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LA VICTORIA
ESTRATÉGICA
(Introducción)
Capítulos
I l
II
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III
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IV
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V
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VI
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VII
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VIII
l
IX
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X
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XI
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XIV
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XVI
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XVII
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XVIII
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XIX
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XX
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XXI
l
XXII
l
XXIII
l
XXIV
l
XXV
La Batalla
de Las Mercedes:
los primeros cuatro días del cerco
(Capítulo
23)
El
mismo día 29 de julio, cuando dispuse el
traslado de Daniel a la emboscada de
contención de la tropa de Arroyón, y el
de Guillermo y Lalo a la emboscada
contra el eventual refuerzo enemigo,
envié otra fuerza bien equipada hacia
Las Mercedes. En esencia, la operación
de Las Mercedes estaba concebida según
el mismo esquema ya probado con éxito en
ocasiones anteriores, es decir, un cerco
a la tropa principal, y una fuerte línea
de contención y rechazo a cualquier
posible refuerzo que pudiera venir en
auxilio de la tropa cercada. Pero en
este caso había que tomar en cuenta
nuevas consideraciones.
En
primer lugar, la operación de Las
Mercedes debía desarrollarse en un
terreno de características diferentes.
El relieve en Las Mercedes, si bien no
era completamente llano, era mucho menos
accidentado que en el interior de la
montaña. El pequeño poblado de Las
Mercedes, donde se encontraba acampada
la fuerza enemiga, estaba rodeado casi
en su totalidad por pequeñas
ondulaciones o colinas de potreros, en
su mayoría, desprovistas de monte. Por
el suroeste, los altos de La Güira
—donde Cuevas había sostenido un exitoso
combate el 19 de junio— y de Jigüe —otro
Jigüe, por supuesto, no el de la gran
batalla del Sur— cerraban en arco el
panorama. Por el sureste, a partir del
mismo caserío, el terreno se elevaba de
forma repentina hacia el alto de El Moro
y, más allá, la loma de El Gurugú,
posiciones que habían sido ocupadas en
momentos anteriores por escuadras de
Raúl Castro Mercader y otros capitanes
rebeldes en la subida hacia el firme de
la Maestra en la zona de San Lorenzo.
Sin embargo, al Este, el terreno se
deslizaba súbitamente hacia el llano,
con destino a la zona de Bajo Largo y,
más allá, El Jíbaro y Jibacoa. Hacia el
Norte, Las Mercedes eran separadas del
llano por el largo arco de la loma de La
Herradura, donde había hecho su primera
resistencia efectiva la escuadra de
Angelito Verdecia el primer día de la
ofensiva enemiga por este sector.
En
segundo lugar, partiendo de la premisa
de que cualquier refuerzo que intentara
socorrer a una tropa sitiada en Las
Mercedes utilizaría con mayor
probabilidad el camino de carros desde
Estrada Palma y el Cerro hasta este
poblado, la operación contra el refuerzo
tendría que desarrollarse en un terreno
completamente llano y desprovisto de
vegetación boscosa significativa.
Y
en tercer lugar, las mismas
características del terreno y la
existencia de este camino permitirían al
enemigo utilizar todos los medios
mecanizados de que pudiera disponer en
ese refuerzo. Estoy refiriéndome no solo
a camiones y tanques ligeros, sino
también, pesados. Era una posibilidad
bien concreta que necesariamente tenía
que figurar en nuestros planes. En
consecuencia, debíamos sacar el mayor
provecho a cuantas minas pudiésemos
plantar en el camino, y a cuantas
bazucas de las capturadas empleáramos,
para lo cual el gran inconveniente era
la falta de personal entrenado en el uso
de esta arma.
El
régimen de Batista no habría podido
resistir el cerco y la destrucción de su
más famoso batallón de combate, el
número 11, y su más experimentado jefe,
prácticamente en nuestras manos. Tampoco
impidieron la captura de su batería de
obuses y el resto de las fuerzas
cercadas en Arroyones.
Teniendo en cuenta estos factores, el 29
de julio, cuando distribuí los 250
hombres que traje conmigo hasta La
Llorosa, destiné no menos de 100 de
ellos a la operación de Las Mercedes.
Había decidido encomendar al Che la
dirección del cerco. Al día siguiente de
la captura de la tropa de las Vegas,
mientras se desarrollaban las acciones
en Jobal y Cuatro Caminos, el Che se
movió con todo su personal hacia Las
Mercedes, y cubrió todo el sector sur
del cerco, desde el alto de El Moro
hasta el de Jigüe. Aquí el Che repartió
posiciones entre las escuadras de Joel
Iglesias, José Ramón Silva y otros jefes
que después participaron en la columna
invasora. Comenzaba a dibujarse el
cerco, aunque aún no podía considerarse
que estaba completo en la zona más
llana. Para reforzarlo en ese mismo
sector, la mañana del 31 de julio envié
una escuadra al mando de Reinaldo Mora,
que se ubicó junto al camino de El
Jíbaro en previsión de cualquier avance
enemigo desde Cayo Espino por el camino
de Purial de Jibacoa y El Jíbaro.
En
cuanto al rechazo del refuerzo, decidí
colocar la línea principal a la altura
de Sao Grande, a dos kilómetros
aproximadamente de La Herradura, ya en
pleno llano. Era, a mi juicio, el lugar
más conveniente a lo largo de todo este
trayecto, o mejor sería decir, el de
menos inconvenientes. En este punto, el
camino atravesaba el pequeño caserío de
Sao Grande y, por lo menos, tenía
algunas curvas que podrían facilitar
cierta sorpresa frente a la avanzada
enemiga.
Para allí envié inicialmente a Félix
Duque, a El Vaquerito, a Luis Crespo,
Eddy Suñol y otros grupos. En total,
unos 50 hombres, a quienes esa noche se
sumó el combatiente Felipe Cordumy
provisto de una bazuca. Poco después
dispuse el traslado de Crespo y su
escuadra para reforzar más aún el sector
sureste del cerco en Las Mercedes, que
me parecía el más vulnerable.
El
mismo día de las acciones en Jobal y
Cuatro Caminos, sin perder un minuto,
indiqué el traslado de Guillermo y de
los combatientes más antiguos de las
fuerzas de Daniel, subordinadas ahora a
Pinares, a una zona difícil del cerco de
Las Mercedes: las colinas en torno al
cementerio, entre el poblado y la falda
interior de la loma de La Herradura. No
había que ser adivino para prever que
ese sería el sector por donde el enemigo
trataría de romper el cerco, pues se
trataba de la dirección que lo llevaría
de manera más directa a la relativa
protección de las fuerzas acantonadas en
el Cerro y Estrada Palma. Era, por
tanto, el sector que debía ser más
reforzado.
La
otra fuerza de reserva, la de Lalo
Sardiñas, fue movida esa misma noche
hacia el alto de Jigüe, con
instrucciones de apoyar a Guillermo en
caso de un intento de ruptura del cerco
por el sector del cementerio. Recuérdese
que los pelotones de Guillermo García y
Lalo Sardiñas habían sido ubicados desde
el día anterior en Cuatro Caminos, como
parte de la operación contra la tropa de
Arroyón.
Todos estos movimientos se realizaron a
pesar de que todavía, a la altura de esa
noche del 30 de julio, no teníamos aún
certeza de la presencia enemiga en Las
Mercedes, pues se habían recibido
algunas informaciones confusas acerca de
que los guardias habían evacuado la
posición junto con la salida de los de
Arroyón. Para aclarar el asunto, esa
misma noche, mientras yo me movía por la
zona de Jigüe en torno a Las Mercedes,
el Che envió a Raúl Castro Mercader con
algunos hombres a realizar una
exploración por las cercanías del
campamento enemigo, la cual arrojó como
resultado que, en efecto, en Las
Mercedes todavía permanecía un buen
número de soldados.
A
las 2:10 de la madrugada del 31 de
julio, el Che le envió un mensaje a
Camilo, quien permanecía aún en una
falda de la loma de La Llorosa, donde
le informaba:
En las Mercedes quedan guardias, los
vamos a atacar. Avísale a Fidel para
que movilice el mortero, que nos sería
muy útil, y tú puedes bajar también,
pues allí no haces nada. La trípode,
sobre todo nos viene muy bien.
Hay
que hacer contacto con Fidel. Daniel
murió a las 6 de la tarde. Mándame el
detonador de la bomba con toda urgencia.
Poco después, a las 3:30 de esa misma
madrugada, Camilo respondió:
Che, el detonador se lo llevó Fidel
junto con la bomba. Trataré de hacer
contacto con él, no ha venido nadie y
no sé dónde puede estar. Tengo que
dejar unos hombres aquí por si viene
algún mensaje que nos lo manden
enseguida.
Ahora mismo movilizaré la gente para
bajar lo más rápido posible.
Tendremos que buscar a Fidel a rumbo, no
tengo a nadie, creo, que conozca el
camino.
En esa misma respuesta, Camilo
advirtió al Che sobre sus planes de
ataque:
[...] debes tener mucho cuidado al
avanzar, los planes de Fidel eran
también cercar los guardias en las
Mercedes. Cuídate con una confusión y te
entren creyendo son tropas enemigas. No
me luce lo más acertado avanzar sin
coordinar planes.
En
la noche del 30 de julio, en efecto, el
Che y Camilo perdieron contacto conmigo
durante algunas horas. Yo me había
movido hacia el alto de Jigüe, detrás de
Las Mercedes esa misma noche. Me
acompañaban unos 40 combatientes, entre
ellos, Pedro Miret con dos morteros y la
ametralladora 50 de Curuneaux. Mi
intención era bombardear con los
morteros las posiciones enemigas por la
madrugada. Al final no lo hicimos; por
una parte, por temor a la inexperiencia
de nuestros improvisados morteristas y,
por otra, porque nos dimos cuenta de que
los proyectiles de los morteros de 60
milímetros se encontraban en mal estado.
A
pesar de no tener noticias mías,
Camilo y sus hombres se prepararon de
inmediato en la noche del 30 de julio
para abandonar La Llorosa y avanzar
hacia Las Mercedes, cumpliendo las
indicaciones del Che, quien a las 6:45
de la mañana del 31 de julio respondía
a Camilo sobre su preocupación de que
fuera a caer bajo el fuego rebelde:
El ataque está coordinado, pues tengo
contacto con la gente de Suñol, a
través de él con Huber y también hice
contacto con Lalo y Guillermo. Las
Mercedes están sitiadas, no sabemos
cuántos soldados serán, pero están
bien atrincherados y bien
distribuidos. El problema del
detonador es grave pues no puedo hacer
contacto con nadie que tenga uno bueno
y es la garantía de que Suñol no
dejará pasar refuerzos o las tropas de
adentro. En estos momentos doy
instrucciones para que no se tire un
tiro si no tratan de salir.
Tú
puedes venir a la noche y mandarle este
plano a Fidel. Los trabajos de arreglo
del tanque no han seguido por este
ajetreo y temo me lo jodan.
El
plano al que hace referencia el Che era
un croquis confeccionado por él de las
primeras posiciones del cerco.
El
Che había decidido iniciar las acciones
esa misma noche, aun cuando los guardias
no hicieran ningún movimiento durante el
día. Así se lo informó a Camilo en el
mismo mensaje: "Esta noche se puede
atacar coordinadamente a una misma hora
todas las postas. Pásalo".
Desde su llegada a Las Mercedes el 26 de
mayo, el comandante Corzo Izaguirre,
jefe del Batallón 17, había instalado su
puesto de mando en el centro mismo del
poblado, en una buena casa perteneciente
a Sarita Álvarez, quien prestó
innumerables servicios a nuestras
fuerzas. Desde allí, Corzo había
disfrutado durante dos meses de una
estancia relativamente tranquila. Pero
le había llegado la hora de tener que
entrar en acción, y él lo sabía.
En
vista de los acontecimientos de los días
anteriores, el comandante Corzo estaba
consciente de que cada minuto que
permaneciera en Las Mercedes iba en
contra de la integridad de su tropa, y
no tenía otra alternativa que escapar de
la montaña.
Antes de proseguir, debo apuntar que,
después de la liberación de Las
Mercedes, la casa de Sarita Álvarez se
utilizó durante varias semanas por el
Che como su propio puesto de mando, y
fue donde terminó de reorganizar su
Columna 8 Ciro Redondo, para la invasión
a Occidente. En este lugar se efectuó la
segunda entrega de prisioneros
—principalmente de los guardias
capturados en las Vegas— después de
concluida la batalla. En el portal de
esa casa murió a finales de agosto el
combatiente manzanillero Beto Pesant, a
quien le estalló en las manos un obús de
mortero, mientras trataba de desarmarlo.
Muy
a tiempo fueron tomadas todas las
disposiciones preparatorias del cerco,
pues el comandante Corzo, sin pensarlo
dos veces, intentó el 31 de julio, al
día siguiente del Combate de Jobal y la
huida del Batallón 23, salir de la
ratonera en que se encontraba. Con esta
acción se inició la Batalla de Las
Mercedes, la última operación de la
famosa ofensiva, que duraría toda una
semana, durante la cual no se dejó de
combatir ni un solo día.
A
las 9:00 de la mañana, el Batallón 17
intentó romper el cerco. Se entabló el
combate que duró todo el día hasta el
anochecer, y a pesar de todo su
esfuerzo, el enemigo fue eventualmente
rechazado de nuevo hacia Las Mercedes.
En el parte de guerra leído por Radio
Rebelde el 1ro. de agosto, se informó
lo siguiente:
La
batalla continuó durante todo el día de
ayer, la noche y la madrugada de hoy.
Refuerzos enemigos están en marcha desde
Estrada Palma, en un esfuerzo
desesperado por impedir que éste
batallón también sucumba ante el empuje
arrollador de nuestras fuerzas. La
batalla se desarrolla con empleo de
aviación, de tanques y artillería, por
parte del enemigo, y con empleo de
morteros y bazookas por nuestra parte.
La lucha se libra ya en el llano, cada
vez más distante del macizo montañoso de
la Sierra Maestra.
En
realidad, nos estábamos adelantando un
poco a los acontecimientos. Ese día no
hubo lucha contra ningún refuerzo ni
tuvimos que emplear todavía la bazuca.
Aunque parezca increíble, el mando
enemigo no hizo el menor intento por
acudir en ayuda de la tropa que trataba
desesperadamente de escapar. La única
conclusión que cabía sacar es que aún no
habían reunido en Estrada Palma las
fuerzas que consideraban suficientes.
Quizás estaban esperando por la llegada
desde Bayamo de los tanques pesados
Sherman.
Al final de ese mismo parte, por
cierto, Radio Rebelde anunció de forma
errónea por su cuenta:
Reiteramos nuestro llamamiento urgente a
la Cruz Roja Internacional, a fín de que
envíe delegados al central Estrada Palma
para entregar 160 prisioneros, muchos de
ellos, heridos, algunos de suma
gravedad.
Donde no exageraba del todo la
información de Radio Rebelde era en lo
que respecta al uso de morteros por
parte nuestra, pues ya había mencionado
que intentábamos utilizarlos desde la
noche del 30 de julio.
El
mismo 31 de julio, mientras se
desarrollaban los primeros combates,
recibí, por intermedio de dos guardias
prisioneros, información exacta de que
las tropas sitiadas constaban de unos
370 soldados con abundante armamento,
incluida una tanqueta T-17, dos bazucas,
dos morteros de 81 milímetros y 12
ametralladoras calibre 30. Además,
estaban fuertemente atrincherados en
posiciones estratégicas, que de
atacarse, tomadas por asalto, el
resultado sería un alto costo de vidas.
Por ello, ordené a todas las fuerzas
rebeldes construir trincheras e iniciar
el hostigamiento y la reducción
sistemática del campamento enemigo.
También había decidido, coincidiendo con
la apreciación del Che, que las
posiciones anteriores de Camilo en La
Llorosa y El Mango carecían ya de
sentido después de la rendición de la
tropa enemiga en las Vegas de Jibacoa.
Sin embargo, en el esquema que estaba
diseñando figuraba enviar a Camilo a
sustituir a Lalo y a Guillermo en sus
posiciones en Cuatro Caminos. A mi
juicio, estas posiciones en aquel lugar
eran una pieza clave en el combate
contra el refuerzo, pues llegado el
momento, no solo presionarían desde el
flanco, sino que también podrían
envolver el refuerzo por la retaguardia.
Por tal motivo, en la madrugada del 31
de julio, logré interceptar el
movimiento de Camilo hacia Las Mercedes
con la orden de que se posicionara en
Cuatro Caminos para actuar contra el
refuerzo.
A
la 1:00 de la tarde del propio día 31,
Camilo recibió noticias de mi llegada
al aserrío de Jobal Arriba. De
inmediato, me informó en un mensaje:
[...] se está peleando en las Mercedes
desde por la mañana, tenemos dos
heridos no graves. Aquí están
Guillermo y Lalo, hace un rato llegó
[Reinaldo] Mora. Le envío el plano que
me mandó el Che.
Necesitamos un detonador. Todo marcha
bien. La próxima esperamos mandarla
desde Bayamo.
A
la 1:10 de la tarde, antes de recibir
este mensaje de Camilo, le escribí al
Che:
Desde esta mañana tengo lista la
artillería y la 50, y 40 hombres.
Estoy situado en un alto de donde se
divisa la zona de combate. Pero es
imposible mover los mulos sin que los
divisen los aviones.
Con los morteros 60 apenas se puede
contar pues explota 1 de cada 5
obuses. Por eso no pude bombardearlos
ayer de madrugada. Pero espero que el
81 dé óptimos resultados.
Hay que mantener inmovilizados a los
guardias hasta la noche. Por la tarde
tendré esta tropa cuidando la entrada
de cualquier refuerzo por Cuatro
Caminos y por la noche la movilizaré
para preparar un ataque con apoyo de
mortero.
Esta mañana mandé un pelotón con
Reinaldo Mora hacia las Mercedes.
Guillermo pasó también hacia ese rumbo.
Con Lalo no he hecho contacto pero él
sabía que tenía que movilizarse hacia
allá.
Y, por último, le comunicaba:
A
juzgar por las comunicaciones
interceptadas, Corzo es el que está
encerrado en las Mercedes. El tanque
de ellos parece que ha sufrido tres
impactos. Han pedido balas para
ametralladoras 30 y agujas para la
cristóbal.
Yo
subiré por el camino de Arroyones hacia
la loma del Jigüe, excepto que los
guardias se desplacen, en cuyo caso
trataremos de interceptarlos por
cualquier dirección.
Y
en una posdata, le agregaba: "Esta vez
creo que te daré chance de sacarme una
muela, pues me tiene muy jodido".
Desde mi puesto de mando en Jobal
Arriba, seguía todo el tiempo los
movimientos del enemigo mediante el
equipo de microonda ocupado. De ahí
que a las 3:50 de la tarde pude
enviarle un mensaje al Che en el que
le informé:
Viene un refuerzo con dos tanques,
aunque no sé el punto exacto, pero
supongo sea por el camino de Sao
Grande. Un tanque le decía al otro que
tomara precauciones, "sobre todo al
llegar al río".
Aunque venga el refuerzo y logre entrar,
el asunto es cuestión de bazoocas. Yo
creo que deben ir para el punto donde
tengan que venir los refuerzos. Esta
noche le podemos meter el ataque general
apoyado en los morteros.
Y
finalizaba: "Recibí el plano. Yo estaré
por allá sobre las 8 y 15 p.m.".
Pero no fue sino hasta algo más de las
9:00 de la noche cuando pude llegar
junto con los combatientes que me
acompañaban al alto de Jigüe. Allí hice
rápido contacto con el Che. Le informé
las medidas adoptadas, incluido el envío
de Camilo a Cuatro Caminos, y conocí en
detalle la disposición del cerco de la
tropa de Las Mercedes.
Después de cambiar impresiones sobre la
situación, el Che partió con Pedro Miret
y la escuadra de morteros con la
intención de ubicarlos donde pudieran
realizar por la madrugada un ataque al
campamento enemigo.
Miret ocupó posiciones para comenzar el
ataque, pero la falta de una exploración
previa del terreno provocó que los
primeros disparos realizados no fueran
efectivos. En vista de ello, Pedrito
decidió retirarse para no seguir
malgastando proyectiles, y en espera de
poder localizar bien los objetivos
enemigos.
Esa
madrugada, el Che ordenó realizar una
nueva exploración del campamento enemigo
en Las Mercedes, esta vez a cargo de una
patrulla perteneciente al pelotón de
Lalo Sardiñas, al mando de Silvio García
Planas. El grupo se acercó tanto al
sector de los guardias que el amanecer
los sorprendió en una posición
comprometida a orillas del río Jibacoa,
de la cual no podían retirarse sin
riesgo de ser descubiertos. Silvio y sus
hombres quedaron atrapados y se vieron
obligados a permanecer ocultos todo el
día a orillas del arroyo Jibacoa, para
intentar retroceder cuando cayera la
noche.
A
las 5:25 de la mañana, el Che me envió
el siguiente informe:
Se recibió noticias de la gente; vino
uno de ellos. Entró en el arroyo y no
puede salir hasta la noche. En el
tanque [...] tienen que tener otra
microonda; sería muy importante para
mí para poder tomar determinaciones
rápidas.
De
los demás lugares no se ha reportado
nada. Lo malo es que Pedrito y esa gente
se fueron. Ahora no pueden estudiar la
posición para tirar y de noche suceden
cosas como las de hoy. El tanque sería
utilísimo de día pero de noche se anula,
pues no puede llegar a la posición de
los soldados y ellos están muy bien
atrincherados, son como 50 en cada
firme. Lo que sí podría hacer es tomar
las Mercedes, pero necesita el apoyo de
la bazuca para su colega.
Se
refiere el Che a la tanqueta capturada
en las Vegas de Jibacoa, la cual, desde
entonces, tratábamos de poner en
funcionamiento para incorporarla a la
batalla.
Al
amanecer, la aviación comenzó a
ametrallar las posiciones rebeldes,
aunque sin resultado apreciable alguno.
Ese día, el enemigo no realizó ningún
intento por romper el cerco y las
fuerzas rebeldes continuaron
hostilizando su campamento.
El Che ordenó ubicar la ametralladora
50 de Curuneaux, manejada en esta
ocasión por Gonzalo Camejo, en un
firme cercano, pero su dotación
equivocó el lugar y se situó en una
posición demasiado descubierta, batida
fácilmente por la aviación y el fuego
de las ametralladoras 30 y los
morteros enemigos, ubicados en puntos
bien fortificados, por lo que decidió
retirarla de inmediato. A las 9:30 de
la mañana, el Che me informó del
resultado improductivo de esta
maniobra:
La
aviación no dio mucha candela, pero todo
lo nuestro fue una mierda. El firme que
había señalado no era y resultó que la
50 estaba bajo el fuego de las 30, sin
trincheras y los morteros estaban dando
en cualquier lado.
Esa
tarde, cumpliendo instrucciones de
Guillermo, Huber Matos avanzó sus
posiciones en la loma de La Herradura,
estrechando un poco más el cerco al
campamento enemigo.
En mi puesto de mando, me enteré por
el equipo de microonda que refuerzos
enemigos estaban en camino desde
Estrada Palma, en un intento de
impedir que el batallón cercado en Las
Mercedes sucumbiera ante el empuje
rebelde. Esa tarde le envié un mensaje
a Suñol alertándolo de ello, y le
agregué:
Confío en que no dejen pasar por ahí
[por Sao Grande] los guardias.
Atrinchérate bien. Esta batalla se
gana no dejando pasar los refuerzos.
Por el lado de Cuatro Caminos tenemos
una fuerte tropa.
Hay
una patrulla encargada de hostilizar a
los guardias por la retaguardia cuando
choquen contigo.
La
fuerte tropa en Cuatro Caminos era, como
ya dije, la de Camilo. La patrulla era
una escuadra dirigida por Rafael
Verdecia, Pungo.
El 2 de agosto, tercer día de la
batalla, los guardias de Las Mercedes
intentaron de nuevo tres veces romper
el cerco, y tres veces fueron
rechazados por la gente de Guillermo,
y obligados a regresar a sus
trincheras. Ese día, el Che le
aconsejó a Guillermo:
Si fuera posible, deja salir un poco
de tropa para meterle mano fuera de
sus trincheras. Suspende los tiros
innecesarios. Ponle mucho ojo a los
tanques que hay dos abajo, el de
arriba parece que está averiado.
Si
llegan a irse hay que caerles atrás
hasta donde vayan.
Ya
el Che estaba previendo la posibilidad
de que un refuerzo apoyado por los
tanques pesados Sherman cuya llegada a
Estrada Palma ya conocíamos, pudiera
lograr romper el cerco rebelde y sacar a
la tropa sitiada. De ahí, su indicación
de perseguir implacablemente a los
guardias en retirada, hasta el propio
Estrada Palma si fuera necesario. En
cuanto a la tanqueta enemiga ubicada en
Las Mercedes, ese día fue inutilizada de
manera definitiva por un certero
bazucazo disparado desde el alto de El
Moro por el combatiente Herman Marks,
norteamericano de la tropa del Che con
experiencia en el manejo de la bazuca
por su participación en la guerra de
Corea. Esta tanqueta enemiga aún hoy
está en Las Mercedes, en el mismo lugar
donde recibió el impacto devastador del
bazucazo, como testimonio material de la
victoria rebelde contra la ofensiva.
La
aviación continuó atacando con
persistencia las posiciones rebeldes.
Ese día los ataques aéreos causaron la
muerte del teniente Godofredo Verdecia,
de la tropa de Guillermo, y resultó
herido el combatiente Félix Mendoza, de
las fuerzas del Che. Sin embargo,
durante toda la jornada, a pesar de los
ataques de la aviación enemiga, continuó
el hostigamiento de las fuerzas rebeldes
al batallón cercado.
En
vista del fracaso del intento de
utilización de la ametralladora 50,
desde mi puesto de mando en Jobal
Arriba, mandé a buscar bien temprano a
Braulio Curuneaux y la dotación de la
ametralladora. Para mí estaba claro que
esa arma sería más efectiva en el
combate contra el refuerzo. Mi intención
era reunirme con Curuneaux en el aserrío
de los González, darle instrucciones
precisas y enviarlo esa misma noche a su
nueva posición.
Aunque todo parecía indicar que el
principal esfuerzo por socorrer a la
tropa sitiada provendría desde la
dirección de Estrada Palma, no podía
desecharse la posibilidad de que el
mando enemigo intentase un esfuerzo
secundario desde la dirección de
Cienaguilla y El Jíbaro, donde había
concentrado algunas fuerzas. Por eso,
envié poco después del mediodía el
siguiente mensaje al Che:
Acabo de recibir tus dos notas sobre
Fonso [Alfonso Zayas] y lo del
mortero.
Yo había sugerido el envío de aquel a
la zona de Cienaguilla por considerar
que aquella era una tropa llamada a
ser enviada de refuerzo y me parecía
conveniente que apenas se moviera
encontrara resistencia y no pudiera
llegar fácilmente a Jíbaro. Habiendo
ellos retirado la tropa de Purial [de
Jibacoa] no me parece lo más lógico
que ahora intenten enviar los
refuerzos por esa misma vía.
Hiciste bien, a mi entender, reteniendo
a Fonso mientras no sea reforzado Silva.
Una vez hecho esto, yo soy del parecer
que Fonso se aproxime lo más posible a
Cienaguilla emboscándose en el camino
que viene para acá. A Guerrita [Felipe
Guerra Matos] le encargué preparar una
emboscada a la retaguardia de
Cienaguilla. Si tú no consideras
suficientemente fuerte la línea de aquel
lado, recoge gente de la que ande por
ahí y utiliza también de las que están
entre las Mercedes y la Maestra, pues es
donde virtualmente no nos hacen ninguna
falta.
Lo que había ocurrido era que esa
tarde recibí la información de que las
tropas enemigas estacionadas en Purial
de Jibacoa se habían retirado. La
noticia me la trajo Felipe Guerra
Matos, quien actuaba como una especie
de segundo al mando de la columna de
Crescencio Pérez. Como se recordará,
Crescencio había recibido la misión de
cubrir precisamente los accesos a Las
Mercedes desde las zonas llanas al
sureste del poblado. Esa noche, le
escribí al Che:
Guerrita está aquí. Me informa que
hace dos días se fueron las tropas de
Purial. Debe dedicarse el pelotón de
Alfonso (Zayas) a hostigar la tropa de
Cienaguilla, avanzando hacia allá y
tratando de ponerle una emboscada en
la retaguardia.
Si
dicha operación ya no fuera posible
porque una patrulla de Guerrita la
hubiere realizado, entonces que Fonso se
sitúe emboscado, lo más cerca posible de
aquella tropa en el camino que conduce
hacia acá. Mora y Crespo deben situarse
en el punto acordado para prever
cualquier avance desde Cayo Espino por
el camino de Purial y Jíbaro.
En
realidad, lo que ocurrió fue el
movimiento de fuerzas enemigas dispuesto
en el nuevo plan de operaciones, firmado
el 26 de julio en el puesto de mando de
Bayamo, al que ya hicimos referencia en
capítulos anteriores. Entre las
disposiciones de este plan figuraba que
el Batallón 12 de Infantería debía
retirarse de Purial de Jibacoa en
dirección a Cienaguilla.
Ese
día, 2 de agosto, decidí también aplicar
una táctica similar a la utilizada en la
Batalla de Jigüe, que consistía en
suspender completamente el fuego en el
cerco con el fin de confundir al enemigo
y hacerle creer que las fuerzas rebeldes
se habían retirado, así provocaríamos la
salida de los guardias de sus
trincheras.
A
las 4:00 de la tarde, le envié el
siguiente mensaje al Che:
Aquí van los dos morteros y un
morterista; el otro está enfermo. Lalo
tiene un muchacho que se llama Emilio
[Rodríguez], que sabe manejar bien el
mortero, pues estuvo con Pedro [Miret]
mucho tiempo y es muy valiente. Trata
de localizarlo por tu lado, que yo
trataré por el mío.
Si
vamos a suspender el fuego totalmente en
el cerco, es mejor que se use la 50
contra los refuerzos; pues no hacemos
nada con dejar de disparar con los
fusiles si se dispara con la 50; en
cambio ésta por allá abajo puede meter
mucho miedo. Los morteros los tienes ahí
para usarlos en cualquier intento de
salida de los guardias.
A
estas alturas, todos los intentos por
reparar y echar a andar la tanqueta
capturada en las Vegas habían sido
infructuosos, pero yo seguía
insistiendo. Esa tarde, dispuse el
traslado de la tanqueta con ayuda de un
tractor hasta mi puesto de mando en
Jobal Arriba para seguir tratando de
repararla. Así se lo comuniqué a Arturo
Aguilera a las 6:45 de la tarde: "Estoy
cerca del tanque. Pienso ir para el
aserrío esta noche y llevar el tanque.
Quiero que traigan el tractor para
sacarlo lo antes posible".
En un mensaje a Guillermo enviado a
las 9:00 de la noche del 2 de agosto,
le informé de la nueva táctica a
seguir:
Vamos a seguir una táctica similar al
Jigüe. Vamos a parar el fuego
completamente para hacerles creer a los
guardias que nos hemos ido. Pásale el
aviso a toda la gente de ese lado. Nadie
debe disparar. Todo el mundo debe
procurar que no lo vean, ni observen los
guardias su presencia. Estar atento por
si tratan de salir y abrir fuego
solamente si los guardias tratan de
escapar por algún lado. Así ahorramos
parque y confundimos al enemigo.
Tal
como había indicado, luego de buscarse
combustible para el tractor, este
comenzó a mover la tanqueta lentamente.
Pero un fuerte aguacero lo hizo resbalar
en el fango, y resultó imposible
continuar.
A
las 11:45 de la noche, molesto por el
nuevo contratiempo, le informé a
Camilo:
Llevo dos días esperando el cabrón
tanque para hacer una incursión a fondo
en la retaguardia del enemigo. Pedrito
debe bombardear esta noche a Estrada
Palma desde 2 Grúas, para complicar y
estorbar la concentración de tropas
enemigas.
Y
por último, una recomendación: "Te mando
una mina, detonador, cable y fulminante.
Recuerda que la mina antitanque hay que
ponerla en el medio del camino,
enterrada".
Esta era la situación al amanecer el
cuarto día de la batalla. Durante toda
esa noche, las posiciones rebeldes que
participaban en el cerco mantuvieron el
alto al fuego.
A
las 4:45 de la tarde, del 3 de agosto,
el Che me envió otro mensaje.
Haré todo como me dices. El camino que
va a Cayo Espino sin pasar por Jíbaro
debe pasar por la Herradura
necesariamente.
No
creo que se deba debilitar más el cerco,
pues podrían intentar una salida
desesperada y romper nuestras líneas en
algún punto vulnerable, salvándose parte
de una tropa que no debe salvarse.
Y
más adelante agregaba: "Me parece que
tiene cierta importancia tener la 50
aquí dentro de un par de días porque se
puede coger el explorador. [...] Sino,
les puede seguir tirando comida y parque
indefinidamente".
Se
refería el Che a la avioneta de
exploración enemiga, que, aparte de su
función de orientar el tiro y bombardeo,
lanzaba impunemente paracaídas con
suministros y municiones al campamento
sitiado.
Por último, en ese mismo mensaje el
Che me pidió que me encargara de un
asunto que lo tenía bien molesto:
Debo pedirte que trates de localizar mi
mulo, pues alguno lo sacó y es una cosa
que no estoy dispuesto a permitir. Aquí
se cagan en todo con un desparpajo
bárbaro, te pido que me remitas el mulo
con el que lo cogió para que se
beneficie del ayuno.
Esa
mañana, Guillermo ordenó a la fuerza de
Huber Matos que permaneciera emboscada a
lo largo del firme de La Herradura para
evitar la salida del batallón enemigo.
Ese día, en específico, Huber Matos me
envió dos mujeres detenidas por sus
combatientes, quienes llevaban cartas,
medicinas y ropas a los soldados
sitiados. Las postas de la tropa de
Suñol les habían permitido pasar por Sao
Grande indebidamente.
El resto de la mañana y parte de la
tarde, la aviación ametralló
indiscriminadamente las zonas de
Gabiro, las Vegas de Jibacoa,
Arroyones, La Herradura y otros puntos
cercanos. Sin embargo, en Las Mercedes
solo la avioneta de reconocimiento
sobrevolaba el campamento enemigo.
Mientras tanto, Camilo y sus hombres
siguieron emboscados en las lomas de
Estrella Bello; y de Los Popa, en
Cuatro Caminos, esperando a los
refuerzos. Esa tarde, el Che le
escribió a Camilo en un mensaje:
Por aquí todo bien. Hoy la aviación
nos dio descanso. [...]
No te deseo que agarres un tanque
porque Fidel te lo va a quitar.
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