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Operaciones de la vista
en Cuba
les han cambiado la vida
POR Benny Cruz Zapata
CIUDAD VICTORIA, Tamaulipas.— José Juan
Pineda sabe lo que es cargar sobre su
ánimo todo tipo de apodos alusivos al
estrabismo con que nació; para él, 26
años no le fueron suficientes para
acostumbrarse a todo tipo de agresiones
verbales que recibió de propios y
extraños, de niños y de adultos, de
profesionistas.
“Socialmente es tremendo tener un
problema como el mío, de una niñez de
burlas, una adolescencia pésima y ya
como profesional las burlas de la gente
siempre estuvieron presentes; hasta los
mismos ingenieros que eran mis
compañeros de obra me decían: ‘Tienes un
ojo haciendo mezcla y otro pegando
ladrillo’, el apodo más recurrente era ‘norno’,
porque me decían que tenía un ojo en el
norte y otro en el noreste; desde
chiquito siempre me dijeron ‘bizco’, es
doloroso, traumático vivir así, ya que
la gente no entiende que son defectos
con los que uno nace y aunque la ciencia
ya está bien adelantada, no hay recursos
que alcancen para hacer uso de los
adelantos clínicos, por eso ahora, ya
con los ojos en su lugar, no me canso de
bendecir el momento en que los médicos
cubanos cambiaron toda mi vida.
El
ingeniero victorense es uno de los 300
tamaulipecos que han sido beneficiados
con la Operación Milagro, que el
Gobierno cubano y organizaciones
latinoamericanas como el Partido del
Trabajo están llevando a cabo en
Tamaulipas:
“La verdad que cuando uno tiene toda su
vida con un problema en los ojos y de
pronto en cuestión de meses, resuelve lo
que ni en sueños pensó, no se cansa de
agradecer y bendecir las manos de los
médicos cubanos que hicieron posible el
milagro de transformar mi vida, pues a
pesar de los esfuerzos que siempre hice
por llevar una vida normal, con tantas
agresiones recibidas la autoestima
siempre estaba en el piso; lo que ahora
ya a cambiado, y junto a mi esposa y mis
dos hijos, soy plenamente feliz; pues
pude constatar que Dios existe y se
manifiesta en donde menos uno espera.
Al
igual que el ingeniero, Doña Socorro
Perales Roco, a sus 67 años de edad, da
testimonio fiel “de que los milagros
existen”.
“Soy diabética y ya me estaba quedando
ciega, pues para gente como uno es
imposible pagar a médicos privados la
operación y en las instituciones de
salud no hay manera posible de una
atención rápida y adecuada; tenía ya
muchos años con cataratas en los ojos;
sólo quien lo vive sabe lo que eso
significa; en mi casa ya estoy a la
buena de Dios, pues aunque tengo cinco
hijos cada quien ya a hecho su vida, lo
entiendo y en la medida de lo posible yo
no me dejo caer, le busco por todos
lados para sobrevivir, lo mismo hago
tamales que vendo cuanta cosa puedo;
desafortunadamente en los últimos años
con el problema de los ojos, mi
situación era tremenda... ahora le doy
gracias a Dios que me han podido operar
y aunque no estoy completamente
recuperada todo va por buen camino”.
De
su experiencia en el viaje a Cuba, si
algo le sorprendió a Doña Socorro fue el
humanismo de los doctores, enfermeras y
trabajadoras sociales de aquel país:
“Por Dios que se me alegra el alma sólo
de recordar con que cariño y esmero nos
trataron, para ellos no sólo éramos un
número de expediente, sino un ser humano
cuya vida podía cambiar si todo salía
bien en la operación y la atención que
nos daban; y vaya que lo lograron, pues
al regresarme la vista, me regresaron a
la vida útil que todos los días me
permite levantarme y trabajar para poder
sobrevivir”.
Caso similar es el de Doña Juana
Facundo Viuda de Flores, que a sus 65
años de edad no se cansa de hablar
maravillas de la llamada Operación
Milagro:
“Tengo 24 años siendo diabética y como
tal ya estaba perdiendo la vista y con
ello la vida misma, pues la ceguera no
sólo nos impide disfrutar de las
bellezas de la vida, sino de seguir
siendo útiles y no depender de los demás
hasta para salir a la calle o hacer el
quehacer de la casa; que era mi caso.
Agrega:
“Aunque yo tengo Seguro Social, nunca se
pudo hacer mucho porque yo con mi
condición clínica no tenía muchas
posibilidades de recuperarme,.eso, a mi
edad, pesa mucho, es ver cómo los días
pasan y con ello cada vez estamos más
indefensos... en eso estaba cuando me
hablaron de la campaña que Cuba hace
para gente como nosotros... Hoy, gracias
a Dios, ya puedo ver... y con ello a mis
65 años las esperanzas de tener una vida
digna han regresado... |