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D E  L A P R E N S A  N A C I O N A L

La Habana, 18 de Octubre de 2005

La enemiga del medio ambiente
es la riqueza

Recuerda el tiempo que vivió envenenado con las mentiras que sobre Cuba se suelen contar en el mundo, hasta que en 1994 viajó al país por mandato de la Unión Internacional del Notariado Latino. La naturaleza cubana ha ganado a un ferviente defensor en el doctor Vittorio di Cagno, jurista de profesión y orador inagotable

Mileyda Menéndez Dávila
Fotos: Roberto Morejón
(Tomado de Juventud Rebelde)

a naturaleza cubana ha ganado un ferviente defensor en el doctor Vittorio di Cagno, jurista de profesión y orador inagotable cuando se trata de sus grandes pasiones: la cultura, la humanidad y la urgencia de cuidar el planeta.

Recuerda el tiempo que vivió envenenado con las mentiras que sobre Cuba se suelen contar en el mundo, hasta que en 1994 viajó al país por mandato de la Unión Internacional del Notariado Latino. Entonces decidió “descubrir” la Isla por sí mismo, primero recorriéndola de oriente a occidente como un simple observador, y luego en la lectura de numerosos textos históricos y literarios.

Así llegó a su vida José Martí. Su extensa obra, su filosofía natural y su respetuosa omnipresencia en cada rincón del país produjeron en Vittorio lo que él disfruta en llamar su conversión martiana.

Desde entonces este italiano ilustre se ha dedicado a “sembrar” el pensamiento del Héroe Nacional cubano en cuantas personas buenas de espíritu ha encontrado en su largo peregrinaje por el mundo. Frutos de esa pasión son sus presentaciones en eventos internacionales sobre temas abordados por el Apóstol que aún mantienen vigencia y aparecen, como un eco necesario, en la obra de varios pensadores modernos.

Entre sus múltiples tareas, luchar a favor de la Naturaleza es una obsesión. En su criterio, la humanidad ya rebasó los límites propios y los del planeta, y ante ese egoísmo antropocéntrico solo es posible esgrimir un arma de calibre similar: la egoísta necesidad humana de sobrevivir. 

“Se trata —afirma Vittorio— de aplicar la fórmula martiana del amor triunfante: Con todos, y para el bien de todos. Y no solo como letra muerta en imperfectas leyes, sino como solución urgente a problemas cada vez más graves.

“No podemos seguir peleando, como las reses de camino al matadero, y esto es válido para todos, ricos y pobres, pues para dar el primer paso, que es respetar a la Naturaleza por sí misma, no hace falta dinero”, asegura y añade: “La enemiga del medio ambiente no es la pobreza, sino la riqueza. Además, ningún ciclón, terremoto o tsunami anda mirando tales diferencias para cobrar sus víctimas”.

ESTUDIOSO DE CUBA

En una década de sucesivas aproximaciones, Di Cagno ha dado numerosas pruebas de su aprecio por la legislación y la historia cubana. Su figura se ha hecho habitual en eventos internacionales como los coloquios José Martí por una cultura de la Naturaleza, y Por el equilibrio del mundo, entre muchos otros.

Dos libros suyos abordan especialmente esa labor propiciatoria: Martí jurista, publicado por el Centro de Estudios Martianos (en proceso de reedición en italiano), y La protección del medio ambiente en Cuba, de la editorial Ciencias Sociales, ensayo en que analiza la tradición ambientalista cubana con una mirada histórica y desde la perspectiva del Derecho comparado, citando valiosas referencias, como la Carta Mundial de la Naturaleza de las Naciones Unidas.

En ambos libros Vittorio escribe con pasión, sin usar giros afectados para reinventar lo dicho magistralmente por otros, verdades que él mezcla con un estilo respetuoso, bebiendo de muchas fuentes, y sobre todo de la martiana.

En La protección... Vittorio defiende la excelencia de la ley cubana sobre medio ambiente y su entronización en las corrientes filosóficas del Nuevo Derecho y la Nueva Ciencia: dos caras de una misma moneda.

Para Di Cagno, la legislación ambientalista criolla es un modelo digno de imitar por otras naciones de cualquier estatus político, económico o cultural. En primer lugar porque se trata de una ley marco: un espacio que prevé nuevos materiales de legislación complementaria de acuerdo con las condiciones cambiantes de la sociedad y el entorno.

De hecho, desde su aprobación en 1997 esta ley se ha visto enriquecida con resoluciones enfocadas a temas tales como la capa de ozono, el manejo de especies valiosas, la seguridad radiológica y la importación y uso industrial de sustancias químicas, entre otros.

“Es justo mencionar que Cuba había legislado sobre estos asuntos desde 1981”, precisa Vittorio. “El salto de calidad radica en el espíritu del nuevo documento, que a tono con las modificaciones introducidas en la misma Constitución, habla de velar por la Naturaleza no porque sea bueno para los hombres, sino para respetarla ‘en sí y por sí’, lo cual equivale casi a reconocerle una capacidad jurídica”.

Varios países latinoamericanos cuentan con leyes sobre el medio ambiente, algunas con calidad similar a la cubana desde el punto de vista técnico. Como “buenas para leer” las califica el experto, pues no se ejecutan cabalmente.

Tal vez la exuberancia de las riquezas naturales y su protagonismo en cinco siglos de contiendas libertarias sean los cimientos del profundo amor de los latinoamericanos por sus tierras y de una conciencia más clara de su cuidado, opina Di Cagno. “Solo que estos no son tiempos para engavetar las buenas leyes, sino para hacerlas actuar”.  

Cuba tiene, además, otros motivos especiales para una buena ley, resume Vittorio: que el bloqueo estadounidense haya puesto de relieve cuánto depende una nación de la Naturaleza para su supervivencia, y poseer el único sistema político capaz de lograr que una buena formulación legislativa alcance una total, sincera y segura aplicación.

Por eso, afirma Vittorio, es su vitalidad lo que hace superior a la ley cubana: las acciones continuas de capacitación profesional, educación popular y creación de entidades que velen por su aplicación cotidiana, aun cuando no se esté del todo satisfecho con lo logrado.

“En esta Isla cualquier iniciativa económica o constructiva debe contar con una licencia del CITMA como garantía de que no ocasionará daños al medio ambiente. Ningún notario puede legalizar una gestión sin ese requisito”, ejemplifica.

“Eso es una prueba incontestable de la voluntad política del Estado revolucionario para hacer efectiva a largo plazo la protección de sus recursos naturales”, puntualiza el experto. “Una voluntad que necesitan desplegar otros gobiernos, porque el mundo es igual y único en todas sus partes, y es preciso domeñar los egoísmos del mercado”.

LA NATURALEZA ENSEÑA MODESTIA

“La Naturaleza es autosuficiente. Ella no pide ayuda al hombre para existir, no necesita de sus inventos ni de su dinero para sostenerse a sí misma y a todas las especies”, reflexiona Vittorio. “Pero tampoco resiste que la destruyan, que agoten sus recursos aceleradamente, llenen sus mares de desechos tóxicos o prueben en las entrañas de la tierra decenas de bombas nucleares”.

Martí tiene muchas formas de ilustrar estas verdades, nos recuerda Vittorio. “Una de estas es la parábola del tigre herido, que lanza sus zarpazos al cazador y ‘con un golpe de grifo lo desfibra y aplasta’”.

Hablar de la Naturaleza en sí como “bien protegido”, según terminología legal, es una concepción moderna que aún no ha sido interiorizada por muchos: “La concepción del hombre imperecedero no vale más. Martí dice que la Naturaleza enseña modestia. Convencernos de eso deberá hacernos más solidarios y menos prepotentes.

“Existe ya una conciencia en buena parte de la sociedad. Se han emprendido algunas acciones, de alcance limitado o a nivel mundial, como el Congreso de Educación Ambiental que se realizará en octubre en Torino, Italia. Pero no bastan.

“Es preciso legislar y hacer cumplir esas leyes en todos los lugares, aunque eso signifique desafiar fuerzas contrarias al conocimiento de la realidad.

“Hablar claro sobre lo que está ocurriendo en el planeta no es hacer terrorismo, sino proteger a los ciudadanos de las consecuencias de sus actos”, asevera. “El conflicto de hoy no es entre lo ‘bueno’ y lo ‘malo’, sino entre el conocimiento y la ignorancia.

“Han pasado 13 años desde que varios presidentes, y en especial el cubano Fidel Castro, denunciaran en la Cumbre de Río la gravedad de lo que ocurre con el medio ambiente. Algo se ha logrado desde entonces, pero también son más los interesados en negociar con el desastre, como ciertas compañías que se apresuran a vender los terrenos que emergerán con el deshielo de los polos en lugar de preocuparse por lo que esto significa para el planeta.

“Ojalá consagráramos todo el talento, la capacidad humana y las riquezas acumuladas en salvar a la Tierra”, demanda Di Cagno. “Para eso sería necesario cambiar de raíz el sostén filosófico de los imperialistas, quienes esconden la gravedad de la situación con la esperanza de ser los últimos en morir y que a otros les toque ser los primeros”.

Por eso Cuba es una enseñanza, un punto de avance concreto, enfatiza Di Cagno: “Aquí el cuidado ambientalista implica una tradición, una mirada diferente, algo que ha calado en el pueblo porque tiene en Martí al cantor de la Naturaleza... Y cuanto más se sepa de estos logros en el mundo, más posibilidades tendremos todos de salvarnos”.

 

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