Prisioneros Políticos del Imperio| MIAMI 5      


     

D E  L A  P R E N S A  E X T R A N J E R A

La Habana, 28 de Diciembre de 2006

Historia de una obsesión estadounidense

Koldo

 LO dice John Dimitri Negroponte, un terrorista estadounidense que en lugar de ser juzgado como criminal de guerra, es hoy jefe del espionaje estadounidense.

 Negroponte fue embajador estadounidense en Honduras de 1981 a 1985, siendo responsable de la guerra sucia contra el gobierno sandinista de Nicaragua. Tuvo a su cargo la formación del campamento El Aguacate donde fueron asesinadas alrededor de 200 personas y estuvo involucrado en el tráfico de cocaína y armas conocido como "escándalo Irán-Contras".

 Ayer declaraba que Fidel está a punto de morir. Este criminal es el último en sumarse a una larga lista de delincuentes que desde hace más de 50 años vienen pronosticando la "imposible" muerte del líder cubano.

 Antes que él, Eisenhower también aseguró que la muerte de Fidel era cuestión de tiempo. Y después de "Ike", John Kennedy también se atrevió a vislumbrar el fin de Cuba y la muerte de Fidel a manos del tiempo, del mismo tiempo que se llevó a los dos.

 Después vino Jhonson y volvió a recurrir al tiempo para explicar el inminente derrumbe del socialismo en Cuba y tras llevarse el tiempo a Jhonson, llegó Nixon con las mismas pretensiones y los mismos resultados.

 Tomó el turno G. Ford que, como sus predecesores, también confió en que el tiempo acabaría con Fidel, y tras Ford, que no tuvo tiempo de ver el fallo de sus juicios, Carter apeló a la misma esperanza con el mismo éxito que los anteriores.

 Ronald Reagan, más decidido que nadie a ayudar al tiempo en su misión de acabar con Fidel y Cuba vio frustrados sus intentos y tuvo que darle paso a Bush (padre) que tampoco pudo hacer que el tiempo acabara con la vida del líder cubano.

 Tras Bush llegó Clinton e insistió en sus deseos de que el tiempo acabara con la vida de Fidel pero, becaria va becaria viene, pasó Clinton y Fidel y Cuba siguieron de pie.

 Llegó entonces George W. Bush y, como no podía ser menos, expresó su confianza en que Fidel sucumbiera ante el paso del tiempo, pero Bush, que entristecido ha visto morir a Stroessner y a Pinochet, tampoco ha sido testigo, no obstante sus esfuerzos, de que el tiempo se llevara a Fidel y devolviera a Cuba a su vieja e irrepetible condición de colonia.

 Ahora aparece un criminal de guerra, John Negroponte, y reitera el pedido que desde hace 50 años vienen haciendo todos los presidentes y secretarios de Estado y funcionarios que han pasado y muerto a manos del tiempo y de la historia en la Casa Blanca…y ahí sigue Fidel.

 Y lo peor para tantos idiotas agoreros, y tal parece que no se acaban de dar cuenta, es que Fidel va a seguir ahí aunque no siga, pero si lo entendieran, entonces no serían idiotas y la historia y el tiempo no serían los mismos.

Selección en Internet: Dulce Cristina Coto Pérez

 

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