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LA VICTORIA
ESTRATÉGICA
(Introducción)
Capítulos
I l
II
l
III
l
IV
l
V
l
VI
l
VII
l
VIII
l
IX
l
X
l
XI
l
XII
l
XIII
l
XIV
l
XV
XVI
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XVII
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XVIII
l
XIX
l
XX
l
XXI
l
XXII
l
XXIII
l
XXIV
l
XXV
Contención
en Minas de Frío
(Capítulo
17)
El
13 de julio, al segundo día del comienzo
de las acciones en Jigüe, recibí en mi
puesto de mando en el alto de Cahuara la
información de que fuerzas del Batallón
17 enemigo habían comenzado a avanzar
desde San Lorenzo en dirección a Minas
de Frío. La noticia era preocupante. Si
el enemigo lograba ocupar las Minas se
colocaba en posición privilegiada para
penetrar en el corazón de nuestro
territorio. Desde las Minas podía
intentar de nuevo ocupar Meriño y seguir
hacia El Roble con la posibilidad de
caer desde la retaguardia sobre nuestras
posiciones en Jigüe, lo cual podría
poner en peligro la operación contra el
Batallón 18, y significaría cortar
nuestro territorio, al que había
aspirado con la operación de Meriño.
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Vilma Espín en su segunda estancia
en la Sierra Maestra, marzo de
1958. |
Sin
embargo, en esa peligrosa coyuntura, yo
tenía gran confianza en la capacidad del
Che y de las fuerzas rebeldes bajo su
mando en ese sector para impedir que el
enemigo lograse su objetivo. Mientras
tanto, mi atención personal tendría que
seguir dirigida hacia la derrota de la
tropa cercada en Jigüe y el rechazo de
cuantos refuerzos fueran enviados desde
la costa en su auxilio.
No fue la única mala noticia que
recibí ese día. A las 2:00 de la
tarde, el Che me informó desde Mompié:
Los guardias venían subiendo por el
alto de Meriño. Di instrucciones a
Raúl [Castro Mercader], para que
mandara la gente de Angelito Verdecia
(que estaba descansando en la Mina) a
tapar ese camino. Parece que hubo una
confusión y Angelito cayó en una
emboscada en la que resultó muerto,
perdiendo su arma, según uno de la
tropa que vino desperdigado, los otros
dos que iban con él no han aparecido.
Si
los guardias avanzan y rompen esa línea,
no hay refuerzos para allí.
Lo
que había ocurrido era que cuando los
guardias ascendían hacia el alto de
Meriño, Angelito Verdecia y algunos
hombres que lo acompañaban habían sido
sorprendidos por el camino que sube a El
Tabaco. En el encuentro, el enemigo
sufrió cuatro bajas, entre ellas, dos
heridos de gravedad, pero resultó muerto
el bravo capitán rebelde. Los
combatientes que lo acompañaban se
dispersaron y dejaron el cadáver de su
jefe en poder de los soldados.
La sensible pérdida de Angelito
Verdecia me produjo gran dolor y
contrariedad, pero mayor fue mi
irritación por las circunstancias en
que tuvo lugar. Sin conocer detalles,
ordené al Che investigar bien lo
ocurrido y aclarar responsabilidades:
No tengo nada que decirte. Con toda
seguridad llegó el aviso de que los
guardias venían subiendo de S. Lorenzo
a Meriño, le dijeron a Angelito que
fuera a interceptarlos en el alto, sin
calcular que tenían mucho más tiempo
que él para llegar a ese punto y allí
mismo lo jodieron.
Cuando yo salí de la Mina dije que
cuidaran el camino del Moro más acá del
alto; tú me dijiste que lo mejor sería
poner posta en el mismo camino que sube
de S. Lorenzo a Meriño, para vigilarlo y
yo estuve de acuerdo. ¿Cómo pueden haber
sorprendido entonces a Angelito en una
emboscada? ¿Es que acaso subieron por
algún trillo y salieron más acá del
alto? ¿Entonces, qué pasó con los que
debían estar en el alto de posta?
Esa
misma tarde, las fuerzas enemigas del
Batallón 17 coronaron el firme de Meriño.
Así me lo comunicó el Che a las 7:05 de
la noche:
Esta tarde coronaron el firme los
guardias y dice Raúl [Castro Mercader]
que tiene noticias que ya están en
Meriño, aunque yo no lo creo. Me parece
necesario o un refuerzo o evacuar
preventivamente las Minas de todo lo
superfluo. Tú dirás.
Temprano en la mañana siguiente, el Che
me informó: "De Meriño todavía no hay
novedad, los soldados están en el
caserío y tienen el firme; ordené el
repliegue sobre las Minas de todos los
otros".
El
Che agregaba en su mensaje que parecía
que la culpa del sorpresivo encuentro
donde resultó muerto Angelito Verdecia
el día anterior la tuvo el propio
Angelito o el guía que llevaba, pues
fueron a pasar mucho más abajo de donde
se encontraban los soldados. Se
confirmó, según uno de los que
acompañaba a Angelito, que el Ejército
había sufrido cuatro bajas.
A
las 11:55 de la mañana, el Che me
comunicó con urgencia las noticias
recibidas en su puesto de mando en
Mompié:
Sin
que pueda decirte cómo, los guardias
están en las Minas. Apenas te había
mandado la comunicación, llegó la
noticia que los guardias estaban sólo en
el alto del firme. Ordené entonces un
repliegue general y que Ciro [del Río]
defendiera esa posición junto con la
gente que era de Angelito Verdecia. Sin
embargo, a la 1/2 hora me comunicaron
que los guardias estaban en el firme del
Moro arriba y la gente de Angelito
estaba aislada entre dos tropas, en el
firme. Mandé confirmar las noticias
porque me parecía imposible, pero a los
5 minutos comunicaron que los guardias
estaban en la Mina ya, que cortaban la
comunicación; yo no pude hablar más.
La fuerte resistencia que esa mañana
ofrecía la escuadra que era de
Angelito Verdecia —de solo siete
hombres—, a la tropa enemiga en el
alto de El Moro, hizo suponer que los
guardias habían ocupado Minas de Frío,
cuando en realidad tardarían aún
varias horas en lograrlo. Según los
informes de que disponía, el Che me
explicaba en detalle la situación de
sus fuerzas en la defensa de este
sector:
La situación es la siguiente: Raúl
[Castro Mercader], Ciro [del Río] y
Angelito Frías pelean de frente. La
gente de Angelito queda entre dos
fuerzas con escape hacia Meriño; Fonso
[Alfonso Zayas], César [Suárez] y
Roberto [Fajardo] quedan cercados con
la sola posibilidad de faldear
potreros entre las Vegas y la Mina;
Orlando [Pupo] tiene que escalar un
firme difícil pero no está en mucho
peligro. Daniel [Readigo] y sus
hombres tienen retirada fácil.
Todo depende de que Raúl [Castro
Mercader] no haya perdido la cabeza y
haya podido avisar a los compañeros. Con
la gente que nos queda se puede defender
bien el camino, pero no se puede
defender otro que la Magdalena. El del
Roble y la Candela quedan
desguarnecidos.
De
manera preventiva, el Che ordenó el
traslado de la escuela de reclutas de
Minas de Frío hacia La Magdalena, y
hacia ese punto decidió moverse
personalmente para asumir su defensa. No
obstante, me preguntó cuánto tiempo era
necesario resistir en ese sector, ante
la amenaza de que la fuerza enemiga
pretendiera continuar hacia Jigüe en
auxilio de sus compañeros cercados.
A
las 3:05 de la tarde, desde mi puesto
de mando en el alto de Cahuara, le
respondí al Che:
Mira a ver cómo puedes recoger los
restos de esas escuadras y restablecer
el frente.
Me
conformaría con disponer de 4 días antes
de que esas tropas puedan penetrar hasta
aquí. Yo creo que si aparecen la gente
de Fonso, Verdecia y Suárez, se les
podría encomendar a ellos la Maestra y
disponer de Ciro, Raúl [Castro Mercader]
y Pupo, para utilizarlos en la defensa
de los caminos que vienen hacia acá.
Mientras tanto haz lo que puedas y trata
de mantenerme informado.
A
las 8:00 de la noche, el Che me aclaró
en un mensaje que los guardias no
habían tomado aún las Minas, pero que
estaban próximos a hacerlo, y reiteró
que había repartido a sus hombres para
resistir. Poco después, a las 8:25 de
la noche, me ofreció más detalles:
En la carrera por ver quién es más
comemierda e irresoluto, nos volvieron
a ganar los guardias. La escuadra que
era de Angelito, (con 7 hombres)
mantuvo en el alto del Moro al
Ejército. Había ordenado a Ciro que
fuera a reforzar ese punto, pero este
volvió a ser "atacado" y "oyó silbar
las balas" y se retiró. Los tiros en
el alto hicieron creer a todo el mundo
que ya estaban encima. 500 metros de
tendido se han acortado y el teléfono,
empatado rudimentariamente por mí, no
anda; veré si lo arreglan mañana.
Ordené a todos los pelotones avanzar
para recuperar posiciones. Me quedan
de reserva Angelito Frías y Raúl
[Castro Mercader]; total: 10 armas.
Si
tratan de avanzar de frente o por las
Vegas, podremos hacer buena resistencia,
si flanquean por Meriño, se nos van. A
esta hora no sé si hay o no guardias en
este punto. Yo me quedo aquí; les deseo
éxito pronto.
A
la mañana siguiente, las fuerzas
rebeldes al mando del Che continuaron
combatiendo contra las tropas enemigas
que avanzaban en dirección a Minas de
Frío. Como resultado de una confusión,
mientras realizaba una exploración,
Ciro del Río resultó herido por otro
rebelde que se encontraba emboscado. A
las 9:05 de la mañana, el Che me
informó:
En este momento la gente está fajada
en el firme de casa del Moro. Es un
tiroteo no muy nutrido pero continuo.
Ciro del Río fue herido en un pulmón
por un compañero que lo confundió.
Hasta ahora hay dos guardias muertos,
según [José Ramón] Silva. El camino
del Roble no está custodiado, pero
parece que centralizan su esfuerzo por
el alto.
Dos horas después me enviaba otro
mensaje:
[...] los guardias nos tomaron el firme
y van avanzando sobre la Mina, pero no
hoy, por lo que sé en Meriño, y espero
aguantarlos sin que lleguen siquiera a
la Escuela [escuela de reclutas de Minas
de Frío]. Todo depende de la decisión
con que combata la gente; hay buenas
posibilidades. Creo que pueden contar
ellos con dos días de respiro incluyendo
el de hoy.
Ocupado como estaba en la planificación
de los detalles de la operación en
Jigüe, las noticias sobre el avance de
los guardias en dirección a Minas de
Frío me obligaron a dedicar atención a
las posibles variantes que pudiera
aplicar el mando enemigo, sobre todo, si
realizaban algún intento de acudir desde
el noroeste en apoyo de la fuerza
sitiada en Jigüe. En medio de la
compleja situación planteada, tenía
puesta toda mi confianza en que a los
guardias les sería materialmente
imposible franquear las líneas de
contención que podrían interponerse en
El Roble, La Magdalena, El Coco o Mompié,
por mencionar solamente algunos de los
puntos por donde el enemigo pudiera
tratar de penetrar en dirección a Jigüe.
Durante este tiempo procuré mantener una
comunicación constante y minuciosa con
el Che, a quien le fui informando, en
detalle, de la marcha de la operación en
Jigüe, y de quien iba recibiendo
pormenorizados informes de los sucesos
en su sector. Cuando el Che me comunicó
esa mañana que el enemigo no había
podido aún ocupar Minas de Frío, me
convencí de que la difícil situación
creada en ese sector, y la consiguiente
amenaza a la operación principal de
Jigüe quedaban prácticamente resueltas,
pues aunque los guardias pudieran llegar
finalmente a las Minas les sería casi
imposible continuar su avance desde
allí.
A
las 11:20 de la mañana del 15 de julio
le envié al Che un mensaje en el que
reconocía su esfuerzo y le informaba
las medidas tomadas en previsión de un
avance ulterior del enemigo:
Te felicito de que hayas logrado
superar la crisis por allá, mejorando
mucho nuestro ánimo al sabernos sin
peligro desde esa dirección. Si están
en Meriño e intentan bajar hacia acá
lo que tienes es que mandarme un
mensajero a caballo para avisarme
rápido. Yo mandé a hacer trincheras
más allá del Coco y podemos agarrarlos
entre dos fuegos. De todas formas, al
pasar por el camino del Roble deben
ser tiroteados por el flanco.
Si
no pudieras retener la Mina, no dejes de
dividir las escuadras como te indiqué,
para que un grupo cuide la Maestra y el
otro la Magdalena.
El día 16, la tropa enemiga que ocupó
Minas de Frío no realizó ningún
movimiento. A las 10:00 de la mañana,
desde su posición en una falda de la
loma de La Magdalena, el Che me
trasmitió un mensaje por intermedio
del teléfono de Mompié, restablecido
después de una interrupción de varios
días:
Dice el Che que los guardias no
parecen tener intenciones de avanzar
hoy.
Que recibió un refuerzo de seis
hombres bien armados, los que
utilizará en caso necesario para
reforzar a los que cuidan la
Magdalena.
Que si tratan de ir por abajo, él
personalmente se ocuparía de impedir
que avancen.
Y
horas después, a las 5:20 de la tarde,
volvía a informar:
Dice el Che que no hay un solo guardia
en Meriño; que de la Mina se han ido
como 40 guardias; que no se ve
movimiento de guardias desde Las Vegas
hasta Meriño y que no se ve intento de
avanzar por ahora. No ha habido
actividad ninguna en La Mina; que si
tratan de avanzar se lo impedirá en lo
que a él le sea posible.
El
20 de julio, convencido de que las
disposiciones defensivas adoptadas
alrededor de Minas de Frío eran
suficientes para contener el avance
ulterior del enemigo, el Che regresó a
Mompié. Ese día, en Jigüe, estaban ya en
marcha los trámites para la rendición
del Batallón 18, lo cual yo le había
informado al Che junto con mi intención
de proceder de inmediato, de manera
simultánea, contra dos de las otras
fuerzas enemigas ubicadas todavía en el
interior de nuestro territorio, a saber,
el Batallón 11 de Sánchez Mosquera en
Santo Domingo, y la Compañía 92 del
Batallón 19 en las Vegas de Jibacoa. En
cuanto a las Compañías 91 y 93 que
habían logrado penetrar hasta Minas de
Frío, mi criterio en ese momento era que
lo dispuesto por el Che garantizaba la
contención del Ejército y que,
eventualmente, el mando enemigo se
convencería de que su posición era
insostenible y decidiría su retirada. De
no ser así, estábamos en condiciones de
rendirlo una vez liquidada la amenaza en
Santo Domingo, en ese momento, la más
peligrosa.
Durante la noche, el Che me envió un
mensaje: "Estoy en Mompié. Todo
tranquilo. Vine a verte porque tus
proyectos dobles me parecen demasiado
arriesgados. Espero que me digas dónde
estarás mañana para darme una carrera a
la noche".
Al
día siguiente todo se mantuvo tranquilo
en Minas de Frío. Ese día, como veremos
en capítulos posteriores, yo estaba
camino de La Plata con los guardias
prisioneros del Batallón 18, y el Che se
mantenía ocupado en los preparativos de
la entrega de estos prisioneros a la
Cruz Roja, como pactamos con esta
organización humanitaria.
En
un mensaje que recibí esa noche, el Che
me explicaba todos los arreglos que se
hicieron para efectuar la entrega de
prisioneros en las Vegas de Jibacoa, y
agregaba al final, casi de soslayo: "El
fuerte de las Minas, sin novedad". Era
su manera de decirme que la situación se
mantenía igual, que los guardias no
habían dado un paso más allá de Minas de
Frío.
En
los días subsiguientes, no ocurrió nada
nuevo en el frente de las Minas. El 27
de julio, mientras se desarrollaba la
batalla contra las fuerzas que huían de
Santo Domingo, el mando enemigo, como
parte de un nuevo plan de operaciones al
que haré referencia en otro capítulo más
adelante, ordenó a la tropa posicionada
en Minas de Frío abandonar el lugar y
retirarse de regreso a San Lorenzo y Las
Mercedes. Esto era exactamente lo que yo
había previsto.
A
las 3:55 de la tarde, el Che me
informó del movimiento de las tropas
enemigas:
[...] los guardias han hecho un
movimiento de retroceso en la Mina
llegándose al firme del Moro. No sería
raro que hicieran lo mismo en Las
Vegas [...].
Le
doy órdenes a Raúl [Castro Mercader]
para que avance simultáneamente con la
retirada de los guardias.
Minutos antes, el Che había instruido
a Raúl Castro Mercader, en previsión
de que esta tropa acudiera en auxilio
de la compañía cercada en las Vegas de
Jibacoa:
Debes estar atento para ir tomando
posiciones adelantándose a medida que
los guardias retrocedan.
Si
abandonamos el firme del Moro debes
colocarte en la Maestra, en la
encrucijada de San Lorenzo, si se
quedaran en el alto del Moro hay que
tomarles el firme de la derecha, por
donde está construido el camino a las
Vegas para hostilizarlos si pretenden
bajar por allí.
Sin
embargo, estas precauciones resultaron
innecesarias. La tropa enemiga
retrocedió directamente hasta San
Lorenzo e, incluso, con el apoyo de una
compañía enviada desde Las Mercedes por
el jefe del Batallón 17, comandante
Corzo Izaguirre; esta tropa, más las
fuerzas que permanecían en San Lorenzo,
completaron su retirada hasta Las
Mercedes.
De
esta manera, no solo Minas de Frío, sino
además, todo un extenso territorio en el
sector noroccidental —incluidos Meriño,
El Tabaco, San Lorenzo, Gabiro y La
Esmajagua—, quedaba liberado. Resultaba
obvio que el enemigo no podría volver a
penetrar en él; era otra victoria
nuestra, esta vez sin necesidad de
combatir.
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