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La enemiga del medio ambiente
es la riqueza
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Recuerda el tiempo que vivió envenenado con las
mentiras que sobre Cuba se suelen contar en el
mundo, hasta que en 1994 viajó al país por mandato
de la Unión Internacional del Notariado Latino. La
naturaleza cubana ha ganado a un ferviente defensor
en el doctor Vittorio di Cagno, jurista de profesión
y orador inagotable
Mileyda Menéndez Dávila
Fotos: Roberto Morejón
(Tomado de
Juventud Rebelde)
a
naturaleza cubana ha ganado un ferviente defensor en
el doctor Vittorio di Cagno, jurista de profesión y
orador inagotable cuando se trata de sus grandes
pasiones: la cultura, la humanidad y la urgencia de
cuidar el planeta.
Recuerda
el tiempo que vivió envenenado con las mentiras que
sobre Cuba se suelen contar en el mundo, hasta que
en 1994 viajó al país por mandato de la Unión
Internacional del Notariado Latino. Entonces decidió
“descubrir” la Isla por sí mismo, primero
recorriéndola de oriente a occidente como un simple
observador, y luego en la lectura de numerosos
textos históricos y literarios.
Así llegó a su
vida José Martí. Su extensa obra, su filosofía
natural y su respetuosa omnipresencia en cada rincón
del país produjeron en Vittorio lo que él disfruta
en llamar su conversión martiana.
Desde entonces
este italiano ilustre se ha dedicado a “sembrar” el
pensamiento del Héroe Nacional cubano en cuantas
personas buenas de espíritu ha encontrado en su
largo peregrinaje por el mundo. Frutos de esa pasión
son sus presentaciones en eventos internacionales
sobre temas abordados por el Apóstol que aún
mantienen vigencia y aparecen, como un eco
necesario, en la obra de varios pensadores modernos.
Entre sus
múltiples tareas, luchar a favor de la Naturaleza es
una obsesión. En su criterio, la humanidad ya rebasó
los límites propios y los del planeta, y ante ese
egoísmo antropocéntrico solo es posible esgrimir un
arma de calibre similar: la egoísta necesidad humana
de sobrevivir.
“Se trata —afirma
Vittorio— de aplicar la fórmula martiana del amor
triunfante: Con todos, y para el bien de todos. Y no
solo como letra muerta en imperfectas leyes, sino
como solución urgente a problemas cada vez más
graves.
“No podemos
seguir peleando, como las reses de camino al
matadero, y esto es válido para todos, ricos y
pobres, pues para dar el primer paso, que es
respetar a la Naturaleza por sí misma, no hace falta
dinero”, asegura y añade: “La enemiga del medio
ambiente no es la pobreza, sino la riqueza. Además,
ningún ciclón, terremoto o tsunami anda mirando
tales diferencias para cobrar sus víctimas”.
ESTUDIOSO DE CUBA
En una década de
sucesivas aproximaciones, Di Cagno ha dado numerosas
pruebas de su aprecio por la legislación y la
historia cubana. Su figura se ha hecho habitual en
eventos internacionales como los coloquios José
Martí por una cultura de la Naturaleza, y Por el
equilibrio del mundo, entre muchos otros.
Dos libros suyos
abordan especialmente esa labor propiciatoria: Martí
jurista, publicado por el Centro de Estudios
Martianos (en proceso de reedición en italiano), y
La protección del medio ambiente en Cuba, de la
editorial Ciencias Sociales, ensayo en que analiza
la tradición ambientalista cubana con una mirada
histórica y desde la perspectiva del Derecho
comparado, citando valiosas referencias, como la
Carta Mundial de la Naturaleza de las Naciones
Unidas.
En ambos libros Vittorio escribe con pasión, sin
usar giros afectados para reinventar lo dicho
magistralmente por otros, verdades que él mezcla con
un estilo respetuoso, bebiendo de muchas fuentes, y
sobre todo de la martiana.
En La
protección...
Vittorio defiende la excelencia de la ley cubana
sobre medio ambiente y su entronización en las
corrientes filosóficas del Nuevo Derecho y la Nueva
Ciencia: dos caras de una misma moneda.
Para Di Cagno, la legislación ambientalista criolla
es un modelo digno de imitar por otras naciones de
cualquier estatus político, económico o cultural. En
primer lugar porque se trata de una ley marco: un
espacio que prevé nuevos materiales de legislación
complementaria de acuerdo con las condiciones
cambiantes de la sociedad y el entorno.
De hecho, desde
su aprobación en 1997 esta ley se ha visto
enriquecida con resoluciones enfocadas a temas tales
como la capa de ozono, el manejo de especies
valiosas, la seguridad radiológica y la importación
y uso industrial de sustancias químicas, entre
otros.
“Es justo
mencionar que Cuba había legislado sobre estos
asuntos desde 1981”, precisa Vittorio. “El salto de
calidad radica en el espíritu del nuevo documento,
que a tono con las modificaciones introducidas en la
misma Constitución, habla de velar por la Naturaleza
no porque sea bueno para los hombres, sino para
respetarla ‘en sí y por sí’, lo cual equivale casi a
reconocerle una capacidad jurídica”.
Varios países
latinoamericanos cuentan con leyes sobre el medio
ambiente, algunas con calidad similar a la cubana
desde el punto de vista técnico. Como “buenas para
leer” las califica el experto, pues no se ejecutan
cabalmente.
Tal vez la exuberancia de las riquezas naturales y
su protagonismo en cinco siglos de contiendas
libertarias sean los cimientos del profundo amor de
los latinoamericanos por sus tierras y de una
conciencia más clara de su cuidado, opina Di Cagno.
“Solo que estos no son tiempos para engavetar las
buenas leyes, sino para hacerlas actuar”.
Cuba tiene,
además, otros motivos especiales para una buena ley,
resume Vittorio: que el bloqueo estadounidense haya
puesto de relieve cuánto depende una nación de la
Naturaleza para su supervivencia, y poseer el único
sistema político capaz de lograr que una buena
formulación legislativa alcance una total, sincera y
segura aplicación.
Por eso, afirma
Vittorio, es su vitalidad lo que hace superior a la
ley cubana: las acciones continuas de capacitación
profesional, educación popular y creación de
entidades que velen por su aplicación cotidiana, aun
cuando no se esté del todo satisfecho con lo
logrado.
“En esta Isla
cualquier iniciativa económica o constructiva debe
contar con una licencia del CITMA como garantía de
que no ocasionará daños al medio ambiente. Ningún
notario puede legalizar una gestión sin ese
requisito”, ejemplifica.
“Eso es una
prueba incontestable de la voluntad política del
Estado revolucionario para hacer efectiva a largo
plazo la protección de sus recursos naturales”,
puntualiza el experto. “Una voluntad que necesitan
desplegar otros gobiernos, porque el mundo es igual
y único en todas sus partes, y es preciso domeñar
los egoísmos del mercado”.
LA NATURALEZA ENSEÑA MODESTIA
“La Naturaleza es
autosuficiente. Ella no pide ayuda al hombre para
existir, no necesita de sus inventos ni de su dinero
para sostenerse a sí misma y a todas las especies”,
reflexiona Vittorio. “Pero tampoco resiste que la
destruyan, que agoten sus recursos aceleradamente,
llenen sus mares de desechos tóxicos o prueben en
las entrañas de la tierra decenas de bombas
nucleares”.
Martí tiene
muchas formas de ilustrar estas verdades, nos
recuerda Vittorio. “Una de estas es la parábola del
tigre herido, que lanza sus zarpazos al cazador y
‘con un golpe de grifo lo desfibra y aplasta’”.
Hablar de la Naturaleza en sí como “bien protegido”,
según terminología legal, es una concepción moderna
que aún no ha sido interiorizada por muchos: “La
concepción del hombre imperecedero no vale más.
Martí dice que la Naturaleza enseña modestia.
Convencernos de eso deberá hacernos más solidarios y
menos prepotentes.
“Existe ya una
conciencia en buena parte de la sociedad. Se han
emprendido algunas acciones, de alcance limitado o a
nivel mundial, como el Congreso de Educación
Ambiental que se realizará en octubre en Torino,
Italia. Pero no bastan.
“Es preciso
legislar y hacer cumplir esas leyes en todos los
lugares, aunque eso signifique desafiar fuerzas
contrarias al conocimiento de la realidad.
“Hablar claro
sobre lo que está ocurriendo en el planeta no es
hacer terrorismo, sino proteger a los ciudadanos de
las consecuencias de sus actos”, asevera. “El
conflicto de hoy no es entre lo ‘bueno’ y lo ‘malo’,
sino entre el conocimiento y la ignorancia.
“Han pasado 13
años desde que varios presidentes, y en especial el
cubano Fidel Castro, denunciaran en la Cumbre de Río
la gravedad de lo que ocurre con el medio ambiente.
Algo se ha logrado desde entonces, pero también son
más los interesados en negociar con el desastre,
como ciertas compañías que se apresuran a vender los
terrenos que emergerán con el deshielo de los polos
en lugar de preocuparse por lo que esto significa
para el planeta.
“Ojalá
consagráramos todo el talento, la capacidad humana y
las riquezas acumuladas en salvar a la Tierra”,
demanda Di Cagno. “Para eso sería necesario cambiar
de raíz el sostén filosófico de los imperialistas,
quienes esconden la gravedad de la situación con la
esperanza de ser los últimos en morir y que a otros
les toque ser los primeros”.
Por eso Cuba es
una enseñanza, un punto de avance concreto, enfatiza
Di Cagno: “Aquí el cuidado ambientalista implica una
tradición, una mirada diferente, algo que ha calado
en el pueblo porque tiene en Martí al cantor de la
Naturaleza... Y cuanto más se sepa de estos logros
en el mundo, más posibilidades tendremos todos de
salvarnos”. |