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Argentina
y Cuba abren nuevo capítulo en sus relaciones
VÍCTOR M. CARRIBA
BUENOS
AIRES (PL).— Con la entrada del Presidente cubano,
Fidel Castro, a la sede del Congreso Nacional
argentino se cerró un período de relaciones
bilaterales casi congeladas a nivel oficial.
El
Jefe de Estado de Cuba es uno de los invitados a la
toma de posesión del nuevo mandatario argentino, Néstor
Kirchner, y en el inicio de una jornada repleta de
ceremonias asistió a un acto de saludo al
gobernante saliente, Eduardo Duhalde.
La
aparición del líder cubano en el salón donde se
efectuó el encuentro destapó una salva de aplausos
que rompió la parsimonia del protocolo, como ocurrió
también al producirse la presencia de los
presidentes venezolano y brasileño, Hugo Chávez y
Luiz Inacio Lula da Silva, respectivamente.
La
imagen recogida por fotógrafos y camarógrafos fue
la del abrazo entre Fidel Castro y Duhalde,
interpretada aquí como el fin de una etapa de difíciles
relaciones entre los dos países, iniciada en 1989
con la llegada de Carlos Menem al poder en
Argentina.
En
aquel momento, Menem revirtió la postura de su
antecesor, el radical Raúl Alfonsín, y dio un giro
de 180 grados en la política de este país
sudamericano con respecto a Cuba, al acompañar a
Estados Unidos en el voto anticubano en materia de
derechos humanos.
El ex
mandatario mantuvo sus "relaciones
carnales" con Washington y su ataque contra la
isla caribeña durante los 10 años que se mantuvo
en el Gobierno (dos mandatos consecutivos entre 1989
y 1999).
En
diciembre de 1999, con la victoria electoral de la
denominada Alianza (coalición entre los partidos
Unión Cívica Radical y Frente País Solidario), se
esperaba que el nuevo presidente, Fernando de la Rúa,
produjera un cambio en la postura hacia La Habana y
regresara a la posición histórica instaurada bajo
la autoridad de Alfonsín.
Sin
embargo, y a pesar de las serias contradicciones que
provocó esa decisión dentro del Gabinete de la
Alianza, De la Rúa siguió los pasos de Menem y votó
contra la Isla en el 2000 y el 2001, antes de verse
obligado a renunciar abatido por un estallido social
en diciembre de ese último año.
Esa
continuidad de la línea anticubana por la
administración argentina derivó en la retirada del
embajador de este país en La Habana, Oscar Torres
Ávalos —a pesar de que Cuba mantuvo el suyo en
Buenos Aires, Alejandro González—, y un
enfriamiento de las relaciones casi al punto de
congelamiento.
No
obstante, el Gobierno cubano mantuvo inmutable el
apoyo que brindó a Argentina durante su guerra
contra Gran Bretaña por las Islas Malvinas y
fortaleció su respaldo al reclamo de soberanía de
este país sudamericano sobre esos territorios del
Atlántico Sur.
Luego
de la caída de De la Rúa, creció una ola
contraria a la postura anticubana, que se plasmó en
claras resoluciones aprobadas por el Senado y la Cámara
de Diputados, así como por numerosos parlamentos
provinciales y sectores empresariales, políticos y
sociales favorables a terminar los ataques contra la
Isla.
Y fue
hace dos meses (abril del 2003) cuando el Gobierno
de Duhalde produjo el cambio y reinstauró la
abstención como posición de Argentina con respecto
a Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de las
Naciones Unidas, con sede en Ginebra, Suiza.
Luego
de ese paso, "ahora se abren posibilidades,
como siempre debió ser, para retomar un camino de
la cooperación en todos los terrenos de las
relaciones bilaterales, como demandan y necesitan
hoy nuestros pueblos", dijo hace dos días aquí
el Embajador cubano.
Ese
horizonte cobró este domingo nuevas dimensiones con
la presencia de Fidel Castro en los actos de asunción
de Kirchner, quien siempre fue un agudo crítico de
la postura anticubana de Menem y De la Rúa.
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