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Fragmento del Capítulo 25 del libro Cien
horas con Fidel
Las
cartas a Saddam Hussein
La
guerra de Iraq, ¿a usted le parecía
inevitable?
En febrero de 2003, unas semanas
antes de la guerra, estuve en Malasia en
la Cumbre de los No Alineados y allí, en
Kuala Lumpur, conversé largamente con
los miembros de la delegación iraquí, y
con el entonces vicepresidente Taha
Yassin Ramadan. Les dije: "Si en
realidad tienen armas químicas,
destrúyanlas para facilitar el trabajo
de los inspectores de la ONU". Era para
ellos la única posibilidad de evitar el
ataque. Y creo que lo hicieron, si es
que realmente alguna vez las tuvieron.
El ataque estaba ya decidido, aunque no
poseyeran esas armas.
¿Qué opinión le merece Saddam Hussein?
En 1991, después
de la invasión a Kuwait, se encerró en
una lógica que conducía a una seria
crisis. Nosotros votamos la resolución
de la ONU que condenaba esa invasión. Le
envié dos cartas con emisarios
personales, recomendándole negociar y
retirarse a tiempo de Kuwait.
En la primera
misiva, fechada el 2 de agosto de 1990,
le escribí:
"Me dirijo a usted con gran dolor por
las noticias recibidas hoy acerca del
ingreso de tropas de su país en el
Estado de Kuwait.
Independientemente de los motivos que
condujeron a tan dramática decisión, no
puedo menos que expresarle nuestra
preocupación por las graves
consecuencias que pueda acarrear para
Iraq y para Kuwait, en primer lugar, y
para todos los países del Tercer Mundo.
Cuba a pesar de los lazos amistosos que
la unen a Iraq, no puede menos que
oponerse a una solución militar del
conflicto surgido entre Iraq y Kuwait.
La reacción inmediata de la opinión
pública internacional, informada por las
transnacionales de las noticias, crea
una situación muy peligrosa y vulnerable
para Iraq.
Considero muy probable que los
Estados Unidos y otros aliados
aprovechen la ocasión para intervenir
militarmente en el conflicto y golpear
fuertemente a Iraq. Washington, además,
buscará afianzar su autodesignado papel
de gendarme internacional y en el Golfo.
En esta situación, el factor tiempo
es decisivo, y apelo a usted para que
utilizando los buenos oficios de la Liga
Árabe o del Movimiento de Países No
Alineados, a quien nos dirigimos con ese
propósito, exprese su disposición a
retirar las tropas iraquíes de Kuwait y
buscar de inmediato una solución
política y negociada al diferendo. Tales
pasos contribuirían a fortalecer la
posición internacional de los países del
Tercer Mundo frente al papel de gendarme
de Estados Unidos y fortalecerán a la
vez la posición de Iraq ante la opinión
internacional.
Lo esencial en este instante es
evitar la intervención imperialista con
el pretexto de defender la paz y la
soberanía de un pequeño país del área.
Tal precedente sería funesto tanto para
Iraq como para el resto del Tercer
Mundo.
Una posición clara de Iraq y sus
pasos decididos e inmediatos a favor de
la solución política, nos ayudará a
prevenir y frustrar los planes agresivos
e intervencionistas de Estados Unidos.
Cuba está en la disposición de
cooperar en cualquier gestión que
coadyuve al logro de esa solución.
Estoy seguro de que estos puntos de
vista que le transmito expresan el
sentir en estos instantes de decenas de
países en el mundo que siempre han
mirado con respeto y estimación a su
país."
Así concluía
aquella exhortación nuestra para una
justa y razonable solución.
Poco después, el
4 de septiembre del propio año 1990, en
respuesta a un mensaje enviado desde
Iraq, ratifiqué la posición de
principios expresada anteriormente y
llamé a un arreglo político de aquella
difícil coyuntura que podía tornarse aún
más compleja, sombría y de graves
consecuencias para el mundo.
Insistimos
nuevamente. Uno de los párrafos de la
segunda carta decía:
Me decido a
escribirle este mensaje, que ruego usted
lea y medite, aunque por su contenido me
veo en la obligación de compartir con
usted mis reflexiones sobre realidades
seguramente amargas, pero con la
esperanza de que puedan ser de utilidad
en este momento en que usted debe tomar
dramáticas decisiones.
Más adelante
señalaba:
En mi
opinión, la guerra se desatará
inexorablemente si Iraq no está
dispuesta a lograr una solución política
negociada sobre la base de retirarse de
Kuwait. Esa guerra puede ser sumamente
destructora para la región, y en
especial, para Iraq, independientemente
de la valentía con que el pueblo de Iraq
esté dispuesto a luchar.
Los Estados
Unidos han logrado formar una gran
alianza militar, que incluye además de
la OTAN fuerzas árabes y musulmanas, y
en el terreno político han configurado
ante la gran mayoría de la opinión
internacional una imagen sumamente
negativa para Iraq por la sucesión de
los hechos mencionados, cada uno de los
cuales produjo profunda reacción y
hostilidad en las Naciones Unidas y en
gran parte del mundo. Es decir, se han
producido las condiciones ideales para
los planes hegemonistas y agresivos de
Estados Unidos. No podría en cambio Iraq
librar una lucha en peores condiciones
militares y políticas. En esas
circunstancias, la guerra dividiría a
los árabes por muchos años; Estados
Unidos y Occidente mantendrían una
presencia militar indefinida en la
región y las consecuencias serían
desastrosas no solo para la nación
árabe, sino para todo el Tercer Mundo.
Iraq se
expone a una lucha desigual, sin una
justificación política sólida y sin
el apoyo de la opinión mundial, con
excepción, desde luego, de las simpatías
mostradas en muchos países árabes.
Así se resumía
nuestra percepción del asunto y no
dejamos de conminar a Saddam para que
cambiara su posición:
No debe permitirse que todo lo que el
pueblo de Iraq ha construido en muchos
años, así como sus grandes posibilidades
futuras sean destruidos por las armas
sofisticadas del imperialismo. Si
existieran razones justificadas e
irrebatibles para ello, yo sería el
último en pedirle que evitara ese
sacrificio.
Acceder a la demanda de la inmensa
mayoría de los países miembros de las
Naciones Unidas que solicitan la
retirada de Kuwait, no debe considerarse
jamás una deshonra, ni una humillación
para Iraq.
Independientemente de las razones
históricas que Iraq considera le asisten
con relación a Kuwait, lo cierto es que
la comunidad internacional de forma casi
unánime se opone al procedimiento
utilizado. Y en ese amplio consenso
internacional se ampara el designio
imperialista de destruir a Iraq y
apoderarse de los recursos energéticos
de toda la región.
Pero ninguno de
esos esfuerzos dio resultado.
¿Conoció usted personalmente a Saddam
Hussein?
Sí, en
septiembre de 1973. Yo estaba en Argel,
en una Cumbre de los No Alineados, e iba
hacia Hanoi invitado por el gobierno
vietnamita. Aún Viet Nam no estaba
totalmente liberado. Saddam Hussein vino
a recibirme al aeropuerto de Bagdad. En
aquella época él era vicepresidente, aún
no era presidente de Iraq; era jefe del
partido Baas. Me pareció un hombre
correcto, estuvo amable, recorrimos la
ciudad, muy bella, con amplias avenidas,
los puentes sobre el Tigris y el
Éufrates. Me quedé allí solamente un
día. En Bagdad me entero del golpe
militar en Chile contra Allende...
Desde un punto de vista militar,
¿cómo juzga usted el sistema de defensa
utilizado por las fuerzas iraquíes en
esa guerra?
Hemos seguido
con mucha atención esa guerra de marzo a
mayo de 2003. ¿Por qué Iraq no resistió?
Misterio. ¿Por qué no hizo volar los
puentes para retrasar el avance de las
fuerzas norteamericanas? ¿Por qué no
hicieron volar los depósitos de
municiones, los aeropuertos, antes de
que cayeran en manos de los invasores?
Todo eso es un gran misterio. Sin duda
hubo jefes que traicionaron al propio
Saddam.
Todos los países cerraron sus
embajadas en Iraq en vísperas de la
guerra menos ustedes. ¿Hasta cuándo se
quedaron en Bagdad?
Nuestra Embajada
fue la última que se quedó en Bagdad.
Bueno, con la del Vaticano. Hasta los
rusos se fueron. Solo después de la
entrada de las fuerzas norteamericanas
en la capital de Iraq dimos orden de
salir de Bagdad. No les podíamos pedir a
las cinco personas que estaban en
nuestra Embajada que defendieran los
locales contra dos ejércitos. Nuestros
diplomáticos obtuvieron salvoconductos y
pudieron salir de Iraq sin problema. Los
documentos fueron entregados por una
organización internacional, no por los
norteamericanos.
¿Cómo ve usted la evolución de la
situación en Iraq?
A mi juicio, la
resistencia popular va a seguir
intensificándose mientras no cese la
ocupación de Iraq. Aquello va a ser un
infierno, y va a seguir siéndolo. Por
eso, el primer objetivo debe ser el
traspaso inmediato del control real a
Naciones Unidas, y el comienzo del
proceso de recuperación de la soberanía
de Iraq y el establecimiento de un
gobierno legítimo, fruto de la decisión
del pueblo iraquí. Pero de una decisión
auténtica, legítima, y no de elecciones
realizadas en plena ocupación militar
neocolonial. Debe también cesar de
inmediato el reparto escandaloso de las
riquezas de Iraq. |