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Entre Durero y el arte digital
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El 7º Salón tiene sus premiados • Siete exposiciones
se extienden por La Habana • Al Coloquio se suman
artistas de 10 países • Un programa de videos
POR
MIREYA CASTAÑEDA —de Granma Internacional—
ALBERTO Durero es uno de los
artistas más destacados del Renacimiento. En su
época fue un pionero, interesado por todas las
técnicas que aparecieran. Además de su extensa obra,
pintura y grabado, su propia firma constituye un
símbolo estético característico: una elegante A
mayúscula que encierra en la D de su apellido.

¿Quién quiere
vivir por siempre? (primer premio
audiovisual). |
Seis siglos más tarde, el
Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau hace una
justa apropiación (debida al diseñador Héctor
Villaverde) de ese monograma para identificar su
Salón de Arte Digital, pues la institución, a la
manera de Durero, es pionera en abrir espacio a esta
novísima manifestación plástica, signada por la
técnica de su época.
Los salones, que van
acompañados de discusiones teóricas en los
establecidos coloquios, han sido muy comprendidos y
aceptados por los artistas, seguramente debido a la
filosofía que
los tipifica, explicada así
por el director del Centro, Víctor Casaus:
"Aceptamos y mostramos las obras de todos los
artistas independientemente de que el jurado las
haya seleccionado o no, porque nos parece que ése es
un derecho de los creadores, que el público vea las
piezas, las juzgue, las disfrute y así ayudamos a
crear una verdadera cultura digital".
Los números muchas veces
contribuyen a ver realidades. En el Primer Salón se
recibieron obras de 40 artistas mientras que en el
de este año participaron 120 creadores.
En varios espacios de La
Habana se pudo entrar en contacto con el inquietante
arte digital, pues el Centro Pablo ofreció una
representación abarcadora de las diferentes
tendencias que se desarrollan en la Isla y en otras
partes del mundo.
El acercamiento a lo que
para muchos es el arte del futuro podría iniciarse
en la sede de la propia institución cultural, sita
en una de las calles símbolo del Centro Histórico,
Muralla. Allí se exponen las obras premiadas de los
artistas cubanos.
LOS PREMIOS Y LAS
EXPOSICIONES
Casaus, poeta y cineasta,
reiteró al inaugurar el Salón que lo caracteriza “el
alto nivel de las obras y la diversidad de temáticas
tratadas” y consideró que la edición del 2005 ha
sido cualitativa y cuantitativamente superior a las
anteriores.

Relato erótico
(primer premio obra impresa). |
El jurado del 7º Salón de
Arte Digital otorgó el primer premio en la categoría
de obra impresa a Nadal Antelmo (Relato erótico),
y en obra audiovisual a Katia Hernández y
Enrique Smith (¿Quién
quiere vivir por siempre?
El acta del jurado
—integrado por Alicia Leal, Maggie Mateo, Eduardo
García, Orlando García, Alfredo Ureta y Víctor
Casaus— fundamenta que la obra de Antelmo logra “la
belleza visual de una sucesión de imágenes que, a
través de la fragmentación de los cuerpos, establece
un sugerente diálogo erótico”, mientras en la de
Hernández y Smith aprecia una “síntesis de la
verdadera realización personal sugerida con un matiz
poético y la eficacia y sencillez en que expone la
idea y el uso acertado de la banda sonora”.
Otro espacio del Centro
Pablo, la Sala Majadahonda exhibe, bajo la
denominación Selección del jurado, obras
impresas de 35 artistas y los videos de 11
realizadores. En la categoría Participantes,
se muestra una obra impresa de los otros 76
artistas, y las restantes 12 obras audiovisuales.
Siguiendo en La Habana
colonial, puede llegarse al Centro de Desarrollo de
las Artes Visuales, en la Plaza Vieja, donde se
exhibe la Muestra Internacional (más de 200 obras de
27 países en dos grandes bóvedas en forma de L).
También en el Centro
Histórico de la Ciudad, en la Casa Museo Simón
Bolívar, se inauguró la exposición personal de la
artista mexicana Laura Casamitjana, Historias
digitales, unas treinta y cuatro piezas.
Resulta significativo cómo
en el catálogo de esta muestra se destaca una de las
más poderosas características del arte digital: la
posibilidad del artista de compartir, como nunca
antes, sus creaciones con un número ilimitado de
personas a través de la red.
Compartiendo sueños II
—otra de las exposiciones del 7º Salón de
Arte Digital— tuvo nuevamente su espacio en el
Centro Cultural Cinematográfico del ICAIC, en la
Calle 23 del Vedado. La muestra incluye obras de
seis diseñadores norteamericanos (Maggy Cuesta,
Lucie Eder, Jesse Rankin, Mariana Domínguez, Lisa
Abendroth, Stuart Alden) e igual número de cubanos (Yoana
Yelin, Julieta Mariño, Jorge Ferret, Faustino Pérez,
Olivio Martínez y José Menéndez).
Esta segunda edición de
Compartiendo sueños / Sharing Dreams
fue convocada a partir del tema Sueños por la
paz / Dreams for Peace. Toni O’Bryan,
codirectora del proyecto, dijo contarse “entre los
muchos apasionados que sueñan con construir puentes
y asumir riesgos, todos con la esperanza de promover
la paz y un mejor entendimiento entre los pueblos de
Cuba y Estados Unidos”.
Buscando el mar, hacia el
malecón habanero, se hace una parada en el Centro
Hispanoamericano de Cultura, donde fue inaugurado,
bajo el título El arte en el cuerpo, “más que
una exposición, un verdadero proyecto instalativo”
para el cual han juntado esfuerzos tres artistas:
Alicia Candiani (Argentina), Marely Becerra (México)
y Eduardo Moltó (Cuba) y se muestra además
Angeles en La Habana, el más reciente quehacer
de los hermanos Eduardo y Orlando García, ganadores
del primer premio en la categoría de obra impresa en
el 6º Salón.
PROGRAMA DE VIDEOS
La sala Lumière
de la Oficina del Historiador, y la sala del Centro
Cultural Cinematográfico del ICAIC, exhibió una
muestra internacional de video con obras
provenientes de siete países, curada por el artista
digital Angel Alonso y Abel Casaus, coordinador del
proyecto Cuba / Arte Digital.
Los ya más numerosos
interesados pudieron disfrutar de los videos
enviados por Venezuela, Argentina, El Salvador,
Rusia (una muestra, proveniente del Festival de
Cannes), Perú, México, y Estados Unidos, a los que
se sumaron los audiovisuales cubanos, premiados en
el Séptimo Salón.
LA TEORIA
El Coloquio Internacional de
Arte Digital, que reunió a creadores de Argentina,
Colombia, Venezuela, México, Estados Unidos, Brasil,
Ecuador, El Salvador, Suecia y Cuba, en su sesión
inaugural rindió homenaje al pintor cubano Servando
Cabrera Moreno, creador ya fallecido, quien —aunque
no conoció las técnicas digitales— fue un inmenso
cultivador de la imagen del cuerpo humano. Recordó
Casaus que Servando logró "a través de su pintura
dar una visión desprejuiciada y valiente para su
tiempo, algo que siempre hay que agradecerle a ese
artista".
El homenaje contó con un
hermoso material realizado por el diseñador Adrián
Berazaín, quien, apoyado por la música del maestro
Andrés Alén, graficó, con obras de Servando, un
texto de Alfredo Guevara, quien fuera un gran amigo
del pintor, y que en uno de sus párrafos dice:
“Cuando, desde lo más profundo de su ser descubre
que humanizando el hombre se construye un alma,
entonces recupera de la sensualidad el sentido más
hondo, trasciende así la inmediatez de la mirada y
la convierte en arte, en otra dimensión que no era
vista, y la descubre; pintor de la excelencia, poeta
de la vida y de sus cuerpos, supo Servando como el
renacentista más cercano, decirnos que en cada ser
reside un ala. Por eso su pincel rompe el perfil
para escapar o diseñar más lejos”.
Los intercambios teóricos
versaron, fundamentalmente, en compartir las
interioridades creativas de los artistas, las
técnicas utilizadas en la realización de las piezas,
así como los estilos y las tendencias que priman en
sus respectivas maneras de hacer y en sus países.
El 7º Salón cerró con los
premios a los artistas cubanos, las exposiciones
abrieron un universo estético a decenas de personas
que se acercaron al aún no conocido, o apreciado,
arte digital, y el Coloquio dio acceso al
intercambio entre los artistas acerca de las nuevas
técnicas.
Quizás uno de esos pioneros
de la plástica del siglo XXI tenga ya asegurado,
como Alberto Durero, un espacio en alguna
enciclopedia que consultarán estudiosos, críticos y
periodistas dentro de otros seis siglos. Ya no será
un libro impreso, irá más allá de una computadora.
Hay que dejar volar la imaginación pues las
técnicas, ciertamente, seguirán avanzando.
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