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D E  L A  P R E N S A  N A C I O N A L

La Habana, 18 de Febrero de 2005

El atormentado vuelo del murciélago
El periodista colombiano Hernando Calvo Ospina comenta el premio otorgado en EE.UU. a un documental sobre la guerra sucia de la transnacional Bacardí

Luis Luque Álvarez
(Tomado de Juventud Rebelde)

Un murciélago se estrella una y otra vez, desesperado por desbaratar el sólido muro que tiene ante sí. Y no se trata de uno de esos mamíferos alados que revolotean al atardecer, sino de aquel que, desde 1959, ha estado embistiendo con verdadera saña y escaso fruto contra la Revolución cubana: el que amenaza rampante desde la etiqueta del ron Bacardí.

Las múltiples maniobras anticubanas de esa transnacional —inútilmente encaprichada en intentar desbancar el bien ganado prestigio de nuestro Havana Club, con prácticas que violan incluso leyes norteamericanas— han sido desnudadas en los propios Estados Unidos, donde un documental de los alemanes Eckehard Sieker y Marcel Kolvenbach, titulado El secreto del murciélago: Bacardí, entre ron y Revolución, basado en el libro Ron Bacardí: La guerra oculta, del periodista colombiano Hernando Calvo Ospina, acaba de ganar Medalla de Bronce en el Festival Mundial de Nueva York.

En diálogo con JR, Calvo Ospina refirió su satisfacción con la obra de los dos cineastas germanos.

“Ellos estaban interesados en retomar la información. Vinieron, hablamos, y se dieron cuenta de que el problema era mucho mayor que lo que estaba reflejado en el texto. Entonces comenzamos a trabajar juntos, y tengo que destacar como periodista, como latinoamericano, como ser humano, el respeto que le dieron al libro, al proyecto y a mí. Se hizo un buen grupo; cualquier duda, la consultaban conmigo. Siempre tuvieron en cuenta mis puntos de vista.

—Hábleme sobre la investigación.

—Ellos estuvieron en Nueva York, en Miami. Lograron hablar, a partir de contactos y direcciones que yo les facilité, con organizaciones como Alfa 66. Entrevistaron a Orlando Bosch. Tuvieron una experiencia como la que yo también tuve cuando entrevisté a toda esa gente en Miami: a los de Alfa 66, a los de la Fundación Nacional Cubano-Americana. Y es que estos se sienten con tanto poder, que hablan porque se creen intocables.

“Entonces, con la información que lograron, montaron un documental fiel a mi investigación, pero que pudieron enriquecer con otros datos. Lo estrenaron en octubre de 2003.

“Es de notar que el material salió en la televisión franco-alemana, en un canal muy importante: ARTE, de mucha teleaudiencia. Y lo incluyeron dentro de una serie de tres noches, dedicada a la CIA, a las 8:30, en horario estelar. ¿Cómo se hizo? No lo sé, pero en todo caso sí que lo vieron varios millones de personas en Francia y Alemania.

“Fue algo muy impactante, que se dio en un momento de mucha hostilidad contra Cuba. Era un mar completo de ataques, y eso cayó ahí. La prensa, aunque poco, habló. En Alemania les hicieron algunas entrevistas a los directores, y lo último sorprendente ocurrió el pasado 28 de enero, cuando anunciaron la premiación del documental”.

—Nada menos que en Estados Unidos...

—Ellos no se lo esperaban. Lo habían presentado a varios festivales. Entró a dos series, la segunda mucho más importante —documental de TV y cine—, donde la persona encargada de la selección era norteamericana.

“Fue una sorpresa. El día 27, cuando llegaron a Nueva York, ellos no creían que iban a ser premiados, porque es un documental que demuestra, de forma muy amena, aunque muy política, cómo Bacardí ha estado relacionada —desde el momento en que Fidel llega al poder— con los ataques a Cuba; y cómo está involucrada con la CIA desde esos tiempos, cómo ayudó a financiar a la mafia ítalo-estadounidense para que asesinara a Fidel, a Raúl y al Che. Eso está contado en mi libro, pero otra cosa es verlo en un documental.

“Ahí se expone, por ejemplo, la relación de Orlando Bosch y Posada Carriles con la Bacardí, el vínculo con la R.E.C.E. (Representación Cubana en el Exilio), fundada por la Bacardí y donde da sus primeros pasos Jorge Mas Canosa. “Ellos entrevistaron a gente de la transnacional, incluyendo a la subdirectora de la Fundación, la señora Clara María del Valle. Los nexos se demuestran en los documentos que les pasé, más otros que ellos consiguieron, más lo que Orlando Bosch les dijo: ‘Sí, yo tenía relación con el gran jefe de la Bacardí —de apellido Bosch, aunque no son familia— y trabajamos juntos con Posada Carriles’. Y agrega: ‘Había que hacerlo, y nos apoyaban, porque a Castro había que acabarlo de cualquier manera’. Y cuando le preguntan por el avión (saboteado en Barbados, en 1976), les dice: ‘Lo que pasa es que allí había gente que estaba con el gobierno, eran comunistas, y a quien esté con Fidel, hay que matarlo igual’.

“La noche en que se pasó este documental en París, yo invité a varias personas —franceses corrientes— a ir a verlo en pantalla grande. Quedaron muy impresionados”.

—¿Cómo calificaría entonces el galardón?

—Como un triunfo moral y un premio a la ética. Creo que se va a volver a pasar, y espero que se proyecte en EE.UU., aunque sea en una cadena alternativa. Creo que ganarse un premio en el Festival de Nueva York es algo muy importante.

—Dado que su libro abarca solo hasta los últimos tiempos de Clinton, ¿continúa usted la indagación en el tema?

—Estoy en eso ahora, sobre todo a partir de cómo esa gente está influyendo en la política de la prensa en Europa. Estoy tocando el caso de Reporteros Sin Fronteras. En marzo del año pasado, ¿quién los recibió y les prestó la gran sala en Miami? La Bacardí. Estoy demostrando esto. Y cuando hicieron su charla, ¿quién estuvo al lado de su director? Nada menos que Frank Calzón. Estoy en el asunto.

—Por último, sé que este domingo estará en la Feria del Libro, en la presentación de El Estado villano, del ex funcionario del Departamento de Estado William Blum.

—Voy a leer la carta que mandó Blum, en la que explica por qué no viene a Cuba. Él tenía ese sueño: venir a Cuba. Y más aún si le iban a publicar su libro, un empeño finalmente materializado por la Casa Editora Abril. Pero cuando vio las nuevas medidas de Bush, que apretaron más las tuercas para impedir que un norteamericano pueda venir —como se lo prohibieron a James Petras—, Blum, que trabajó en el Departamento de Estado, dijo: ‘Yo no me voy a humillar, a pedir un permiso para que me lo nieguen o me lo den de aquí a seis meses’. Por eso no vino, pero hizo una carta para hablarnos de los motivos.

—¿Un adelanto sobre el libro?

El Estado villano trata de las muchas acciones que EE.UU. ha desarrollado contra varios países, incluida Cuba. Viniendo de William Blum, es información que viene de adentro. Durante la guerra en Vietnam, él se marchó y se puso a escribir lo que sabía sobre el Departamento de Estado y la CIA, para lo que se juntó con Philip Agee, el ex agente del espionaje estadounidense. Estuvo bastante presionado en EE.UU., muy cercado, aunque ahora lo han dejado tranquilo. La obra recoge sucesos hasta el día de los atentados contra las Torres Gemelas, y explica qué pasó.

“Y es interesante: al comienzo del libro, Blum reflexiona en que, si fuera presidente de EE.UU., un día detendría los bombardeos. Al siguiente, dejaría de hambrear al mundo, y así sucesivamente, durante varios días. La penúltima jornada, pediría perdón a todas las viudas y a todos los niños del mundo por todo lo que EE.UU. ha hecho. Y al último, concluye, ‘me matarían’”.

 

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