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Bacardí:
del C-4 al lanzallamas
RESULTA irónico que
la Bacardí, que durante casi cinco
décadas ha financiado a la Fundación
Nacional Cubano-Americana (FNCA) y el
C-4 de Posada Carriles, sea víctima de
una demanda de consumidoras, víctimas de
una botella del controvertido ron, que
se transformó en lanzallamas.
Tres mujeres del
sur de la Florida sufrieron quemaduras,
en el 2002, cuando un cliente del club
de adultos Secrets donde se encontraban,
convirtió una botella de Bacardí en
lanzallamas, en medio de una promoción
de tragos llameantes.
Borracho, el
cliente prendió un menú para echarle un
chorro del ron que se estaba bebiendo en
copas. Las llamas se expandieron a una
botella de ron Bacardí, de 75.5 grados,
que explotó.
Antoinette
Hernández, Daniella Alleyne y Agata
Macierzynska declaran en sus demandas
que el ron Bacardí es peligroso por sus
potentes vapores propensos a
incendiarse, y que la tapa de seguridad
que pretende impedirlo es fácil de
quitar.
Las relaciones
entre la Bacardí y la FNCA,
patrocinadora del terrorista Luis Posada
Carriles, están bien documentadas.
Cuando Posada realizó, desde El
Salvador, su campaña de terror en La
Habana, en 1997, Clara María del Valle,
dueña de la Bacardí y vicepresidenta de
la FNCA, llegó a publicar una carta de
respaldo a las bombas. (Jean-Guy
Allard) |