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EN LA HABANA VIEJA
Colegio de San Francisco
de Sales
POR CORALIA RIVERO —especial para Granma
Internacional—
EN la esquina de las calles Oficios y
Obispo, en la Plaza de Armas, se
encuentra una edificación conocida como
el colegio de San Francisco de Sales. En
este lugar se fundó en el año 1688 el
primer colegio de niñas de la ciudad por
don Diego Evelino de Compostela, obispo
de Cuba.
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Fachada del antiguo
colegio por la
calle Obispo.
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Por aquella época el edificio no hacía
esquina pues lindaba con la residencia
de dicho prelado y con la casa esquina
de don Joseph Muñoz o Núñez.
Ya en el año 1758, el obispo don Pedro
Morell de Santa Cruz, adquirió la casa
de don Joseph que en esa época
pertenecía a Las Catalinas, y la del
colegio, para unificarlas con el
propósito de convertir este lugar en un
Palacio Episcopal. De estos
acontecimientos es probable que la calle
Obispo lleve ese nombre por el tránsito
diario de este pontífice entre su casa y
la iglesia principal de la ciudad, es
decir, la Parroquial Mayor de San
Cristóbal de La Habana (hoy demolida),
que ocupaba parte del área actual del
Palacio de los Capitanes Generales.
Durante ese tiempo, el obispo Morell
realizó varias mejoras en este edificio
de arquitectura mudéjar renacentista,
que fueron: la reedificación del ala
oeste al añadirle las arcadas de las
tres plantas, la adición de un segundo
piso en el lado sur, etc.
El tratamiento decorativo de las
fachadas, los niveles de los balcones y
la carpintería de sus puertas, nos
demuestran la fusión de estas
edificaciones.
Lo más notable del edificio es su patio
claustral, rodeado de galerías por sus
cuatro lados, donde podemos apreciar, la
reconstrucción integral y un efecto de
unidad arquitectónica.
Este actual monumento quedó compuesto
por tres edificaciones —después de las
obras realizadas por Morell—, en cuyo
conjunto vemos la impronta de su devenir
histórico.
Entre los años 1884 a 1889 sufre
—además de los cambios anteriores—, la
más trascendental alteración desde el
punto de vista estilístico, pues se
sustituyen sus techumbres moriscas por
azoteas y otra planta en el ángulo
oeste.
En la segunda mitad del siglo XIX,
aproximadamente, regresa el colegio que
se encontraba al lado en la casa del
obispo, para su nueva residencia y
permanece allí hasta el año 1887 en que
se traslada a la calle Baratillo por el
motivo de las referidas modificaciones.
El arzobispado de La Habana en 1917
adquiere una gran área de terreno, en la
estancia Tamarindo, en Marianao, para
fabricar un nuevo colegio, por lo que
abandonan definitivamente la casona de
Oficios y Obispo. Esto trajo como
resultado que el edificio quedara
convertido en casa de inquilino o
vecindad —donde vivían familias
humildes— que hasta 1959 estuvo ocupada
por 44 núcleos familiares a los que se
le añadían en la planta baja nueve
locales comerciales.
Después del plan de restauración, en la
planta alta continúan viviendo algunas
familias, luego de mejorar sus
condiciones espaciales y ambientales y
en la planta baja se brindan servicios
sociales tales como barbería,
carnicería, el bar-restaurante La Mina,
donde se ofrece una gran variedad de
menús típicos cubanos, como los tamales,
frijoles negros con arroz blanco y cerdo
asado, así como el famoso Mojito o
Daiquirí; la Casa de la Natilla, la Casa
del Agua La Tinaja, la Casa del Tabaco,
entre otros, todos de una exquisita
decoración y ambientación colonial de
gran atracción para el público. |