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Dos
meses después del terremoto en Haití
Un
lente que mucho ha visto
Este
trabajo debió publicarse ayer lunes,
pero un torrencial aguacero en Puerto
Príncipe dañó las precarias
comunicaciones e impidió que llegara a
tiempo a nuestra redacción...
LETICIA MARTÍNEZ HERNÁNDEZ
Foto: JUVENAL BALÁN,
enviados especiales
PUERTO PRÍNCIPE, Haití.—
Cuando casi en la medianoche del 13 de
enero me avisaron que en unas horas
saldría para Haití, sentí miedo, miedo
de lo que me esperaba, miedo de dejar mi
paz, mi familia, mi Cuba... para viajar
al infierno de este mundo. Estaba por
concluir la jornada en el periódico.
Pero por esos imprevistos que se
agazapan con frecuencia en la vida de
los periodistas, esa noche no regresé a
casa a descansar, sino para echar en la
mochila lo imprescindible y decir adiós.
Solo una frase pudo traer la calma a esa
hora: "Juvenal Balán será tu fotógrafo,
tu compañero".

Juvenal Balán en Haití. |
Entonces tenía asegurado lo más
importante: la certeza de un profesional
del lente, que más que fotógrafo era un
amigo. Al Juve aquella noche se le
juntaron dos preocupaciones: La de hacer
otra de las coberturas más difíciles de
su historia en el periodismo, que ya
suma muchos años, y la de cuidar a la
recién graduada que salía por vez
primera a escribir de una tragedia. Hoy
creo que las dos misiones del Juve, el
fotógrafo que me cuida y da aliento
cuando las fuerzas fallan, están bien
cumplidas.
No
podía ser de otra forma. La seguridad
que transmitieron sus ojos cuando nos
juntamos el 13 de enero, es la misma que
he vivido todos estos días aquí, desde
aquellos momentos en que la tierra no
paraba de sacudirse y los muertos se
acumulaban en la calle, hasta las horas
en que la nostalgia por el hogar y la
familia ahogan. Pero el Juve siempre
tiene una respuesta: "No te preocupes
más. Todo saldrá bien". Y es que este
fotógrafo me ha dado una de las mejores
lecciones de mi vida periodística. A la
vera de él aprendí que en situaciones
extremas como las vividas en Haití, vale
más una mano protectora que una tremenda
foto. Aunque, he de decirlo, el Juve
sabe hacer bien las dos cosas.
Para Juvenal Balán, cuyo lente vivió la
guerra de Angola, el tsunami en la isla
de Sumatra y el terremoto de Pakistán,
las imágenes de Puerto Príncipe superan
cualquier otra tragedia fotografiada.
Sin que me lo haya dicho, sé cuáles son
las fotos que más le han llegado al
corazón, al alma. Ahí están la del
pequeño encontrado entre escombros y que
moría, mientras los médicos cubanos
hacían lo imposible por salvarlo; la del
bulto de cadáveres hinchados y
putrefactos; la del esqueleto carcomido
por picotazos de gallinas; la del
militar norteamericano que con desprecio
vapuleaba a aquel haitiano; la del
doctor que en un salón improvisado
amputaba una pierna para salvar una
vida.
Pudiera
pensarse que quien se para frente a la
tragedia para tomar una fotografía,
cinco, diez... es insensible hasta los
tuétanos. Sin embargo, quien escuche a
Juvenal Balán hablar de la nietecita que
dejó allá en Cuba luego de atrapar la
angustia de los pequeños haitianos, no
puede hacer más que reverenciar a un
hombre que vive, y también sufre, la
profesión que escogió. Por eso cuando la
prensa cubana celebraba su día,
casualmente un domingo de poco trabajo
aquí, el Juve no podía estarse
tranquilo. En ristre tenía su cámara
para seguir fotografiando a Haití. |