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A 45 AÑOS DE LA DERROTA
DE EE.UU. EN GIRON
“Perdimos porque Fidel
está con ellos”
—José M. Gutiérrez, invasor de Bahía de
Cochinos
• Arthur M. Schlesinger,
asesor presidencial del misteriosamente
asesinado presidente Kennedy, escribió
lo que la gran prensa norteamericana no
tuvo el valor de decir tajantemente: "La
realidad fue que Fidel Castro resultó
ser un enemigo mucho más formidable, y
estar al mando de un régimen mucho mejor
organizado que lo que nadie había
supuesto. Sus patrullas localizaron la
invasión casi en el primer momento. Sus
aviones reaccionaron con rapidez y
vigor. Su Policía eliminó cualquier
posibilidad de rebelión o sabotaje
detrás de las líneas. Sus soldados
permanecieron leales y combatieron
bravamente"
POR GABRIEL MOLINA
A
mediados de abril de 1961, formado en
unidades de milicias, del Ejército
Rebelde y la Policía, el pueblo echó
abajo como un castillo de arenas la
larga y cuidadosamente preparada
Operación Pluto, con la que el Gobierno
de Estados Unidos pretendía borrar de la
faz del continente a la Revolución
Cubana y su ejemplo.

Al
fondo, el Houston, uno de los
barcos invasores abatidos por la
aviación revolucionaria desde el
primer día. |
Unos 1 500 hombres entrenados por la
CIA, equipados con el último armamento
utilizado por el Ejército
norteamericano, y con una amplia
cobertura aérea, en apenas 72 horas son
puestos fuera de combate en las arenas
de Playa Girón, la primera derrota
militar de Estados Unidos en América
Latina.
El descalabro conmovió profundamente a
la sociedad norteamericana y a los
círculos imperiales de poder, donde
durante muchos meses y hasta años se
discutió quién tuvo la culpa de aquel
fracaso, pese a que el propio presidente
John F. Kennedy asumió por completo la
responsabilidad.
La liquidación de la invasión antes de
las 72 horas cerró el paso a la
intervención directa de Estados Unidos y
evitó que la victoria cubana resultara
incomparablemente más costosa.
El mito de invencibilidad de la gran
potencia empezó su final. A partir de
entonces muchas cosas comenzaron a
cambiar en el mundo.
17
DE ABRIL: LA INVASION
La
luna, en cuarto creciente, se ocultó al
anochecer: un suave viento soplaba del
Norte entre 15 y 25 millas por hora. La
noche era fresca cuando el miliciano
Mariano Mustelier y el alfabetizador
Valerio Rodríguez divisaron una luz que
se acercaba por el mar en la oscuridad.
Era un barco que hacía señales.
Movieron el yipi que tripulaban hasta
colocarlo frente al barco y le hicieron
señales.
Era poco después de la medianoche del
17 de abril en Playa Girón.
Se
trataba del barco Blagar, uno de los
siete que conducían cerca de 1 500
hombres financiados, preparados y
conducidos por la CIA para invadir a
Cuba. También viajaba un grupo de
hombres-rana, a cuyo frente venían
algunos oficiales del Ejército y otros
departamentos de EE.UU.
Del barco comenzaron a disparar sobre
el yipi. Mustelier contestó con su fusil
FAL. Los disparos hirieron al brigadista
adolescente de 13 años que enseñaba a
leer y escribir a los residentes de la
zona. Mustelier lo llevó al pequeño
cuartel de milicias y volvió con cinco
hombres. Desde el barco comenzaron a
dispararles con cañones, mientras los
hombre-ranas, que habían desembarcado,
los conminaron a rendirse.
¡Patria o Muerte! fue la firme
respuesta que habían aprendido de Fidel.
Esas sencillas palabras simbolizaban lo
que aguardaba a los invasores.
La
metralla hirió a dos de los valientes
defensores. Otro fue enviado al central
Covadonga para avisar, y un cuarto a la
planta de radio para comunicar con Santa
Clara e informar del desembarco.
En
Playa Larga, situada en el extremo
interior central de la Bahía de
Cochinos, a unos 31 kilómetros de Playa
Girón, que se encuentra en la entrada
derecha de la bahía que viene desde el
Sur, una escuadra del batallón 339 de
las Milicias Nacionales Revolucionarias
de Cienfuegos había sido situada para
proteger el lugar. A medianoche, sus
cinco hombres observaron los relámpagos
del tiroteo en Playa Girón. A las 2:00
a.m. una lancha se acercaba. La orden de
alto fue contestada con fuego de
ametralladoras y fusiles. El combate se
inició inmediatamente y Ramón González
Suco, jefe de la escuadra, avisó por
microondas al central Australia.
Juntos a su jefe, García Garriga,
Hernández, Jaramillo y Quintana
resistieron hasta que se les agotó el
parque. A las 2:45 a.m. se retiraron,
después de. informar al central.
Desde los barcos Houston y Bárbara J.
también dispararon contra Playa Larga y
Buenaventura. En este último punto una
lancha de la Marina de Guerra respondió
al fuego desde el muelle.
Tan pronto al capitán Cordero, jefe del
batallón 339, integrado por 528 obreros
y estudiantes de la ciudad de
Cienfuegos, recibió el parte en el
central Australia, lo comunicó a La
Habana. Por órdenes del Comandante en
Jefe, a las 2:30 a.m. partió hacia
Girón, un recorrido de 6 u 8 horas. Para
entonces, las lanchas con calaveras
pintadas en el costado, habían
desembarcado a los mercenarios portando
M-3 y otras armas en tres puntos de la
bahía: Playa Girón, Playa Larga y
Hornos.
Los milicianos que combatieron en los
primeros momentos habían sido enviados
el día anterior, cuando en un recorrido
el comandante Juan Almeida, jefe de las
fuerzas del centro de la isla (en la
parte Oriental el jefe era el comandante
Raúl Castro, y en la Occidental el
comandante Che Guevara), apreció las
dificultades de comunicación en la zona
y envió una compañía.
En
el punto uno, el Comandante en Jefe
Fidel Castro recibió la Información y
comprobó que se estaba produciendo el
desembarco apoyado por armas pesadas.
Fidel comentaría después que los
imperialistas solamente analizaron
militarmente la zona del desembarco, sin
preocuparse de que en la Ciénaga de
Zapata la población había sido "redimida
de la peor miseria, el peor
aislamiento".
En
un lugar donde en el pasado hasta los
perros morían de hambre, donde a los
hombres les compraban el saco de carbón
a 60 centavos, ahora éstos ganaban de 8
a 12 pesos diarios. Se habían construido
carreteras, centros turísticos.
Además, a la zona fueron enviados 200
alfabetízadores y 300 hijos de
campesinos estaban estudiando en La
Habana.
A
tal punto llegó la Revolución a esa
zona, que uno de los invasores, José
Manuel Gutiérrez, cuando le informaron
en la travesía de Nicaragua a Cuba que
se dirigían a la Ciénaga de Zapata,
conocedor de lo que ocurría en el lugar
dijo: "¡Se acabó!, porque si en algún
lugar el Gobierno tiene influencia..."
Gutiérrez fue de los que desembarcaron
en Playa Larga y oyó cuando los
milicianos les gritaron: ¡Patria o
Muerte! ¡Viva Fidel Castro!
Además de los batallones de infantería,
los invasores desembarcaron batallones
de cañones pesado y motorizados, una
compañía de tanques y lanzaron un
batallón de paracaidistas al amanecer.
El
batallón de las Milicias de Cienfuegos,
con armas ligeras, choca al alba con los
invasores. Después de decidir el
movimiento del 339, Fidel ordenó al
capitán José R. Fernández, con el
batallón de responsables de milicias,
trasladarse desde Matanzas a Jovellanos
y a otro de Matanzas a avanzar. Orientó
al batallón 117 de Las Villas ir hacia
Yaguaramas y Covadonga.
Los paracaidistas invasores fueron
lanzados en la retaguardia del batallón
339, de Cienfuegos, y en la retaguardia
del batallón de Las Villas.
El
Comandante en Jefe ordenó a la aviación
revolucionaria atacar.
A
las 5:00 am. sólo había tres aviones en
activo. Los aparatos sufrían los efectos
de la falta de piezas de repuesto por el
bloqueo. Por otra parte, once aviones de
distintos tipos fueron inutilizados por
el bombardeo a sus bases dos días antes,
el 15, con insignias de la Fuerza Aérea
Revolucionaria para contar con la
ventaja de la sorpresa.
Fidel pidió por teléfono que le
pusieran al piloto Enrique Carreras.
¡Tienes que hundirme esos barcos! —fue
la orden.
El
capitán Carreras partió en un Sea Fury,
seguido por Bourzac. Silva Tablada era
el tercero, en un B-26.
Desde el aire, Carreras vio el
espectáculo imponente de los 7 u 8
barcos y "un número Indeterminado de
lanchones y lanchas de desembarco en
pleno ajetreo".
Observó que uno de los barcos grandes
navegaba hacia el interior de la bahía
seguido por una fragata de guerra. Iba
repleto de tropas y suministros bélicos.
Las luces de las trazadoras y las
explosiones de los proyectiles
disparados desde los barcos trataban de
cortarle el paso cuando se lanzó en
picada sobre ellos. Carreras fue el
primero en hacer blanco con sus cohetes
en el barco Houston. Bourzac y Silva
también lo tocaron. El primer barco
estaba fuera de combate. La fragata de
guerra que lo escoltaba huyó cuando lo
vio perdido.
En
un segundo vuelo, Carreras lanzó sus
cohetes contra el barco Río Escondido, y
lo tocó en el mismo centro. Estalló
envuelto en llamas y se destruyeron una
buena parte de los suministros de los
mercenarios. Antes de regresar, Carreras
tumbó un B-26, pero éste o las
antiaéreas enemigas tocaron su motor y
dificultaron su regreso a la base.
Al
final del primer día, la Fuerza Aérea
Revolucionaria había hundido cuatro
barcos y derribado cinco aviones
enemigos.
Desde por la mañana, Fidel se trasladó
al frente de guerra. En el central
Australia describió a un grupo de
oficiales la estrategia a seguir e
impartió las órdenes para ejecutarla.
Los combates se desarrollaron
ininterrumpidamente durante todo el día.
El
Gobierno Revolucionario emitió ese día
un comunicado que anunciaba el
desembarco y terminaba diciendo:
¡Adelante,
cubanos, que la Revolución es invencible
y contra ella y contra el pueblo heroico
que la defiende se estrellarán todos los
enemigos!
Gritemos ahora con más ardor y firmeza
que nunca, cuando ya hay cubanos
inmolándose en combate:
¡VIVA CUBA LIBRE! ¡PATRIA O MUERTE! ¡VENCEREMOSI
Fidel Castro Ruz
Comandante en Jefe y Primer Ministro
del Gobierno Revolucionario.
18 DE ABRIL: LA CONTRAOFENSIVA
El
segundo día de la batalla se inició de
madrugada con un ataque de nuestros
tanques hasta la misma Playa Larga,
apoyados con el fuego de antiaérea. La
víspera, una buena parte de las fuerzas
no pudieron ser usadas a causa de la
aviación enemiga.
Además de los batallones de milicias
que iniciaron la defensa activa con el
objetivo de desalojar a los invasores,
el de Cienfuegos, el de Matanzas, el de
Responsables de Milicias y el de Las
Villas, Fidel movilizó las columnas uno
y dos del Ejército Rebelde, una compañía
de tanques, baterías antitanques, cuatro
baterías de obuses de 122 y el batallón
de la Policía.
Pero el enemigo dominaba el aire con
sus B-26 y las baterías llegaron hasta
determinados puntos y esperaron la noche
para trasladarse, ya que la aviación
revolucionaria era usada en destruir los
barcos y no podía prestar protección a
estas fuerzas avanzando por las
vulnerables carreteras.
Al
batallón de responsables de milicias se
le brindó protección con dos aviones
cuando cruzaba desde Matanzas para que
pudiese llegar.
Los once hombres que defendían el
central Covadonga recibieron orden de
resistir hasta que llegasen los
refuerzos y así lo hicieron; igual
situación se produjo en el central
Australia.
El
balance más importante del primer día
había sido la increíble proeza de la
aviación revolucionaria. Con un número
reducidísimo de aviones (la tercera
parte que la fuerza enemiga) y diez
pilotos, sin relevos ni reemplazos, sin
piezas de repuesto, hundieron la mitad
de la marina enemiga, derribaron cinco
aviones y brindaron protección aérea a
la infantería para mantener la cabeza de
playa del lado Oeste de la Ciénaga.
El
batallón de milicias pasó la noche del
17 atacando Playa Larga por la ancha
carretera, ya que era el único medio de
atravesar la Ciénaga. El avance
resultaba heroico, pues la aviación
enemiga barría constantemente el avance.
Pero al anochecer llegaron las baterías
antiaéreas, las de obuses y los tanques.
A
las 12:00 pm la batería de obuses del
batallón 122 comenzó atacar en Playa
Larga y en la madrugada el avance de los
tanques llegó hasta el borde de la
playa.
Al
amanecer se ordena también al batallón
111, que está en el central Australia,
avanzar hacia Cayo Ramona, que está en
poder del enemigo, y situarse en la
retaguardia de éste. Un batallón daría
la vuelta por Buenaventura a tomar Playa
Larga.
Fidel ordenó además otros movimientos
de tropas: una compañía de tanques a
Yaguarama, para que estuviese allí la
noche del 18. Cuatro baterías, de una
fuerza de artillería del 122, a
Covadonga; una compañía de tanques
pesados, de reserva a Yaguaramas. Otra
compañía de tanques para emplearla el
día 19 por la mañana. Y una columna
especial de combate y el batallón de la
Policía, que entró por Australia-Girón.
Los invasores veían el combate del
siguiente modo: "…cuando empezó la noche
(la del 17) empiezan a llegar los
tanques de Fidel. Entonces la gente se
miraba uno a otro, y se decían: Pero,
¿qué es lo que pasa aquí, pero dónde
están los milicianos que se iban a unir
a nosotros?... al día siguiente nos
mandan a cubrir la retirada a Playa
Girón, para que se vaya todo el mundo, y
nos mandan a nosotros atrás..."
Uno de los paracaidistas invasores,
Antonio Fernández Alvarez, narró lo que
acontecía en el lado enemigo al amanecer
del día 18.
"Como a eso de las 7:00 ó 7:10 a.m.
empezó a atacar otra vez la misma
milicia que había atacado la primera
avanzada, pero esta vez con obuses, los
ya conocidos obuses 120, y cuando éstos
dieron en las primeras trincheras
nuestras e hirieron a unos cuantos
compañeros nuestros, Alejandro del Valle
(jefe de los paracaidistas) mandó la
retirada hacia otro lugar que le
llamaban Dos Vías o que le llamamos
nosotros Dos Vías, no sé cuál será su
verdadero nombre, en un lugar que hay un
caserío muy chiquito y un cruce de
carreteras.
"Se volvieron a posesionar otra vez las
tropas en trincheras para esperar al
enemigo, pero ya esta vez llamando para
que viniera otro batallón a resistir,
pues ya había algo de descontento entre
la gente. Porque se decía que las tropas
se iban a rebelar, que no iba a ser
continua la pelea, que no se iba a
pelear... Mandaron otro batallón a ese
lugar de Dos Vías y ahí se entabló otro
combate; de nuevo la retirada por la
artillería, ya todo el mundo se retiraba
hacia playa..."
Mientras tanto, en La Habana y otros
lugares del país, los órganos de la
Seguridad del Estado, apoyados
eficazmente por los Comités de Defensa
de la Revolución, por una parte detenían
a bandas que se venían siguiendo, y por
otra se realizaban arrestos preventivos
de las personas que resultaban
sospechosas de potencialmente colaborar
con el enemigo.
Desde el día 15 se anunció la captura
de una banda en Pinar del Río, dirigida
por el norteamericano Howard Frederick
Anderson, propietario del parque de
diversiones Coney Island, situado en la
playa de Marianao.
A
la banda, compuesta por 15 personas, se
le ocuparon ocho toneladas de armas
ocultas en un lugar conocido por Las
Furnias, en Pinar del Río.
Anderson
era un agente de la CIA que puso en
contacto a la banda encabezada por
Joaquín del Cueto, ex teniente del
Ejército de la tiranía, con un
funcionario de la embajada de Estados
Unidos, oficial de la CIA, conocido como
Mr. Avignon, quien antes del rompimiento
de relaciones era uno de los encargados
de dirigir la acción subversiva interna.
El
centro de enlace era una bodega situada
en 70 y 29-F, Marianao.
Las 8 toneladas de armas las había
recibido el 22 de febrero de 1961,
traídas desde Estados Unidos por un
barco norteamericano hasta las costas
pinareñas. Entre esos equipos bélicos
recibidos figuraban 40 cajas de rifles;
12 cajas de fusiles automáticos; 18
cajas de ametralladores Thompson; 18
cajas de ametralladoras calibre 30; 5
cajas de bazucas y 5 de morteros; una
caja de dinamita plástica, etcétera.
El
día 17 los Comités de Defensa de la
Revolución detuvieron al cura Eduardo
Boza Masvidal, conocido dirigente
contrarrevolucionario, a quien ocuparon
en la iglesia de La Caridad gran
cantidad de propaganda y medicinas, con
las cuales trasegaba.
La
solidaridad internacional, por su parte,
se extendía por todo el mundo. De ella,
dos expresiones son elocuentes: el
general Lázaro Cárdenas, ex presidente
de México, aprestaba los medios para
venir a Cuba a combatir junto al pueblo
cubano, provocando un gran impacto
cuando el canciller Roa dio esta noticia
en la Asamblea de la ONU.
Y
desde el distante país soviético, que en
esos días había impresionado fuertemente
al mundo con la hazaña cósmica de Yuri
Gagarin, lo cual hacía más respetable
aún los cohetes de la URSS, el Gobierno
enviaba un mensaje al Gobierno de
Estados Unidos expresando la indignación
de su pueblo y advirtiendo: "…no debe
haber confusión respecto a nuestra
posición: prestaremos al pueblo cubano y
a su Gobierno toda la ayuda necesaria
para rechazar la agresión armada a
Cuba".
19
DE ABRIL: LA VICTORIA
El
día 19 por la mañana, tercero de la
invasión, se comienza a atacar Playa
Girón por las fuerzas revolucionarias
con artillería, tanques e infantería.
Otras tropas con las mismas armas
combaten para tomar a San Blas y lo
logran entre 9:30 a.m. y 10:00 a.m.
Después de eso se realizó una extensa
preparación artillera contra las
posiciones enemigas en Girón.
A
las 2:40 p.m., cuando las fuerzas
cubanas estaban a dos kilómetros y medio
de Girón, aparecieron dos destructores
de la Marina de Guerra de Estados
Unidos, que habían escoltado a la flota
invasora, desde Nicaragua hasta Cuba.
A
los diez minutos, una cantidad
extraordinaria de lanchones, botes de
motor y otras embarcaciones, partieron
desde los barcos hacia tierra. El
capitán Fernández, que se encontraba en
esa parte al frente de la tropa cubana,
pensó que se trataba de otro desembarco
y ordenó hacerles fuego. Algunas
embarcaciones navegaban de la costa
hacia los barcos.
Un
avión cubano llegó e hizo fuego sobre
los lanchones y botes. Las embarcaciones
que venían hacia tierra tuvieron que
regresar a los destructores.
Posteriormente, uno de los prisioneros,
hijo de José Miró Cardona, declaró que
se seguía combatiendo en Girón cuando se
supo de repente que la jefatura de los
invasores se había marchado.
Inmediatamente se produjo entre ellos
una completa desintegración. Los
destructores de la Marina de Guerra de
Estados Unidos trataban de evacuar a San
Román y otros, pero fracasó el intento.
El
presidente de Estados Unidos había sido
presionado por la CIA, los Miró Cardona
y Tony Varona, para hacer intervenir
directamente a las fuerzas armadas
norteamericanas. Consciente de las
tremendas consecuencias que implicaría,
Kennedy decidió no autorizarlos. En su
lugar permitió que las unidades navales
de EE.UU. tratasen de evacuar a los
mercenarios.
Horas antes, autorizó también proteger
el último bombardeo de los B-26, con los
aparatos a reacción del portaaviones
Essex, que estaba cerca participando en
la escolta de la fuerza invasora.
Los aviones de la Marina de Guerra de
Estados Unidos llegaron mal coordinados,
después de la incursión de los B-26. Ese
día fueron derribados otros cinco
aviones enemigos para elevar el total a
diez. Cuatro de esos últimos pilotos
eran norteamericanos bajo contrato con
la CIA, pues los de origen cubano se
negaron a continuar. Uno de ellos era
Leo Francis Baker, de Boston. El
Gobierno norteamericano comenzó a
pasarles un cheque de 245 dólares
quincenales a las cuatro viudas.
En
total se derribaron 12 aviones B-26 a
los invasores.
En
Playa Girón, la última resistencia de
los mercenarios la realizaron con dos
tanques. Al quedarse sin mando se
rindieron.
Fidel ordenó organizar un cerco para ir
capturando a los enemigos que huían, y a
los supervivientes de los barcos
hundidos. Uno de ellos, Ulises Carbó,
hijo del ex propietario del diario
Prensa Libre, de La Habana, estaba a
bordo del Houston cuando fue hundido.
Nadó como muchos otros integrantes de
ese batallón que no pudo desembarcar
gracias a la puntería y arrojo de la
aviación revolucionaria, llegó a la
costa y huyó durante once días hasta que
se entregó a los milicianos.
Entretanto, los miembros del flamante
Congreso, pantalla de la invasión,
habían sido encerrados en una base aérea
desierta en Opa-Locka, Florida.
Hasta allí fue a verlos Arthur M.
Schlesinger por orden de Kennedy. Lo
recibió el oficial de la CIA conocido
como Frank Bender, de origen alemán, y
el relato de Schlesinger es una sabrosa
tragicomedia:
"Nos llevó con ostensible sigilo a un
coche aparcado allí cerca. Viajamos
durante un rato: luego paramos ante un
puesto de hamburguesas donde encontramos
un segundo carro. Empezaba uno a
sentirse como un personaje de una
película de Hitchcock. Entonces
reanudamos nuestro viaje milla tras
milla de estéril paisaje de Florida.
Finalmente llegamos a la base aérea de
Opa-Locka... paramos a unas cuantas
yardas de una casa de madera, rara e
indescriptible, situada en lo más
profundo del campamento. En los terrenos
patrullaban jóvenes G-1 norteamericanos
con los revólveres visibles en las
pistoleras..."
En
la reunión, Varona acusó a la CIA y fue
el que con más vehemencia demandó la
intervención de los aviones y los
infantes de Marina de Estados Unidos.
Era la estampa viva del traidor a lo que
fue su patria.
Schlesinger
los llevó a Washington a entrevistarse
con Kennedy.
"Después de oír a Kennedy se mostraron
mucho más sumisos que por la mañana",
escribió Schlesinger en su libro Los
mil días de Kennedy.
Ya
ese día 19, de todos modos, la batalla
estaba decidida.
El
balance de la invasión fue de unos 89
mercenarios muertos y 1 197 prisioneros.
Las bajas revolucionarias fueron de 157
muertos.
Las armas cubanas asestaron una
aplastante derrota al enemigo en menos
de 72 horas. Los sueños de la CIA se
vinieron al suelo.
El
centro de la CIA en Washington envió un
cable a sus estaciones de todo el mundo
el 19 de abril, instruyéndolas para
tratar la invasión como si hubiese sido
una misión de abastecimiento a los
alzados en las montañas del Escambray.
El
cable trataba de esconder la primera
derrota del imperialismo en América,
diciendo que la operación de
abastecimiento había sido un éxito. Era
sencillamente ridículo.
Uno de los miembros de la brigada
invasora, llamada 2506, José Manuel
Gutiérrez, en su comparecencia en
televisión después de haber sido
capturado, tal vez sin quererlo, mostró
una diferencia fundamental, entre
muchas, de los que venían a asaltar a
Cuba por encargo de una potencia
extranjera y los que la defendían.
"Al otro día por la mañana pasa un jeep
diciendo: Ríndanse, ríndanse y tirando
tiros; y al poco rato un grupo salimos y
nos entregamos, el que iba en el jeep
era Fidel, y yo le decía a uno: —Por eso
nosotros perdimos, porque Fidel está con
ellos, peleando en el frente y los que
estaban con nosotros, los que nos
trajeron ‘embarcados’, se fueron
después..."
Arthur
M. Schlesinger, asesor presidencial del
después misteriosamente asesinado
presidente Kennedy, escribió lo que la
gran prensa norteamericana no tuvo el
valor de decir tajantemente: "La
realidad fue que Fidel Castro resultó
ser un enemigo mucho más formidable, y
estar al mando de un régimen mucho mejor
organizado que lo que nadie había
supuesto. Sus patrullas localizaron la
invasión casi en el primer momento. Sus
aviones reaccionaron con rapidez y
vigor. Su Policía eliminó cualquier
posibilidad de rebelión o sabotaje
detrás de las líneas. Sus soldados
permanecieron leales y combatieron
bravamente". •
(Fragmento revisado del libro Diario
de Girón, Editora Política, 1984)
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