|
Historia de una
obsesión estadounidense
Koldo
LO dice John Dimitri Negroponte, un
terrorista estadounidense que en lugar
de ser juzgado como criminal de guerra,
es hoy jefe del espionaje
estadounidense.
Negroponte fue embajador estadounidense
en Honduras de 1981 a 1985, siendo
responsable de la guerra sucia contra el
gobierno sandinista de Nicaragua. Tuvo a
su cargo la formación del campamento El
Aguacate donde fueron asesinadas
alrededor de 200 personas y estuvo
involucrado en el tráfico de cocaína y
armas conocido como "escándalo Irán-Contras".
Ayer declaraba que Fidel está a punto
de morir. Este criminal es el último en
sumarse a una larga lista de
delincuentes que desde hace más de 50
años vienen pronosticando la "imposible"
muerte del líder cubano.
Antes que él, Eisenhower también
aseguró que la muerte de Fidel era
cuestión de tiempo. Y después de "Ike",
John Kennedy también se atrevió a
vislumbrar el fin de Cuba y la muerte de
Fidel a manos del tiempo, del mismo
tiempo que se llevó a los dos.
Después vino Jhonson y volvió a
recurrir al tiempo para explicar el
inminente derrumbe del socialismo en
Cuba y tras llevarse el tiempo a Jhonson,
llegó Nixon con las mismas pretensiones
y los mismos resultados.
Tomó el turno G. Ford que, como sus
predecesores, también confió en que el
tiempo acabaría con Fidel, y tras Ford,
que no tuvo tiempo de ver el fallo de
sus juicios, Carter apeló a la misma
esperanza con el mismo éxito que los
anteriores.
Ronald Reagan, más decidido que nadie a
ayudar al tiempo en su misión de acabar
con Fidel y Cuba vio frustrados sus
intentos y tuvo que darle paso a Bush
(padre) que tampoco pudo hacer que el
tiempo acabara con la vida del líder
cubano.
Tras Bush llegó Clinton e insistió en
sus deseos de que el tiempo acabara con
la vida de Fidel pero, becaria va
becaria viene, pasó Clinton y Fidel y
Cuba siguieron de pie.
Llegó entonces George W. Bush y, como
no podía ser menos, expresó su confianza
en que Fidel sucumbiera ante el paso del
tiempo, pero Bush, que entristecido ha
visto morir a Stroessner y a Pinochet,
tampoco ha sido testigo, no obstante sus
esfuerzos, de que el tiempo se llevara a
Fidel y devolviera a Cuba a su vieja e
irrepetible condición de colonia.
Ahora aparece un criminal de guerra,
John Negroponte, y reitera el pedido que
desde hace 50 años vienen haciendo todos
los presidentes y secretarios de Estado
y funcionarios que han pasado y muerto a
manos del tiempo y de la historia en la
Casa Blanca…y ahí sigue Fidel.
Y lo peor para tantos idiotas agoreros,
y tal parece que no se acaban de dar
cuenta, es que Fidel va a seguir ahí
aunque no siga, pero si lo entendieran,
entonces no serían idiotas y la historia
y el tiempo no serían los mismos.
Selección en Internet: Dulce Cristina
Coto Pérez |