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LA CIA CONTRA LAS
BIBLIOTECAS CUBANAS
El complot se desinfló
POR JEAN-GUY ALLARD —de Granma
Internacional—
A la CIA, que creía poder usar el
reciente Congreso Mundial de IFLA
(Federación Internacional de
Asociaciones Bibliotecarias) de Seúl,
Corea, para agredir una vez más a Cuba,
el tiro le salió por la culata.
Mientras la resolución introducida a
través de las maquinaciones de su agente
Robert Kent no pudo ser presentada, por
su total irregularidad, el evento sirvió
a los bibliotecarios de Cuba para
reforzar notablemente sus relaciones con
otras naciones —especialmente de Europa
del Este— al concertar, con varias
asociaciones, proyectos de intercambios
y de visitas.
“Creo
que ha salido muy fortalecida la imagen
profesional de Cuba”, expresó Eliades
Acosta, director de la Biblioteca
Nacional José Martí, al señalar que las
relaciones internacionales de las
bibliotecas de la Isla están entrando en
una nueva etapa.
En el marco del Plan Bush de anexión,
ampliado en julio con un “anexo
secreto”, Estados Unidos se gasta
anualmente sumas millonarias para dañar
la imagen de Cuba y en los años
recientes frecuentemente ha recurrido
con este objetivo al tema de las
llamadas “bibliotecas independientes”,
conformadas por una reducida red de
colaboradores remunerados de la Sección
de Intereses de Estados Unidos en La
Habana.
En Seúl, el evento anual de la
Federación Internacional de Asociaciones
de Bibliotecarios (IFLA) reunió una vez
más a miles de bibliotecarios del mundo
y numerosas delegaciones aprovecharon la
oportunidad para expresar su solidaridad
con la representación cubana, compuesta
por siete profesionales de prestigio y
experiencia y presidida por la doctora
Martha Terry.
En el anterior Congreso Mundial de
Oslo, en Noruega, la ofensiva
de
Robert Kent,
un “bibliotecario neoyorquino reciclado
en agente por la CIA, se había
convertido en una espectacular derrota.
Abandonado
por sus últimos reclutas, se había
quedado excluido de los pódium.
El agente norteamericano
—sorprendido en La Habana hace unos
años, cuando trataba de ubicar equipos
de espionaje en la residencia de un
importante dirigente—
pretendía
disponer de sólidos “apoyos de Europa
del Este”. Sin embargo, esta “conexión”
se vio limitada a individuos tales como
el checo “Stanley” Kalkus, agente de la
inteligencia militar norteamericana que,
en
los años 70, fue director
de la biblioteca de la US Navy, en
Washington.
Desde marzo último, Kent anunciaba una
nueva ofensiva. En las semanas que
precedieron el congreso mundial, logró
engañar a dos asociaciones nacionales de
esa misma región para que apadrinaran
una resolución que él mismo redactó.
"Kent
es tan burdo políticamente que ni
respeta la inteligencia de la gente.
Como en Oslo, fabricó un texto de
resolución y se los mandó", recuerda
Acosta.
A pocos días del congreso, sin embargo,
uno de los dos patrocinadores, la
Asociación Nacional de Bibliotecarios de
Lituania, al darse cuenta de la maniobra
engañosa, retiró su apoyo a la moción,
quitándole el número mínimo de
sponsors (2) para su presentación de
acuerdo con los estatutos de IFLA.
Así que Kent se apareció en Seúl, con
su sempiterno pantalón estrujado, su
inseparable maletín verde y una
resolución sin legitimidad.
Lamentablemente, en
esa maniobra, el norteamericano se
beneficiaba de un procedimiento
irregular, que violando precedentes de
IFLA, le facilitó presentar su documento
sin pasar por el standing comité
correspondiente, en una fecha muy
cercana al congreso anual de Corea.
En Seúl, en un primer encuentro con la
delegación cubana, que protestó por el
procedimiento empleado, un funcionario
de IFLA se negó a retirar la resolución
a pesar de su carácter ilegal en
relación con las reglas establecidas.
Mientras tanto, el ambiente del
congreso se revelaba muy desfavorable a
Kent. “América Latina, Africa, Asia, los
propios funcionarios de IFLA…, los
polacos, los checos, los rusos, los
chinos decían que iban a apoyar a
Cuba…”, cuenta el director de la
Biblioteca Nacional cubana, a partir de
los mensajes que enviaban los miembros
de la delegación.
“La delegación cubana sostuvo una
importante reunión con la American
Librarians Asociation (ALA), cuya nueva
presidenta,
Leslie Burger,
nos dijo que aceptaba la invitación de
la Asociación Cubana de Bibliotecarios (ASCUBI)
para visitar Cuba. Se tuvo un encuentro
con la nueva presidenta de IFLA, la
alemana Claudia Lux, quien fue muy
respetuosa y comprensiva”.
La propia Vicepresidenta de la
asociación de bibliotecarios lituanos
sostuvo un encuentro muy cordial con la
delegación cubana.
Precisa Acosta: “Se les ha dicho:
Vengan a Cuba, vean las realidades por
sí mismos, vayan a las mal llamadas
bibliotecas independientes, vayan a las
nuestras y… ¡saquen sus propias
conclusiones!”
El 22 de agosto se produjo la reunión
con el ejecutivo de IFLA, solicitada por
Cuba. En ese encuentro “se le dio la
razón a Cuba” y se anunció que la
resolución de Kent, con su único apoyo,
no podía ser presentada al plenario
final, por no cumplir los parámetros
exigidos.
Al éxito ante las maniobras de Kent, se
sumaron, además, a la delegación cubana,
numerosas manifestaciones de respeto y
amistad, cuando a la bibliotecaria
cubana doctora Marta Terry se le otorgó
la condición de miembro de honor de IFLA.
Margarita Pobea, especialista del MINSAP,
añadió al prestigio de Cuba la
presentación en plenaria de una ponencia
sobre la lucha contra el SIDA en la
Isla.
“IFLA
ha actuado en Seúl de manera responsable
y constructiva. Los enemigos de la
Revolución saben que no se puede atacar
impunemente a Cuba”, dijo el director de
la Biblioteca Nacional, y añadió con
humor: “El Sr
Kent no tiene un centímetro de piel
libre de moretones”.
Tan decisivo fue el fracaso del agente
norteamericano que uno de sus más
ruidosos apoyos, el periodista
Walter Skold, quien mantenía un sitio
web muy agresivo contra Cuba, al
enterarse del fracaso anunció que se
retiraba definitivamente del debate.
Unas
semanas atrás, la Administración Bush en
otro inútil esfuerzo para desprestigiar
a Cuba, introdujo como conferencista en
el congreso nacional de los
bibliotecarios norteamericanos, a
Madeleine Albright, el lúgubre halcón de
la era Clinton que ha sido recuperado
del cesto, para la guerra sucia contra
la Isla.
El congreso era el primero a tener
lugar en la Nueva Orleáns, la ciudad
donde 1 800 ciudadanos, principalmente
negros, murieron hace exactamente un
año, por la negligencia de un Gobierno
que pretende enseñar a Cuba, atacando a
sus instituciones, el respeto a los
derechos humanos. |