La enfermedad vascular más
frecuente y grave
POR JOAQUIN ORAMAS
ARTERIOSCLEROSIS (o arterioesclerosis) es un
término genérico utilizado muy ampliamente para
agrupar diversas alteraciones de la pared de las
arterias, que se tornan más gruesas y pierden su
elasticidad. Las afecta en forma generalizada, con
pérdida de su resistencia pudiendo llegar a
desarrollar un aneurisma, que es una dilatación
arterial localizada, con modificaciones
estructurales y funcionales de las arterias
comprometidas.
Para
que una dilatación pueda ser considerada como
aneurismática, el aumento del diámetro arterial
tiene que ser al 50% del considerado normal.
Representa la enfermedad vascular más frecuente y
grave, principalmente en los adultos mayores.
Quienes transitan por la llamada Tercera Edad deben
conocer que este padecimiento constituye una de las
principales causas de mortalidad en los países
industrializados y registra incremento notable de su
incidencia en los que están en vías de desarrollo.
La
lesión principal la constituye la denominada placa
ateromatosa que se desarrolla en el interior de la
pared arterial por acumulación de lípidos dentro y
fuera de las células, tejido conectivo y células
musculares, que paulatinamente aumentan de tamaño
disminuyendo la luz de la arteria y su
elasticidad.
Numerosos son los factores de riesgo implicados en
su desarrollo, los que pueden dividirse en
reversibles e irreversibles. Entre los primeros se
destacan la edad, antecedentes familiares de
arterioesclerosis, el sexo masculino y en los
últimos años se ha propuesto el tipo de
personalidad, pero esta teoría se encuentra aún en
discusión.
Dentro
de los factores reversibles o modificables
sobresalen una dieta rica en grasas de baja densidad
y reducida en grasas de alta densidad. La obesidad,
sobre todo la predominante en el tronco, implica un
riesgo elevado de desarrollo de la
arterioesclerosis.
La hipertensión arterial es otro
factor comúnmente relacionado, pues se ha
corroborado que en personas hipertensas existe una
elevada incidencia de este padecimiento. Hay que
destacar que el tabaquismo favorece notablemente la
aparición de la enfermedad, tanto por la acción de
la nicotina como por las diversas sustancias
químicas que contiene, nocivas para las paredes
arteriales, y que incrementan los niveles de grasas
y estimulan la contracción arterial.
La
actividad física influye notablemente en las
acciones para evitar el padecimiento. Numerosos
estudios comprueban que el sedentarismo aumenta el
riesgo, mientras la práctica regular de ejercicios
físicos resulta un factor protector.
Las
personas diabéticas desarrollan precozmente la
arterioesclerosis como consecuencia de los
trastornos metabólicos que presentan de su
enfermedad de base.
Las
manifestaciones clínicas son múltiples y muy
variadas dependiendo de la parte del organismo a la
cual lleva sangre la arteria involucrada, el grado
de obstrucción que presenta y el tiempo en el cual
se desarrolle.
Se caracteriza por no manifestarse durante largo
tiempo hasta que, finalmente, se ocluye a un nivel
crítico que impide la normal circulación sanguínea
en la parte del organismo irrigado por dicha
arteria.
En general la sintomatología se presenta en forma
gradual a medida que se ocluye la luz arterial
por la placa ateromatosa. En las extremidades
provoca dolor, manifestándose en principio solamente
al aumentar la actividad física para finalmente ser
continuo y dificultar la locomoción.
El
control y cambio de los factores de riesgo son de
gran utilidad al evitar la progresión de las
lesiones desencadenadas e incluso puede llegar a
observarse cierta regresión en ellas. Por tanto es
recomendable disminuir de peso, modificar los
hábitos alimentarios, incrementar la actividad
física, controlar los niveles de presión arterial y
suprimir el tabaco. |