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El
2006, un año difícil
Béisbol: de California a Taichung
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El
subtítulo en el Clásico, una hazaña.
Cuba jugó para 844 de average en cuatro
torneos. Aprender de los reveses, de
cara al 2007
SIGFREDO BARROS
sigfredo.bs@granma.cip.cu
Todavía guardo en la memoria la tarde
del martes 21 de marzo. Un recibimiento
adecuadamente calificado de ¡apoteósico!
marcó la llegada de nuestra selección,
después de conquistar el subtítulo de un
evento sin precedentes, exclusivamente
por invitación, que sentó pautas en el
béisbol: el Primer Clásico Mundial.
Durante décadas una pregunta
martillaba continuamente a los
aficionados cubanos y de todo el
planeta: ¿cuál es el verdadero nivel de
un equipo que triunfa
ininterrumpidamente en Copas del Mundo e
Intercontinentales, Panamericanos,
Centroamericanos, que gana juego tras
juego como una maquinaria?
Por mucho que desde 1999 los
profesionales irrumpieron en la arena
internacional y el bate de aluminio pasó
a mejor vida, la interrogante se repetía
cuando del máximo nivel, las Grandes
Ligas, se hablaba. De nada valían
argumentos, comparaciones, estadísticas.
Faltaba la necesaria e imprescindible
confrontación en el terreno, la última
palabra.
Y los peloteros cubanos dieron la
respuesta, primero en el Hiram Bithorn,
de la capital puertorriqueña, y más
tarde en el californiano Petco Park.
Cinco triunfos frente a los mejores
peloteros de Panamá, Holanda, Puerto
Rico, Venezuela y Dominicana, los Albert
Pujols y Johan Santana, los David Ortiz,
Bernie Williams, Bartolo Colón,
estrellas refulgentes de ese béisbol,
quienes —justo es reconocerlo—, tuvieron
todos frases de elogio para el
desenvolvimiento de la joven selección
nacional, repleta de entusiasmo,
dispuesta a "dejar la piel en el
terreno", defendiendo la bandera y
demostrando garra y calidad.
Si se fuera a evaluar al béisbol
cubano por esta legendaria actuación, la
calificación no podría ser otra que la
de EXCELENTE. Hubo más, muchas más
victorias y reveses en el año más
complicado y cargado de competencias de
la historia.
CARTAGENA, EL PREOLÍMPICO, TAICHUNG
Tradicionalmente, Cuba ha dominado de
punta a punta los torneos beisboleros de
los Juegos Centroamericanos, imponiendo
una superioridad apabullante en los
marcadores. Ahora no fue así en la bella
ciudad colombiana de Cartagena de Indias
y, pese a que se triunfó en calidad de
invicto, la resistencia de conjuntos
como Dominicana y Puerto Rico resultó
inusitada.
¿Bajamos el
nivel de juego?, valdría la pena
preguntarse. No, simplemente los tiempos
son otros y los rivales también, mejor
preparados, más conocedores de su
oficio, que hacen del deporte un medio
de vida y a él se entregan día a día,
mes tras mes, año por año. Es un reto
que acepta una nueva generación de
peloteros cubanos, tan brillante como la
de Pacheco, Linares y Kindelán, pero a
la cual el listón se le ha colocado más
alto.
Casi sin
reponerse del cansancio, el equipo Cuba
enfrentó una competencia mucho más
difícil que los Centrocaribes, el Torneo
preolímpico de Las Américas,
clasificatorio para los Juegos Olímpicos
de Beijing, los últimos antes del compás
de espera de Londres¢ 12. Doce
conjuntos, todos deseosos de ganar una
de las dos plazas puestas en disputa.
Se pasó por
encima de ocho rivales antes de llegar
al choque final frente a Estados Unidos,
ambos con el boleto asegurado. Fue un
partido memorable, ganado por los
norteamericanos por margen de tres
carreras. Una demostración de que en el
béisbol —como se repite una y otra vez—,
un juego lo gana cualquiera. Cuba dominó
con holgura en los casilleros de bateo y
pitcheo, a pesar de lo cual cayó frente
a un país que no triunfaba ante el
escuadrón antillano desde Sydney¢ 00,
con derrotas en Taipei¢
01, Monterrey¢
02, Panamericanos¢
03 y Mundial de Holanda¢
05.
Ya casi al final
del año, en noviembre, la ciudad
taipeiana de Taichung resultó la sede de
la XVI Copa Intercontinental, una justa
a primera vista devaluada por la
ausencia de norteamericanos y
canadienses. Taipei de China primero y
Holanda después se convirtieron en
rivales encarnizados. Otra prueba más de
que los tiempos cambian y el béisbol,
aunque no ha cambiado su esencia, ya no
tiene enemigos pequeños.
Ahora es muy
difícil ganar una justa internacional
sin perder un partido. Para cualquier
mentor del mundo, jugar por encima de
500, ganar más de lo que se pierde, es
una difícil aspiración. ¿Qué decir
entonces de un equipo con 27 victorias y
5 reveses en el año, un average de 844?
El calificativo, esta vez, se lo dejo a
ustedes.
APRENDER DE
LOS REVESES
Otros dos
torneos, el Mundial Universitario y el
torneo juvenil del orbe, ambos con
asiento en nuestro país, nos dejaron un
sabor amargo: medalla de bronce en el
primero y sexto puesto en el segundo.
Del Universitario podemos afirmar que la
selección cubana no fue la mejor, en
contraposición con el fortísimo equipo
presentado por EE.UU., una nación que
extrae de sus universidades más del 50
por ciento de los peloteros de Grandes
Ligas. El juvenil —líder de la justa en
la etapa clasificatoria en bateo y
pitcheo—, tropezó con los
estadounidenses y con un lanzador de
enormes facultades. Es, además, una
categoría extremadamente difícil, donde
los peloteros cambian año tras año
debido al límite de edad.
De los reveses
se aprende más que de las victorias.
Mejorar la concepción de nuestro pitcheo,
su pensamiento táctico, desarrollar
relevistas —que escasean en nuestro
medio—, elevar los niveles de
estrategia, defensa y dirección de
equipos, son tareas que tiene por
delante el béisbol cubano, de cara a los
difíciles compromisos del presente año.
El béisbol
transitó por un camino muy difícil en el
2006, de California a Taichung. Y puede
afirmarse que salió airoso. |