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Bush, el fanático del
déficit
POR MICHAEL PARENTI
(michelcollon.info)
LA POLÍTICA OCULTA DE LOS GASTOS
EXCEDENTES
Cuando los gastos del gobierno exceden a
sus ingresos se habla de gastos
excedentes. Para afrontar su déficit
anual, el gobierno pide prestado a
personas e instituciones financieras
ricas, tanto estadounidenses como
extranjeras.
La acumulación de estos déficit anuales
constituye la deuda nacional.
Los dirigentes conservadores que cantan
las alabanzas de la “responsabilidad
fiscal” son los más empeñados en
acumular estos gastos excedentes. En
ocho años (1981-88), la administración
Reagan triplicó la deuda nacional y la
hizo aumentar de 900.000 millones de
dólares a 2.700.000 millones. Durante
los siguientes cuatro años la
administración Bush padre (1989-92) la
hizo ascender a 4. 500.000 millones.
La administración Clinton (1993-2000)
ralentizó el ritmo de acumulación de la
deuda e incluso produjo un importante
excedente presupuestario en el curso de
sus tres últimos años proyectando un
enorme excedente que se suponía iba a
aligerar en una década la mayor parte de
la deuda.
Pero la administración de Bush hijo
invirtió esta tendencia con reducciones
masivas de impuestos y tasas, y con
gastos excedentes récord, e hizo pasar
la deuda nacional de 5.800.000 millones
de dólares a casi 9.000.000 en menos de
seis años. Cuando Bush abandone la Casa
Blanca, esto es, en enero de 2009, la
deuda superará sin duda alguna los
10.000.000 millones de dólares.
En 1993, los pagos anuales del gobierno
federal concernientes a la devolución de
la deuda nacional se elevaban a 210.000
millones de dólares. En 2006 pasaron a
unos 430.000. Diversos elementos
explican esta deuda nacional:
En primer lugar, los miles de millones
de dólares de la supresión de las tasa
para personas y sociedades ricas
representan una pérdida de ingresos que
cada vez se ha compensado más con
préstamos. El gobierno se endeuda
frenéticamente con los grandes intereses
financieros en vez de aplicarles
impuestos como sería mucho mejor.
En segundo lugar, existe el impacto,
nefasto para el presupuesto, de los
gastos militares, lo mismo que los
costes operativos adicionales de las
guerras actuales. En consecuencia, entre
2003 y 2006 Bush hijo gasta al mes en su
guerra de Iraq 10.000 millones de
dólares además de su presupuesto normal
de gastos militares que únicamente para
el ejercicio fiscal de 2006 él ha
aumentado a más de 420.000 millones de
dólares.
En tercer lugar, la propia deuda
nacional creciente contribuye a la
acumulación de la deuda. Como la deuda
aumenta, los intereses que hay que pagar
aumentan también. Cada año una parte más
elevada de la devolución de la deuda se
reserva únicamente a los intereses y, en
consecuencia, se dedican montantes
menores a la devolución de la propia
deuda. En 1990 más del 80% del conjunto
de los montantes que el gobierno había
pedido prestados han servido para pagar
los intereses del dinero que se había
pedido prestado antes. En consecuencia,
la deuda se convierte en su propio motor
de alimentación. Los intereses pagados
sobre la deuda federal cada año
constituyen el segundo elemento en
importancia en el presupuesto disponible
(después de los gastos militares).
El cuarto lugar, de esto se sigue que
los enormes déficit constituyen una
manera de privatizar el propio
presupuesto federal. Cuanto más elevada
es la deuda, más importante es la parte
de cada dólar de impuesto retirado del
sector público para alimentar las
cuentas privadas de las personas muy
ricas.
En quinto lugar, cuanto más elevada es
la deuda, más excusas tiene los
dirigentes de derecha para deshacer los
fondos de los servicios sociales. Así,
sabemos ahora que con semejante déficit,
sencillamente no hay dinero para
"futilidades" como los cuidados
hospitalarios, la vivienda y la
enseñanza.
Para obtener prestado dinero el gobierno
vende bonos del tesoro. Estos bonos son
órdenes de pago reembolsables al cabo de
un número determinado de años. ¿Quién
cobra los cientos de miles de millones
de dólares de intereses anuales de estos
bonos? Sobre todo individuos, sociedades
de inversión, bancos e inversores
extranjeros que tiene suficiente dinero
como para obtener los bonos. ¿Quién paga
los intereses (y lo principal)? En gran
parte, los simples contribuyentes
estadounidenses.
El pago de los intereses de la deuda
federal constituye una redistribución de
la riqueza producida por las personas
que trabajan hacia quienes viven de su
riqueza personal, es decir, una
redistribución que se opera
esencialmente hacia arriba.
Es una forma ocultad de tasación
privada. Como decía Karl Marx hace casi
150 años: “La única parte de la llamada
la riqueza nacional que entra realmente
en la propiedad colectiva de los pueblos
modernos es su deuda nacional”.
La deuda sirve verdaderamente a la clase
capitalista. Los capitalistas en vez de
invertir su riqueza acumulada en una
nueva producción que obstruiría el
mercado y quedaría sin pagar, invierten
en bonos del tesoro de Estados Unidos.
Prestar dinero al gobierno se convierte
en una inversión relativamente poco
arriesgada pero mucho más rentable.
Las predicciones de importantes
excedentes presupuestarios no tienen en
cuenta tampoco unos déficit adicionales
pero ocultos ya existentes. En primer
lugar, está el déficit “fuera de
presupuesto”, una argucia de
contabilidad que permite al gobierno
pedir prestado miles de millones
suplementarios fuera del presupuesto
normal. El gobierno crea una sociedad
nominalmente “privada” para pedir
prestado dinero en su nombre.
Por ejemplo, los fondos destinados a
subsidiar los préstamos agrícolas son
recaudados por el Farm Credit System,
una red de bancos fuera de presupuesto,
en vez de ser proporcionados por el
departamento de agricultura vía el
presupuesto normal. El Congreso ha
creado también una agencia fuera de
presupuesto conocida con el nombre de
Financing Corporation para pedir
prestados los centenares de miles de
millones de dólares necesarios para
reflotar el ahorro y préstamo en vez de
recurrir al departamento del tesoro.
Estas sumas son retiradas de los
ingresos generales, con las
felicitaciones del contribuyente
estadounidense.
Otro déficit oculto se sitúa en el
comercio. Como consumimos más de lo que
producimos, e importamos y pedimos
prestado del extranjero más de lo que
exportamos, aumenta sin cesar la deuda
estadounidense cara a los acreedores
extranjeros. El pago de los intereses de
los miles de millones de dólares pedidos
prestados al extranjero también tiene
que ser asumido por los contribuyentes
estadounidenses.
La Seguridad Social también es utilizada
para camuflar el verdadero déficit. La
deducción salarial de la Seguridad
Social –una tasa regresiva– aumentó
considerablemente durante los años
Reagan y produce un excedente anual de
más de 120.000 millones de dólares. En
1991 el 38% de los contribuyentes
estadounidenses pagaban más en tasas de
la Seguridad Social que en impuestos
federales sobre los ingresos. Muchos
estadounidenses aceptan de buen grado
estas deducciones salariales porque
creen que estos fondos se reservan para
sus pensiones. A principios de 2006 los
fondos de excedente de la Seguridad
Social eran sobre el papel unos
1.800.000 millones de dólares.
Pero todos estos fondos se han utilizado
para compensar los déficit del
presupuesto normal, pagar las limusinas
de la Casa Blanca, las guerras, a los
agentes del FBI, los subsidios a las
sociedades, el interés de la deuda y
otros aspectos del presupuesto federal.
Puesto que los excedentes no son
invertidos sino que se gastan en otras
finalidades del presupuesto federal,
algunos políticos pretenden que el
Trust Fund está “vacío” o que ya se
ha gastado. El propio Bush no dice ni
una palabra de la existencia (o
no-existencia) de estos 1.800.000
millones de dólares.
Los dirigentes políticos estadounidenses
han ignorado sistemáticamente los
remedios más eficaces para reducir esta
astronómica deuda nacional:
(a) reducir considerablemente los
créditos de tasas, deducciones y
refugios fiscales para personas y
sociedades;
(b) practicar fuertes recortes a los
colosales subsidios concedidos al mundo
de los negocios y al agro-business
que contribuyen poco a la creación de
empleo y mucho a llenar las arcas de los
más ricos;
(c) reintroducir un impuesto progresivo
sobre los ingresos que reportaría
centenares de miles de millones de
dólares de más a las arcas del Estado, y
(d) reducir considerablemente el
infladísimo presupuesto militar y
redirigir los gastos a sectores más
productivos y socialmente más útiles a
la economía.
En resumen : En casi cualquier tipo de
empresa el gobierno [estadounidense] ha
ofrecido al mundo de los negocios
oportunidades de ganancias privadas en
detrimento de todo aquello que es
público. El gobierno favorece la
acumulación de capital privado por medio
de un proceso de subsidios, de apoyo
financiero y de gastos excedentes, así
como por medio de un sistema de
impuestos cada vez menos equitativo.
Desde los propietarios de ranchos a los
propietarios de hoteles, desde los
corredores a los banqueros, desde los
constructores de automóviles a los
fabricantes de misiles, lo que prevalece
es, para los ricos, una prosperidad de
tal magnitud que lo único que podemos
hacer es quedarnos estupefactos ante la
audacia de los dirigentes de sociedades
cuando predican las virtudes de sólo
contar con uno mismo cada vez que unas
formas menores de asistencia publica
corren el riesgo de llegar a manos que
no son las suyas...
Entre las obras más recientes de Michael
Parenti : Superpatriotism (City
Lights), The Assassination of Julius
Caesar (New Press) [Publicado en
castellano como El asesinato de julio
César, Hiru, Hondarribi, 2005] y
recientemente, The Culture Struggle
(Seven Stories Press). |