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EN EL REINO MIAMENSE DE
LA IMPUNIDAD
La inmigrante pinareña
que se atreve a capturar a terroristas
POR JEAN-GUY ALLARD
EN Miami, donde miembros del FBI y los
servicios de Inmigración (ICE) vacilan
ante las amenazas abiertas de los capos
de la mafia terrorista, una inmigrante
cubana de 43 años, Jefa de la agencia
policíaca federal ATF, se ha atrevido a
poner detrás de los barrotes al
cabecilla Santiago Alvarez, brazo
derecho de Luis Posada Carriles.
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Torres nació en la
provincia de Pinar del Río, en
1962. De niña se la llevaron a
Estados Unidos. |
Mientras el terrorista internacional
más conocido del hemisferio se encuentra
bajo la protección de la Administración
Bush en espera de su liberación, Julie
Torres, primera hispana a cargo de una
importante oficina regional de la
Agencia federal de Alcohol, Tabaco,
Armas de Fuego y Explosivos (ATF),
arrestó a Santiago Álvarez y
su cómplice Osvaldo Mitat, por
posesión de armas terroristas.
El Miami Herald celebró
recientemente en un texto titulado
“Una mujer de éxito en un mundo de
hombres”, firmado por Jay Weaver, no
el arresto de Álvarez sino el hecho
también más que excepcional de ver una
“hija de exiliados cubanos de la clase
trabajadora” llegar al puesto más alto
de la ATF en Miami, con responsabilidad
por el sur de la Florida, Puerto Rico y
las Islas Vírgenes de EE.UU.
Torres nació en la provincia de Pinar
del Río, en 1962, señala el periódico
sin precisar en qué municipio, y salió
del país de niña, en 1968, cuando un tío
hizo emigrar a su familia.
Esos años de inmigrantes “fueron
duros”, indica el reportaje al explicar
que su madre, Rosa, trabajó en una
fábrica de cortinas en Hialeah y que su
padre, José, parqueaba carros en un
hotel hasta que “sus años de alcoholismo
y comportamiento abusivo rompieron el
matrimonio”.
Julie Torres entró en el Ejército en
1982.
“Con el tiempo se unió al Comando de
Investigación Criminal del ejército, que
investiga crímenes militares y protege a
los altos oficiales. Estando en Panamá,
años más tarde, trabajó con varias
agencias federales: FBI, DEA, ATF y
Aduanas.
Fue nombrada a su actual puesto en abril
del 2004.
un ex oficial DE Batista convertido EN
“luchador” de los “derechos humanos”
Ahí
se sitúa
otra hazaña de Torres que el reportaje
del Miami Herald prefirió reducir a tres
escasas líneas. Aquí está la historia
completa.
En agosto de este mismo año, arrestó a
Raúl Gómez DeMolina,
un ex oficial de Batista convertido, en
Miami, en “luchador” de los “derechos
humanos”. En realidad, Gómez se dedicaba
al contrabando de armas entre la Florida
y… Venezuela.
Según la versión oficial, el destino
final de los cargamentos enviados por el
delincuente era “grupos
guerrilleros y paramilitares en
Colombia”, según la mejor oferta.
Cuando Gómez fue detenido por primera
vez durante tres días en febrero de este
mismo año, en Maracaibo, Venezuela, por
su presunta vinculación con la llegada
desde Miami de un contenedor con 60,000
cartuchos, los oficiales anotan
textualmente entre sus características
“cubano=EE.UU., antichavista” y se
añade: “instructor de tiro, facilidades
para adquirir armas en EE.UU., contacto
con armerías, colecciona armas”.
En agosto siguiente, el “militante
anticastrista” de 69 años es arrestado
junto a un socio colombiano
Rafael Samper, 40, un mercader de armas
venezolano, Edgar Semprun, 53, otro
venezolano, Antonio Tarrab, 41, Bilmer
Paz, 29, y
Miguel Palacio, ambos de Hialeah.
En un almacén, los investigadores de
Torres encuentran 55 armas de fuego,
incluyendo 19 AK-47 y nueve pistolas
así como 206 000 balas de tipo militar,
5 libras de explosivos y... botas de
combate. Una búsqueda ulterior en otros
sitios llevó los oficiales a capturar un
total de más de 700 000 proyectiles y
más de 200 armas.
Irónicamente, Gomez DeMolina, fundó y
manejaba en Miami una organización que
se dedicaba a promover la ecología y el
pacifismo.
Más irónico aún, este capo de
red de trafico de armas era
estrechamente vinculado a otro
“activista de derechos humanos”, Ricardo
Bofill, el fullero reciclado en
funcionario del Gobierno norteamericano.
En Cuba, Gomez DeMolina fue arrestado
en 1960 por actividades terroristas y
fue condenado a ocho años de prisión.
En marzo de 1989, marchó a Estados
Unidos, donde fue instructor de uso de
armas, celador, y en el momento de su
arresto, trabajaba en Miami Security
Supply, un negocio de armas con licencia
federal.
¡Y que casualidad! Se trata
aparentemente de esa misma tienda donde
Santiago Álvarez compra sus AK-47.
COBARDIA INSTITUCIONALIZADA
En la traducción del texto del Herald
en ingles, el Nuevo Herald censuró el
párrafo donde se precisa que la Jefa del
ATF regional fue quien detuvo a Santiago
Alvarez.
La actitud del Herald hispano refleja
la del FBI local que mantiene una
conducta cómplice ante los cabecillas
terroristas cubanoamericanos hasta el
punto de ignorar sistemáticamente sus
actividades criminales.
El
arresto de Santiago Álvarez y de su
socio Oswaldo Mitat, realizado por Julie
Torres, sorprende frente a la letargia
cómplice de la policía federal, cuando
connotados terroristas testifican en
plena televisión de Miami de sus
actividades criminales.
Esa
duplicidad se evidencia de manera
siempre más grotesca desde que el
terrorista internacional Luis Posada
Carriles entró en territorio
norteamericano, a su llegada a bordo del
barco camaronero Santrina, con varios
cómplices.
Informado de ese acto sumamente ilegal,
de lo que prevé la ley en tal caso, y de
la trayectoria terrorista del asesino,
torturador y terrorista septuagenario,
el Special Agent in Charge (SAC) Michael
S. Clemens, jefe del FBI de Miami, no
tiene, aparentemente, autoridad ninguna
para ubicar, arrestar e inculpar a los
terroristas que lo rodean.
Unos años atrás, el FBI se enteró pero
prefirió ignorar que el mismo Santiago
Alvarez apoyó, siempre con el dinero de
la FNCA, a Luis Posada Carriles, Pedro
Remón, Gaspar Jiménez y Guillermo Novo
Sampoll, quienes pudieron realizar
tranquilamente sus compras de explosivos
C-4 con el propósito de destruir el
anfiteatro de la Universidad de Panamá,
donde iba a hablar el Presidente de
Cuba.
Es
también así que el ex Jefe del
FBI de Miami, Héctor Pesquera, y sus
efectivos se consagraban a perseguir a
un grupo de luchadores cubanos
antiterroristas infiltrados en los
círculos terroristas de Miami,
mientras
catorce de los 19 terroristas que
provocaron el desastre de las Torres
Gemelas se entrenaban a proximidad de
sus oficinas.
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