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I N T E R N A C I O N A L

La Habana, 13 de Diciembre de 2006

DERECHOS HUMANOS CONTRA LA POBREZA
Obligación, no caridad


POR HAYDÉE LEÓN MOYA —de Granma Internacional

En este minuto, una de cada siete personas del orbe sufre hambre. Es que la pobreza constituye uno de los problemas más graves de derechos humanos de la época actual. Justamente a la lucha contra ese flagelo fue dedicado este año el 10 de diciembre, instituido en 1950  por la Asamblea General de las Naciones Unidas como Día Mundial de los Derechos Humanos, en ocasión  de haberse proclamado en esa misma fecha, pero dos años antes, la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Es cierto que dicha promulgación significó un hito importante en aquel momento ya que refrendó una perspectiva de los derechos humanos que pretendía lograr la dignidad y la igualdad de derechos para todas las personas, pero al no abordar los entornos reales para su realización y disfrute y no reconocer que el desarrollo es un derecho humano, la Declaración Universal no logró responder a los reclamos y necesidades de la inmensa mayoría de los países del Sur, sometidos entonces al dominio colonial.

La Conferencia Mundial de Viena, celebrada 45 años después, intentó solucionar tales omisiones al reconocer la necesidad de acceder al progreso como un derecho universal, así como la importancia de las particularidades nacionales y regionales. Se realizó en la ocasión un llamado a fortalecer la cooperación entre las naciones y a que los gobiernos no adoptaran medidas que obstaculizaran los derechos enunciados en la Declaración Universal, en particular el derecho de toda persona a un nivel de vida adecuado teniendo en cuenta lo que en realidad es la pobreza.

En un amplio artículo sobre el tema, Louise Albour, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, enfoca la pobreza como un problema que equivale no solo a ingresos y bienes materiales insuficientes, sino también a la falta de recursos, oportunidades y seguridad que socavan la dignidad y exacerban la vulnerabilidad de los pobres. También tiene que ver con el poder: quién lo ejerce y quién no, en la vida pública y en la familia.

Para comprender y tratar de resolver más eficazmente las modalidades arraigadas de discriminación, asegura, desigualdad y exclusión que condenan a los individuos, las comunidades y los pueblos a generaciones de pobreza, es indispensable llegar al centro mismo de las complejas redes de las relaciones de poder en las esferas política, económica y social.

Un enfoque amplio de los derechos humanos no solo ha de abordar los conceptos erróneos y los mitos que rodean a los pobres; también, y más importante aún, ha de ayudar a encontrar formas sostenibles y equitativas de salir de la pobreza. Al reconocer las obligaciones explícitas de los Estados de proteger a sus poblaciones contra ella y la exclusión, ese enfoque hace hincapié en la responsabilidad del gobierno respecto de la creación de un medio ambiente que fomente el bienestar público.

Existen sólidos fundamentos jurídicos para dicho enfoque. Todos los Estados del mundo han ratificado por lo menos uno de los siete tratados internacionales básicos de derechos humanos, y el 80 por ciento ha ratificado cuatro o más. Asimismo, la comunidad mundial ha suscrito los Objetivos de Desarrollo del Milenio, en que se establecieron metas concretas para los esfuerzos internacionales conjuntos con objeto de hacer frente a la pobreza y la marginación. Sean cuales fueren las limitaciones de recursos, los Estados pueden adoptar medidas inmediatas. Por ejemplo, si se pone fin a la discriminación, en muchos casos se eliminarán los obstáculos que se oponen a la participación en el mercado de trabajo.

Por el contrario, la indiferencia y los cálculos restringidos respecto de los intereses nacionales obstaculizan los derechos humanos y el desarrollo tanto como la discriminación.

DOBLE MORAL

La mayoría de los países ricos continúan subordinando la verdadera cooperación en materia de derechos humanos a sus intereses de influencia geopolítica o de dominación imperial. No tienen un patrón consistente de comportamiento internacional en esta materia pues la doble moral caracteriza su conducta.

Los verdaderos derechos humanos poco interesan al gobierno estadounidense, por ejemplo. Reacuérdense los sucesos en Nueva Orleáns, cuando los afroamericanos y las personas de bajos ingresos fueron abandonadas a su suerte durante el paso del huracán Katrina.

No es un secreto que Estados Unidos y sus principales aliados utilizaron la desacreditada Comisión de Derechos Humanos(CDH) para promover acciones condenatorias contra países que se resisten al sometimiento, mientras reina la impunidad y el silencio escandalosamente cómplice ante graves violaciones de los derechos humanos como en Abu Ghraib, que no fue la aberrada actuación de un grupo de militares, sino una práctica extendida que indica la aplicación de la violencia como una estrategia de gobierno. O las transgresiones que tienen lugar en la prisión de la base naval en el territorio que ocupan ilegalmente en Guantánamo.

Al crear el Consejo de Derechos Humanos, se puso fin al profundo descrédito en que fue hundida la Comisión, pero carecerá de todo valor si este nuevo órgano no enfrenta las causas profundas que motivaron la crisis de credibilidad y confianza en que se hundió la CDH.

NOTA DIFERENTE EN EL CONCIERTO HIPÓCRITA

Batallar permanentemente por la plena realización de todos los derechos humanos de sus hombres, mujeres y niños, sin excepción, ha sido la historia del pueblo cubano, de ahí que exhiba logros extraordinarios en la salud, la educación, la cultura, el deporte, la integración social y racial, la asistencia y protección social, la igualdad de géneros, la justicia, la equidad y la participación política.

Como parte de los esfuerzos por hacer efectivo el derecho a la solidaridad internacional, Cuba ha llevado a cabo diversos programas y proyectos que constituyen un ejercicio ejemplar de fomento universal de los más elementales derechos humanos. Actualmente, 31 000 colaboradores de la salud cubanos prestan servicios en 69 países. De ellos, 20 000 son médicos. También ofrece su ayuda en caso de catástrofes a otros pueblos que la requirieran, sin importar diferencias ideológicas y políticas, distancias o dificultades a enfrentar.

El Contingente Internacional de Médicos Especializados en  Catástrofes y Situaciones de Emergencia Henry Reev,con 10 000 integrantes entrenados, es un ejemplo. Fue fundado precisamente en medio del azote sobre 2 millones de pobres y negros del Sur de Estados Unidos por el efecto combinado del huracán Katrina y la irresponsabilidad e insensibilidad del gobierno de George W. Bush.

Y si de humanismo se trata, ahí esta también para demostrarlo la Operación Milagro, mediante la cual hasta el momento han sido operados 408 055 pacientes de 28 países, como parte de un proyecto que se propone preservar y devolver la vista a 6 millones de latinoamericanos y caribeños.

Cuba demuestra que se puede y que no será posible poner en práctica estrategias de desarrollo que garanticen una vida digna a quienes sufren la pobreza en el mundo, mientras reine en la lucha por los derechos humanos, la hipocresía, la doble moral y la indiferencia.

 

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