|
DERECHOS HUMANOS CONTRA
LA POBREZA
Obligación, no caridad
POR
HAYDÉE LEÓN MOYA —de Granma
Internacional—
En este minuto, una de cada siete
personas del orbe sufre hambre. Es que
la pobreza constituye uno de los
problemas más graves de derechos humanos
de la época actual. Justamente a la
lucha contra ese flagelo fue dedicado
este año el 10 de diciembre, instituido
en 1950 por la Asamblea General de las
Naciones Unidas como Día Mundial de los
Derechos Humanos, en ocasión de haberse
proclamado en esa misma fecha, pero dos
años antes, la Declaración Universal de
los Derechos Humanos.
Es cierto que dicha promulgación
significó un hito importante en aquel
momento ya que refrendó una perspectiva
de los derechos humanos que pretendía
lograr la dignidad y la igualdad de
derechos para todas las personas, pero
al no abordar los entornos reales para
su realización y disfrute y no reconocer
que el desarrollo es un derecho humano,
la Declaración Universal no logró
responder a los reclamos y necesidades
de la inmensa mayoría de los países del
Sur, sometidos entonces al dominio
colonial.
La Conferencia Mundial de Viena,
celebrada 45 años después, intentó
solucionar tales omisiones al reconocer
la necesidad de acceder al progreso como
un derecho universal, así como la
importancia de las particularidades
nacionales y regionales. Se realizó en
la ocasión un llamado a fortalecer la
cooperación entre las naciones y a que
los gobiernos no adoptaran medidas que
obstaculizaran los derechos enunciados
en la Declaración Universal, en
particular el derecho de toda persona a
un nivel de vida adecuado teniendo en
cuenta lo que en realidad es la pobreza.
En un amplio artículo sobre el tema,
Louise Albour, Alta Comisionada de las
Naciones Unidas para los Derechos
Humanos, enfoca la pobreza como un
problema que equivale no solo a ingresos
y bienes materiales insuficientes, sino
también a la falta de recursos,
oportunidades y seguridad que socavan la
dignidad y exacerban la vulnerabilidad
de los pobres. También tiene que ver con
el poder: quién lo ejerce y quién no, en
la vida pública y en la familia.
Para comprender y tratar de resolver más
eficazmente las modalidades arraigadas
de discriminación, asegura, desigualdad
y exclusión que condenan a los
individuos, las comunidades y los
pueblos a generaciones de pobreza, es
indispensable llegar al centro mismo de
las complejas redes de las relaciones de
poder en las esferas política, económica
y social.
Un enfoque amplio de los derechos
humanos no solo ha de abordar los
conceptos erróneos y los mitos que
rodean a los pobres; también, y más
importante aún, ha de ayudar a encontrar
formas sostenibles y equitativas de
salir de la pobreza. Al reconocer las
obligaciones explícitas de los Estados
de proteger a sus poblaciones contra
ella y la exclusión, ese enfoque hace
hincapié en la responsabilidad del
gobierno respecto de la creación de un
medio ambiente que fomente el bienestar
público.
Existen sólidos fundamentos jurídicos
para dicho enfoque. Todos los Estados
del mundo han ratificado por lo menos
uno de los siete tratados
internacionales básicos de derechos
humanos, y el 80 por ciento ha
ratificado cuatro o más. Asimismo, la
comunidad mundial ha suscrito los
Objetivos de Desarrollo del Milenio, en
que se establecieron metas concretas
para los esfuerzos internacionales
conjuntos con objeto de hacer frente a
la pobreza y la marginación. Sean cuales
fueren las limitaciones de recursos, los
Estados pueden adoptar medidas
inmediatas. Por ejemplo, si se pone fin
a la discriminación, en muchos casos se
eliminarán los obstáculos que se oponen
a la participación en el mercado de
trabajo.
Por el contrario, la indiferencia y los
cálculos restringidos respecto de los
intereses nacionales obstaculizan los
derechos humanos y el desarrollo tanto
como la discriminación.
DOBLE MORAL
La
mayoría de los países ricos continúan
subordinando la verdadera cooperación en
materia de derechos humanos a sus
intereses de influencia geopolítica o de
dominación imperial. No tienen un patrón
consistente de comportamiento
internacional en esta materia pues la
doble moral caracteriza su conducta.
Los
verdaderos derechos humanos poco
interesan al gobierno estadounidense,
por ejemplo. Reacuérdense los sucesos en
Nueva Orleáns, cuando los afroamericanos
y las personas de bajos ingresos fueron
abandonadas a su suerte durante el paso
del huracán Katrina.
No es
un secreto que Estados Unidos y sus
principales aliados utilizaron la
desacreditada Comisión de Derechos
Humanos(CDH) para promover acciones
condenatorias contra países que se
resisten al sometimiento, mientras reina
la impunidad y el silencio
escandalosamente cómplice ante graves
violaciones de los derechos humanos como
en Abu Ghraib, que no fue la aberrada
actuación de un grupo de militares, sino
una práctica extendida que indica la
aplicación de la violencia como una
estrategia de gobierno. O las
transgresiones que tienen lugar en la
prisión de la base naval en el
territorio que ocupan ilegalmente en
Guantánamo.
Al
crear el
Consejo de Derechos Humanos, se puso fin
al profundo descrédito en que fue
hundida la Comisión, pero carecerá de
todo valor si este nuevo órgano no
enfrenta las causas profundas que
motivaron la crisis de credibilidad y
confianza en que se hundió la CDH.
NOTA DIFERENTE EN EL CONCIERTO HIPÓCRITA
Batallar permanentemente por la plena
realización de todos los derechos
humanos de sus hombres, mujeres y niños,
sin excepción, ha sido la historia del
pueblo cubano, de ahí que exhiba logros
extraordinarios en la salud, la
educación, la cultura, el deporte, la
integración social y racial, la
asistencia y protección social, la
igualdad de géneros, la justicia, la
equidad y la participación política.
Como parte de los esfuerzos por hacer
efectivo el derecho a la solidaridad
internacional, Cuba ha llevado a cabo
diversos programas y proyectos que
constituyen un ejercicio ejemplar de
fomento universal de los más elementales
derechos humanos.
Actualmente, 31 000 colaboradores de la
salud cubanos prestan servicios en 69
países. De ellos, 20 000 son médicos.
También ofrece su ayuda en caso de
catástrofes a otros pueblos que la
requirieran, sin importar diferencias
ideológicas y políticas, distancias o
dificultades a enfrentar.
El Contingente Internacional de Médicos
Especializados en Catástrofes y
Situaciones de Emergencia Henry Reev,con
10 000 integrantes entrenados, es un
ejemplo. Fue fundado precisamente en
medio del azote sobre 2 millones de
pobres y negros del Sur de Estados
Unidos por el efecto combinado del
huracán Katrina y la irresponsabilidad e
insensibilidad del gobierno de George W.
Bush.
Y si de humanismo se trata, ahí esta
también para demostrarlo la Operación
Milagro, mediante la cual hasta el
momento han sido operados 408 055
pacientes de 28 países, como parte de un
proyecto que se propone preservar y
devolver la vista a 6 millones de
latinoamericanos y caribeños.
Cuba
demuestra que se puede y que no será
posible poner en práctica estrategias de
desarrollo que garanticen una vida digna
a quienes sufren la pobreza en el mundo,
mientras reine en la lucha por los
derechos humanos, la hipocresía, la
doble moral y la indiferencia. |