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E C O N O M I A

La Habana, 16 de Septiembre de 2006

Fraudulenta y engañosa la venta de Havana Club iniciada por Bacardí en EE.UU.

POR GABRIEL MOLINA

CUBA denunció la reciente decisión de la compañía Bacardí, de comenzar la comercialización de un ron elaborado en Puerto Rico, bajo la marca Havana Club, como “una acción fraudulenta y engañosa para los consumidores, quienes tradicionalmente lo han identificado como un ron producido en Cuba y no en otro lugar”.

Juan Antonio Fernández, embajador de la Isla ante la oficina de las Naciones Unidas y los organismos internacionales con sede en Suiza, formuló la denuncia el primero de septiembre último en la reunión del Organo de Solución de Diferencias (OSD) de la Organización Mundial del Comercio (OMC), diciendo: “Todo este accionar de la compañía Bacardí, que desconoce los más elementales principios de la ética comercial, es imputable a la arbitraria e ilegal Sección 211, disposición que fue declarada incompatible con los principios básicos de la OMC, el 2 de febrero del 2002 por este propio Organo”.

La Sección 211, también llamada Ley Bacardí, es una cláusula insertada a la Ley del Presupuesto de Estados Unidos, aprobada por el Congreso federal el 21 de octubre de 1998, a instancias de Connie Mack, senador por la Florida. La OMC consideró esa enmienda discriminatoria contra compañías no norteamericanas.

El Embajador cubano relató en septiembre 1ro cómo, desde la reunión del 19 de julio, advirtió que “la excesiva dilación en el cumplimiento de las normas de esta Organización, en el diferendo que nos ocupa, tiene una explicación: Impedir la renovación de la marca de ron Havana Club por una empresa cubana en la Oficina de Marcas y Patentes de los Estados Unidos de América. Este hecho tiene el indigno propósito de permitirle a la poderosa empresa Bacardí, muy vinculada a la mafia anticubana de Miami y a la extrema derecha estadounidense, apropiarse de la marca en territorio de los Estados Unidos de América. Los acontecimientos recientes nos han dado la razón.

“El 28 de julio pasado —agregó Fernández—, la Oficina de Control de Activos Extranjeros de los Estados Unidos de América denegó la solicitud de una licencia específica para la renovación del registro de la marca Havana Club en ese territorio... Los motivos reales que fundamentan esa denegación responden a satisfacer los intereses de la compañía Bacardí, la que durante más de una década ha desplegado innumerables acciones en ese país dirigidas a usurpar la titularidad de la marca Havana Club.

“La marca Havana Club, registrada desde 1976 en los Estados Unidos de América por la empresa Cubaexport, goza de prestigio y reconocimiento en el mercado internacional como un producto premium que se posiciona con un volumen cada vez más creciente en el mercado mundial, y que ampara un ron genuinamente cubano”.

Recordó el diplomático cubano cómo se han acordado varios “plazos prudenciales entre la Unión Europea y los Estados Unidos de América para que este último cumpla con las recomendaciones y conclusiones realizadas por el OSD, dicha disposición sigue vigente.

“Evidentemente, la conducta de los Estados Unidos de América muestra la falta de adhesión del Gobierno de ese país a los principios rectores del Entendimiento relativo a las Normas y Procedimientos por los que se rige la Solución de Diferencias y se ha convertido en un patrón consistente de desconocimiento a los Acuerdos Multilaterales y de desacato a la OMC, que tiene graves implicaciones sistémicas. Su continuidad sienta un peligroso precedente que podría afectar en el futuro a otros miembros, en particular a los países subdesarrollados, que consideran el sistema de solución de diferencias como un elemento esencial para aportar seguridad y previsibilidad al Sistema Multilateral de Comercio”.

Acotó que EE.UU. en “este y otros diferendos erosiona el Entendimiento de Solución de Diferencias y los pilares básicos sobre los que se erige el Acuerdo de los ADPIC”.

“¿Podríamos dar crédito a un Sistema Multilateral de Comercio basado en normas y en la supuesta igualdad de obligaciones para todos sus miembros, cuando uno de sus actores principales mantiene una actitud de permanente y abierto desafío y una evidente falta de respeto a las disciplinas internacionales?

BACARDI SE PREOCUPO POR EL AVANCE DE HAVANA CLUB EN EUROPA

Antes del proceso revolucionario de 1959, la compañía Bacardí había trasladado sus operaciones destileras de La Habana a Puerto Rico, para obtener beneficios arancelarios en territorio técnicamente de Estados Unidos. La movida le permitió obtener un fallo a su favor para conservar la marca cuando abandonó el país. La sede fue inscrita libre de impuestos en Bermuda y después se trasladó a Miami.

Bacardí alega que pagó a la familia Arechabala por los derechos de la marca Habana Club. Pero esa familia ya no los poseía. Cuando el ron cubano verdaderamente cubano superó en Italia las ventas de Bacardí y se convirtió en una amenaza en el mercado internacional, a mediados de los años 90, Bacardí comenzó a vender un titulado ron Havana Club, producido en las Bahamas, por la afiliada Galleon S.A. El mercadeo del ron se suspendió cuando Havana Club International, una empresa mixta entre la cubana Havana Ron y Licores, y la francesa Pernod Ricard, tomó medidas legales para impedir que la firma infractora falsificase su marca.

Los abogados de Bacardí lograron en 1999 que un Tribunal en el distrito Sur de Nueva York rechazase la reclamación de HCI. La jueza Shira Schenindlin se basó para su fallo (Havana Club Holding S.A. contra Galleon S.A. S.D. N.Y., 1999), en la ley de 1998 conocida como Sección 211, en el masivo proyecto de ley general de asignaciones (presupuesto), que se aprobó ese año sin debate.

La cláusula en cuestión restringe a compañías extranjeras el uso de marcas comerciales que han sido confiscadas por el Gobierno cubano. También autoriza a las firmas de EE.UU. utilizar esas marcas.

Sin embargo, en enero del 2004 el Consejo de apelaciones de la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos (TTAB) decidió el pleito a favor de HCI, que vende el famoso ron en unos 80 países. La decisión anulaba los intentos de Bacardí-Martini para vender su propia versión no cubana del Havana Club, en los Estados Unidos.

Eduardo Sardina, presidente y director ejecutivo de Bacardí, dijo que apelaría el dictamen del TTAB.

EL GOBERNADOR JEB BUSH PRESIONO A LA OFICINA DE PATENTES

El diario Washington Post relató el 18 de octubre del 2002 cómo el gobernador de Florida, Jeb Bush, trató de interferir a favor de Bacardí, a pesar de que las regulaciones de la Oficina de Patentes prohiben acciones partidistas que fuercen una decisión a beneficio de una parte en disputa. No se trataba de un problema ideológico. La ronera del murciélago donó grandes sumas de dinero al Partido Republicano, entre ellos al senador Mel Martínez, quien ha sido acusado por un grupo de vigilancia contra la corrupción en Washington (CREW por sus siglas en inglés), de haber aceptado fondos de la Bacardí por más de 60 mil dólares.

El Post también informó en diciembre 4 que Rodríguez-Márquez presentó tardíamente el requerido informe federal mostrando que había gastado $500 millones haciendo lobby desde 1998. Además, Bacardí gastó otros $2,2 millones para contratar “lobistas”.

Cuando el diferendo estaba en disputa, Jorge Rodríguez-Márquez, presidente de Bacardí, escribió al gobernador Bush: “Alguien tiene que decirle a la Oficina de Patentes que debe cesar de interferir”.

Entonces el hermano del presidente Bush se dirigió al director de la Oficina de Patentes, James Rogan: “Le escribo a favor de la firma floridana Bacardí-Martini, USA, Inc, para pedirle a la Oficina de Patentes y Oficina de Marcas que tome una acción decisiva y rápida en la solicitud pendiente... el registro ya vencido (de Cubaexport) debe ser cancelado inmediatamente”.

Rogan, designado por el presidente George W. Bush, mantenía encuentros secretos con personeros de la oficina del gobernador. El propio Rodríguez-Márquez ha reconocido que se reunió con autoridades del Departamento de Estado, con elementos del vicepresidente Dick Cheney y el consejero político de la Casa Blanca, Karl Rove, sobre este asunto. Así hallaron el subterfugio legal.

HCI demostró que Havana Club no fue confiscado, sino que la familia Arechabala simplemente se despreocupó de la marca y dejó el negocio cuando en 1955 confrontó dificultades financieras. La empresa cubana tomó el control de una compañía en bancarrota. HCI reclama que aun cuando hubiese sido confiscada, no habría tenido efecto en los Estados Unidos, en donde la familia Arechabala bien podría haber renovado la marca pagando $20.

La decisión del TTAB en enero sostuvo que el intento de Bacardí de invalidar el registro de HCI de la marca no tenía fondo legal porque la compañía cubana Cubaexport había registrado la marca en forma debida en Cuba y transferido su registro a los Estados Unidos en 1976, tres años después que la familia Arechabala permitió su caducidad. En 1993 Cubaexport y Pernod-Ricard formaron HCI y renovaron la marca en 1996.

Con ese aval de la Oficina de Patentes, el congresista Jeff Flakes, del Partido Republicano, presentó en la Cámara un proyecto bipartidista que invalidaría a la 211, pues ella “está simplemente poniendo en riesgo las marcas norteamericanas allende los mares”. Flakes declaró que el Congreso tiene la responsabilidad de crear una política para proteger las marcas norteamericanas, no para perjudicarlas.

El demócrata Charles Rancel, quien la endosaba junto a otros 14 congresistas de ambos partidos, se refirió en esa oportunidad a “cómo Cuba y Estados Unidos han respetado una a otra sus marcas comerciales durante 75 años. Es vergonzoso pensar que el Congreso de Estados Unidos pueda liquidar esa área de cooperación beneficiando un interés particular (el de Bacardí), a expensas de cientos de norteamericanos poseedores de marcas comerciales”, apuntó.

Ambos legisladores reflejaban el sentir del empresariado norteamericano que considera una enorme herejía el no respetar el derecho de marcas. En la mente de todos está el fantasma de que Cuba podría comenzar a producir algunas de las 400 marcas de EE.UU. aquí registradas, como la Coca Cola, cuyo derecho se respeta. El presidente Fidel Castro advirtió en el año 2001 que el propio ron Bacardí podría verdaderamente ser elaborado en este país. Sería así más verazmente cubano y no fundado en Cuba como mañosamente expresa Bacardí, que lo produce en Bahamas.

También los medios empresariales denunciaron desde 1998 a la 211, denunciando que fue hecha expresamente para beneficiar a la Bacardí.

El proyecto más que duplicó su apoyo desde que fue presentado en el 2004. El norteamericano Consejo Nacional del Comercio Exterior (NFTC por sus siglas inglés) subrayó el respaldo de la Comunidad Empresarial y el Congreso, en un comunicado. El Consejo Nacional de Comercio Exterior es una importante organización de negocios que aboga por un sistema de comercio mundial abierto y basado en regulaciones. Fundado en 1914 por un amplio grupo de compañías de Estados Unidos, el NFTC sirve desde sus oficinas en Washington y Nueva York a unas 350 empresas.

Bill Reinshi, presidente del NFTC, declaró ese enero que más de 5 000 marcas norteamericanas registradas en Cuba resultaban vulnerables gracias a la ley Sección 211, “la cual transgrede los compromisos concertados con Cuba”.

Añadió que las marcas norteamericanas registradas y el global reconocimiento de las mismas “son vitalmente importantes para la economía de Estados Unidos. Por primera vez en 40 años estas marcas están apareciendo en almacenes cubanos —dijo—, pero son vulnerables a la 211, pues da al Gobierno cubano la opción de no respetar a su vez los tratados internacionales que protegen las marcas registradas por Estados Unidos en Cuba. La iniciativa ayudará a las compañías norteamericanas a proteger esas 5 000 marcas aquí registradas y a no convertirse en un paraíso para los ocupantes ilegales del cyberespacio”.

Con ese aval, el proyecto de ley del Congreso, apoyado por 670 negocios organizados por la coalición USA Engage, se encaminaba a invalidar la Sección 211. Los voceros de los negocios norteamericanos indicaron que la 211 es una abierta invitación para que Cuba o cualquier otro país ignorase las marcas comerciales de EE.UU. registradas en el extranjero. El presidente Fidel Castro había anunciado que Cuba podría vender Coca Cola, ron con el sello Bacardí, y también medicinas cubanas para el SIDA patentadas por compañías norteamericanas.

“Cuba y Estados Unidos han respetado una a otra sus marcas comerciales durante 75 años. Es vergonzoso pensar que el Congreso de Estados Unidos pueda liquidar esta área de cooperación beneficiando un interés particular, a expensas de cientos de norteamericanos poseedores de marcas comerciales”, declaró el congresista demócrata Charlie Rangel.

El congresista republicano Jeff Flake, por su parte, se refirió al proyecto H.R. 2494 diciendo que “como la Sección 211 está simplemente poniendo en riesgo las marcas norteamericanas allende los mares, el Congreso tiene la responsabilidad de crear una política que proteja a las marcas norteamericanas, no que las perjudique”.

Reinsch dijo que “el acuerdo de la OMC es una solución favorable para Estados Unidos, pues refuerza nuestras credenciales comerciales al remover la 211, que es un obstáculo para la agenda norteamericana de libre comercio”.

Pero el Departamento del Tesoro de Estados Unidos franqueó el camino a la Bacardí, con una maniobra administrativa. La Oficina de Patentes del Departamento del Tesoro de Estados Unidos denegó días antes a la empresa mixta firma Havana Club Internacional la licencia necesaria para renovar la propiedad de la marca en su registro de marcas y patentes, a pesar de poseer el derecho desde 1974. Se basó la decisión en las leyes del llamado embargo contra Cuba. Así, la ronera pudo anunciar el 8 de agosto último que volvería a poner en el mercado de EE.UU. una marca de ron Havana Club.

El Senador Mel Martínez, antes secretario de Comercio de Bush, junto con los congresistas también cubanoamericanos Iliana Ros Lehtinen y los hermanos Díaz-Balart en la Cámara, financiados todos por la Bacardí, fueron los artífices de ese engendro. HMI dijo que recurrirá nuevamente la decisión ante los tribunales.

Mientras tanto, Cuba reitera en la denuncia ante la Organización Mundial del Comercio su llamado a que se adopte una acción pronta y efectiva para hacer valer la letra de los acuerdos de la OMC y de sus propias decisiones y exige a Estados Unidos “el cumplimiento inmediato e incondicional de las resoluciones y recomendaciones de este órgano, en particular las relativas a este diferendo, derogando la injusta y discriminatoria Sección 211.

Una vez más se revela cómo la política de Estados Unidos sobre Cuba es rehén de un grupo que se ha adueñado de la Florida e impone su voluntad a despecho de los verdaderos derechos e intereses de ese país.
 

 

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