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Refinada chef belga prefiere
a Cuba para trabajar
ROBERTO F. CAMPOS
ANNE
Marie es una especie de bruja de la cocina que
prefiere trabajar en Cuba por su carácter de fusión
y por el desarrollo del turismo, confesó a Prensa
Latina.
Explosión por los cuatro costados. Singular sonrisa,
destacada creatividad: todo ello amarrado a una fama
de hechicera culinaria que se desempeña en el
especial Club Habana de esta capital, espacio sobre
todo para el cuerpo diplomático.
Anne
Marie Helena Cornelio Lauwers, belga de nacimiento y
cubana por espiritualidades, según sus propias
palabras, lleva por demás cuatro años preparando la
cena de gala y clausura del Festival Internacional
del Habano.
Todo
ritmo en el habla, todo espíritu y sentimiento, como
una maga del buen comer, pues cuando comienza a
meditar su nuevo plato, los conforma a partir de
designios secretos en los que incluye caracoles o la
simple estirpe de la música cubana junto al rumor
del mar.
Las
salsas son su punto clave a la hora de declarar la
perfección en una receta, sobre todo tratándose de
fumadores; en busca de sabores fuertes y
afrodisíacos, muy afines a los puros.
Anne, o
Ana, como le llaman sus compañeros de oficio, nació
y creció en el norte de Bélgica, frente al mar, en
medio de una familia de músicos, de artistas.
Esta
especialista se convirtió en violonchelista de la
Sinfónica de su país y desde los 17 años paseó el
mundo con su música y con su arte, pues trabajó en
teatro, en la radio y en la opera.
Sin
embargo, la cocina le atraía sobremanera por su
sentido de creación, y realizó también altos
estudios culinarios en Bruselas hasta obtener su
Gorro Blanco y poner la armonía de su inventiva a
los preparados.
Llegó a
Cuba hace cinco años, de la mano de la cadena
hotelera española Sol Meliá, y luego se quedó
recalando en el Club Habana, un distinguido espacio
frente al mar, para el recreo de diplomáticos y
ejecutivos, con presentaciones y de alto turismo.
Luego
de sus recorridos por Nueva York y toda Europa, Asia
y Africa, el Caribe le llegó por Cuba, donde vive
actualmente, con viajes a su país natal cada dos
años y cuatro hijos ya crecidos, una hembra entre
ellos, que viven en el resto del mundo.
"Inventar es lo que más me gusta. Suplir la falta de
algún ingrediente y, sin embargo, crear una buena
receta. Desarrollar una verdadera fusión entre
Europa y el Caribe", explica.
Ana
preparó las anteriores cenas de gala en salones tan
importantes como el Museo Nacional de Bellas Artes,
PABEXPO y El Laguito, y la más reciente, su cuarta
experiencia de este tipo, en EXPOCUBA.
Ana
recuerda que no conocía la comida cubana, ahora sí.
Entonces mezcló sus orígenes con lo actual y de ahí
salió una perfecta conjunción de sabores, aromas y
texturas.
Ana
fuma habanos desde hace dos años, cuando los
descubrió como una mirada irrepetible al placer,
sobre todo en cenas, en momentos oportunos, con una
comida deliciosa, tal y como lo reconoce en la
actualidad.
Esta
experta forma parte de un ejército de destacados
profesionales extranjeros dedicados al turismo, que
dado el desarrollo de esta esfera en Cuba optaron
por apoyarla y de manera particular disfrutar de su
desarrollo. |