Prisioneros Políticos del Imperio| MIAMI 5      


     

I N T E R N A C I O N A L

La Habana, 22 de Diciembre de 2006

Informe Baker sobre Iraq: Críticas sin éticas

POR ELSA CLARO —de Granma Internacional—

A poco de divulgarse el resultado de la tan esperada, y al parecer infructuosa, Comisión Baker-Hamilton, The New York Times publica un editorial donde advierte: "No nos confundamos. El informe es una contundente acusación del fracaso de Bush en Iraq y en Washington. Pero sus recomendaciones son lo suficientemente vagas como para impedir al Presidente darle carácter de esa nueva estrategia de la cual sus ayudantes hablan”.

 La lectura del texto confirma las aseveraciones del diario norteamericano. En las 79 recomendaciones que contiene, ninguna alude a que Estados Unidos pasó sobre la ONU y violó disposiciones internacionales a las cuales está adscrito. No consta tampoco que invadir Iraq fue un atentado a la soberanía de un país que no les agredió antes.

 Es imposible apoyarse en el expediente de las armas de exterminio masivo, porque es más que obvio que nunca existieron. Si no tienen asideros que justifiquen la guerra, menos hay para disculpar la ocupación y cuanto ha venido ocurriendo en estos 3 años y medio, pero no constan este tipo de consideraciones en el texto.  Ese es su primera deficiencia de peso.

 Y es que pese a que el Informe Baker es crítico con la Administración, no hay razonamientos de principio ni de ética alguna que lo fundamenten, por lo cual es de imaginar que si estuvieran ganando, con o sin mayoría demócrata en el Congreso, los desganados reproches de este grupo bipartidista no existirían. El problema se reduce a intentar salir del chiquero sin parecer muy revolcados.

 Aún así, el presidente iraquí Jalal Talabani dijo estar muy disgustado con la “muy peligrosas” recomendaciones que minarían la soberanía de Iraq. ¿Por qué le parece que se pisotea la integridad nacional con estas fláccidas disposiciones y no cuando asesinan ciudadanos o se les tortura? Ah, pues sucede que una encomienda plantea que se rehabilite a funcionarios y militares del partido Baas, es decir, el de Sadam Hussein. ¿Objetivo? Que retornen a sus posiciones anteriores y con su experiencia introduzcan algo de orden y concierto en el país.

 Es posible que Talabani lo ignore o prefiera hacerse el ciego-sordo ante fortuitos cantares, pero la cláusula que toca ese propósito es muy probable esté fundamentada en los encuentros semiclandestinos y ¿semioficiales? que han tenido enviados estadounidenses con sunnitas que se supone forman parte de la resistencia, para examinar con ellos un posible cese al fuego, algo que implica, al mismo tiempo, sustituir el Gobierno iraquí en funciones y darle vida a uno provisional con presencia de las antiguas fuerzas que predominaron en Iraq con el depuesto y condenado mandatario.

 El hipotético acuerdo al que se llegare, no tiene como meta la salida  de las tropas norteamericanas, sino su concertación contra el que llaman el “clérigo radical”, Moktada al-Sadr,  líder chiíta que les tuvo en jaque en la región de igual nombre, y ha exigido la retirada de los invasores.

 Nada es de un solo color y menos lo concerniente a una guerra y en sitio dividido por fuerzas dispares. Mokdata al-Sadr forma parte de la coalición del Gobierno encabezado por el primer ministro Al Maliki, pues aunque se ha enfrentado a las tropas ocupantes, parece que considera oportuno tener presencia en el aparato de decisiones, aunque sean mínimas las que puedan tomarse por ahora. Si sus motivos no son por entero transparentes, los de la parte norteamericana, en lo que respecta a las estratagemas “diplomáticas” emprendidas, no dejan lugar a duda.

 Reintegrar a los baasistas tendría su costo-beneficio correspondiente. En primer término pretenden parar el flujo mortal del centenar de muertes por mes que están teniendo como promedio. En segundo, hacerse de funcionarios entrenados por el anterior régimen, conocedores del medio y los mecanismos ante los cuales reacciona la mayoría, les daría otro gran alivio. Hasta  pudieran salir de Iraq con cierta apariencia de invictos.

 Por ese camino han llegado, se afirma por informadores y algunos analistas, a proponerles una devolución parcial del poder, a cambio, además, de que les permitan dejar  varias bases militares en el territorio. Y como los negocios van también delante, o junto con las estimaciones geoestratégicas, ese supuesto nuevo régimen iraquí debe darles garantía de que van a estimular la participación de empresas privadas estadounidenses en la futura reconstrucción. Washington se reserva algunos financiamientos que favorezcan tales transacciones.

 En los papeles y en la imaginación de unos cuantos todo parece simple, llano, expedito. Es cosa de ver, pues  si damos por fieles los trascendidos, los propios sunníes, que serían coprotagonistas de esa supuesta  historia, no aceptaron las recomendaciones de la Comisión Baker. Los chiíes tampoco. Menos aún los kurdos, quienes, entre diferentes motivos, han encontrado en su colaboración con Washington, la posibilidad de quedarse con un territorio que sería la base de un Estado propio. De momento, hicieron fuertes objeciones con respecto a la recomendación de aumentar las fuerzas invasoras que se ocupan del entrenamiento de la tropa nativa.

OTRA PARTE DEL ASUNTO

 Entrevistado por el semanario alemán Der Spiegel,  el premier judío Ejud Olmert dijo que “las tesis y la política de Israel no han cambiado” y no espera cambios en el enfoque y trato de la Casa Blanca hacia su gobierno, como consecuencia del informe rendido por Baker.

 Sucede que el grupo presidido por el ex secretario de Estado y el congresista Hamilton, sugiere que se efectúe una conferencia internacional para Oriente Medio, teniendo en su centro el conflicto israelí-palestino, y  negociaciones directas con Siria e incluso un diálogo con Irán. La Comisión, en realidad, reconoce que de la buena solución del conflicto árabe-israelí, depende mucho de cuanto acontezca en la emponzoñada zona.

 Y tienen razón, incluso cuando instan a no excluir a dos países del área influyentes en varios sentidos y parte activa de los dilemas o de los remedios que se necesitan. Descartar a estos posibles interlocutores es poco realista y una parcialidad torpe.

 “La recomendación del informe de que se realice una conferencia internacional al estilo de la conferencia de paz de Madrid no solamente es una oportuna señal del vínculo entre el conflicto árabe-israelí y los demás problemas de la región, es también un recordatorio que se debió haber hecho hace mucho tiempo de que las negociaciones bilaterales entre las partes no pueden resultar en un acuerdo. Haber llegado a esa conclusión fue lo que motivó la iniciativa de paz del 2002 por parte de los árabes, que estableció las condiciones para un acuerdo global árabe-israelí”. El criterio pertenece a Shlomo Ben-Ami, ex primer ministro de Israel, quien participó de las negociaciones que cita, no por fracasadas irrisorias.  No puede considerarse el suyo un criterio “subversivo”, pero  sí medianamente atinado.

 Las autoridades israelíes no tienen similar visión o no les interesa, por “principio”, buscar entendimientos sólidos con los árabes ni solucionar el despojo al que someten a los palestinos. Andan bravuconeando en la certeza de que no habrá cambios en la política que les tiene como principal aliado de EE. UU. en la región.

 Pero hay muchos runrunes en medios oficiales y públicos norteamericanos sobre algunos de los asuntos aquí esbozados y hasta de otras variantes posibles destinadas a airear, quizás de manera definitiva, el asunto iraquí.

 Pese a que cualquiera se percata de que la situación es difícil, George W. Bush sólo vio en el Informe Baker aquello que corrobora —según dijo— su sesgado y  erróneo enfoque sobre una guerra que quiera o no, tiene perdida. Claro que no será maquillando la realidad que esta se transforme. Puede que se entere pronto.

 

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