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Los «pies»
de Miami
Por José Luis
Estrada Betancourt
joselestrada@jrebelde.cip.cu
«No
tengo putas ganas de ir a Miami. Son
unos cretinos y unos pedantes... Por
favor, no me expliques cosas que son
evidentes. Ya sé que dependemos de
ellos. Mi compañía tiene muchos negocios
con los americanos y ahora son los que
mandan y ponen las reglas», decía la
Marta de Habana blues,
mientras hablaba por teléfono con
alguien que desde el otro lado de la
línea le recordaba que no debía salirse
del plato.
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Al reconocido merenguero
dominicano Sergio Vargas el exilio
cubano quiere cerrarle las puertas
por lucir una camiseta con la
imagen del Che. |
La
empresaria española de la película había
llegado a Cuba en busca de esos músicos
geniales que aquí se dan como el marabú,
pero que no gozan del favor de la
difusión radial y televisiva. Y claro,
esperaba que estos, por tal de tener el
«privilegio» de ser promocionados en
Europa y Estados Unidos (con cientos de
copias discográficas de respaldo), se
colocaran de espaldas y enjabonados.
Por
eso Marta se sorprendió tanto cuando
Ruy, el protagonista, se negaba a que un
dedo macabro lo penetrara, pues el
precio para llegar a Norteamérica era
argumentar que el gobierno cubano no los
dejaba vivir. «Quieren que seamos
fantoches políticos, nos pagan una
miseria, y encima de eso quieren que
estemos felices. Me como un ladrillo
antes de que su compañía se llene los
bolsillos a costa mía».
Quienes no conozcan cómo funcionan las
cosas en Miami deben pensar que la
historia que contaba Benito Zambrano en
Habana blues era una
gran exageración. Sin embargo, el
director sevillano de películas como
Solas y Padre
coraje, se quedó chiquito al
referirse a las fuertes presiones que
ejerce el exilio cubano sobre los
artistas que huelan a la Cuba
revolucionaria. Lo ocurrido
recientemente con el popular merenguero
Sergio Vargas es un ejemplo que reafirma
lo que digo.
Sucedió que al también diputado por el
Partido de la Liberación Dominicana en
representación de su Villa Altagracia
natal, se le ocurrió aparecerse en una
fiesta luciendo una camiseta con el
retrato del Che Guevara, lo que ha
causado un revuelo en Miami mayor que si
Bush se hubiese presentado a
vanagloriarse de la guerra contra Iraq
en paños menores. Así es de insólito el
odio acérrimo de esa manada que bebe
todos los días la Coca Cola de la
estupidez.
Seguramente usted se preguntará qué
tiene de malo que Vargas haya deseado
llevar la imagen del legendario
Guerrillero Heroico. Pues ese gesto es
suficiente para que el exilio lo tome
como traidor y lo tache de comunista,
clasificación que conlleva a que el
merengue de Sergio dure en Miami menos
que esa delicia en la puerta de una
escuela, como asegura el refrán popular.
Enrique Santos, el locutor
cubanoestadounidense del espacio El
vacilón de la mañana, que se transmite
por la emisora El Sol 95.7, quien inició
la campaña contra Vargas ha explicado
las razones de su conducta: es
importante que reconozcan que Miami es
el único frente contra el gobierno
cubano.
«Simpatizar con el Che es simpatizar con
Fidel Castro. Es triste que muchos no se
percaten, o mejor dicho, no les importe
porque no les afecta directamente», ha
dicho como si estuviera anunciando el
reguetón del momento.
Lo
más bonito del caso es que justamente el
intérprete de éxitos como La
quiero a morir, Este es mi país, Perla
negra, No creo una más y
Ni tú ni yo, ha manifestado que
aunque ha sido invitado a actuar en Cuba
nunca ha accedido, pero lo que no puede
aceptar es que alguien pueda decidir qué
debe o no vestir.
«No
me cabe en la cabeza que me censuren por
una camiseta con la foto del Che. Desde
muy niño he seguido y admirado a ese
personaje. Yo lo veo como una especie de
Robin Hood, que trabajaba a favor de los
pobres, pero sé que él es muchísimo más
que eso. El Che es un símbolo de la
humanidad. Nadie me va a obligar a
disculparme por ser quien soy. A mí no
me quedan suficientes años de vida para
lamentarme si me dejo arrancar mi
dignidad humana».
De
eso se trata, más que de un problema
político, de dignidad humana. Y, por
supuesto, Vargas no ha sido el único a
quien le han cerrado las puertas. Cada
vez son más frecuentes los boicots a
quienes no se dejan doblegar. Los
ejemplos sobran: Johnny Ventura cuando
decidió viajar hasta la Isla para
festejar el Día de la Independencia
Dominicana; el cantante Andy Montañez,
por haber saludado en Puerto Rico a
Silvio Rodríguez.
Pero en esta breve lista no podría
faltar el ultraje y la labor de
«convencimiento» de la mafia anticubana
para que la Academia Latina del Arte y
la Industria Discográfica (LARAS), por
ejemplo, no deje participar a artistas y
agrupaciones criollos en las ceremonias
de premiación de los Grammy Latinos, o
que el cantautor Carlos Varela no
lograra realizar su proyectada gira por
Estados Unidos para presentar su disco
Siete.
Mientras, los dominicanos al saber que
su coterráneo no quiere dejarse poner el
pie, insisten en ofrecer consejos: «A
Sergio Vargas que no eche para atrás, y
le entre con to’ a esos en Miami, que lo
que quieren es ir a Cuba y acabar con
todo allá y ponerla como estamos
nosotros aquí, donde no hay educación,
salud, ni siquiera electricidad».
En
fin, que parece que con Sergio Vargas y
los dominicanos la gusanera va a tener
que irse con su canción a otra parte.
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