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El atormentado vuelo del murciélago
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El
periodista colombiano Hernando Calvo Ospina comenta
el premio otorgado en EE.UU. a un documental sobre
la guerra sucia de la transnacional Bacardí
Luis Luque Álvarez
(Tomado de
Juventud Rebelde)
Un
murciélago se estrella una y otra vez, desesperado
por desbaratar el sólido muro que tiene ante sí. Y
no se trata de uno de esos mamíferos alados que
revolotean al atardecer, sino de aquel que, desde
1959, ha estado embistiendo con verdadera saña y
escaso fruto contra la Revolución cubana: el que
amenaza rampante desde la etiqueta del ron Bacardí.
Las múltiples
maniobras anticubanas de esa transnacional
—inútilmente encaprichada en intentar desbancar el
bien ganado prestigio de nuestro Havana Club, con
prácticas que violan incluso leyes norteamericanas—
han sido desnudadas en los propios Estados Unidos,
donde un documental de los alemanes Eckehard Sieker
y Marcel Kolvenbach, titulado El secreto del
murciélago: Bacardí, entre ron y Revolución,
basado en el libro Ron Bacardí: La guerra
oculta, del periodista colombiano Hernando Calvo
Ospina, acaba de ganar Medalla de Bronce en el
Festival Mundial de Nueva York.
En diálogo con
JR, Calvo Ospina refirió su satisfacción con la
obra de los dos cineastas germanos.
“Ellos estaban
interesados en retomar la información. Vinieron,
hablamos, y se dieron cuenta de que el problema era
mucho mayor que lo que estaba reflejado en el texto.
Entonces comenzamos a trabajar juntos, y tengo que
destacar como periodista, como latinoamericano, como
ser humano, el respeto que le dieron al libro, al
proyecto y a mí. Se hizo un buen grupo; cualquier
duda, la consultaban conmigo. Siempre tuvieron en
cuenta mis puntos de vista.
—Hábleme sobre la
investigación.
—Ellos estuvieron
en Nueva York, en Miami. Lograron hablar, a partir
de contactos y direcciones que yo les facilité, con
organizaciones como Alfa 66. Entrevistaron a Orlando
Bosch. Tuvieron una experiencia como la que yo
también tuve cuando entrevisté a toda esa gente en
Miami: a los de Alfa 66, a los de la Fundación
Nacional Cubano-Americana. Y es que estos se sienten
con tanto poder, que hablan porque se creen
intocables.
“Entonces, con la
información que lograron, montaron un documental
fiel a mi investigación, pero que pudieron
enriquecer con otros datos. Lo estrenaron en octubre
de 2003.
“Es de notar que
el material salió en la televisión franco-alemana,
en un canal muy importante: ARTE, de mucha
teleaudiencia. Y lo incluyeron dentro de una serie
de tres noches, dedicada a la CIA, a las 8:30, en
horario estelar. ¿Cómo se hizo? No lo sé, pero en
todo caso sí que lo vieron varios millones de
personas en Francia y Alemania.
“Fue algo muy
impactante, que se dio en un momento de mucha
hostilidad contra Cuba. Era un mar completo de
ataques, y eso cayó ahí. La prensa, aunque poco,
habló. En Alemania les hicieron algunas entrevistas
a los directores, y lo último sorprendente ocurrió
el pasado 28 de enero, cuando anunciaron la
premiación del documental”.
—Nada menos que
en Estados Unidos...
—Ellos no se lo
esperaban. Lo habían presentado a varios festivales.
Entró a dos series, la segunda mucho más importante
—documental de TV y cine—, donde la persona
encargada de la selección era norteamericana.
“Fue una
sorpresa. El día 27, cuando llegaron a Nueva York,
ellos no creían que iban a ser premiados, porque es
un documental que demuestra, de forma muy amena,
aunque muy política, cómo Bacardí ha estado
relacionada —desde el momento en que Fidel llega al
poder— con los ataques a Cuba; y cómo está
involucrada con la CIA desde esos tiempos, cómo
ayudó a financiar a la mafia ítalo-estadounidense
para que asesinara a Fidel, a Raúl y al Che. Eso
está contado en mi libro, pero otra cosa es verlo en
un documental.
“Ahí se expone,
por ejemplo, la relación de Orlando Bosch y Posada
Carriles con la Bacardí, el vínculo con la R.E.C.E.
(Representación Cubana en el Exilio), fundada por la
Bacardí y donde da sus primeros pasos Jorge Mas
Canosa. “Ellos entrevistaron a gente de la
transnacional, incluyendo a la subdirectora de la
Fundación, la señora Clara María del Valle. Los
nexos se demuestran en los documentos que les pasé,
más otros que ellos consiguieron, más lo que Orlando
Bosch les dijo: ‘Sí, yo tenía relación con el gran
jefe de la Bacardí —de apellido Bosch, aunque no son
familia— y trabajamos juntos con Posada Carriles’. Y
agrega: ‘Había que hacerlo, y nos apoyaban, porque a
Castro había que acabarlo de cualquier manera’. Y
cuando le preguntan por el avión (saboteado en
Barbados, en 1976), les dice: ‘Lo que pasa es que
allí había gente que estaba con el gobierno, eran
comunistas, y a quien esté con Fidel, hay que
matarlo igual’.
“La noche en que
se pasó este documental en París, yo invité a varias
personas —franceses corrientes— a ir a verlo en
pantalla grande. Quedaron muy impresionados”.
—¿Cómo
calificaría entonces el galardón?
—Como un triunfo
moral y un premio a la ética. Creo que se va a
volver a pasar, y espero que se proyecte en EE.UU.,
aunque sea en una cadena alternativa. Creo que
ganarse un premio en el Festival de Nueva York es
algo muy importante.
—Dado que su
libro abarca solo hasta los últimos tiempos de
Clinton, ¿continúa usted la indagación en el tema?
—Estoy en eso
ahora, sobre todo a partir de cómo esa gente está
influyendo en la política de la prensa en Europa.
Estoy tocando el caso de Reporteros Sin Fronteras.
En marzo del año pasado, ¿quién los recibió y les
prestó la gran sala en Miami? La Bacardí. Estoy
demostrando esto. Y cuando hicieron su charla,
¿quién estuvo al lado de su director? Nada menos que
Frank Calzón. Estoy en el asunto.
—Por último, sé
que este domingo estará en la Feria del Libro, en la
presentación de
El Estado villano,
del ex funcionario del Departamento de Estado
William Blum.
—Voy a leer la
carta que mandó Blum, en la que explica por qué no
viene a Cuba. Él tenía ese sueño: venir a Cuba. Y
más aún si le iban a publicar su libro, un empeño
finalmente materializado por la Casa Editora Abril.
Pero cuando vio las nuevas medidas de Bush, que
apretaron más las tuercas para impedir que un
norteamericano pueda venir —como se lo prohibieron a
James Petras—, Blum, que trabajó en el Departamento
de Estado, dijo: ‘Yo no me voy a humillar, a pedir
un permiso para que me lo nieguen o me lo den de
aquí a seis meses’. Por eso no vino, pero hizo una
carta para hablarnos de los motivos.
—¿Un adelanto
sobre el libro?
—El Estado
villano trata de las muchas acciones que EE.UU.
ha desarrollado contra varios países, incluida Cuba.
Viniendo de William Blum, es información que viene
de adentro. Durante la guerra en Vietnam, él se
marchó y se puso a escribir lo que sabía sobre el
Departamento de Estado y la CIA, para lo que se
juntó con Philip Agee, el ex agente del espionaje
estadounidense. Estuvo bastante presionado en EE.UU.,
muy cercado, aunque ahora lo han dejado tranquilo.
La obra recoge sucesos hasta el día de los atentados
contra las Torres Gemelas, y explica qué pasó.
“Y es
interesante: al comienzo del libro, Blum reflexiona
en que, si fuera presidente de EE.UU., un día
detendría los bombardeos. Al siguiente, dejaría de
hambrear al mundo, y así sucesivamente, durante
varios días. La penúltima jornada, pediría perdón a
todas las viudas y a todos los niños del mundo por
todo lo que EE.UU. ha hecho. Y al último, concluye,
‘me matarían’”. |