Prisioneros Políticos del Imperio| MIAMI 5      


     

D E  L A  P R E N S A  E X T R A N J E R A

La Habana, 22 de Diciembre de 2006

¿Periodistas o mercenarios?

Tadeo Sevilla
INSURGENTE (Versión Digital) 7 de diciembre de 2006 ESPAÑA

 EN días recientes, el libelo cibernético Cubanet, que se genera desde la ciudad de Miami con fondos del gobierno de los Estados Unidos a través de la agencia USAID destinado a "difundir" los "trabajos" que producen los "periodistas independientes" dentro de Cuba, publicó un artículo firmado por el señor Jorge Olivera Castillo titulado "In-Cultura para todos" donde desbarra de una manera engañosa sobre los sistemas de educación dentro de la Isla, utilizando toda una verborrea rebuscada que le permita complacer los oídos de los que pagan sus servicios "periodísticos" o quizás como manera de preparar el terreno para cuando logre llegar a las tierras de "libertad" -y consumo- sin saber que ya está precondenado a ser un número más en la memoria de esta guerra sucia contra Cuba desplegada desde Miami, donde las ganancias del "negocio", hace años tienen nombres y apellidos.

El señor Jorge Olivera Castillo forma parte de ese "ejército" de asalariados del Imperio que se autotitulan periodistas, porque la inmensa mayoría de estos "periodistas independientes" jamás han entrado a un aula en una Facultad de Periodismo, ni estuvieron vinculados a ningún órgano de prensa, a pesar que la organización Reporteros Sin Fronteras desde su cubil en Paris y sin ningún escrúpulo, los incluye en sus listas de "periodistas encarcelados" además de ser utilizados como estandartes por lo que nutren sus bolsillos a costa de sus servicios.

Olivera Castillo, un ex editor de video tape en la televisión cubana devenido periodista -por esos logros y milagros de los dólares americanos- pone en dudas en su mala imitación de artículo, la valía del sistema educacional cubano, que por demás, fue en el sistema en que él mismo se formó y que ahora, como un perfecto mal nacido decide criticar de una manera virulenta y engañosa.

Critica y supone como vergonzoso que la Revolución Cubana haya masificado la educación, permitiendo que todo el pueblo tuviera acceso a ella y supone además como un discurso grandilocuente y propagandístico que se pretenda la alfabetización de todos los seres humanos del planeta. Se burla descaradamente de los innegables logros en el terreno de las ciencias y la cultura y propone una desmitificación de este argumento que es palpable y evidente ante los ojos del mundo.

Habría que preguntarle al señor Olivera Castillo, negro e hijo pobre de un viejo líder comunista, si soñó en algún otro lugar que no fuera Cuba revolucionaria, estudiar alguna vez en un Instituto Superior de Radio y Televisión mientras cobraba su salario como empleado de una institución cultural sin necesidad de costear económicamente su carrera. Pero no. Prefiere atacar miserablemente al sistema que lo educó, que lo formó y que ahora traiciona sin vacilaciones.

El señor Olivera desconoce, o se propone olvidar a fuerza de dolarazos, aquella tropa de adolescentes, mochila al hombro y con un farol en la mano, intrincándose en las serranías para llevar la luz de la enseñanza en la década de los años sesenta y hacer realidad una campaña de Alfabetización que acabó con la ignorancia de decenas de miles de seres humanos que jamás pudieron mandar a sus hijos a las escuelas. Olvida o pretende obviar cómo se crearon cientos de escuelas para adiestrar obreros calificados, cómo se multiplicaron las universidades a lo largo y ancho de la isla, cómo se convirtieron los cuarteles militares en escuelas para los hijos de los obreros.

Jorge Olivera no reconoce que los miles de médicos cubanos que hoy prestan sus servicios en decenas de países del Tercer Mundo, fueron formados en universidades cubanas al amparo de la Revolución. Desconoce los logros de una generación de científicos que investiga y estudia a la par de muchos países del Primer Mundo y se olvida que cientos de miles de estudiantes de muchos países pobres, se han formado profesionalmente en escuelas y universidades cubanas.

Jamás mencionaría en su mercenarístico artículo las estrechas relaciones que se han logrado entre instituciones de nivel superior en el mundo de las ciencias en Cuba, con centros académicos de las prestigiosas universidades norteamericanas de Cornell, Harvard, Princeton y Yale. Tampoco habla de la iniciativa "Programa Cuba", donde se han auspiciado colaboraciones entre instituciones cubanas y las escuelas de Medicina y de Salud Pública de Harvard, además de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy y hasta la Escuela de Postrado en Diseño.

Ni siquiera menciona a muchos que abandonaron la isla y hoy brillan en el mundo de las artes a nivel internacional y que hicieron su formación íntegra en planteles del sistema revolucionario de educación. No recuerda que Tomás Sánchez, Arturo Cuenca, José Bedia, Jesse Ríos y Aldo Menéndez, están colgando sus cuadros en importantes museos del mundo, después de haberse formados como artistas plásticos en las escuelas abiertas por la Revolución, o que los escritores Raúl Rivero, Zoe Valdés, Daina Chaviano o Maria Elena Cruz Varela alcanzaron sus títulos en universidades sufragadas por la Revolución.

No tiene en cuenta que los actores César Evora, Alexis Valdés o Gilberto Reyes brillan como estrellas de televisión y cine en México, España o los Estados Unidos después de formarse como artistas en la Cuba revolucionaria o que músicos mundialmente reconocidos como Arturo Sandoval, Paquito D’Rivera, Alina Sánchez y Marlene Urbay, crecieron profesionalmente durante la Revolución antes de decidir abandonar su tierra natal.

Nada de esto toma en cuenta el señor Jorge Olivera Castillo, o quizás los que se ocupan de enviarle su cheque desde las tierras del Norte le sugieren que se olvide. Solo trata de desmoralizar un sistema educacional de altos quilates poniendo como "malos ejemplos" a un supuesto ingeniero eléctrico que no sabía quien era Thomas Alva Edison o una profesora de preuniversitario que tenía problemas de ortografía, según "argumenta" este chupatintas que se hace llamar "periodista independiente".

Uno de los orgullos de Cuba, a pesar de la pobreza y las carencias, es la alternativa de poder educar a su población sin distinciones. Un sistema que forma desde temprana edad en la vinculación de la escuela-trabajo y que se encamina a educar generaciones donde pueda apoyarse el futuro de una Patria renovada.

Pero Jorge Olivera Castillo no tiene tiempo de darse cuenta de ese detalle evidente y visible de la realidad cubana. El solo espera impaciente, poder largarse de su tierra natal con la esperanza de que alguna vez, alguien le recuerde en una calle de Miami o en la oscuridad de una fábrica de conservas, que el "fue" un "periodista independiente" de los que ya nadie habla.

 

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