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Washington en crisis,
pero rechazan admitirlo republicanos y
demócratas
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The new yorker
equipara a Bush con Nerón; la situación,
como Roma, en llamas
Por
David Brooks
LA portada de la revista The New
Yorker lo dice todo: una imagen de
Nerón tocando el arpa en un podio con
micrófonos y con el emblema oficial
"Sello del Presidente de Estados Unidos"
y el rostro de George W. Bush. El dibujo
de Anita Kunz se titula Mientras arde
Roma.
Washington-Roma está en crisis pero casi
ningún político está dispuesto a
confesarlo. Los abusos de poder del
Ejecutivo han dañado la Constitución y
varios fundamentos del sistema legal
estadounidense (por ejemplo, la
anulación del habeas corpus y el
espionaje a ciudadanos sin previa
autorización judicial), violado la Carta
de Naciones Unidas y la Convención de
Ginebra, entre otras normas legales
internacionales, y se han cometido
graves violaciones de derechos humanos
con impunidad (tortura, desapariciones,
arrestos arbitrarios y más). Todo
aprobado, o por lo menos aceptado, por
la legislatura.
Ahora, con los demócratas en poder del
Congreso, se prometen investigaciones a
fondo de algunas de estas prácticas y
violaciones, y se promete revertir
algunos abusos, pero nadie está llamando
a los bomberos, sino por ahora los
políticos sólo buscan controlar las
llamas.
Esto queda claro en el caso de Irak; los
demócratas y cada vez más republicanos
repiten su rechazo del plan del
presidente, pero no logran llegar a un
consenso sobre una contrapropuesta real,
ni están dispuestos, por el momento, a
detener a la Casa Blanca en su intención
de enviar a otros 21 mil 500 soldados a
una guerra que, ya todos reconocen, no
puede ser ganada.
Generales, ex generales, tropas y
veteranos, figuras políticas de gran
perfil de ambos partidos y la opinión
pública en general han intensificado el
volumen de su oposición a la estrategia
bélica del gobierno de Bush, pero los
políticos con sus excepciones proceden
muy cautelosamente.
Y es que el enfoque sobre Irak tiene dos
vertientes: una es lo que ocurre en los
campos de batalla al otro lado del
mundo; la otra es la lucha política que
provoca dentro de Estados Unidos y sus
consecuencias para la competencia por el
poder entre la cúpula del país.
De hecho, algunos sospechan que, ya que
Iraq está perdido, Bush y sus estrategas
están alargando el conflicto sólo para
trasladar los costos y el fin poco
glorioso de ese desastre a los
demócratas.
O sea, según esa interpretación, el
juego es cómo maniobrar para que cuando
se acabe la música, se le pueda echar la
culpa a Teté. Eso explica por qué los
demócratas podrían no desear ofrecer una
contrapropuesta, ya que sería
responsabilizarse del desastre y serían
ellos los culpados de "perder" Iraq y la
guerra contra el terrorismo.
Los militares también se encuentran
arrastrados a este juego. Antes de fin
de año, los dos comandantes supremos de
la guerra habían indicado que ni un solo
jefe militar estadounidense en Iraq
consideraba que un incremento de tropas
podría solucionar la crisis. The
Washington Post reportó en diciembre
que el mando máximo de las fuerzas
armadas, la junta de jefes militares en
el Pentágono, se oponía de manera
unánime a enviar 15 mil elementos más a
Iraq.
Pero por ahora, el comandante en jefe ha
dado las órdenes y, al parecer, todos
cumplirán con su deber (aunque nada
indica que hayan abandonado sus dudas).
Mientras, los nuevos comandantes
designados por Bush para implementar su
estrategia en Iraq ofrecen promesas
relativamente optimistas, pero sus
pronósticos anteriores ofrecen mucho
para la duda sobre sus talentos como
adivinadores del futuro. El general
George Casey sorprendió hoy a reporteros
en Iraq cuando comentó con su jefe, el
secretario de Defensa, Robert Gates, en
su segunda visita en un mes al país
invadido que había la posibilidad de que
algunas tropas pudieran ser retiradas
para este verano.
Sin embargo, durante los últimos dos
años, Casey también había pronosticado
una reducción del nivel de violencia
justo antes de llegar a sus peores
niveles, y en otra ocasión habló de
posibilidades de un inicio de retiro de
tropas durante 2006.
El nuevo encargado de implementar el
plan de Bush sobre el terreno, el
teniente general Raymond Odierno,
tampoco ha sido muy acertado. A mediados
de 2003 consideró que el enemigo tenía
poca voluntad en enfrentarse
militarmente con Estados Unidos; seis
meses después consideró que la
insurgencia era "una amenaza fracturada
y esporádica" y aseguró que las cosas
"mejoraban constantemente".
Y el presidente no ha logrado convencer
a nadie aquí sobre los méritos de su
"nuevo" plan. Como señala Steve Coll en
The New Yorker: "es difícil
rescatar una guerra construida sobre
distorsiones e ilusiones, porque para
proteger las falsedades ofrecidas a los
votantes en el pasado, un presidente y
sus asesores podrían estar tentados de
fabricar aun más de ellas".
Las consecuencias de ese desastre para
el partido del presidente son cada vez
más marcadas y se expresa cierta alarma
por el futuro político de los
republicanos. El propio presidente del
partido, Ken Mehlman, advirtió en su
discurso de despedida del cargo esta
semana que el instituto político
sufriría mayores derrotas en las
elecciones nacionales en dos años si no
hace algo ahora para resucitar y cambiar
de curso.
Aún más notable es que poco más de un
año después de que Bush fue reelecto y
los republicanos estaban consolidando su
proyecto de monopolizar el poder
político nacional a largo plazo, de
repente se encuentran al borde del
abismo.
Por suerte, tienen como contrincantes al
Partido Demócrata, que siempre se ha
lucido por su falta de coherencia,
espina vertebral y audacia. Mucho
depende de si los demócratas logran
traducir el desencanto popular con el
gobierno de Bush en algo más que cambios
superficiales.
Pero no ayudan mucho cosas como buscar
otros enemigos. Hoy el senador Ken
Salazar ofreció una presentación a
reporteros sobre la posición del Partido
Demócrata antes del informe presidencial
con la novedad de que por primera vez se
hizo en español. Al repetir varios de
los puntos prioritarios del liderazgo
demócrata en el Congreso, afirmó que
Bush había ignorado los intereses
estadounidenses en América Latina.
Señaló que, por distraerse
exclusivamente en asuntos de seguridad
nacional y el conflicto en Medio
Oriente, Bush "ha creado un vacío en
Latinoamérica que ha sido llenado por
Hugo Chávez".
Los
republicanos también están hablando
español. Eligieron al senador
cubanoestadounidense Mel Martínez como
presidente del Comité Nacional
Republicano. O sea, con un desastre en
Iraq, con Bush tocando el arpa mientras
arde su presidencia, tal vez la
salvación de Washington sea hablar otro
idioma.
(POR ESTO! Versión
digital 22 de enero del 2007 MEXICO)
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