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La mafia en Cuba
ROLANDO PÉREZ BETANCOURT
Con no pocas
horas acumuladas en libros y películas en lo que
respecta al tema de la mafia, al terminar de leer de
un tirón las 512 páginas de Otro jinete
apocalíptico (William Gálvez Rodríguez,
Ediciones Unión 2004) subrayé la convicción de que
para saber lo que fue aquella presencia tenebrosa en
nuestro país, resulta imprescindible este título,
tan rico en investigaciones históricas como seductor
en su lectura.
Gálvez
emprendió la tarea de componer "una historia
novelada sobre la mafia de Estados Unidos en Cuba",
como reza igualmente un subtítulo en la portada del
libro, y para ello se basó en numerosos testimonios
de personas vivientes, una amplia bibliografía en lo
relativo a la vida en los Estados Unidos de los
mafiosos vinculados a Cuba, documentos sacados a la
luz por primera vez y pesquisas llevadas a cabo por
él mismo.
Desde los
primeros días de la llamada Ley Seca, en los años
veinte, con un Al Capone batiéndose a tiros en aguas
del Caribe frente a otros matones que pretendían
robarle un cargamento de alcoholes fabricados en la
ronera de Santa Cruz, hasta un Meyer Lansky saliendo
para siempre de una Habana, que en 1959 había dejado
de ser la suya; Otro jinete apocalíptico es
no solo una contundente revisión histórica de
aquellos pandilleros tanta veces "trabajados" en el
cine y en la literatura mediante una óptica
romántica, sino también un despliegue de evidencias
con la principal de ellas ganando las dimensiones de
un sol: el vínculo que siempre existió entre la
mafia norteamericana y los gobiernos prendidos a la
piñata de enriquecimiento ilícito que para ellos
constituyó nuestro país.
Un lazo en el
que de ninguna manera podían quedar fuera la
política de entrometimiento regenteada por la
embajada norteamericana, conjuntamente con uno de
sus brazos ejecutores, la CIA. Y como ejemplo de
primera línea pudiera citarse el hecho de que fue el
mismísimo Meyer Lansky, zar de los casinos en Cuba,
uno de los hombres enviados por "el Norte" a
entrevistarse en diciembre de 1958 con su amigo, el
dictador Fulgencio Batista, para transmitirle que ya
"la cosa" se había puesto demasiado mala y era hora
de acabar de maniobrar para que los rebeldes no se
alzaran con el poder.
Lucky Luciano,
Anastasia, Costello, pero también los presidentes
Machado, Grau, Prío, Batista (el gran ambicioso), y
junto con ellos, ministros, gobernadores, alcaldes,
"respetabilísimas" figuras públicas y financieras,
aunadas todas en aquella barahúnda mafiosa empeñada
en convertir a Cuba en un garito mundial, con Meyer
Lansky como director de orquesta y dispuesto a
arrancarle el tiro de los pantalones a cualquier
socio de la vieja "cuatro esquinas" de Nueva York,
que osara meter la narices en su gran juego cubano.
Y también a
darle un escarmiento a los colaboradores del patio
que no entraran por el aro, como cuando el político
Martínez Sáenz le escamoteó a la mafia 25 mil
dólares allá en los años cuarenta y llamado a
capítulo para que devolviera lo que no era suyo, se
negó a pagar y entonces le prepararon un atentado,
no a él, sino a su hijo de 16 años, muerto de un
fogonazo de escopeta con cañón recortado, un pasaje
que Gálvez narra con pleno dominio en los terrenos
del suspenso.
Debe estar
preparado el lector para encontrarse con
revelaciones no solo de primera mano, sino recreadas
mediante recursos de la ficción, como la paliza que
recibiera el feroz Vito Genovese por parte de
Luciano y Anastasia en el Hotel Nacional y de la que
se desprendiera una sangrienta lucha de años entre
bandas rivales. Todo ello en medio de otras
historias en que salen a la luz los trasfondos
sociales de la época y no pocos detalles
relacionados con la vida íntima de los mafiosos
Moviéndose esta
vez entre la realidad y la ficción y no obstante
percibirse la falta de un mejor trabajo de edición,
deseable para próximas tiradas de un libro que
tendrá sin duda una amplia demanda, con Otro
jinete apocalíptico William Gálvez se anota un
punto alto en su obra.
Ardua tarea la
de seguirle la pista a la mafia norteamericana en
Cuba a lo largo de tantos años y escribir un libro
que no sea "otro más". Y junto con ello, clasificar
en la siempre anhelada categoría de los que "agarran
y no sueltan".
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