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¡No podrá descansar en
paz!
Nyliam Vázquez García
Murió
por la hemorragia interna causada por
los golpes. Yoshie Sato tenía 56 años.
El marine norteamericano William Oliver
Reese, de 21 años, admitió haberla
matado y ahora está bajo arresto. Las
autoridades japonesas investigan.
Nuevamente indigna el irrespeto de los
militares estadounidenses por la vida de
ciudadanos en los territorios donde
permanecen, con anuencia o no, de los
gobiernos. Si Japón —país aliado de
Estados Unidos— es escenario de este
tipo de horrores, cualquiera puede
imaginar lo que viven, en este minuto,
naciones como Afganistán o Iraq.
Reesse
también le robó a la señora Sato unos
131 dólares, según fuentes oficiales. Le
confiscaron durante el arresto la ropa
manchada de sangre y el dinero. Aunque
esta es la primera vez que Estados
Unidos accede a entregar a uno de sus
efectivos a las autoridades japonesas
ante una acusación formal relacionada
con asesinato, muchos dudan que se haga
justicia.
Todo
ocurrió el martes último en la ciudad de
Yokosuka, a 50 kilómetros al sudoeste de
Tokio. La señora fue hallada
inconsciente en la carretera y murió
poco después en el hospital. Analistas
aseguran que el caso reavivará el
repudio a la presencia
militar estadounidense en Japón, cada
vez más creciente.
Ahora
la situación es particularmente
delicada, porque las autoridades
japonesas y norteamericanas trataban de
obtener la confianza de las
administraciones y de los pobladores de
varias localidades para completar la
reubicación de las fuerzas de EE.UU.,
que permanecen en el archipiélago por
más de tres décadas. Ojo, el plan nunca
ha sido retirarlas, solo cambiarles el
asentamiento.
“Las
bases son la continuación de la
ocupación. No tienen nada que ver con el
tratado bilateral entre EE.UU. y Japón.
Los militares norteamericanos no son
nuestros invitados. Nos sentimos
ocupados”, expresó Yoshihiko Higa, de 63
años y consejero del gobierno local de
Okinawa, al diario español El País.
Actualmente permanecen en Japón unos 7
500 efectivos de las Fuerzas Aéreas, 1
500 de Infantería y Marina, y los 17 000
restantes son marines, principalmente en
la isla de Okinawa. De acuerdo con
estudios sociológicos, son los marines
los que más rechazo de los nipones se
han ganado. Muchos son jóvenes solteros
o asignados sin sus familias, que
mantienen una conducta reprochable.
“Conducen, beben y se comportan de forma
temeraria”, afirma la ONG Movimiento
Femenino Antimilitar.
A
estos uniformados estadounidenses se
atribuyen buena parte de los 5 328
delitos y faltas cometidos por las
tropas norteamericanas entre 1972 y
diciembre de 2004 en ese archipiélago
asiático, de los que se destacan por su
gravedad 541 casos de homicidio,
violación o atraco.
En
septiembre de 1995, tres de ellos
violaron a una niña de 12 años.
Entonces, por las masivas protestas, se
derogó el acuerdo denominado SACO
(Comité de Acción Especial sobre
Okinawa), que determinó la devolución de
11 instalaciones estadounidenses,
incluida Futenma, la base de
helicópteros de los marines. Sin
embargo, todo fue letra muerta. Tras
casi diez años, solo se ha devuelto una
instalación menor, y Futenma, con sus 3
500 marines y 150 trabajadores civiles,
sigue activa.
En
2005, la encuesta quinquenal que realiza
el diario Okinawa Times sobre el tema
reveló que entre el 10 y el 15 por
ciento de la población quiere la
retirada inmediata de las tropas
norteamericanas, y entre el 70 y el 80
por ciento, una retirada gradual y
coordinada.
Mientras los japoneses lloran a sus
muertos y protestan, Tokio y Washington
negocian; miles de personas residentes
cerca de los enclaves militares corren
peligro. Lo peor es que el modelo se
extiende y ahora mismo tratan de ampliar
su presencia militar en otros países de
la zona y de otros continentes. El
Pacífico sigue siendo estratégico para
el Pentágono.
Hace
poco una joven filipina fue violada por
seis marines; ahora el asesinato de la
señora japonesa, y todos los días miles
de iraquíes. ¡Tantos otros crímenes en
el silencio! ¿Cuántos más deberán morir
o ser humillados en los más disímiles
puntos de la geografía planetaria?
Suponiendo que se haga justicia y Oliver
Reese pague por la vida que segó, es
seguro que Yoshie Sato, mientras los
norteamericanos estén en suelo nipón, no
podrá descansar en paz. |