Hay que
derogar las restricciones
de viajes a Cuba
Andrés
Gómez, director de Areítodigital
MIAMI, 10 mar. — Es el
parecer general que los próximos seis
meses son de crítica importancia para
lograr en el Congreso los cambios
necesarios en las actuales restricciones
de viajes a Cuba.
Principalmente la
derogación de la más cruel e injusta de
éstas: la que prohíbe que los cubanos
que vivimos en este país podamos viajar
a Cuba.
Desde junio del 2004,
cuando el presidente Bush en alianza con
el sector más reaccionario de la extrema
derecha cubanoamericana, decretó las
prohibiciones de viajes, decenas de
miles de cubanos han sido impedidos de
poder visitar a los suyos en Cuba.
Aquellas medidas
establecieron que sólo podríamos viajar
a Cuba una vez cada tres años. ¡Una vez
cada tres años! Y no se permite
excepción alguna. No importa
enfermedades graves; no importa la edad
de nuestros padres y hermanos.
Nada importa. A ellos,
los que inventaron estas prohibiciones,
no les importa nada. Ni nosotros, ni
nuestras familias, ni nuestras
relaciones con nuestras familias.
No sólo se atrevieron a
decretar y mantener desde entonces tan
salvajes medidas, sino que, además,
osaron, contra la decencia, definir
quiénes son y quiénes no son nuestras
familias.
De acuerdo con estos
salvajes, no son nuestras familias en
Cuba nuestras madres, padres, hermanas y
hermanos de crianza; nuestras tías y
tíos; nuestras primas y primos y
nuestras sobrinas y sobrinos, y todos
los demás…
¿Bajo qué derecho
constitucional puede un gobierno en este
país decretar semejantes medidas?
No existe ese derecho
constitucional. Pero este gobierno lo
decretó en mayo del 2004 y por casi tres
años ha estado violando impunemente
nuestros derechos más fundamentales.
Pero, además,
conformarnos con regresar a una
situación anterior a la de mayo del
2004, es conformarnos a que esta
Administración, cualquier
administración, tiene el derecho a
restringir cuántas veces al año podemos
ir a visitar y compartir con los
nuestros en Cuba.
Porque si bien
recuerdan, por años, antes del 2004,
sólo se nos permitía viajar a Cuba una
vez al año.
¿Por qué cualquier
administración tiene el derecho de
determinar cuántas veces puede uno de
nosotros viajar para visitar y compartir
con los suyos en Cuba?
¿Por qué? Ninguna
administración tiene ese derecho.
Estas prohibiciones de
viaje en pie desde mayo del 2004,
también han tenido como resultado el
excesivo e inmoral aumento del precio de
los viajes a Cuba.
El precio del boleto, de
ida y vuelta, de Miami a La Habana, en
marzo del 2004, antes de las
prohibiciones actuales, hace ahora tres
años, comprándosele directamente al
charteador, era de $299. Hoy ese boleto
cuesta $434.
Hoy, los charteadores
sólo pueden vender ese boleto a las
personas que viajan con las licencias
del Departamento del Tesoro. Los demás,
que son la inmensa mayoría, decenas de
miles, tienen que comprar su boleto en
una agencia de viajes y, además, obtener
—como puedan—una licencia religiosa.
Actualmente, el precio
de un viaje de ida y vuelta, Miami-La
Habana, incluyendo la licencia
religiosa, es como promedio, $650.
¡$650 antes de uno
montarse en el avión! Una diferencia de
$350 entre el precio actual y el precio
del boleto antes de las restricciones de
viajes.
Ese precio también es
consecuencia directa —y bien pensada— de
las restricciones de viajes a Cuba
impuestas por la Administración Bush y
sus aliados de la extrema derecha
cubanoamericana: los Díaz-Balart, la
Iliana Ros y Mel Martínez, en primera
fila.
Tenemos que organizarnos
y movilizarnos para lograr que este año
deroguen estas crueles restricciones.
Y lo haremos.