho de haber tenido que deshacerse de
un cajón de cartas que no pudo responder. En
condiciones muy complicadas redacta cada letra que
envía.
“Cuando converso no solo con
él, sino con cualquiera de los Cinco, jamás tú notas
en ellos tristeza ni pesadumbre. No sé de dónde
sacan tantas fuerzas. Te hablan siempre con
entusiasmo, con una vitalidad tremenda. Desde que
Fernan está preso nunca he escuchado su voz
apesadumbrada. Son, pese a la terrible situación que
atraviesan, dueños de la alegría”.
INOCENTE EN CAROLINA
“A Cuba pienso regresar con
baúl de recuerdos y todo, comparto con mi pueblo el
optimismo y la fe de que ello ocurrirá en un día no
muy lejano, ahí nos veremos y disfrutaremos cientos
de anécdotas de esta larga lucha, de la cual,
nuestro regreso, será materialización del triunfo.
Diles que estoy vivo y que no olvido la solidaridad
que han volcado en nuestro caso”.
Lo escribe en una hoja y lo
guarda en un sobre donde tiene varios artículos de
periódico recortados para enviarlo a su esposa,
Olga, la mujer que escogió para que compartiera su
vida hace 22 años.
René González Sehwerert,
desde el penal de Edgefield, en Carolina del Sur,
donde cumple una condena de 15 años, no deja de
pensar en que por estos días las familias suelen
estar unidas. No deja de pensar en Olga ni en sus
dos hijas, una de las cuales, Ivette, la más
pequeña, no recuerda la calidez de sus besos.
Olga Salanueva Arango, está
en La Habana. No ha podido volver a ver a René desde
que fue deportada de Estados Unidos en el 2000. “El
último fin de año que pasamos juntos fue de 1997
para 1998, estaba yo embaraza entonces. Andábamos
llenos de planes e ilusiones esperando a nuestra
hija, pues ya sabíamos que era una hembrita y que
además la nombraríamos Ivette.
“El 31 siempre quedamos
esperando el beso de René. A él le gusta rodearse de
amigos en esa fecha. Es una persona muy especial. No
importa si tuviésemos mucho o poco para celebrar,
sencillamente celebrábamos nuestra propia felicidad.
“Hoy la familia está
desgajada por una cruel injusticia y encima de ello
las autoridades norteamericanas me niegan una y otra
vez la visa para ir a visitarlo a la cárcel. Lo
mismo hacen con Adriana Pérez, la esposa de Gerardo
Hernández, quien está condenado a doble cadena
perpetua más 15 años. Es vergonzoso. Están violando
nuestros derechos y también el de ellos. Además,
Ivette quiere y necesita ver a su papá”.
“¿Cuándo estaré junto a mi
bebita del alma?”, se pregunta en la soledad de su
celda. Mientras, espera una nueva carta, donde Olga
le narre de las travesuras de Ivette, del diente que
le salió o si se ganó la estrella en la escuela por
buen comportamiento... Mientras, también escribe, y
reitera a Olga, “dile a todos que estoy vivo, que no
me rajo”.
MI VISA PRIMERO
“Del 22 al 29 de diciembre
el penal estuvo de castigo y me comentó por teléfono
que aprovechó ese tiempo para ponerse al día con
algunas cartas. Contestó casi 200”, explica Mirtha
Rodríguez, mamá de Antonio Guerrero Rodríguez.
“Cuando pudo comunicarse el
31 de diciembre me dijo que las 12 de la noche aquí
eran las nueve en Colorado, porque tenemos tres
horas de diferencia, que él estaba pendiente de
nuestro horario, que no podía pensar en otra cosa
que no fuera Cuba. Quiso oír algo de la radio, pero
no pudo alcanzar la distancia”.
En Florence, Colorado,
Antonio Guerrero cumple cadena perpetua, más diez
años, pero el tiempo no lo cuenta, lo invierte en
trabajar, enseñar, hacer poemas, pintar, leer,
responderle a los amigos de Cuba y el mundo...
Ahora recuerda la broma que
le jugó a su mamá cuando esta le manifestó su dolor
por no haber podido obtener el anhelado permiso de
viaje durante todo el año 2004. “No te preocupes,
será en enero, a lo mejor me dan mi visa primero”,
fue lo que se le ocurrió para arrancarle una sonrisa
a su Mirtha, porque ella sabe que la tristeza no
cabe, hay que dejarla a un lado, pues hay mucho
combate por venir.
El FUTURO ESTA AHI MISMO
Van para siete años que no
se ven. Una y otra vez a Adriana Pérez las
autoridades estadounidenses le niegan la visa para
viajar a encontrarse con su esposo, Gerardo
Hernández, recientemente trasladado a la prisión de
máxima seguridad de Victorville, en California.
“El 31 de diciembre me hizo
una llamada muy rápida, de aliento, fue muy cerquita
de las doce de la noche”, cuenta Adriana a nuestro
diario.
“Él escuchó el brindis de
nuestra familia. Coloqué el auricular del teléfono
de manera que oyera el Himno Nacional, algunos de
los disparos de salva. Me pidió que le describiera
el contenido del comunicado que leían por el
televisor y de pronto me dijo ‘arriba pa´lante que
este año nos esperan cosas buenas’.
“Entonces nos felicitamos
por haber resistido, el haber tenido salud, el haber
mantenido el amor, el haber participado en toda la
Batalla de Ideas de nuestro país, el haber estado
presentes en cada combate del pueblo de Cuba, eso
reconforta a los Cinco, pues saben que la causa por
la cual han luchado no ha sido en vano.
En la penitenciaría de
Victorville, Gerardo se da ánimo. Su forma de ser le
ha ayudado, sus bromas constantes aligeran la carga
emocional.
“No dejaremos que nada
empañe la felicidad en nuestras vidas”, así se lo
hace saber a su Adriana. Ella no está ajena a que
esa felicidad nunca será comparable con la dicha de
estar juntos. “Nuestro futuro será como el que
nosotros queremos. En mente lo tenemos y está ahí
mismo”.
VOCES DIVERSAS
Juventud Rebelde contactó
vía correo electrónico con varios amigos solidarios
con esta causa, quienes manifestaron que “para
muchos de nosotros, que vivimos en el país donde
cinco jóvenes cubanos están presos por defender a su
patria en contra del terrorismo, pensar en todas las
cosas que queremos para el 2005 es pensar en la
libertad de los Cinco”, reflexiona la activista
Alicia Jrapko, desde California.
“Esta batalla, mucho depende
de nuestro esfuerzo por llegar al corazón del pueblo
norteamericano para que conozca la verdad y se sume
a ella. La causa de los Cinco es nuestra propia
causa, y por eso la lucha por su libertad no es solo
un compromiso, sino una obligación de todos los
seres que aman la paz y la justicia. Desde las
mismas entrañas del monstruo nos comprometemos para
que en el 2005 se abran las puertas de las prisiones
y René, Ramón, Gerardo, Fernando y Antonio regresen
a su patria que los espera con los brazos
abiertos”.
Graciela Ramírez, desde
Argentina, afirma que el 31 de diciembre puso “toda
la energía del brindis por nuestros cinco muchachos
y sus queridas familias, por nuestra Cuba heroica
que no podrán doblegar, por Fidel, y por todos los
que amamos. Tenemos muchos motivos para brindar y
pedirle al 2005 que el próximo brindis sea en la
Plaza, con ellos y sus queridas familias”.
Por su parte, el abogado
Rafael Rodríguez Cruz, miembro de la Junta directiva
de la Rosenberg Fund for Children, en Estados
Unidos, dijo “acabo de hablar con Laurita y con
Elizabeth (una de las hijas y la esposa de Ramón
Labañino, respectivamente). Están muy contentas de
haber podido viajar a visitar a Ramón. Los anuncios
en el New York Times, el Diario la Prensa y The
Nation están comenzando a rendir fruto. El tema es
cada vez más conocido en la comunidad de grupos de
derechos humanos y religiosos. Definitivamente la
cosa ha cambiado en el último año”.
Thomas W. Warner, secretario
del Comité de Amigos de Cuba en Seattle, Estados
Unidos, comenta que: “La última actividad que hemos
hecho ha sido poner un anuncio en un semanario
local, que fue firmado por cientos de personas de
distintas profesiones y credos religiosos,
incluyendo activistas del estado de Washington en el
noroeste. Además de denunciar la injusta
encarcelación de los Cinco, protesta por el abuso y
la prohibición de visitas para Olga y Adriana.
“Esperamos que la gran
muestra de apoyo fortalezca el espíritu de los Cinco
y les recuerde de que no están solos. Estamos
convencidos, que como en otros casos, la solidaridad
masiva actúa para prevenir más abusos de parte de
las autoridades carcelarias. Esperamos que nuestra
lucha le demuestre al sistema, más temprano que
tarde que no pueden tener a los Cinco encarcelados
injustamente”. |