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¿Cómo
Graham Bell se adueñó del teléfono?
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Antonio Meucci,
un italiano que hace poco fue reconocido como el
verdadero inventor, pasó 15 años en La Habana, época
en que descubrió la transmisión de la voz por vía
eléctrica
POR
FÉLIX LÓPEZ, del diario Granma
Un
siglo y 26 años después de que Alexander Graham
Bell patentara el teléfono en Estados Unidos, el
Congreso de ese país, ante irrefutables pruebas y
el incansable reclamo del congresista
italo-norteamericano Vito Fossella, tuvo que
reconocer —11 de junio del 2002— a Antonio
Meucci, inmigrante italiano, la paternidad absoluta
del invento, considerado hoy como el instrumento de
telecomunicación de mayor difusión en todo el
mundo.
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Antonio
Meucci,
el inventor.

Imagen
del
"teletrófono"
original.
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En
Italia se celebra por estos días el primer
aniversario de la reivindicación del florentino
Meucci, quien murió en 1896, dejando tras sí una
triste historia: con mucho dinero, fraudes y la
astucia de sus abogados, la rica compañía Bell
—hoy ATT— logró comprar a la justicia
norteamericana, que retrasó año tras año el
proceso judicial emprendido por Meucci y permitió
que Graham, para decepción del pueblo
norteamericano, se agenciara la patente del teléfono.
Según
se recoge en Wikipedia, la denominada enciclopedia
libre, los italianos venían defendiendo desde
siempre que el inventor había sido su compatriota,
al que dedicaron muchos años atrás, junto a
Garibaldi, un museo que ahora puede
"visitarse" en la red: http://www.garibaldimeuccimuseum.org/.
El mundo poco les creía, por aquello de que los
grandes inventos tienen muchas patrias. Ahí está
el ejemplo de la radio, cuya invención fue
reclamada a lo largo de la historia por austriacos,
húngaros, alemanes, rusos e italianos.
LOS
DÍAS CUBANOS DE MEUCCI
Hasta
aquí, el lector medio cubano no encontraría nada
digno de asombro. Pero pocos conocen que el
verdadero inventor del teléfono vivió 15 años en
La Habana, en una época en que comenzó a gestar su
genial invento. Así lo documenta el libro "Los
días cubanos de Antonio Meucci y el nacimiento de
la telefonía", selección de textos de José
Altshuler y Roberto Díaz Martín, quienes siguieron
en nuestro país las huellas del italiano.
Al
terminar sus estudios en la Academia de Bellas
Artes, Meucci se ganó la vida como empleado
aduanero, hasta que fue contratado por el Teatro de
la Pérgola como tramoyista. Su fama de creador de
las más variadas máquinas usadas en el escenario
lo trajo, junto con su esposa, al teatro Tacón de
La Habana, sitio donde desarrolló su pasión por
los inventos, el primero de ellos un nuevo método
para galvanizar los metales.
A su
paso por la Pérgola, Meucci había construido un
primer teléfono acústico, una especie de tubo con
el cual comunicar desde el escenario hasta 18 metros
más alto, y en Cuba descubrió que era posible la
transmisión de la voz por vía eléctrica. Un día,
mientras trataba la enfermedad de un amigo con
choques eléctricos, un método terapéutico que
popularizó en La Habana, dejó a este en una
habitación y se fue a ultimar detalles en otra. Su
amigo le habló y él oyó lo que le decía a través
de los cables de cobre que unían las dos
habitaciones.
Meucci
se dio cuenta de su potencial y pasó la década
siguiente perfeccionando el invento. En 1850, en
busca de mercado, se trasladó a Nueva York, donde
realizó su experimento más sistemático: la
artrosis deformante de su esposa, que le impedía
moverse, le hizo crear una conexión fija entre su
laboratorio, en el sótano, y la habitación de ella
en el segundo piso de la casa.
Cuentan
sus biógrafos que el escaso conocimiento del inglés
y la absoluta falta de fondos le impidieron hacer
valer su invención. En el verano de 1871 un
peligroso accidente —la explosión del vapor
Westfield, en el que regresaba a Nueva York— lo
obligaron a alejarse del trabajo y a vivir de la
ayuda de sus amigos... Ese fin de año (con los 20 dólares
de una colecta) se presentó en la Oficina de
Patentes, donde logró depositar una inscripción
preliminar del "teletrófono", que requería
ser renovado anualmente.
Todavía
sorprende la imagen que el museo italiano guarda de
su invento, porque es el diseño básico de los
primeros teléfonos comerciales. Con él, en 1860,
organizó demostraciones prácticas para atraer
inversionistas. Por ejemplo, logró que la voz de un
cantante se oyera con claridad transmitida a través
del aparato. Los periódicos italianos de Nueva York
describieron el hecho, pero la trampa de Bell,
amparado en las cortes, ya estaba en marcha. Se dice
que Edward Grant, entonces vicepresidente de la
poderosa empresa de telegrafía Western Union, se
negó a asistir a la demostración que le haría el
italiano de su "telégrafo parlante". En
1874 Meucci pidió a los ejecutivos de la Western
que le devolvieran el material, pero le dijeron que
se había perdido. Dos años después, ante el
asombro de los que conocían a Meucci, Alexander
Graham Bell patentó el teléfono.
Diez años
después (1886) se celebró el juicio Meucci vs.
Bell. Hasta el Secretario de Estado mostró públicamente
que existían pruebas suficientes para atribuir la
prioridad al primero y Thomas Alva Edison envió una
carta al juez posicionándose a favor de Meucci.
Pero en la corte ganó el dinero de Bell y los
prejuicios del sistema contra los inmigrantes. Un
siglo y 26 años después, sin tiempo para
disfrutarlo, Antonio Meucci ha sido reivindicado,
pero las causas de su injusto despojo han cambiado
poco.
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