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“Guapea ahí”
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Esa es la respuesta que Olga Salanueva recibe de
René ante cada negativa de visa del gobierno de
Estados Unidos. El 22 de noviembre se cumplen cinco
años de la deportación de ella a Cuba
Ana Margarita
González
nacional@trabaja.cip.cu
En el hogar hay
paz y sonrisas. La niña dibuja la figura imaginada
de su padre, mientras la mayor, convertida ya en
mujer, ordena su cuarto. Olga Salanueva y sus hijas
preparan una fiesta de cumpleaños, y es casi
imperceptible el dolor que envuelve la vida de estas
personas, a quienes, injustamente, se les mantiene
separadas del padre y del esposo que amorosamente
quisiera dar calor también a estos detalles.
Abruptos
episodios marcan a la familia de René González
Sehwerert. Precisamente este 22 de noviembre se
cumplen cinco años de uno de los más abominables: la
deportación de Olga hacia Cuba.
“Me puse muy
triste. Estaba preparada para ir a todas las
sesiones del juicio. René y yo habíamos conversado
que si lo sentenciaban y lo mandaban para otro
lugar, me iba a mudar para donde él permaneciera, y
que si lo trasladaban iría tras él de ciudad en
ciudad, pues lo importante era tener a la familia lo
más cerca posible. Eso se vino abajo con mi
deportación. Nunca pensé que esto iba a durar tanto,
pensábamos que se iba a hacer justicia antes.”
¿Por qué te
deportaron?
“La causa,
prácticamente, la inventaron. Plantearon que yo
había entrado a Estados Unidos falsificando una
visa; eso es incierto. René, como ciudadano
norteamericano, me reclamó, me dieron una visa en la
Oficina de Intereses en La Habana, y viajé
legal en un
avión. Al llegar allá me dieron residencia
permanente. No hubo trucos, yo estuve allí cuatro
años, incluso dos después de la prisión de Rene y no
hubo problemas.
“Al acercarse el
inicio del juicio contra los Cinco, vieron la
oportunidad de chantajear a Rene para que tuviera en
cuenta que su mujer estaba presa, y las niñas casi
sin hogar. Ese era el motivo para que traicionara y
sirviera como testigo de la Fiscalía en contra de
sus compañeros.
“Realmente fue el
pretexto que los llevó a sacarme de mi casa el 16 de
agosto del 2000, separarme de mis hijas, llevarme a
una cárcel, tenerme allí tres meses.
“Mis cartas no le
llegaban a Rene, nunca pude hablar con él durante mi
prisión, y sólo me comunicaba por teléfono a través
de la bisabuela de Ivette. Pedí ir a verlo, para
despedirme antes de venir a Cuba, pero no me
concedieron el permiso.”
¿Cuándo fue la
última vez que lo viste?
“El 16 de agosto,
el mismo día que me detuvieron. En el trayecto hacia
la cárcel me preguntaron si quería ver a René, que
tenía la oportunidad de cooperar con ellos. Le dije
que no tenía nada que decir, pero sí quería verlo.
Inmediatamente lo organizaron todo y, vestida de
presa, con un vestido bastante sucio, el más sucio
de todos y casi acabada de levantar como me sacaron
de mi casa, me presentaron delante de él.
“A Rene lo
llevaron varios agentes del FBI, incluso algunos que
tenían que ver con el arresto de él y con el mío;
fue muy rápido. Rene me pregunta que quién me había
detenido y le dije que Inmigración. Sintió alivio y
expresó: ’lo que quieren es deportarte, tenemos que
prepararnos para eso’, inclusive, usó un chiste, me
dijo ’qué bien te queda el color anaranjado’. Nunca
imaginé que fuera la última vez que lo vería, ya
hace más de cinco años...”
¿Cómo fue ese
encuentro?
“Para nosotros el
encuentro siempre era algo maravilloso. Yo estaba
acostumbrada a verlo con el uniforme de preso que
lleva con porte, él tiene mucho porte, es muy
erguido, y me imagino que así me vio él a mí. Nos
dimos un abrazo y un beso en el encuentro y en la
despedida.
“Rene se dio
cuenta de que a partir de ese momento íbamos a pasar
muy malos ratos. Estábamos como advertidos, porque
el 13 de agosto, el día de su cumpleaños, yo lo fui
a visitar y me habló de unas cartas de la Fiscalía
planteándole hacer algunos arreglos
de sus cargos. En
uno de los últimos párrafos decían: tenga en cuenta
que su esposa está aquí con un carácter migratorio
que se puede revocar.”
¿Qué es lo último
que recuerdas de ese encuentro?
“Su forma, su
optimismo, su nobleza, el cariño con que me trató,
se daba cuenta..., trataba de darme ánimo...”
Olga Salanueva no
pudo resistir el llanto. En la terraza donde
conversamos, sus ojos se habían humedecido varias
veces, pero nunca había llegado al llanto hasta este
punto. Aprovecha para comentarme que es muy llorona,
que en los últimos días de tanto resistirse a él
padece fuertes dolores de cabeza, que se lo dijo a
René, y este le dijo: “por qué lo resistes, llora,
eso no es malo, malo es que te duela la cabeza”.
¿Por qué sus ojos
son tan importantes para ti?
“Toda su nobleza
se expresa en sus ojos, es muy expresivo, muy
extrovertido, muy cariñoso y mucho más con las
personas cercanas. En ese encuentro trató de que no
nos vieran tristes... No le dio la gana.”
¿Lloraste?
“No. Yo no sé de
qué se arman las personas en esos momentos, pero
cuando estás frente al enemigo no lloras. Cuando vi
por primera vez a Rene en el hueco, que estábamos a
través del cristal y llevábamos un rato, ya por
supuesto, empecé a llorar, pero cuando te enfrentas
a ellos no lloras, por más que te estén diciendo
cosas para herirte... como las que me dijeron al día
siguiente de la detención de Rene. Agentes del FBI
fueron a mi casa y me aseguraron que ellos conocían
que yo lo sabía todo, que por favor hablara con
ellos, que tuviera en cuenta que yo tenía dos hijas,
que una de ellas era ciudadana
norteamericana
—se trataba de Ivette que tenía cuatro meses—, que
como gobierno podían mandarla para una institución.
Me llevaron, como decimos los cubanos, hasta la
tabla. Cosas que dolían mucho, pero no me salió ni
una lágrima.”
¿Cómo eran las
condiciones en la prisión?
“Me llevaron a
una celda sola, sin comunicación con el mundo
exterior, con una comida horrible, y cuando estuve
en la cárcel de Krome para las audiencias de la
Corte, supe que allí eran mejores las condiciones,
que la población penal estaba agrupada, que salían
al sol, podían comprar alguna comida en unas
máquinas que había y veían la
televisión. Para
mí alquilaron una celda en la prisión de Fort
Lauderdale, era un castigo adicional.
“Casi al final de
mi estancia allí, tuve a dos compañeras, una de
ellas avisó a la familia de Rene en Sarazota, para
que supieran que ya venía para Cuba.
“Y como no
pudieron con René ni conmigo, ni con la familia,
ahora viene el ensañamiento, e Ivette está pagando
el precio de no conocer a su papá.”
¿Tienes idea de
qué pueda suceder en este momento del proceso?
“Lo que ha hecho
el gobierno de EE.UU. es dilatar el proceso. Una vez
que los tres jueces de la Corte de Atlanta emitieron
el fallo, saben que técnicamente es imposible
rebatirlos y quieren utilizar todos los eslabones
jurídicos posibles para seguir extendiendo la
estadía de ellos en la cárcel. Pienso que el panel
de doce jueces va a emitir el mismo veredicto y la
Fiscalía continuará buscando la forma para
dilatarlo,
quizás quieran ir
hasta el Supremo. El hecho es que política, moral y
técnicamente están perdidos.
“Como este es un
caso político, lo vamos a ganar con el apoyo de la
opinión pública internacional, y va a ser antes de
que Rene cumpla su condena de 15 años.”
¿Tienes esperanza
de poder ir a verlo?
“Cada vez que voy
a la Oficina de Intereses tengo la esperanza de que
tengan un poco de humanidad y me den la autorización
para visitarlo, pero después me doy cuenta de que
no, que soy demasiado buena pensando. Reflexiono y
me doy cuenta de la magnitud del enemigo, de su
crueldad. Cuando le comento a Rene la negativa me
dice: ’guapea ahí’.” |