|
Después
del terremoto en haití
Casas a
prueba de sacudidas
La
Alianza Bolivariana para los Pueblos de
nuestra América entrega al gobierno
haitiano 88 viviendas, el primer grupo
de un total de 500
LETICIA MARTÍNEZ HERNÁNDEZ y juvenal
balán (fotos), enviados especiales
PUERTO PRÍNCIPE,
Haití.— Dicen las leyes del periodismo
que los números agobian al lector, que
enrevesan la lectura. Sin embargo, a
veces, unas pocas cifras urgen para
cuantificar la tragedia y, de paso, ser
certeros en las conclusiones. Apunta la
página web www.terremotochile.com que el
sismo en Chile fue 500 veces más fuerte
que el de Haití. El del Caribe causó
alrededor de 300 000 muertes; el de
Concepción, cerca de 700. Tal absurdo es
explicable: sacuden más fuerte los años
de miseria, esos que no pueden ser
medidos en escalas de Richter, pero sí
en vidas marcadas y lastradas hasta el
agobio.

La obra ha permitido
contratar a más de 600
obreros haitianos. |
Haití era
tragedia antes del 12 de enero del 2010.
La catástrofe se guarecía, de la mano de
millones de haitianos, bajo los techos y
paredes endebles de sus precarias
viviendas. Fueron ellas las guillotinas
que aquella tarde trágica cercenaron los
cuerpos de cientos de miles. Y es que la
magnitud de los terremotos es solo una
parte del problema; la otra radica en la
debilidad de las construcciones: premisa
más que demostrada aquí donde la muerte
quedó entre los escombros.
Argumentan
conocedores del tema que en Haití son
frecuentes las edificaciones levantadas
sin respetar las más elementales normas
de construcción, menos las antisísmicas.
Abundan las casas erigidas con poco
cemento y mucha arcilla, sin
cimentación, con cabillas débiles y
columnas desproporcionadas. Todo ello
condicionado por la miseria, y el
consiguiente desconocimiento de quienes
deciden levantar con manos propias sus
viviendas.
Fueron muchas
las construcciones, nuevas y añejas, que
aquel martes fueron al piso y ahogaron
en polvo a la capital haitiana. En
otras, todavía en pie, las fisuras de
sus paredes aconsejan no volver a entrar
más. Dentro de tal panorama de
destrucción, la "terquedad" de 88
viviendas que se mantuvieron en pie
luego de las sacudidas llega a asombrar.
Después del terremoto, sus proyectistas,
constructores y arquitectos durmieron
tranquilos pues las casas estaban
concluidas, solo faltaban los viales, y
habían respetado cada detalle. La
ausencia allí de la más mínima grieta
así lo confirmaba. Se trataba de la
Villa La Renaissance, un sueño de la
Alianza Bolivariana para los Pueblos de
nuestra América dirigido a Haití, uno de
los países más vapuleados del
continente.
DE AYUDAS DURADERAS Y ANTISÍsMICAS
Cuando en marzo del 2007 el
Comandante Hugo Chávez visitó este país,
una idea comenzaba a gestarse. Se
trataba de la edificación en tierra
haitiana de 500 viviendas. Hoy están
listas, y hermosas, las primeras 88
casas en la Villa La Renaissance,
ubicada a escasos kilómetros de Puerto
Príncipe, y construidas por la
Constructora del Alba Bolivariana, una
empresa mixta cubano-venezolana.
Elio García,
representante legal de la Constructora,
dijo a Granma que el proyecto se
encuentra en una primera fase que
"incluye 128 viviendas, de las cuales
tenemos 88 listas. Las próximas 40 deben
entregarse a inicios del mes de mayo.
Estas viviendas se donarán al gobierno
haitiano, que decidirá cómo
repartirlas". Explicó García que
construyeron un pozo de agua para
abastecer, también, a las 300 viviendas
que colindan con la comunidad. Hicieron
todas las instalaciones eléctricas, un
pozo séptico para tratar los residuales,
áreas para los jardines y los viales.
Esta obra permitió ofrecer empleo a casi
600 constructores haitianos.
Las viviendas
cuentan con dos dormitorios, baño
intercalado, un patio interior y una
sala, comedor y cocina ubicados en un
solo espacio amplio pues, como consideró
la arquitecta María del Carmen Despaigne,
a pesar de que las casas están diseñadas
para cuatro personas, las familias
haitianas son numerosas y así pueden
acomodar los espacios. Dijo la
especialista que aunque fue un proyecto
concebido por Cuba y Venezuela, se
adaptó luego a la arquitectura de este
país. Por ejemplo, hicieron un estudio
de colores que priorizó el verde, el
naranja, el rosado, y los contrastes
claros y oscuros "Los materiales son de
muy buena calidad, con pisos de
cerámica, y enchapes en los baños,
condiciones excepcionales en el contexto
de Haití".
Sobre la
resistencia de las edificaciones y el
hecho de que ninguna sucumbiera a los
temblores del sismo, explicó el joven
arquitecto Josué Limendux Hechevarría
que "son viviendas de un solo nivel, con
un sistema fuerte de columnas y vigas, y
construidas con hormigón armado. Se
estudiaron las características del
terreno, mayormente arcilloso y que no
ofrece mucha resistencia, por lo que
proyectamos la cimentación en balsa para
alcanzar esa resistencia".
Agregó Limendux
que en la fortaleza de las viviendas
intervino también el constante chequeo.
"Controlamos siempre la calidad del
hormigón para cada elemento estructural,
desde la cimentación hasta la cubierta.
Comprobamos la resistencia del material.
En fin, la comunidad fue proyectada bajo
conceptos antisísmicos".
Y es que para
lograr lo que es hoy Villa La
Renaissance mucho se ha trabajado.
Aunque todos coinciden en apuntar que el
alma de la obra ha sido el ingeniero
Bárbaro Pérez, jefe técnico de la obra,
quien descubre y despide al sol a pie de
obra. Todos hablan de lo mucho que
exige, pero "dobla el lomo" como un
obrero haitiano más. "Empezamos a las
siete de la mañana y terminamos a las
cuatro de la tarde. Aunque los días de
fundición nos agarraba la noche.
Aquí en la obra
todo el mundo ha aprendido: los cubanos
de los haitianos, y viceversa. A la
arquitecta María del Carmen Despaigne,
con 30 años en la profesión, esta
experiencia le ha aleccionado
doblemente: "Me choca trabajar con
obreros desprotegidos, cuando estamos
acostumbrados a lidiar con constructores
que se les exige hasta el uso del casco
para entrar a la obra. También he
aprendido a no esperar sentada a que
lleguen los sofisticados equipos para
comenzar a construir. Muchas veces
hacemos costosas obras que podrían ser
más baratas. Aprendí que, sin
comprometer la calidad, podemos buscar
alternativas".
Así se viven
estos días a pie de obra, con el sol
picando y la fecha de entrega tocando a
la puerta. Es hora de abrir. |