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¿Periodistas o
mercenarios?
Tadeo Sevilla
INSURGENTE (Versión Digital) 7 de
diciembre de 2006 ESPAÑA
EN días recientes, el libelo
cibernético Cubanet, que se genera desde
la ciudad de Miami con fondos del
gobierno de los Estados Unidos a través
de la agencia USAID destinado a
"difundir" los "trabajos" que producen
los "periodistas independientes" dentro
de Cuba, publicó un artículo firmado por
el señor Jorge Olivera Castillo titulado
"In-Cultura para todos" donde desbarra
de una manera engañosa sobre los
sistemas de educación dentro de la Isla,
utilizando toda una verborrea rebuscada
que le permita complacer los oídos de
los que pagan sus servicios
"periodísticos" o quizás como manera de
preparar el terreno para cuando logre
llegar a las tierras de "libertad" -y
consumo- sin saber que ya está
precondenado a ser un número más en la
memoria de esta guerra sucia contra Cuba
desplegada desde Miami, donde las
ganancias del "negocio", hace años
tienen nombres y apellidos.
El señor Jorge Olivera Castillo forma
parte de ese "ejército" de asalariados
del Imperio que se autotitulan
periodistas, porque la inmensa mayoría
de estos "periodistas independientes"
jamás han entrado a un aula en una
Facultad de Periodismo, ni estuvieron
vinculados a ningún órgano de prensa, a
pesar que la organización Reporteros Sin
Fronteras desde su cubil en Paris y sin
ningún escrúpulo, los incluye en sus
listas de "periodistas encarcelados"
además de ser utilizados como
estandartes por lo que nutren sus
bolsillos a costa de sus servicios.
Olivera Castillo, un ex editor de video
tape en la televisión cubana devenido
periodista -por esos logros y milagros
de los dólares americanos- pone en dudas
en su mala imitación de artículo, la
valía del sistema educacional cubano,
que por demás, fue en el sistema en que
él mismo se formó y que ahora, como un
perfecto mal nacido decide criticar de
una manera virulenta y engañosa.
Critica y supone como vergonzoso que la
Revolución Cubana haya masificado la
educación, permitiendo que todo el
pueblo tuviera acceso a ella y supone
además como un discurso grandilocuente y
propagandístico que se pretenda la
alfabetización de todos los seres
humanos del planeta. Se burla
descaradamente de los innegables logros
en el terreno de las ciencias y la
cultura y propone una desmitificación de
este argumento que es palpable y
evidente ante los ojos del mundo.
Habría que preguntarle al señor Olivera
Castillo, negro e hijo pobre de un viejo
líder comunista, si soñó en algún otro
lugar que no fuera Cuba revolucionaria,
estudiar alguna vez en un Instituto
Superior de Radio y Televisión mientras
cobraba su salario como empleado de una
institución cultural sin necesidad de
costear económicamente su carrera. Pero
no. Prefiere atacar miserablemente al
sistema que lo educó, que lo formó y que
ahora traiciona sin vacilaciones.
El señor Olivera desconoce, o se propone
olvidar a fuerza de dolarazos, aquella
tropa de adolescentes, mochila al hombro
y con un farol en la mano, intrincándose
en las serranías para llevar la luz de
la enseñanza en la década de los años
sesenta y hacer realidad una campaña de
Alfabetización que acabó con la
ignorancia de decenas de miles de seres
humanos que jamás pudieron mandar a sus
hijos a las escuelas. Olvida o pretende
obviar cómo se crearon cientos de
escuelas para adiestrar obreros
calificados, cómo se multiplicaron las
universidades a lo largo y ancho de la
isla, cómo se convirtieron los cuarteles
militares en escuelas para los hijos de
los obreros.
Jorge Olivera no reconoce que los miles
de médicos cubanos que hoy prestan sus
servicios en decenas de países del
Tercer Mundo, fueron formados en
universidades cubanas al amparo de la
Revolución. Desconoce los logros de una
generación de científicos que investiga
y estudia a la par de muchos países del
Primer Mundo y se olvida que cientos de
miles de estudiantes de muchos países
pobres, se han formado profesionalmente
en escuelas y universidades cubanas.
Jamás mencionaría en su mercenarístico
artículo las estrechas relaciones que se
han logrado entre instituciones de nivel
superior en el mundo de las ciencias en
Cuba, con centros académicos de las
prestigiosas universidades
norteamericanas de Cornell, Harvard,
Princeton y Yale. Tampoco habla de la
iniciativa "Programa Cuba", donde se han
auspiciado colaboraciones entre
instituciones cubanas y las escuelas de
Medicina y de Salud Pública de Harvard,
además de la Escuela de Gobierno John F.
Kennedy y hasta la Escuela de Postrado
en Diseño.
Ni siquiera menciona a muchos que
abandonaron la isla y hoy brillan en el
mundo de las artes a nivel internacional
y que hicieron su formación íntegra en
planteles del sistema revolucionario de
educación. No recuerda que Tomás
Sánchez, Arturo Cuenca, José Bedia,
Jesse Ríos y Aldo Menéndez, están
colgando sus cuadros en importantes
museos del mundo, después de haberse
formados como artistas plásticos en las
escuelas abiertas por la Revolución, o
que los escritores Raúl Rivero, Zoe
Valdés, Daina Chaviano o Maria Elena
Cruz Varela alcanzaron sus títulos en
universidades sufragadas por la
Revolución.
No tiene en cuenta que los actores César
Evora, Alexis Valdés o Gilberto Reyes
brillan como estrellas de televisión y
cine en México, España o los Estados
Unidos después de formarse como artistas
en la Cuba revolucionaria o que músicos
mundialmente reconocidos como Arturo
Sandoval, Paquito D’Rivera, Alina
Sánchez y Marlene Urbay, crecieron
profesionalmente durante la Revolución
antes de decidir abandonar su tierra
natal.
Nada de esto toma en cuenta el señor
Jorge Olivera Castillo, o quizás los que
se ocupan de enviarle su cheque desde
las tierras del Norte le sugieren que se
olvide. Solo trata de desmoralizar un
sistema educacional de altos quilates
poniendo como "malos ejemplos" a un
supuesto ingeniero eléctrico que no
sabía quien era Thomas Alva Edison o una
profesora de preuniversitario que tenía
problemas de ortografía, según
"argumenta" este chupatintas que se hace
llamar "periodista independiente".
Uno de los orgullos de Cuba, a pesar de
la pobreza y las carencias, es la
alternativa de poder educar a su
población sin distinciones. Un sistema
que forma desde temprana edad en la
vinculación de la escuela-trabajo y que
se encamina a educar generaciones donde
pueda apoyarse el futuro de una Patria
renovada.
Pero Jorge Olivera Castillo no tiene
tiempo de darse cuenta de ese detalle
evidente y visible de la realidad
cubana. El solo espera impaciente, poder
largarse de su tierra natal con la
esperanza de que alguna vez, alguien le
recuerde en una calle de Miami o en la
oscuridad de una fábrica de conservas,
que el "fue" un "periodista
independiente" de los que ya nadie
habla. |