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Inusitado encuentro de centenarios
POR JOAQUIN ORAMAS
POR
primera vez en Cuba y posiblemente en el mundo, se
efectuó en La Habana el Encuentro Internacional
Centenarios, en el que un grupo de hombres y mujeres
cuyas edades transcurren entre los 100 hasta 124
años, contaron sus experiencias y respondieron las
preguntas de geriatras y otros expertos sobre el
estilo de vida y otras razones que contribuyen a que
prolonguen la existencia.
Concurrieron al evento invitados de México, Chile,
España, Francia, Haití y Cuba, informó el doctor
Eugenio Selman, presidente del Club de los 120 Años,
quien entregó diplomas a personalidades que son
miembros de honor de esa entidad. Recibieron la
distinción la actriz y vedette cubana Rosita Fornés,
que dos días después cumpliría 82 años y continúa
actuando; Ramón Cordobés, representante activo del
deporte en la Isla, que a los 92 años conquistó dos
medallas de oro recientemente en competencia de
natación en Italia, el profesor Raimundo Llanio,
quien introdujo en el mundo la técnica de la
parascopia de urgencia, y el empresario mexicano
José M. Covarrubia, que presidirá la filial del Club
de los 120 Años en México.
Explicaron que se sienten optimistas por los
cuidados que reciben de sus familiares Amada
Hernández, costurera de 101 años, y Hortensia Cueto,
de 100, oficinista la mayor parte de su vida. Esta
última dice que desde pequeña aprendió a amar la
capital de la Isla y en particular La Habana Vieja.
Anunció el proyecto de recorrer la ciudad y conocer
la restauración del Centro Histórico que es
Patrimonio de la Humanidad.
La
capitalina Juana Hernández, ama de casa, sufrió una
fractura por una reciente caída y el médico le
pronosticó que a los tres meses volvería a caminar.
“Yo sabía que el médico me iba a salvar”, recordó y
le preparó una sorpresa. Cuando cumplió los tres
meses del accidente fue caminando hasta la consulta
del ortopédico. “No hay que exagerar”, le dijo
satisfecho el facultativo.
Paula
Jovellar, de 103 años, fue doméstica durante muchos
años y todavía se ocupa de las labores en el hogar.
Comer mucha fruta, pescado y vegetales, dice es el
secreto de su longevidad. Pero también me gusta
comer puerco y jamón, revela con picardía.
Ignacio
Cubillas, de 105 años, fue agricultor, participó en
un movimiento campesino en la localidad de San Blas.
Coincidió con otros centenarios en que trabajó
fuerte, pero su modo de vida fue sano, sin vicios
que perjudicaran su salud.
Agustín Gutiérrez García, de 103 años, nacido en
Canarias, muy joven viajó a Cuba, donde trabajó como
tintorero y participó en la construcción del Hotel
Nacional, sede del encuentro. Narró que durante la
Primera Guerra Mundial, durante semanas comían en la
casa natal sólo tomates, pues la flota armada
alemana impedía el paso de abastecimientos a
Canarias.
La
centenaria Hortensia Alvarez Cárdenas, de oficio
sombrerera, y Caridad León Herrera, de 101 años,
expresaron el contraste de la atención médica que
reciben ahora con el pasado en su juventud.
De
Aurora Gonzalez Yanes, de cien años, tenemos que
aprender la firmeza, convicción y energía, pues
cuando recibió la invitación para asistir al evento
su familia se preocupó por su edad. Y ella
respondió: “Un momento... el evento es para mí y voy
porque me toca”. Y allí estaba respondiendo las
preguntas del geriatra sobre su estado de ánimo que
no podía ser mejor.
El
maestro Eduardo Valdés, de 103 años, narró sus
experiencias en el magisterio, profesión que,
señaló, todavía ejerce, pues le da repasos a todos
que lo necesitan en cualquier asignatura. Es de los
centenarios amantes de los deportes, y hace
ejercicios desde los 18 años cuando jugaba béisbol.
“Mi posición era la de receptor y actualmente hago
calistenia diariamente”, agrega para añadir que
gusta de la música moderna y principalmente la
instrumental, particularmente la que transmite Radio
Enciclopedia, especializada en ese género. De las
bebidas alcohólica sólo ha tomado vino dulce y
prefiere los alimentos naturales.
Por su
parte, la costurera Mercedes Matilde, de 101 años,
demostró que los centenarios pueden ser divertidos y
bailó y cantó la conocida guaracha En Manzanillo
se baila el son.
Otro
participante que despertó gran admiración fue Benito
Martínez, de 124 años, el centenario más viejo del
mundo. Dado que ha vivido en los siglos XIX, XX y
continúa labrando la tierra en la provincia de Ciego
de Avila, en el oriente cubano. Nacido en Haití,
llegó a Cuba en los primeros años del siglo pasado,
participó en la construcción de la Carretera
Central, en los años 20, fue durante años cortador
de caña y hoy ofrece con orgullo los productos que
cosecha.
El
centenario habló de la dieta de vegetales, ñame,
hortalizas, leche y carne que seguía tanto en Haití
como en Cuba.
El
trabajo no mata, me hace sentir más fuerte, lo que
mata es la bebida y el cigarro, sentencia para
añadir que se mantiene soltero. “Por ahora no pienso
casarme”, agrega.
Los
expertos se interesaron en conocer el estilo de
vida, la alimentación y los antecedentes familiares
de la representación de unos 2 500 centenarios de
Cuba. Los entrevistados revelaron que, en general,
vivieron una juventud sin excesos. La mayoría come
vegetales, frutas y otros alimentos. Incluyendo las
carnes y el pescado. Sin alcohol ni tabaco, porque
ésos sí matan, como exclamaran el maestro Eduardo y
Benito, el hombre más viejo del mundo. |