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C I E N C I A  Y  T E C N O L O G I A

La Habana, 6 de Septiembre de 2006

LA CIA CONTRA LAS BIBLIOTECAS CUBANAS
El complot se desinfló

POR JEAN-GUY ALLARD —de Granma Internacional

A la CIA, que creía poder usar el reciente Congreso Mundial de IFLA (Federación Internacional de Asociaciones Bibliotecarias) de Seúl, Corea, para agredir una vez más a Cuba, el tiro le salió por la culata.

 Mientras la resolución introducida a través de las maquinaciones de su agente Robert Kent no pudo ser presentada, por su total irregularidad, el evento sirvió a los bibliotecarios de Cuba para reforzar notablemente sus relaciones con otras naciones —especialmente de Europa del Este— al concertar, con varias asociaciones, proyectos de intercambios y de visitas.

 “Creo que ha salido muy fortalecida la imagen profesional de Cuba”, expresó Eliades Acosta, director de la Biblioteca Nacional José Martí, al señalar que las relaciones internacionales de las bibliotecas de la Isla están entrando en una nueva etapa.

 En el marco del Plan Bush de anexión, ampliado en julio con un “anexo secreto”, Estados Unidos se gasta anualmente sumas millonarias para dañar la imagen de Cuba y en los años recientes frecuentemente ha recurrido con este objetivo al tema de las llamadas “bibliotecas independientes”, conformadas por una reducida red de colaboradores remunerados de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana.

 En Seúl, el evento anual de la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios (IFLA) reunió una vez más a miles de bibliotecarios del mundo y numerosas delegaciones aprovecharon la oportunidad para expresar su solidaridad con la representación cubana, compuesta por siete profesionales de prestigio y experiencia y presidida por la doctora Martha Terry.

 En el anterior Congreso Mundial de Oslo, en Noruega, la ofensiva de Robert Kent, un “bibliotecario neoyorquino reciclado en agente por la CIA, se había convertido en una espectacular derrota. Abandonado por sus últimos reclutas, se había quedado excluido de los pódium.

 El agente norteamericano —sorprendido en La Habana hace unos años, cuando trataba de ubicar equipos de espionaje en la residencia de un importante dirigente— pretendía disponer de sólidos “apoyos de Europa del Este”. Sin embargo, esta “conexión” se vio limitada a individuos tales como el checo “Stanley” Kalkus, agente de la inteligencia militar norteamericana que, en los años 70, fue director de la biblioteca de la US Navy, en Washington.

 Desde marzo último, Kent anunciaba una nueva ofensiva. En las semanas que precedieron el congreso mundial, logró engañar a dos asociaciones nacionales de esa misma región para que apadrinaran una resolución que él mismo redactó.

 "Kent es tan burdo políticamente que ni respeta la inteligencia de la gente. Como en Oslo, fabricó un texto de resolución y se los mandó", recuerda Acosta.

 A pocos días del congreso, sin embargo, uno de los dos patrocinadores, la Asociación Nacional de Bibliotecarios de Lituania, al darse cuenta de la maniobra engañosa, retiró su apoyo a la moción, quitándole el número mínimo de sponsors (2) para su presentación de acuerdo con los estatutos de IFLA.

 Así que Kent se apareció en Seúl, con su sempiterno pantalón estrujado, su inseparable maletín verde y una resolución sin legitimidad.

 Lamentablemente, en esa maniobra, el norteamericano se beneficiaba de un procedimiento irregular, que violando precedentes de IFLA, le facilitó presentar su documento sin pasar por el standing comité correspondiente, en una fecha muy cercana al congreso anual de Corea.

 En Seúl, en un primer encuentro con la delegación cubana, que protestó por el procedimiento empleado, un funcionario de IFLA se negó a retirar la resolución a pesar de su carácter ilegal en relación con las reglas establecidas.

 Mientras tanto, el ambiente del congreso se revelaba muy desfavorable a Kent. “América Latina, Africa, Asia, los propios funcionarios de IFLA…, los polacos, los checos, los rusos, los chinos decían que iban a apoyar a Cuba…”, cuenta el director de la Biblioteca Nacional cubana, a partir de los mensajes que enviaban los miembros de la delegación.

 “La delegación cubana sostuvo una importante reunión con la American Librarians Asociation (ALA), cuya nueva presidenta, Leslie Burger, nos dijo que aceptaba la invitación de la Asociación Cubana de Bibliotecarios (ASCUBI) para visitar Cuba. Se tuvo un encuentro con la nueva presidenta de IFLA, la alemana Claudia Lux, quien fue muy respetuosa y comprensiva”.

 La propia Vicepresidenta de la asociación de bibliotecarios lituanos sostuvo un encuentro muy cordial con la delegación cubana.

 Precisa Acosta: “Se les ha dicho: Vengan a Cuba, vean las realidades por sí mismos, vayan a las mal llamadas bibliotecas independientes, vayan a las nuestras y… ¡saquen sus propias conclusiones!”

 El 22 de agosto se produjo la reunión con el ejecutivo de IFLA, solicitada por Cuba. En ese encuentro “se le dio la razón a Cuba” y se anunció que la resolución de Kent, con su único apoyo, no podía ser presentada al plenario final, por no cumplir los parámetros exigidos.

 Al éxito ante las maniobras de Kent, se sumaron, además, a la delegación cubana, numerosas manifestaciones de respeto y amistad, cuando a la bibliotecaria cubana doctora Marta Terry se le otorgó la condición de miembro de honor de IFLA. Margarita Pobea, especialista del MINSAP, añadió al prestigio de Cuba la presentación en plenaria de una ponencia sobre la lucha contra el SIDA en la Isla.

 “IFLA ha actuado en Seúl de manera responsable y constructiva. Los enemigos de la Revolución saben que no se puede atacar impunemente a Cuba”, dijo el director de la Biblioteca Nacional, y añadió con humor: “El Sr Kent no tiene un centímetro de piel libre de moretones”.

 Tan decisivo fue el fracaso del agente norteamericano que uno de sus más ruidosos apoyos, el periodista Walter Skold, quien mantenía un sitio web muy agresivo contra Cuba, al enterarse del fracaso anunció que se retiraba definitivamente del debate.

 Unas semanas atrás, la Administración Bush en otro inútil esfuerzo para desprestigiar a Cuba, introdujo como conferencista en el congreso nacional de los bibliotecarios norteamericanos, a Madeleine Albright, el lúgubre halcón de la era Clinton que ha sido recuperado del cesto, para la guerra sucia contra la Isla.

 El congreso era el primero a tener lugar en la Nueva Orleáns, la ciudad donde 1 800 ciudadanos, principalmente negros, murieron hace exactamente un año, por la negligencia de un Gobierno que pretende enseñar a Cuba, atacando a sus instituciones, el respeto a los derechos humanos.

 

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