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El
infierno de Jesse Helms
Por Vicky Peláez
Tomado de El Diario/La Prensa
(Versión Digital)
Ese dicho "Dios tarda pero no olvida"
parece cumplirse inexorablemente en la
persona de Jesse Helms. Sí, ese senador
norteamericano que causa tantas lágrimas
a los sufridos hermanos cubanos al haber
creado la aberrante ley Helms-Burton, la
que se ensaña con la isla de José Martí,
endureciendo el embargo que tiene más de
40 años. Helms, uno de los más acérrimos
ultraconservadores norteamericanos,
llamado "el titán de la intolerancia",
está sumido irremediablemente en las
tinieblas de la demencia, y aunque esta
enfermedad puede ocurrirle a cualquiera,
por un deber altamente moral se debiera
investigar desde cuándo y en qué
circunstancias hizo lo que hizo, y si se
hallaba en su sano juicio cuando
dictaminaba leyes e impartía
instrucciones, no solo contra Cuba, sino
contra todo y todos los que en su
opinión no se alineaban con el Gran
Patrón.
El pasado 3 de abril en el periódico
The New York Sun, propiedad de
Richard Pearl, uno de los halcones del
actual gobierno, se hizo un escueto
anuncio sobre el estado de salud del ex
senador Jesse Helms basado en un
artículo publicado el día anterior en el
diario, The New&Observer de
Carolina del Norte. Decía el artículo
que "uno de los más prominentes
guerreros del conservadurismo en Estados
Unidos, ex senador republicano Jesse
Alexander Helms, de 84 años de edad,
está sufriendo de demencia, igual que el
hombre a quien Helms facilitó el camino
a la Casa Blanca, Ronald Reagan". De
acuerdo a los médicos, la demencia
progresa lentamente desde pérdida de la
memoria, deterioro de la capacidad
lingüística e incapacidad de controlar
las funciones básicas de su cuerpo.
Triste es el destino de este hombre que
alcanzó el grado 33 como masón, pero la
tristeza se opaca inmediatamente por la
tragedia que trajo a millones de seres
humanos en todos los rincones del
planeta, incluyendo en su país. Desde el
inicio de su carrera como periodista,
político y banquero, sin terminar la
universidad, se declaró cristiano,
racista y patriota, ignorando que el
cristianismo y racismo son
incompatibles. A la vez, su
"patriotismo" terminó en una cómoda
oficina de reclutamiento para la fuerza
naval durante la Segunda Guerra Mundial
mientras que 200 000 jóvenes
norteamericanos perdían la vida en las
cruentas batallas contra el fascismo.
Posteriormente, Jesse Helms se
convirtió en uno de los líderes de "The
Council for National Policy", una
organización subsidiaria del pro- nazi "German
American National Congress". Todos
sus miembros eran partidarios de la
eugenesia - la creación de una súper
raza blanca. Para Jesse Helms, los
afroamericanos eran "niggers" o "Fred"
inferiores genéticamente en su
coeficiente de inteligencia a los
blancos. En sus editoriales en los
medios de comunicación de Carolina del
Norte apoyó abiertamente la política de
segregación y defendió frecuentemente a
los miembros de Ku Klux Klan.
Los hispanos para él éramos "beans,
siempre de impredecible conducta y
reacciones". Pero su obsesión principal
era con los homosexuales a quienes
llamaba "slants"-desviados. Su paranoia
contra los homosexuales podría
compararse solamente con la del ex
director del Buró Federal de
Investigaciones (FBI), Edgar Hoover que
los persiguió despiadadamente.
Martin Luther King, para el senador
Helms, era un "comunista subversivo que
servía a los intereses de la URSS y
Cuba". Por eso se opuso enérgicamente al
establecimiento del día feriado en su
honor. Su héroe favorito era el líder de
la Iglesia de Unificación, reverendo
Moon -el padrino de la Liga Mundial Anti-Comunista
a quien Jesse Helms dio todo su apoyo
para iniciar una campaña global
anticomunista cultivando a los
dictadores latinoamericanos, africanos y
asiáticos.
En su calidad de senador patrocinó
incondicionalmente el apartheid en
África del Sur y trató de mantener
Rhodesia como bastión de la raza blanca,
oponiéndose a la independencia de
Zimbabue. Ayudó con los fondos a los
contras de Monzambique y Angola.
Felicitó a Pinochet por su golpe de
Estado y selló la amistad con un abrazo
fraterno con el dictador chileno. Por
supuesto, que para Helms, el sanguinario
Jean Claude Duvalier era paladín del
anticomunismo en Haití y era necesario
para el mundo civilizado darle todo el
apoyo. En la percepción de este senador
que llegó a ser el presidente del Comité
de Relaciones Exteriores del Senado,
Luis García Meza en Bolivia cumplía "la
misión de proteger la democracia" sin
importarle que uno de sus principales
asesores era el fugitivo de la justicia,
el nazi Klaus Barbie.
Decía Helms que "el enemigo de mi
enemigo es mi amigo". Así hizo amistad
con Eden Pastora y apoyó con el dinero y
armas a sus contras. No le importaron
los informes de la Inteligencia Militar
(DIA) y las advertencias del secretario
de Estado George Shultz que acusaban a
Pastora y su movimiento ARDE de ser
traficantes de droga con la cual
invadieron a California. Mientras
luchaban contra el socialismo sandinista
se les perdonaba todo. En el Salvador,
se convirtió en el protector del hombre
que creó escuadrones de la muerte con el
dinero y asesoría provenientes de
Washington y quien ordenó asesinar al
monseñor Romero, Roberto D’Aubuisson.
En 1990, la salud de Helms empezó a
declinar. Fue en 1992 en el 31
aniversario del asesinato del presidente
John F. Kennedy cuando amenazó
veladamente de muerte a Bill Clinton,
que provocó numerosos comentarios sobre
su locura. En 1996, a veces ya era
incomprensible su forma de hablar.
Precisamente en aquel año se aprobó la
Ley Helms-Burton contra Cuba,
patrocinada por los ex dueños de las
fábricas de ron Bacardi y la Fundación
Cubana Norteamericana contra Cuba. Esta
ley fue denunciada por la mayoría de los
especialistas como una aberración
jurídica. ¿Quién puede garantizar que el
senador Helms estaba en su pleno juicio
para formular la absurda y aberrante
ley?. Nadie controla la salud de los
congresistas. |