Revelando la identidad del verdadero
depredador
Rouslyn
Navia Jordán
Fotos: Abel López Montes de Oca y
cortesía de la fuente.
"POR la Ciénaga de Zapata no se pasa,
hay que ir". La frase la he escuchado
varias veces este año, durante el cual
he visitado con asiduidad ese municipio
de la occidental provincia de Matanzas.
Y no puedo estar más de acuerdo. El
camino es largo y la vegetación
infinita, al menos hasta donde alcanza
la vista. Justo cuando pareciera que no
habrá otra huella de civilización además
de la carretera transitada, aparece de
pronto ante el viajero el Criadero de
cocodrilos ubicado en La Boca de Guamá.
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El Crocodylus
rhombifer
o cocodrilo cubano.
- GALERÍA
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Toda vez que me adentro en el
humedal, desde el carro le lanzo un
vistazo rápido a la malla de los
corrales, casi con la nostalgia de mi
infancia, cuando recorrí por primera vez
aquel lugar con los ojos llenos de
asombro y susto ante aquellas enormes
fieras dormitando al sol con las fauces
abiertas.
Y aunque ahora desde mi asiento no
alcanzo a ver a los reptiles, casi los
adivino… los imagino agazapados en el
fango o caminando con pesadez hacia el
agua mientras escudriñan el aire con su
mirada de cazadores expertos.
Siempre han despertado en mí cierta
fascinación por su poder como parte de
la cadena alimenticia en la Naturaleza,
su perfección evolutiva les ha permitido
sobrevivir a siglos de desarrollo de
nuestro planeta sin necesitar hacer
grandes cambios en su anatomía.
UNA IDEA DE FIDEL
Al triunfar la Revolución, la
situación del Crocodylus rhombifer
o cocodrilo cubano se consideró crítica.
Su caza indiscriminada para la
comercialización de la piel lo había
llevado a una situación de preocupante
peligro de extinción. La pobreza de los
habitantes de la ciénaga en los años
previos justificaba su accionar, pues de
esa forma lograban aminorar las
carencias económicas del hogar.
El 16 de marzo de 1959, en un
recorrido de Fidel y Celia Sánchez por
la región, estuvieron cerca de la Laguna
del Tesoro y conversaron con un grupo de
carboneros, quienes, según se cuenta,
tenían amarrado un ejemplar del saurio.
El Comandante se interesó por la especie
y sugirió entonces hacer un criadero
allí. Al marcharse del humedal, dejó
encaminado el naciente proyecto en manos
de Kiko Alzugaray y otros compañeros.
Así, los mismos pobladores que se
dedicaban a cazarlos a fin de satisfacer
sus necesidades, comenzaron a hacerlo
con vistas a su cuidado.
Gustavo Sosa Rodríguez, médico
veterinario, lleva alrededor de 14 años
trabajando allí. Comenzó poco antes de
cumplir los 20, les ha dedicado a estos
animales no solo sus conocimientos sino
también su juventud.
Aseguró que la idea de Fidel fue
brillante "aunque en aquel entonces
resultó contradictoria a algunos
especialistas defensores de la teoría de
conservar mejor la especie en vida
libre. Los años y la experiencia
demostraron lo contrario, resaltando
esta instalación como la estrategia
correcta."
Gracias a eso, hoy se pueden conocer
datos sobre su período de reproducción,
cuántos huevos ponen, cómo se desarrolla
la cópula. A la vez, se adiestraron
quienes acompañan a los expertos en las
expediciones al medio natural durante
los estudios de poblaciones en vida
libre.
"A partir de ahí, se han iniciado
proyectos similares asociados a la
conservación de otras especies en
peligro de extinción como el manjuarí."
"Se conocía que junto al C.
rhombifer coexistía en la Ciénaga
otra especie: el Crocodylus
acutus o americano. Sin embargo, no
se habían detallado a profundidad sus
características y diferencias. A ello se
abocó la labor de la entidad.
"Posee particularidades anatómicas
identificativas. Por ejemplo, el rombo
delante de los ojos (al que le debe su
nombre), la forma de la cabeza, el color
de los ojos, cómo se organizan los
osteodermos, la talla (máxima de 3,5
metros, más pequeño que el americano).
Su coloración, más oscura o clara,
depende de la alimentación y el
hábitat."
VIVIENDO ENTRE SAURIOS
El criadero, con más de 50 años de
fundado, cuenta con un grupo de
trabajadores muy estable. Esto ha
permitido un correcto manejo de la
especie pues la gente va adquiriendo
habilidades. "No se compara con la
ganadería y la avicultura de las cuales
se conoce mucho, al principio el grado
de empirismo era inmenso".
"Si bien a todos nos gusta trabajar
con ellos, hacerlo exige cuidado,
cualquier error puede derivar en un
problema. La unión deviene clave,
protegernos unos a otros cuando nos
encargamos de alimentarlos, limpiar
corrales o entrar a los nidos, el
momento más peligroso… Nunca se debe
entrar solo.
"No les tememos, pero los respetamos.
Los conocemos y sabemos lo que pueden
hacer, sus habilidades, cuánto pueden
saltar, su velocidad, la fuerza de sus
mandíbulas, etc. Durante la manipulación
usamos botas, guantes y mantenemos la
higiene, evitando de esta manera el
intercambio de microorganismos."
VIAJANDO POR CUBA
Aunque solo se halla de modo natural
en la Ciénaga de Zapata, existe en el
país un Programa Nacional del Cocodrilo
Cubano. Pertenecen a él varios criaderos
con especialistas adiestrados por los de
la Ciénaga de Zapata. De ese modo, se
han distribuido poblaciones en otras
regiones del territorio nacional.
Ejemplo de ello lo encontramos en el
municipio especial Isla de la Juventud.
"Allí la población fue reintroducida,
pues se encontraron evidencias fósiles
de que habitó esa zona hace tiempo.
Quedaban de las especies C.
acutus y C.c. fuscus, este
último más conocido como babilla. Las
características de la Ciénaga de Lanier,
similares a esta, coadyuvaron a su
adaptación al nuevo entorno."
CICLO CERRADO
Tienen crías una vez al año, siempre
en las mismas fechas y el grupo de
reproductores aporta en cada periodo
entre 900 y mil neonatos.
Las madres cuidan celosamente el nido
y poseen un marcado carácter
territorial. Hay muchas hembras en los
mismos corrales (sin llegar al
hacinamiento) y con el objetivo de
prevenir agresiones entre ellas o daños
a las posturas, se extraen estas
últimas.
Sin embargo, la razón fundamental de
hacerlo es que, luego de nacer, resulta
muy peligroso entrar a sacar a los
pichones para impedirles convertirse en
la cena de los adultos.
Se incuban en un local aparte. La
temperatura del nido define el sexo de
las crías y la temperatura óptima (31 o
32 grados Celsius) genera tantas hembras
como machos pero "no contamos con medios
sofisticados que permitan regularla a
nuestro antojo. Eso sí, logramos
controlarla y mantenerla dentro del
rango necesario (28 a 34 grados) y
evitar variaciones bruscas, causantes de
muerte embrionaria. Cumpliendo esos
requisitos obtenemos un buen porcentaje
de natalidad,
En los corrales se separan por
categorías: la de inicio comprende los
de cero a un año (nacidos todos en la
misma temporada), otra es la de animales
de 3-4 años.
Una vez que alcanzan esa edad, en
dependencia de sus características
morfológicas y condiciones corporales,
si cumplen con el peso, la talla y otros
parámetros requeridos, se ubican en los
corrales de juveniles. "Esos llevan
atención especializada y después de los
seis o 10 años, cuando miden entre 1,80
y 2 metros se pasan a los de
reproducción."
Desde 1994 mediante un permiso CITES
(Convenio sobre el Comercio
Internacional de Especies Amenazadas de
Fauna y Flora Silvestres), se le permite
a la entidad comercializar la carne y la
piel. Abastecen de este modo los centros
turísticos de la península.
¿EL MALO DE LA PELÍCULA?
Por desgracia, los reptiles, y en
particular estos, debido a la influencia
de películas y medios de comunicación
han adquirido fama de villanos. Muchos
ven en ellos un peligro inminente y les
temen. ¿Lo risible? Existen más reportes
de personas comiendo cocodrilos que
viceversa.
El hombre no está dentro de su dieta.
Sí puede suceder que, al invadir su
zona, el ser humano lo haga sentirse
agredido y entonces ataque. "Por lo
general se trata de un animal pasivo.
Aquí de forma muy amable se deja
fotografiar y para ello se han
facilitado miradores. Así, los
visitantes pueden observarlos y llevarse
una buena impresión, conocerlos mejor."
Sin embargo, la insensibilidad de
algunos visitantes echa por suelo tales
esfuerzos. "Con frecuencia los agreden,
les arrojan piedras, botellas… quizás no
se dan cuenta, pero con un golpe los
pueden afectar, provocarles la pérdida
de un ojo, etc."
Todas las semanas se ven forzados a
entrar a los corrales a retirar estos
objetos en aras de mantener la limpieza
del lugar. Nadie tiene en cuenta que se
trata de cazadores, una lata de aluminio
llama su atención y la ingieren. Al no
poder digerirla, las obstrucciones en el
estómago y los intestinos ocasionan su
muerte.
"Hemos tenido casos así. De pronto
alguno baja de peso sin presentar golpes
externos o enfermedad. Tras someterlo a
una intervención quirúrgica encontramos
en su contenido estomacal cuerpos
extraños. Logrando buena higiene y
adecuada alimentación, no deben
enfermar. Teniendo nosotros tantas
precauciones resulta muy triste que los
visitantes les ocasionen daños.
En los libros de detectives, al
estilo de Ágatha Christie o Arthur Conan
Doyle, el rostro del criminal se devela
al final. Me marcho ya, mientras lo hago
observo de nuevo la malla protectora de
los corrales y esta vez me pregunto a
quién resguardan realmente ¿a nosotros…
o a ellos?